El origen de la Triple A

Jorge Castro es sobreviviente por partida doble.
Primero resistió las torturas del terrorismo de estado por su militancia en el Ejército Revolucionario del Pueblo, y segundo, cuando el agua del río Salado se llevó todo y dejó a su familia en el barro.
Fue militante cristiano en tiempos de la iglesia de Vicente Zazpe, mientras su papá, Saturnino "El Potrillo" Castro, se empeñaba en su fe peronista a pesar de las persecuciones, cárceles y la muerte cercana después de la caída del general, allá por 1955.
En el relato de la historia de su familia parece sintetizarse gran parte de la historia argentina.
La pelea de su viejo, del Potrillo, lo llevaron a ser militante reconocido nacionalmente de la mítica resistencia peronista y luego, por esas extrañas y profundas razones de la vida colectiva de los pueblos, estuvo en la conformación de la Triple A.
El relato de Jorge es el primero que revela fecha y lugar del principio del grupo paraestatal y su profunda relación ya no sólo con López Rega, sino con el mismísimo Juan Domingo Perón.

"El 8 de octubre de 1973, Osinde le organizó el cumpleaños a Perón. Se hizo una comida en Gaspar Campos y a esa comida asistieron quinientos suboficiales de todo el país. Entre ellos, mi viejo con la delegación de Santa Fe...
"En esa comida Perón les da un discurso. Los saluda uno por uno y ejerció una presión política muy fuerte. En un momento Perón les dice que los va a necesitar, que de vuelta va a necesitar de suboficiales del ejército argentino. Que él sabía que habían resistido y que después Lopecito, por López Rega, se va a encargar de la organización de ellos...
Quedaron entre 200 y 300 suboficiales de todo el país. Se reunieron en un salón aparte.
"Perón, Osinde y López Rega están con ellos. Les pide que en los viajes de Isabelita conformaran grupos para custodiarla de los zurdos...
"Cuando mi viejo vuelve, justo se había producido el nacimiento de nuestra primer hija, Victoria, el 9 de octubre. Viene muy parco, no cuenta todo, no es ningún boludo. Y la cosa se destapa el 7 de noviembre, porque viene Isabelita a Paraná...
"Entonces ese día a la mañana, mi vieja estaba que trinaba. El viejo le había dicho que le planchara el traje, la camisa, y todo el día nosotros habíamos escuchado cruces de palabras entre ellos, hasta que como a las tres y media de la tarde viene un Falcon verde con tres tipos que yo conocía, que eran del Círculo de Suboficiales de Santa Fe y lo buscan a mi viejo...
"Entra al dormitorio, yo no lo veo, se pone la pistola y se va, y mi vieja queda llorando. Cuando se va, mi vieja nos agarra a nosotros y nos cuenta: "Tenés que pararlo, está metido en cosas raras…". Y se va de custodia de Isabelita a Paraná, entonces cuando vuelve, yo empiezo a hablar con mi viejo, y al principio mi viejo no quería reconocer.
"Nosotros ya teníamos conocimiento de que se estaban conformando grupos paramilitares, entonces ahí le dije realmente vas a estar en la vereda de enfrente, y ahí lo cagué: "Vos en cualquier momento vas a dejar sin padre a tu nieta". Eso fue directo a la mandíbula. No sabía qué contestar ante eso. Bueno, ahí viene un período de impás. Teníamos conversaciones hasta que llega el intento de copamiento al regimiento de Azul. Aparece Perón de uniforme por televisión y mi viejo golpeando la mesa. Nos fuimos de casa.
"...Yo a principios del ‘73 me había ido a vivir a Chile porque el partido me mandó cuatro meses. Vuelvo justo para la asunción de la democracia y mi viejo se entera después porque la hace confesar a mi vieja que me había firmado la patria potestad para pasar la frontera. Hasta que lo mataron a Allende...Hasta llega a colaborar con nosotros sobre los cuidados que había que tener con los fierros...pero duró hasta que Perón se fue a la derecha. Después el partido quería que mi viejo entrara...No se dio", dice Jorge y sigue en su militancia en la Casa de los Derechos Humanos de Santa Fe.


Feced siempre estuvo...

Hijo del director de escuela pública, el español Blas Feced, Agustín nació el 11 de junio de 1921, en Acebal y antes de ingresar a la Gendarmería Nacional trabajó como docente en Colonia "El Ombú", en Arroyo Seco.
Su primera actuación contra "la subversión peronista" fue en noviembre de 1960, cuando distintos grupos de la resistencia tomaron el Batallón 11 de Infantería, en Rosario. Feced al mando de una docena de hombres reconquistó el lugar.
La segunda aparición fue en ocasión del segundo Rosariazo, en setiembre de 1969, en apoyo a la represión que había comandando el entonces teniente coronel Leopoldo Fortunato Galtieri, encargado de un batallón de Corrientes. En 1970, Feced fue nombrado, por primera vez, jefe de la Unidad Regional II de Policía.
Ya por entonces estaba casado con Martha Abal y tenía cuatro hijos, tres mujeres y un hombre.
Hasta el advenimiento de la primavera democrática de la mano de Héctor Cámpora, el comandante estuvo en Rosario combatiendo a la subversión, primero al Ejército Revolucionario del Pueblo y luego del asesinato de Aramburu, a Montoneros. Fue la obsesión de su vida y el sello que lo identificaría ante las fuerzas armadas argentina, paraguaya y chilena.
El 28 de noviembre de 1972 participó del secuestro, torturas y muerte de Angel Brandazza, como lo reconoció el ex agente de policía Angel Farías, ahora extrañamente incluido en la lista de pedidos de captura internacional que realizara el juez español Baltasar Garzón.
El propio Farías admitió ante la Comisión Bicameral de la Legislatura de Santa Fe, presidida por el entonces diputado justicialista Rubén Dunda, que "Feced torturaba con su propia gente, hacía trabajos por las suyas".
Desde 1974 a principios de 1976, Feced volvió a la clandestinidad. Tenía otro nombre bajo el cual recibía el sueldo y la jubilación y se desplazaba por toda la región del litoral argentino.
El 11 de setiembre de 1984, ante el Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas, declaró que estuvo "escondido, tres años en Misiones, diez condenas a muerte por los tribunales populares de la FAR y el ERP, en aquel tiempo el ERP era dueño de Rosario, después aparecieron los Montos".
Aseguró que estuvo exiliado dentro de su propio país, agradeció al Ejército Argentino "que nunca le quitó el apoyo" y dijo pertenecer a un organismo que no identificó. Gracias a eso pudo mantener a la familia "allá lejos y un auto viejo, necesario para seguir peleándolos" y así descubrió "la cárcel del pueblo de Campana" y el ERP de Resistencia que "se había extendido hasta Oberá".
Le llegaron a ofrecer el mando de la Triple A, desde el seno de la administración de María Estela Martínez de Perón, pero no aceptó porque no era un cargo público, si no subterráneo.
Esto lo dijo la mujer que acompañó a Feced durante diez años en su trayectoria en Rosario a este cronista en 1999.
Feced quería ser nombrado ante las cámaras de televisión...
Pero no se lo aceptaron, comentó entonces la concubina del ex gendarme.
La misma mujer fue muy clara al decir que su marido era permanentemente invitado a comer o desayunar junto a Arturo Acevedo, presidente de Acindar, o Alberto Gollán, titular de Canal 3 y Radio 2.
Aquel ofrecimiento fue después del asesinato del comisario Villar a cargo de una célula de Montoneros.
Por aquellos tiempos, Feced ya era integrante del Batallón 601 y cobraba sus haberes bajo el apellido de Carlucci.




Señales

En sus declaraciones ante la Comisión Argentina de Derechos Humanos, el ex oficial de la Federal, Rodolfo Peregrino Fernández, sostuvo que uno de los primeros nombres de la Triple A fue "Comando Libertadores de América". Aquella definición fue utilizada por el ex oficial de la policía santafesina, José Lo Fiego, uno de los principales imputados por delitos de lesa humanidad en Rosario y comentada en la causa 47.913 por una sobreviviente a sus torturas.

Los primeros crímenes de la Triple A no son los vinculados a Rodolfo Ortega Peña o al padre Carlos Mugica, sino los registrados en octubre de 1973, contra el periodista José Colombo, en San Nicolás, y contra el dirigente peronista rosarino, Constantino Razzetti.

El comisario Muñoz que formó parte de los primeros grupos de las 3 A, como bien señala Fernández, desarrolló su actividad en San Nicolás, como lo apunta la excelente investigación que está llevando a cabo el fiscal federal de aquella ciudad, José Murray.

El principal hecho de envergadura de la Triple A es la invasión a Villa Constitución y allí, aunque por ahora no se lo menciona, todo el grupo vinculado a Rodolfo Almirón participó de los secuestros y torturas, avalados y pagados por la gerencia de Acindar, en aquel momento a cargo de José Alfredo Martínez de Hoz.

De acuerdo al testimonio de Jorge Castro al relatar las experiencias de su padre, la Triple A no es solamente una creación de José López Rega, sino que, aunque cueste aceptarlo especialmente entre los militantes y simpatizantes del peronismo, tuvo el aval -por lo menos en el comienzo- del propio general Juan Perón.

El ofrecimiento de la jefatura de las 3 A a Agustín Feced cuando supuestamente debía estar en posición de retiro y muy lejos de cualquier actividad policial o de inteligencia interna (1974 - 1975) muestra la existencia de un aparato estatal ilegal que no es lo mismo que decir paraestatal. Feced recibía sueldos, información y logística al mismo tiempo que en la cámara de diputados de la provincia de Santa Fe lo denunciaban como un feroz torturador. Y ese dinero venía del estado nacional democrático y nunca dejó de llegarle.

Si no se tienen en cuenta las causas Razzetti, Villa Constitución y la propia historia personal de Agustín Feced, es posible que vuelva a demorarse la condena judicial contra el poder económico expresado en José Alfredo Martínez de Hoz y los dirigentes políticos, gremiales y eclesiásticos que apañaron y sostuvieron a hombres como Rodolfo Almirón.

La pista santafesina de la Triple A, en conclusión, no se trata de un simple apéndice más, sino de una clave estructural para entender los puentes que van desde los años sesenta al terrorismo de estado del 24 de marzo de 1976.

Ojalá que jueces federales y medios de comunicación de Buenos Aires entiendan que la historia argentina va mucho más allá de la General Paz.

Rodolfo Almirón

Después de un año de detención, y mientras estaba internado en el hospital Ramos Mejía, murió Rodolfo Almirón, uno de los principales jefes de la Triple A en la década del 70.

Ocurrió el viernes [5 de junio de 2009] pero fue difundido hoy por la agencia DyN. Almirón era el responsable operativo de la banda de ultraderecha que sembró el terror hasta el inicio de la última dictadura militar. Desde hacía un año estaba detenido en la cárcel de Marcos Paz por las acusaciones de crímenes de lesa humanidad que pesaban en su contra.

Ex comisario de la Policía Federal, de 73 años, chaqueño, estaba procesado por algunos de los asesinatos que la Triple A cometió de 1974 a 1976. Por ejemplo, del bebé de seis meses Pablo Laguzzi -hijo de Raúl Laguzzi, entonces decano de la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires (UBA) Raúl Laguzzi; del diputado nacional Rodolfo Ortega Peña; y del subjefe de la Policía bonaerense Julio Troxler.

Antes de incorporarse a la Triple A, Almirón había sido expulsado de la Policía, pero reincorporado y ascendido a subcomisario por José López Rega, el todopoderoso ministro de Bienestar Social del gobierno peronista de 1973 a 1976.

Huyó con López Rega a España en julio de 1975. Allí, Almirón se unió a otras huestes de la ultraderecha europea, fue custodio de Manuel Fraga Iribarne, fundador de Alianza Popular, embrión del conservador Partido Popular.

Fue detenido hace casi dos años en Torrent, Valencia, en un apartamento subsidiado por la Generalitat, en manos del Partido Popular.


Buenos Aires, Valencia y Parque Patricios

Valencia debe ser una maldición para el ex subcomisario Rodolfo Eduardo Almirón. Allí, en un barrio atenazado entre las casitas de los gitanos y una autopista, fue detectado semanas atrás por el diario El Mundo, de Madrid, y allí, en abril de 1983, lo había pillado otra publicación, el semanario Cambio16 oficiando de ángel guardián de Manuel Fraga Iribarne, entonces líder de la oposición al joven presidente del Gobierno Felipe González. Almirón conocía bien el oficio de guardaespaldas pero no era un simple "culata". Venía de ejercer la jefatura operativa de la Alianza Anticomunista Argentina, la Triple A, en su etapa inicial, menos de tres años en los que la actividad de El pibe, como le llamaban en la sede de otra Alianza, Alianza Popular –la derecha "civilizada" que devino en PP (Partido Popular)–, puede sintetizarse en números: 19 asesinatos políticos en 1973; 50 en 1974 y 359 en 1975. Caído, el "hermano Daniel", se refugió (es un decir) en España, Almirón lo acompañó y con ellos viajó un tercer individuo, hombre de confianza, segundo en el primer organigrama de la AAA: Miguel Angel Rovira. España era aún un paraíso para los fascistas de todo pelaje. Tras el golpe de 1976, la Triple A residual, confinada a Automotores Orletti, iba a tener un rol determinante en la Operación Cóndor.

Las "tramas negras" italianas, los maurrasianos franceses, la PIDE portuguesa y los anticastristas y anticomunistas del Este eran recibidos con los brazos abiertos por la ultraderecha española que, muerto el Caudillo, aspiraba a mantener su protagonismo, se nucleaba en el diario El Alcázar, en los restos de la Falange, en los Guerrilleros de Cristo Rey y en la Fuerza Nueva, de Blas Piñar, un "facha" que jamás pudo lograr los éxitos del bestializado Jean-Marie Le Pen. Aunque hiciera daño y metiera miedo, el fascismo ibérico estaba en retirada y sus protagonistas más lúcidos preferían mimetizarse en Alianza Popular, detrás del ex ministro de Información y Turismo de Franco, don Manuel Fraga, célebre por aguantarse los fríos de marzo, desvestirse y meterse en el mar en Palomeras, una playa almeriense donde había caído un avión norteamericano que todos sospechaban transportaba armamento nuclear. Con los parientes argentinos de la P-2 no se podía ser menos gentil. La integración de Almirón, Rovira y el suegro de Almirón, el ex comisario mayor Juan Ramón Morales, la "palanca" que lo había hecho entrar en Robos y Hurtos, no fue difícil. Las investigaciones realizadas indican que, para devolver las atenciones, Almirón se alistó en el contingente de voluntarios que el 9 de mayo de 1976 emboscaron al ala más conciliadora del Partido Carlista. La llamaron "Operación Reconquista" y el escenario fue la cima del Montejurra, en Navarra, a la que los partidarios de una vaga salida liberal llegaban en peregrinación. Los recibió una ráfaga de ametralladora. También se escucharon estampidos de pistolas. El saldo fue de dos muertos. Los testimonios aseguran que entre los atacantes estaba El pibe. Con algunas dudas agregan los nombres de Morales y Rovira, El ministro de Gobierno era Fraga Iribarne, quien en 1984 designaría a Almirón jefe de su custodia personal. Al ser descubierto por Cambio16, Almirón emitió un comunicado donde consignaba que no pesaba sobre él orden de captura alguna y que su llegada a España "se produjo en 1975 en misión oficial en virtud de una disposición de la Presidencia de la Nación, asignándome el servicio de escolta del ex ministro y entonces embajador plenipotenciario José López Rega". En la causa seguida contra Antonio Tejero y los golpistas del 23-F se podía leer que algunas de las reuniones de los putschistas se habían realizado en la empresa madrileña Aseprosa. Uno de los grupos de Aseprosa era dirigido por Almirón, quien aceitaba sus contactos con la Brigada Antiguerrillera, comandada por el célebre torturador franquista Roberto Conesa. Con tamañas amistades, en 1979 El pibe se convirtió en ciudadano español. El escándalo de Almirón no cortó los vínculos entre la derecha peninsular y la argentina. Luego de Almirón llegaron Raúl Guglielminetti ("mayor Guastavino", el Loco Suárez, Jorge Radice e, incluso, Héctor Sayago, el periodista que, en Europa, le organizaba las relaciones públicas a Emilio Massera. El empresario peronista Carlos Amar, radicado en Madrid, solía recibir frecuentes telefonazos del prófugo López Rega, a quien se refería como "el amigo".


Pitos y matracas

El paraguas ideológico de la Triple A –y su fugaz antecedente, el Comando Libertadores de América– lo habían abierto los lazos que el propio Juan Domingo Perón mantenía con la Logia Propaganda 2. A ella adherían muchos de los miembros del gabinete: el canciller Alberto Vignes, el ex embajador en Italia y ministro de Defensa Adolfo Savino, el secretario de Prensa José María Villone y el ministro de Bienestar Social José López Rega. Existía, asimismo, un entorno que coincidía con la necesidad de erradicar, de cualquier forma –y el terror era la más expeditiva– las organizaciones de izquierda y las corrientes nacionalistas revolucionarias del peronismo. De ese circuito fascistoide y simpatizante de la violencia formaban parte el coronel Jorge Osinde, el capitán Ciro Ahumada, el periodista Jorge Conti –compañero de Gerardo Sofovich en "Las Dos Campanas", Julio Yessi y Felipe Romeo, director de la revista El Caudillo–. Se afirma que quien aportó el "know-how" para el accionar de la banda no fue otro que el encargado de estructurar la brigada antiguerrillera de la Policía Federal, el comisario Alberto Villar. Para ejecutar el plan fueron designados Juan Ramón "El Chango" Morales, Horacio Paino, Almirón y Rovira. La madriguera estaba en Bienestar Social. En verdad, la cartera que no en vano heredaría Massera era una pintura: Osinde revistaba como secretario de Deportes, Yessi presidía el Instituto Nacional de Acción Cooperativa, Conti manejaba la prensa ministerial, en combinación con Paino, Roberto Vigliano y José Miguel Vanni. Desde Bienestar Social afluían los fondos que financiaban El Caudillo, cuyas oficinas en la avenida Figueroa Alcorta eran utilizadas asimismo como base de operaciones por Morales y Almirón. El ministro del Interior Alberto Rocamora matizaba: "La subversión de izquierda actúa en forma continua, en cambio las denominadas AAA actúan en forma esporádica". Su sucesor en el cargo, Antonio Benítez, respondió en el curso de una interpelación en el Congreso: "Al gobierno no le consta la existencia de la Triple A". Paino relató años más tarde que había sido Villone quien le había propuesto formar un "cuerpo de seguridad dinámica", en buen romance, por encima de toda regla. El agente agregó que el dinero para la compra de armamento lo proporcionaba el director de Administración del ministerio, Rodolfo Roballos. En el tercer subsuelo del ministerio se almacenaba el parque de que disponían sus comandos. Los cheques los entregaba Conti y salían de las cuentas del noticiero oficial Sucesos Argentinos o de Honegger & Cía, el taller donde se imprimía la revista Las Bases. Su debut ocurrió el 21 de noviembre de 1973, en el garage de Marcelo T. de Alvear al 1200, donde hicieron volar el Renault 6 de Hipólito Solari Yrigoyen, con el diputado adentro. Solari Yrigoyen cuestionaba la Ley de Contrato de Trabajo que perpetuaba sine die a las direcciones sindicales. La burocracia no vio con malos ojos el atentado, que la Triple A no firmó. Tampoco se adjudicó los asesinatos del sacerdote Carlos Mujica y el diputado Rodolfo Ortega Peña. Los siguientes, en cambio, tuvieron su sello: el rector de la UBA Raúl Laguzzi, los militantes sindicales Horacio y Rolando Chávez y Emilio Pierini, el abogado de izquierda Alfredo Curutchet, el sindicalista y ex vicegobernador de Córdoba Atilio López, militantes comunistas, obreros, estudiantes. El golpe del 24 de marzo de 1976 los puso en la órbita de la SIDE, bajo el control del general Otto Paladino y con un cuartel general en el taller mecánico de Automotores Orletti. No volvieron a firmar sus crímenes. Los militares habían recuperado el ansiado "monopolio de la fuerza". En la creencia de que los hombres olvidan lo que no pueden soportar, Rovira regresó a Buenos Aires. Trabajaba en lo que sabía. Lo sorprendieron los obreros de Metrovías y exigieron su despido. Vive en el barrio de Parque Patricios.

ACUSADO DE CUATRO ASESINATOS

Un juez argentino ordena capturar al ex jefe de la 'Triple A', que vive en Valencia

JUAN IGNACIO IRIGARAY

BUENOS AIRES.- Un juez argentino dictó el martes una orden de captura internacional contra Eduardo Almirón, que ahora vive en Torrent (Valencia) y que fue jefe de la banda terrorista Triple A -el equivalente a los GAL españoles-, que actuó durante los 70 en este país suramericano.

Así lo revelaron a EL MUNDO fuentes del Juzgado, que agregaron que el juez Daniel Ercolini ha pedido a la Interpol que detenga de forma preventiva al ex subcomisario para luego dar curso, por vía diplomática, a la petición de extradición.

A Almirón Sena -localizado por este diario recientemente en Torrent- se le imputa asociación ilícita y homicidio doblemente agravado en hechos reiterados por cuatro asesinatos cometidos en 1974, entre el casi millar de atentados que se le atribuyen a la Triple A durante la Presidencia de María Estela (Isabelita) Martínez de Perón, que hoy vive en Madrid.

En concreto, se trata de la muerte del diputado Rodolfo Ortega Peña, ametrallado el 31 de julio de 1974 cuando se bajaba de un taxi junto a su esposa, Elena Villagra, actual mujer del escritor Eduardo Galeano. La Triple A reivindicó este crimen.

El segundo homicidio es el de Julio Tomás Troxler, ex jefe de Policía de Buenos Aires y superviviente de un fusilamiento de peronistas en 1955. El 20 de septiembre de 1974, Troxler fue secuestrado y, horas después, fue arrojado a la calle maniatado desde un Peugeot negro como el que solía usar Almirón Sena. Sus captores le gritaron "corre, corre", y lo acribillaron a balazos desde las ventanillas del vehículo.

Los otros dos atentados se produjeron a la vez. En el sumario, al que tuvo acceso este diario, figura que a "Luis Ángel Mendiburu lo mataron el 27 de septiembre de 1974 cuando intentó impedir que no menos de nueve personas secuestrasen al profesor universitario Silvio Frondizi". Frondizi era hermano del ex presidente argentino Arturo Frondizi, y poco después fue encontrado muerto por una multitud de disparos cerca del aeropuerto internacional de Buenos Aires. Esa misma noche, la Triple A se atribuía el doble crimen.

En la causa consta que la Triple A -Alianza Anticomunista Argentina- se organizó en 1973 en el Ministerio de Bienestar Social, a cargo de Juan José López Rega, para crear "un dispositivo de lucha" contra la oposición política y armada al Gobierno de la viuda de Perón y que sus células funcionaban dentro del Ministerio, que les proveía de "fondos para compras de armamentos".

"López Rega contaba, mientras fue ministro de dicha cartera y después de ello, con una custodia personal que superaba el centenar de efectivos que portaban, además de armas de todo tipo, explosivos como panes de trotyl, que responden a fines totalmente opuestos a los defensivos", señala la investigación.

Esta causa penal se abrió en 1974, y en 1989 se cerró por prescripción de la acción penal a raíz del fallecimiento de López Rega. Pero recientemente fue reabierta después de un dictamen del fiscal federal Eduardo Taiano, que, entre otras cosas, solicitó la extradición del ex policía argentino detenido en España Ricardo Taddei, imputado por el secuestro en 1982 del empresario Osvaldo Sivak.


Rodolfo Ortega Peña, relato del primer asesinato de la Triple A

Intentamos hablar con Rodolfo para convencerlo de que se tenía que cuidar, que las amenazas estaban llegando cada vez más fuertes.

Estábamos en un bar a pocas cuadras del Sindicato de Farmacia, donde acabábamos de terminar una reunión bastante numerosa para organizar el homenaje a los compañeros fusilados en Trelew.

Eran aproximadamente las dos de la mañana del 31 de julio de 1974.

Habíamos quedado Rodolfo Ortega Peña, mis hermanos Eduardo Luis y Carlos María, Haroldo Logiurato, algún otro compañero y yo.

Intentamos hablar con Rodolfo para convencerlo de que se tenía que cuidar, que las amenazas estaban llegando cada vez más fuertes, los seguimientos eran muy notorios y debía tener algunas pautas de seguridad. Nosotros pretendíamos que no se expusiera tanto.

Rodolfo no quería saber nada, sostenía que la única manera de hacer su actividad en defensa de los más humildes, de los más necesitados, era de la manera que lo hacía. Finalmente, terminó la conversación de mala manera diciéndonos: "y en definitiva la muerte no duele".

Alrededor de las 8 de la noche de ese mismo día, sonó el teléfono en el despacho de Rodolfo de la Cámara de Diputados, era un supuesto periodista que preguntó si se iba a quedar mucho tiempo más porque quería verlo para hacerle unas preguntas.

Luego comprobamos que el llamado era para confirmar que él todavía no hubiera salido porque lo estaban esperando en la calle.

Un rato después, Rodolfo salió caminando del Congreso con su compañera Helena Villagra. Fueron caminando por Callao, desde Rivadavia hasta Santa Fe, y allí doblaron media cuadra hacia Riobamba donde entraron en una pizzería, de la que salieron aproximadamente a las 22.15.

Con la misma confianza con la que se manejaba, Rodolfo se subió a un taxi que estaba libre parado en la puerta, aparentemente desde hacía un tiempo, y le dio la dirección adonde iban.

El taxista repitió en voz alta y de manera notoria "Carlos Pellegrini y Juncal". Pocas cuadras más adelante, Rodolfo le pidió que apagara la luz interior del coche que el chofer había dejado encendida.

Estos y otros datos conocidos con posterioridad nos confirmaron la participación del taxista en el operativo para asesinar a Rodolfo.

Al llegar a la calle Carlos Pellegrini y Santa Fe, el taxi dobló y otro vehículo que venía detrás, sin que los pasajeros lo notaran, se atravesó e impidió que los otros automóviles que venían pudieran avanzar por Pellegrini.

Al cruzar Juncal el taxi paró y un coche que venía casi a la par se le atravesó. Bajó de él un hombre con una media de mujer en la cabeza y una ametralladora en la mano con la que disparó 23 tiros o más, 8 de los cuales fueron en la cabeza, que hicieron blanco en Rodolfo.

Esto nos hizo comprobar que estaban al tanto de las conversaciones mantenidas en su despacho intentando que Rodolfo usara el chaleco antibalas que le había ofrecido el compañero Ricardo Beltrán.

En 1975, ya camino a la dictadura, cuando José López Rega había terminado su trabajo siniestro de sangre y de muerte partió hacia Madrid acompañado de sus dos principales cómplices.

Ellos eran Morales y Almirón.

Pasados algunos meses, el subcomisario de la Policía Federal Rodolfo Eduardo Almirón frecuentaba un local de moda en Madrid en la calle Fuencarral que se llamaba Drugstore, a pocos metros de la Glorieta de Bilbao.

Allí se ufanaba de haber sido ejecutor del asesinato de Ortega Peña. A quien lo quisiera escuchar, decía sin temor que él lo había matado.

Cuando comenzó a llegar el exilio provocado por la dictadura militar de 1976, Almirón desapareció de los lugares públicos.

Hasta que fue descubierto y denunciado en 1981, como jefe de la custodia del ex ministro de Franco Manuel Fraga Iribarne.

Cambio 16, la revista progresista española de ese momento, y Diario 16 de la misma editorial, le dedicaron grandes titulares y varias tapas, por lo que Almirón tuvo que sumergirse nuevamente.

Sin embargo, en ese momento no estaban dadas las posibilidades que hoy tenemos.

En esta Argentina se puede tener confianza en un pedido de extradición, en una declaración de lesa humanidad de los crímenes cometidos por la Triple A y creo que también podemos confiar en que estamos cerca de que se haga justicia en un tema tan difícil y olvidado para muchos, como son los asesinatos cometidos durante el gobierno peronista del '74 y '75.

Este relato de los hechos es para refrescar la memoria de uno de los protagonistas del asesinato del diputado nacional, abogado, periodista y defensor de presos políticos, Rodolfo Ortega Peña.

Es para recordarle a Rodolfo Eduardo Almirón su participación, que ahora desconoce, no recuerda, en el primer asesinato asumido por la Triple A en la Argentina el 31 de julio de 1974.

Fragmento de "Me matan si no trabajo..." de Raymundo Gleizer (1974) con una breve aparición pública del diputado Rodolfo Ortega Peña.




link: http://www.youtube.com/watch?v=RlphE6IeqLw&feature=player_embedded



El documentalista argentino Raimundo Gleyzer fue detenido y desaparecido en mayo de 1976 por la dictadura militar. Gleyzer militaba en el Partido Revolucionario de los Trabajadores y fué visto por última vez junto a el escritor Haroldo Conti, en el campo de concentración El Vesubio. Gleyzer integra destacadamente la escuela de documentalistas con alto compromiso social, característico de los tardíos años sesenta e inicios de los setenta, pero, a diferencia del gran polo de cineastas vinculados al peronismo revolucionario, cuyo emergente máximo fué el grupo Cine Liberación, la obra de Raimundo en el grupo Cine de la base es muy crítica respecto a la figura de Perón y en particular de la dirigencia sindical peronista. Gleyzer desarrolla en sus documentales una mirada vinculada a la tradición de izquierda marxista leninista clásica. El video presente forma parte del documental "Me matan si no trabajo y si trabajo me matan" que dirigiera Gleyzer, donde se muestra la movilización y el reclamo que en el año 1974 realizaran frente al parlamento los obreros de la fábrica metalúrgica INSUD, peticionando el pago de la quincena y mejoras en las condiciones de trabajo frente al avance del saturnismo [contaminación por mercurio, que produce, entre otras consecuencias, impotencia sexual]. Los trabajadores de INSUD, que en sus consignas se muestran abandonados por la conducción de la UOM en manos de Lorenzo Miguel, fueron recibidos por el diputado Rodolfo Ortega Peña (quién ya había roto con el bloque justicialista oficial de diputados ) y que poco tiempo después fuera asesinado por la organización terrorista estatal Triple A.

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