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Napoleón Bonaparte
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Napoleón I Bonaparte (Ajaccio, 15 de agosto de 1769 – Santa Helena, 5 de mayo de 1821) fue un militar y gobernante francés, general republicano durante la Revolución y el Directorio, artífice del golpe de Estado del 18 de Brumario que le convirtió en Primer Cónsul (Premier Consul) de la República el 11 de noviembre de 1799; cónsul vitalicio desde el 2 de agosto de 1802 hasta su proclamación como Emperador de los franceses (Empereur des Français) 18 de mayo de 1804, siendo coronado el 2 de diciembre; proclamado Rey de Italia el 18 de marzo de 1805 y coronado el 26 de mayo, ostentó ambos títulos hasta el 11 de abril de 1814 y, nuevamente, desde el 20 de marzo hasta el 22 de junio de 1815.
Durante un periodo de poco más de una década, adquirió el control de casi toda Europa Occidental y Central mediante una serie de conquistas y alianzas, y sólo tras su derrota en la Batalla de las Naciones, cerca de Leipzig, en octubre de 1813, se vio obligado a abdicar unos meses más tarde. Regresó a Francia y al poder durante el breve período llamado los Cien Días y fue decisivamente derrotado en la Batalla de Waterloo en Bélgica, el 18 de junio de 1815, siendo desterrado por los ingleses a la isla de Santa Elena, donde falleció.
Napoleón es considerado como uno de los mayores genios militares de la Historia, habiendo comandado campañas bélicas muy exitosas, aunque con ciertas derrotas igualmente estrepitosas. Sus agresivas guerras de conquista se convirtieron en las mayores operaciones militares conocidas hasta ese momento en Europa, involucrando a un número de soldados jamás visto en los ejércitos de la época. Además de estas proezas bélicas, a Napoleón también se le conoce por el establecimiento del Código Napoleónico y es considerado por algunos un «monarca iluminado» debido a su extraordinario talento y capacidad de trabajo. Otros, sin embargo, lo estiman un dictador tiránico cuyas guerras causaron la muerte de millones de personas, así como uno de los personajes más megalómanos y nefastos de todos los tiempos.
Se le juzga como el personaje clave que marcó el inicio del siglo XIX y la posterior evolución de la Europa contemporánea.
Sus soldados lo llamaban el Pequeño Cabo (Le Petit Caporal), en tanto que los ingleses se referían a él con el despectivo Boney y las monarquías europeas como el tirano Bonaparte, el Ogro de Ajaccio o el Usurpador Universal.
Manuel Belgrano
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Manuel José Joaquín del Corazón de Jesús Belgrano (Buenos Aires, 3 de junio de 1770 – ibídem, 20 de junio de 1820) fue un intelectual, economista, periodista, político, abogado y militar de las Provincias Unidas del Río de la Plata, actual Argentina. Participó de la Revolución de Mayo y de la Guerra de Independencia de la Argentina, y es el creador de la Bandera de Argentina.
Belgrano fue un destacado representante de la población criolla de Buenos Aires, y uno de los principales impulsores de la emancipación del país que se luego se llamaría Argentina respecto a España. Para ello en un principio promovió las aspiraciones de Carlota Joaquina en la región, aunque sin éxito. Junto a otros patriotas impulsó la destitución del virrey Baltasar Hidalgo de Cisneros, lo cual produjo la Revolución de Mayo; Belgrano integró la Primera Junta que dirigió el gobierno desde entonces. Se le encargó la dirección del Ejército del Norte, y aunque fue derrotado por las fuerzas españolas sentó las bases de la declaración de independencia paraguaya de 1811. En 1812 creó la bandera de Argentina en las cercanías de la ciudad de Rosario, y dirigió el éxodo jujeño, tras lo cual se impuso a los españoles en las batallas de Tucumán y Salta. Formó parte del Congreso de Tucumán y propuso la idea de establecer una monarquía constitucional dirigida por un noble Inca, pero no logró apoyo.
La educación fue una de sus principales preocupaciones: para ello elaboró durante su estadía en España un plan de acción con avanzadas ideas sobre la misma.
Belgrano no tenía, como él mismo lo ha dicho, grandes conocimientos militares, pero poseía un juicio recto, una honradez a toda prueba, un patriotismo puro y desinteresado, el más exquisito amor al orden, un entusiasmo decidido por la disciplina y un valor moral que jamás se ha desmentido.
General José María Paz
General sin las dotes del genio militar, hombre de estado sin fisonomía acentuada...Sus virtudes fueron la resignación y la esperanza, la honradez del propósito y el trabajo desinteresado.
Nacimiento y estudios
Manuel José Joaquín del Corazón de Jesús Belgrano nació en Buenos Aires el 3 de junio de 1770, en la casa paterna, cerca del Convento de Santo Domingo y fue bautizado en la Catedral de Buenos Aires al día siguiente.2
Él era criollo pero su padre Domenico era de origen italiano,3 oriundo de Oneglia, en Liguria, y tenía como apellido primero el de Peri, que se castellanizó luego como Pérez, aunque adoptó luego el apellido Belgrano. Era un comerciante autorizado por el rey de España para trasladarse a América. La madre de Belgrano era María Josefa González Casero, nacida en la ciudad de Buenos Aires, de familia procedente de Santiago del Estero.4
Domingo Belgrano y Peri tuvo un éxito como comerciante que le permitió enviar a sus hijos Francisco y Manuel a estudiar a Europa. Deseaba que se instruyeran en comercio, pero Manuel optó en cambio por estudiar derecho. Manuel Belgrano alcanzó un destacable éxito y prestigio por ese entonces, que le permitió obtener del Sumo Pontífice Pío VI una autorización para leer toda clase de literatura prohibida. Dicha concesión se le otorgó "...en la forma más amplia para que pudiese leer todo género de libros condenados aunque fuesen heréticos.",5 con la única excepción de las obras obscenas. De esta manera tuvo acceso a los libros de Montesquieu, Rousseau y Filangieri.
Belgrano se rodeó de la élite intelectual de España, y por aquel entonces se discutía sobremanera la reciente Revolución francesa. Los cuestionamientos al derecho divino de los reyes, los principios de igualdad y libertad, y la aplicación universal de la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, estaban en boca de todos. En esos círculos se consideraba imperioso refundar la nación bajo principios similares, y quienes no estaban de acuerdo eran tachados de tiranos y partidarios de ideas antiguas y desprestigiadas.5 Años más tarde escribiría en su autobiografía:
Como en la época de 1789 me hallaba en España y la revolución de Francia hiciese también la variación de ideas y particularmente en los hombres de letras con quienes trataba, se apoderaron de mí las ideas de libertad, igualdad, seguridad propiedad, y sólo veía tiranos en los que se oponían a que el hombre, fuere donde fuese, no disfrutase de unos derechos que Dios y la naturaleza le habían concedido, y aún las mismas sociedades habían acordado en su establecimiento directa o indirectamente.6
También se dedicó al estudio de las lenguas vivas, la economía política y el derecho público. Los autores que lo influyeron más profundamente fueron Campomanes, Jovellanos, Adam Smith y Quesnay. Sus principales puntos de interés en las obras de tales autores eran aquellos referidos al bien público y la búsqueda del provecho general.5 Belgrano pensaba por entonces que la teoría fisiocrática de Quesnay y los postulados de Smith podían aplicarse en forma complementaria en el Río de la Plata.
El Consulado de Comercio
Fue nombrado Secretario "Perpetuo" del Consulado de Comercio de Buenos Aires el 2 de junio del 1794,7 y pocos meses después regresó a Buenos Aires. Ejerció ese cargo hasta poco antes de la Revolución de Mayo, en 1810. En dicho cargo se ocupaba de la administración de justicia en pleitos mercantiles y fomentar la agricultura, la industria y el comercio. Al no tener libertad para realizar grandes modificaciones en otras áreas de la economía, concentró gran parte de sus esfuerzos en impulsar la educación. En Europa su maestro Campomanes le había enseñado que la auténtica riqueza de los pueblos se hallaba en su inteligencia y que el auténtico fomento de la industria se encontraba en la educación.8
Durante su gestión estuvo casi en permanente conflicto con los vocales del Consulado, todos ellos grandes comerciantes con intereses en el comercio monopólico con Cádiz. Año tras año presentó informes con propuestas influenciadas por el librecambismo que, en general, fueron rechazadas por los vocales. Belgrano sostenía por entonces que "El comerciante debe tener libertad para comprar donde más le acomode, y es natural que lo haga donde se le proporcione el género más barato para poder reportar más utilidad".8
De todos modos obtuvo algunos logros importantes, como la fundación de la Escuela de Náutica y la Academia de Geometría y Dibujo. Belgrano, a través del Consulado, también abogó por la creación de la Escuela de Comercio y la de Arquitectura y Perspectiva. Su motivación para fundar la escuela de comercio radicaba en que consideraba que la formación era necesaria para que los comerciantes obraran en función del crecimiento de la patria. Con las escuelas de Dibujo y Náutica se pretenderá fomentar en los jóvenes el ejercicio de una profesión honrosa y lucrativa. Estas últimas funcionaban en un mismo local, contiguo al consulado, de forma que Belgrano pudiese observar e inspeccionar su desenvolvimiento. Estas escuelas operaron durante tres años, y fueron cerradas en 1803 por orden de la Corona española — en particular del ministro Manuel Godoy — que las consideraba un lujo innecesario para una colonia. Belgrano consideró que el impulso educativo "no podía menos que disgustar a los que fundaban su interés en la ignorancia y el abatimiento de sus naturales".
Su iniciativa ayudó a la publicación del primer periódico de Buenos Aires, el Telégrafo Mercantil, dirigido por Francisco Cabello y Mesa, y en el que colaboraban Belgrano y Manuel José de Lavardén. Dejó de aparecer en octubre de 1802, tras tirar unos doscientos números, después de varios problemas con las autoridades coloniales, que veían con malos ojos las tímidas críticas allí deslizadas y el estilo desenfadado de las sátiras y críticas de costumbres.
También colaboró en el Semanario de Agricultura, Comercio e Industria, dirigido por Hipólito Vieytes. Allí explicaba sus ideas económicas: promover la industria para exportar lo superfluo, previa manufacturación; importar materias primas para manufacturarlas; no importar lo que pudiese producir en el país ni mercaderías de lujo; importar solamente mercaderías imprescindibles; reexportar mercaderías extranjeras; y poseer una marina mercante.
Ya por entonces Belgrano se veía afectado por una enfermedad contraída en Europa, descripta en el certificado médico como "un vicio sifilítico". Dicha enfermedad lo obligó a tomar licencias de varios meses en el Consulado, y motivó también que recomendara a la Corte a su primo Juan José Castelli, de principios similares, como posible reemplazante.9 La oposición de los comerciantes españoles demoró la designación de Castelli hasta 1796.10
Las invasiones inglesas
Artículo principal: Invasiones Inglesas
Belgrano fue designado capitán de las milicias urbanas de Buenos Aires en 1797 por el virrey Pedro de Melo. Trabajaba por entonces en el Consulado, y no tenía un interés genuino en desarrollar ninguna carrera militar. En su autobiografía declaró lo siguiente:
Si el virrey Melo me confirió el despacho de capitán de milicias urbanas de la capital, más bien lo recíbí para tener un vestido más que ponerme, que para tomar conocimientos en semejante carrera.
El virrey Sobremonte le encargó la formación de una milicia en previsión de algún ataque inglés, pero no tomó el encargo muy en serio. Esto llevó a su primer participación en un conflicto armado, cuando el 25 de junio de 1806 desembarcó una expedición de 1.600 soldados ingleses al mando de William Carr Beresford, lo cual inició las Invasiones Inglesas. Belgrano marchó a la fortaleza apenas escuchó la alarma general, donde reunió a numerosos hombres para enfrentar la invasión. Sin conocimientos de milicia, marcharon desordenadamente hacia el Riachuelo. Tras un único cañonazo inglés, debió obedecer las indicaciones de su jefe de mando y ordenar la retirada. Más tarde escribiría: "Nunca sentí más haber ignorado hasta los rudimentos de la milicia." Tras tomar la ciudad los ingleses exigieron a todas las autoridades que prestaran juramento de lealtad. El Consulado en pleno accedió a la demanda inglesa, exceptuando a Belgrano que sostuvo que "Queremos al antiguo amo, o a ninguno". Se fugó de Buenos Aires y buscó refugio en la capilla de Mercedes, en la Banda Oriental.
Los ingleses fueron expulsados por una expedición organizada por Santiago de Liniers, aunque se esperaba que éstos intentarían atacar nuevamente la ciudad. Belgrano regresó tras la reconquista y se unió a las fuerzas que organizaba Liniers. Fue nombrado sargento mayor del Regimiento de Patricios, bajo las órdenes de Cornelio Saavedra, y profundizó sus estudios de táctica militar. Tras conflictos con otros oficiales Belgrano renunció al cargo de Sargento Mayor y se puso a las órdenes de Liniers. Durante el combate que tuvo lugar poco después sirvió como ayudante de campo de una de las divisiones del ejército a cargo del coronel Balviani. Tras la exitosa resistencia de Buenos Aires volvió a hacerse cargo del Consulado y dejó nuevamente los estudios militares.
Manuel Alberti
Biografía

Manuel Alberti nació en Buenos Aires el 28 de mayo de 1763, sus padres eran Antonio Alberti y Juana Agustina Marín. Estudió teología en la Universidad de Córdoba, obteniendo el doctorado en Teología y Cánones el 16 de julio de 1785. Fue ungido como sacerdote el año siguiente.
Fue teniente cura de la ciudad de Concepción del Uruguay durante unos tres años, y en 1790 se lo nombró cura y vicario interino del partido de la Magdalena. Dirigió la Casa de Ejercicios de Buenos Aires, en donde fue considerado un eclesiástico «bien puesto, desinteresado, caritativo» por sus superiores.
Se lo designó como cura párroco de la ciudad de Maldonado, actualmente parte de Uruguay. Fue encarcelado durante las Invasiones Inglesas, acusado de mantener contacto epistolar con jefes de las tropas españolas. Fue liberado por los ejércitos patriotas tras la derrota inglesa, tras lo cual volvió a sus funciones.
Volvió a Buenos Aires en 1808 y se hizo cargo de la Parroquia de San Benito de Palermo, creada recientemente. En 1810 adhirió a los movimientos políticos que desembocaron en la Revolución de Mayo. En este sentido participo en el Cabildo abierto del 22 de mayo, donde votó por el inmediato cese en sus funciones del virrey Baltasar Hidalgo de Cisneros.
Fue elegido vocal de la Primera Junta, presumiblemente como miembro del partido de su presidente, Cornelio Saavedra. No obstante, apoyó especialmente a Mariano Moreno y sus propuestas reformistas. Debido a su carácter sacerdotal, votó en contra del fusilamiento de Santiago de Liniers — posterior a su captura tras la sofocación de la Contrarrevolución de Córdoba — dispuesto por la Primera Junta. El fusilamiento fue impulsado por el sector morenista, y firmado por todos los componentes de la Junta, excepto el propio Alberti
Fue también redactor de la Gazeta de Buenos Ayres, incluso tras el alejamiento de Moreno de dicha publicación. Desde allí respaldó todas las medidas de la Junta, a excepción del fusilamiento de Liniers, mencionado con anterioridad.
Alberti votó — como todos los vocales de la Junta — a favor de la incorporación de los diputados del interior, lo cual llevó a la transformación de la Primera Junta en la Junta Grande. En dicha votación se distanció de Moreno, quien se opuso a dicha incorporación. Aun así, aclaró que apoyaba la propuesta sólo por conveniencia política.
Fue el primero de los miembros de la Junta en morir, el 31 de enero de 1811, debido a un síncope cardíaco, por lo cual el Dr. Miguel Mariano de Villegas, como Síndico del Cabildo, propuso a la Junta Grande que cubriese su vacante.
Nada se sabe del destino de su cuerpo tras su fallecimiento, salvo que había sido enterrado en el primer edificio que tuvo la iglesia de San Nicolás, que se hallaba en el sitio que actualmente ocupa el Obelisco de Buenos Aires, y que fue destruido en 1936 para construir la avenida 9 de Julio.
En 1822, el gobierno de la ciudad de Buenos Aires dispuso ponerle su nombre a una calle de la ciudad, mientras que en junio de 1910 se esculpió una estatua en su homenaje en las barrancas de Belgrano. La localidad de Manuel Alberti, de la provincia de Buenos Aires, también está nombrada de dicha manera en su homenaje.

alfonsina storni
Alfonsina Storni Martignoni (Sala Capriasca, Suiza, 22 ó 29 de mayo de 18921 2 3 4 – Mar del Plata, Argentina, 25 de octubre de 1938), fue una poetisa y escritora argentina del modernismo.5
Su familia era propietaria de una cervecería en San Juan. Sus padres regresaron a su patria en 1891 y en 1896 volvieron a Argentina junto con Alfonsina, quien había nacido durante la estadía de la pareja en ese país. En San Juan concurrió al jardín de infantes y desarrolló la primera parte de su infancia. A principios del siglo XX la familia se mudó a Rosario, donde su madre fundó una escuela domiciliaria y su padre instaló un café cerca de la estación Rosario Central de ferrocarril. Alfonsina se desempeñó como mesera en ese establecimiento, pero dado que este trabajo no le gustaba se independizó y consiguió empleo como actriz. Más tarde recorrería varias provincias en una gira teatral.6
Storni ejerció como maestra en diferentes establecimientos educativos y escribió sus poesías y algunas obras de teatro durante este período. Su prosa es feminista, ya que busca en ella la igualdad entre el hombre y la mujer, y según la crítica, posee una originalidad que cambió el sentido de las letras de Latinoamérica. Otros dividen su obra en dos partes: una de corte romántico, que trata el tema desde el punto de vista erótico y sensual y muestra resentimiento hacia la figura del hombre, y una segunda etapa en la que dejó de lado el erotismo y mostró el tema desde un punto de vista más abstracto y reflexivo. La crítica literaria, por su parte, clasifica en tardorománticos a los textos editados entre los años 1916 y 1925 y a partir de Ocre encuentra rasgos de vanguardismo y recursos como el antisoneto. Sus composiciones reflejan, además, la enfermedad que padeció durante gran parte de su vida y muestran la espera del punto final de su vida, expresándolo mediante el dolor, el miedo y otros sentimientos.7
Fue diagnosticada con cáncer de mama, del cual fue operada. A pedido de un medio periodístico se realizó un estudio de quirología, cuyo diagnóstico no fue acertado. Esto la deprimió, provocándole un cambio radical en su carácter y llevándola a descartar los tratamientos médicos para combatirla.8
Se suicidó en Mar del Plata arrojándose de la escollera del Club Argentino de Mujeres. Hay versiones románticas que dicen que se internó lentamente en el mar. Su cuerpo fue velado en esa ciudad balnearia primero y finalmente en Buenos Aires. Actualmente sus restos se encuentran enterrados en el Cementerio de la Chacarita.9
Infancia y juventud
Sus padres fueron Alfonso y Paulina Martignoni, quienes junto a sus hermanos mayores, María y Romero, llegaron a la provincia de San Juan desde Lugano, Suiza, en 1880. Fundaron una pequeña empresa familiar, y años después, las botellas de cerveza etiquetadas «Cerveza Los Alpes, de Storni y Cía», comenzaron a circular por toda la región.10
En 1891 la familia viajó a Suiza quedando en la provincia algunos hermanos y en 1892, el 22 de mayo, nació ella en Sala Capriasca siendo la tercera hija del matrimonio Storni. Su padre, un hombre melancólico y raro, fue quien eligió el nombre. Años más tarde, Alfonsina le diría a su amigo Fermín Estrella Gutiérrez: «me llamaron Alfonsina, que quiere decir dispuesta a todo». Hay otras versiones que indican que nació el 22 de mayo pero la anotaron el 29 y otras que afirman que nació en un barco en altamar.6 Fue bautizada en la parroquia de Tesserete, lugar en el que actualmente se puede leer en el margen del acta de bautismo una inscripción realizada por el sacerdote Osvaldo Crivelli que dice Grande poetesa morta al mar della Plata.
Alfonsina aprendió a hablar en italiano, y en 1896 regresó a San Juan, de donde son sus primeros recuerdos.
Estoy en San Juan, tengo cuatro años; me veo colorada, redonda, chatilla y fea. Sentada en el umbral de mi casa, muevo los labios como leyendo un libro que tengo en la mano y espío con el rabo del ojo el efecto que causo en el transeúnte. Unos primos me avergüenzan gritándome que tengo el libro al revés y corro a llorar detrás de la puerta.11
Su madre la anotó en el jardín de infantes, donde se la recuerda como una chica curiosa y que hacía muchas preguntas, imaginaba mucho y mentía. Su madre tenía dificultades para enseñarle a decir la verdad. Inventaba incendios, robos, crímenes que nunca aparecían en los policiales de los periódicos, metía a su familia en líos y en una oportunidad invitó a sus docentes a pasar las vacaciones a una quinta imaginaria en las periferias de la ciudad.11 12
El recuerdo de su padre lo reflejó en el poema A mi padre, el cual se basa en la actitud melancólica del señor que en esa época promediaba los treinta años, y en otro recita:
Que por días enteros, vagabundo y huraño
no volvía a la casa, y como un ermitaño
se alimentaba de aves, dormía sobre el suelo
y sólo cuando el Zonda, grandes masas ardientes
de arena y de insectos levanta en los calientes
desiertos sanjuaninos, cantaba bajo el cielo.13
Si bien la imagen del padre tiene matices melancólicos, la de la madre refleja tristeza oculta que muestra, a su vez, la marca de la resignación femenina. De ella escribió:
Dicen que silenciosas las mujeres han sido
De mi casa materna....Ah, bien pudieran ser
A veces, en mi madre apuntaron antojos
de liberarse, pero se le subió a los ojos
una honda amargura, y en la sombra lloro.13
Se supone que esta descripción de la madre corresponde a la época que precedió la mudanza a Rosario y a los años posteriores que fueron difíciles. En 1900 nació Hildo Alberto, el último hermano, a quien tuvo que proteger.
Viaje a Rosario
En 1901 la familia se trasladó nuevamente, esta vez a la ciudad de Rosario, por motivos desconocidos. Llevaron consigo algunos ahorros con los que Paulina abrió una pequeña escuela domiciliaria, y pasó a ser la cabeza de una familia numerosa, pobre y sin nadie que la maneje. Los alumnos abonaban un peso con cincuenta por cabeza y llegaron a ser cincuenta; sin embargo, la ganancia de setenta y cinco pesos mensuales no permitían una vida cómoda.14
Instalaron el «Café Suizo», cerca de la estación de tren; no se sabe la fecha con certeza, pero sí que el proyecto fracasó. Alfonsina dejó de concurrir a la escuela y comenzó a trabajar lavando platos y atendiendo las mesas a la edad de diez años. Las demás mujeres comenzaron a trabajar de costureras. El fracaso lo puede haber provocado la imposibilidad de manejar un negocio y el alcoholismo del padre, quien se sentaba en una mesa a beber hasta que su esposa, junto con uno de sus hijos, lo arrastraban hasta su cama. Una vez cerrado el emprendimiento se mudaron de casa, su hermana María se casó y Alfonso, su esposo, falleció por causas que no se conocen. Este hecho coincide con la edad en que Alfonsina comenzó a escribir poesías. Tenía un mal recuerdo de este momento y lo expresó de esta manera:
A los doce años escribo mi primer verso. Es de noche; mis familiares ausentes. Hablo en él de cementerios, de mi muerte. Lo doblo cuidadosamente y los dejo debajo del velador, para que mi madre lo lea antes de acostarse. El resultado es esencialmente doloroso; a la mañana siguiente, tras una contestación mía levantisca, unos coscorrones pretenden enseñarme que la vida es dulce. Desde entonces, los bolsillos de mis delantales, los corpiños de mis enaguas, están llenos de papeluchos borroneados que se me van muriendo como migas de pan.15
Las tareas domésticas no le dejaban tomarse un descanso, ya que tenía que ayudar con la costura a su madre hasta la madrugada y con las tareas escolares a su hermanito. Una fotografía tomada en 1905 los muestra sentados en un sillón de mimbre y al niño vestido con trajecito de marinero. Esta toma fue hecha por un fotógrafo del barrio un día que ella vistió a su hermano y salió con él, según relató Olimpia Perelli, su media hermana.16
La independización
El trabajo hogareño no la conformaba, ya que no le rendía económicamente y conllevaba largas horas de encierro. Para cambiar su situación, buscó trabajo en forma independiente: lo encontró en una fábrica de gorras y, posteriormente, se la vio entregando volantes en algún festejo del Día del Trabajo.
En 1907 Manuel Cordero, un director teatral que estaba de gira en las provincias junto con su compañía, arribó a Rosario. Lo hizo en Semana Santa, con el objetivo de representar las Escenas de la Pasión. Paulina tomó contacto con la compañía y se le asignó el papel de María Magdalena. Alfonsina, por su parte, asistió a los ensayos y, dado que dos días antes del estreno se enfermó la actriz que personificaba a San Juan Evangelista y que ella sabía de memoria todos los papeles y no le incomodaba interpretar a un hombre, la reemplazó. Al otro día la prensa elogió su actuación.17
Al poco tiempo visitó Rosario la compañía de José Tallavi para entrevistarse con Alfonsina, quien le demostró que podía recitar y memorizar largos versos, y le ofreció trabajo. De esta manera, Alfonsina dejó la casa de Rosario junto al resto de su familia. En un año recorrió Santa Fe, Córdoba, Mendoza, Santiago del Estero y Tucumán representando Espectros de Ibsen, La loca de la casa de Pérez Galdós y Los muertos de Florencio Sánchez. No se conocen mayores detalles de este año de gira; únicamente se sabe que intercambió correspondencia con Julio Cejador, un filólogo español.18
Según declaró a la revista El Hogar, a su regreso escribió su primera obra de teatro, Un corazón valiente; sin embargo, no han quedado testimonios de este hecho. Además, se enteró de que su madre había contraído matrimonio con Juan Perelli, un tenedor de libros, y que se había mudado a la localidad de Bustinza, donde había establecido nuevamente su escuela domiciliaria.19 Para poder visitarla se trasladó en tren hasta Cañada de Gómez el 24 de agosto de 1908 donde la esperaba José Martínez para trasladarla hasta el pueblo en un break con capota, utilizado para trasladar la correspondencia hasta dicho lugar. Esa noche asistió a una fiesta en la casa del Juez de Paz, Bartolomé Escalante, e inició una amistad con algunas jovencitas del lugar, a quienes visitaba y acompañaba cuando andaban a caballo.
Se alojó en la casa alquilada por su madre frente a la plaza, donde jugaba al tenis con Prima Correa, hija de la dueña de la propiedad, utilizando unas grandes alpargatas negras como raquetas. En el galpón del fondo de la propiedad solía fumar a escondidas cigarrillos de chala con Rafaela. También asistía a paseos, fiestas vecinales y celebraciones religiosas.
Dictaba clases de recitado y de buenos modales en la escuela de su madre. Una alumna suya, Amalia Medina, la definió como una persona muy fina en su porte, en su bailar y en su mímica. Aunque se la caracterizaba como una persona delicada y cariñosa, hay testimonios de algunos días melancólicos donde se encerraba en sí misma y cantaba canciones tristes y dolientes.19
Carrera docente
En el año 1909 dejó el hogar materno para terminar sus estudios en Coronda. En esa localidad se dictaba la carrera de maestro rural, en la Escuela Normal Mixta de Maestros Rurales. En el registro de inscripciones aparece la leyenda "Alfonsina Storni, 17 años, suiza". Fue aceptada por su entusiasmo, porque no tenía certificado de estudios primarios y tampoco aprobó el examen de ingreso, pero la escuela recién abría y necesitaba alumnos, según declaró la señorita Gervasoni, directora del establecimiento, quien además dijo que Alfonsina mostraba interés en progresar. Además, la nombraron celadora a cambio de un sueldo de cuarenta pesos. La pensión donde se alojaba le costaba veinticinco pesos, lo que la obligaba a mantenerse con los quince pesos restantes. Este alojamiento era propiedad de Mercedes Gervasoni de Venturini, la hermana de la directora del colegio. Es posible que Alfonsina cobrara una beca estatal de treinta pesos, gestionada por el diputado Mardoquio Contreras, pero este hecho no está comprobado.7
Su profesora de Idioma Nacional, Emilia Pérez de la Barra, la estimuló a trabajar porque había detectado en ella condiciones de escritora. Además la secretaria de la institución, Carlota Garrido de la Peña, era una escritora santafesina y propuso publicar un boletín del colegio que reflejara las actividades del mismo y del lugar. En el segundo número se describe que la alumna docente Storni cantó una romanza con voz dulce y sentimental y en los números cuatro a siete se publicó un trabajo expuesto en una conferencia sobre temas pedagógicos que se celebró todos los sábados por los alumnos del segundo año. Era un método para enseñar aritmética en los primeros grados.20
En 1910 Storni comenzó a realizar viajes los fines de semana sin que nadie supiese a dónde iba y de dónde conseguía el dinero. Alguien se dio cuenta que viajaba a Rosario. En esa ciudad, durante la celebración del aniversario de la Batalla de San Lorenzo, le pidieron que cante. En un escenario adornado de banderas argentinas entona la Cavatina de El Barbero de Sevilla de Rossini. Le pidieron un bis y en un momento de silencio alguien afirmó en voz alta que era la muchacha que cantaba en Rosario en un lugar de dudosa reputación y el público ríe. Al regresar a la pensión escribió en una nota: "Después de lo ocurrido no tengo ánimos para seguir" y se perdió de vista. La nota fue hallada por la esposa del comisario que fue a su habitación a la hora de la comida para ver por qué no llegaba. Salió la familia a buscarla y la encontraron en un barranco llorando. El comisario le palmeó la espalda y se tranquilizó. Por la noche recuperó el humor pero esta escena puede ser el presagio de lo que pasaría treinta años después.21
Su madre asistió a la entrega de diplomas de maestros. En el programa del acto figuran tres poemas de Alfonsina, uno de ellos fue recitado por alumnos del jardín de infantes y titulado Un viaje a la luna. Ese año el tema planetario estaba de moda porque se había visto al cometa Halley que despertó temor en la población e incluso suicidios. Además entonó El brindis de la Traviata de Verdi y antes de irse le dedicó a la directora María Margarita Gervasoni un poema llamado El maestro que incluyó la frase "a mi inteligente y noble directora".22
En abril de 1921 ingresó como docente en la Escuela para Niños Débiles del Parque Chacabuco, una institución creada por Hipólito Yrigoyen para contrarrestar los efectos de la pobreza, albergando a niños mal alimentados o raquíticos. Se los trataba con un programa de sol y ejercitación física. Alfonsina no se sentía a gusto en este empleo porque decía que las autoridades no eran comprensivas con ella.23 24
Poetisa en Buenos Aires
En 1911 se trasladó a Buenos Aires, llevando consigo sus pocas pertenencias. Arribó a la estación del ferrocarril del Norte (actualmente Retiro) y se hospedó en una pensión hasta el año siguiente cuando el 21 de abril, nació su hijo Alejandro sin padre conocido. El parto se llevó a cabo en el hospital San Roque (hoy Hospital Ramos Mejía). Más tarde madre e hijo de debieron mudar a una casa compartida con un matrimonio.25
Descansó unos meses y en 1913 consiguió trabajo de cajera en una farmacia y posteriormente en la tienda A la ciudad de México. Realizó algunas colaboraciones en la revista Caras y Caretas, se supone mediante recomendación. La remuneración era de veinticinco pesos. Además leía todos los avisos que ofrecían empleos hasta que encontró una solicitud de "corresponsal psicológico" que contara con redacción propia. La empresa solicitante se llamaba Freixas Hermanos, dedicada a la importación de aceite. Se presentó a la entrevista laboral siendo la única mujer entre cien varones postulados debiendo insistir firmemente para que le permitieran ser evaluada. El examen consistió en la redacción de una carta comercial y dos avisos publicitarios, uno de yerba mate y otro de aceite de la firma. Al cabo de unos días le notificaron que era la elegida. Por ser mujer, su sueldo fue de doscientos pesos cuando al anterior empleado le pagaban cuatrocientos.26 En esta revista se relacionó con José Enrique Rodó, Amado Nervo, José Ingenieros y Manuel Ugarte. Con estos dos últimos su amistad fue más profunda. Su situación económica mejoró. Hizo frecuentes viajes a Montevideo, donde conoció a la poetisa uruguaya Juana de Ibarbourou y al que será su gran amigo, el escritor también uruguayo Horacio Quiroga.
La inquietud del rosal se publicó en 1916 aunque nunca le pudo pagar la edición al imprentero. Lo escribió en su trabajo mientras dictaba órdenes y correspondencias a la mecanógrafa. En un encuentro que tuvo con el poeta Félix Visillac le leyó los versos; al terminar, éste la invitó a acompañarla a la imprenta de Miguel Calvello quien aceptó imprimir el libro a cambio de quinientos pesos por quinientos ejemplares. Alfonsina aceptó pero nunca pagó la cuenta porque no logró reunir el dinero.27 Además le ofreció a Leopoldo Lugones los originales por miedo a ser acusada de impúdica a causa de esta publicación, y también le dio una dirección postal, Belgrano 843. No hay referencia alguna de que Lugones respondiera. El poeta era celoso de sus potenciales rivales, y más aun tratándose de una mujer, y jamás le dedicó ninguna de sus críticas.28
El libro no tuvo una buena aceptación. La revista Nosotros, de Roberto Giusti y Alfredo Bianchi le dedicó media página en marzo de 1916 diciendo: "libro de una poeta joven y que no ha logrado todavía la integridad de sus cualidades, pero que en el futuro ha de darnos más de una valiosa producción literaria". Llevó a Rosario cien ejemplares y le comentó a su madre que había vendido muy pocos ejemplares por ser una escritora inmoral.29
La publicación de este libro le permitió ingresar a los cenáculosnotas 1 de escritores, la primera mujer en integrarlo. Además la ayuda del poeta Juan Julián Lastra y las colaboraciones en Caras y Caretas le permitieron relacionarse con los editores de la revista Nosotros, una revista literaria que reunía a los escritores más conocidos. A las reuniones asistía llevando su libro como carta de presentación.30 Su primera reunión fue una comida en homenaje a Manuel Gálvez quien festejaba el éxito de su obra El mal metafísico. En esta oportunidad Alfonsina recitó algunos de sus versos y otros de Arturo Capdevilla, destacándose su voz metálica.31
A raíz de algunas críticas de sus jefes en su trabajo de corresponsal psicológico, que no veían bien que la escritora de un libro que limitaba con la inmoralidad trabajase allí, tuvo que renunciar. Le prometieron dejarla seguir si les aseguraba que no volvería a repetirse pero ella no aceptó, según una versión contada por Conrado Nalé Roxlo; hay otras versiones que indican que fue por problemas de salud.31
Amado Nervo, el poeta mexicano paladín del modernismo junto con Rubén Darío, publicó sus poemas también en Mundo Argentino, y esto da una idea de lo que significaría para ella, una escritora sin reconocimiento aún, el haber llegado hasta aquellas páginas. En 1919 Nervo llegó a la Argentina como embajador de su país, y frecuentó las mismas reuniones que Alfonsina. Ella le dedicó un ejemplar de La inquietud del rosal, y lo llamó en su dedicatoria «poeta divino». Vinculada entonces a lo mejor de la vanguardia novecentista, que empezaba a declinar, en el archivo de la Biblioteca Nacional uruguaya, hay cartas al uruguayo José Enrique Rodó, otro de los escritores principales de la época, modernista, autor de Ariel y de Los motivos de Proteo, ambos libros pilares de una interpretación de la cultura americana. El uruguayo escribía, como ella, en Caras y Caretas y era, junto con Julio Herrera y Reissig, el jefe indiscutido del por ese entonces nuevo pensamiento en el Uruguay. Ambos contribuyeron a esclarecer los lineamientos intelectuales americanos a principios de siglo, como lo hizo también Manuel Ugarte, cuya amistad le llegó a Alfonsina junto con la de José Ingenieros.32
Eran épocas de crisis, no alcanzaba la poesía para vivir, además escribía gratis para el periódico La Acción, de tendencia socialista en la revista Proteo. Buscó un trabajo más rentable y consiguió ser directora en el colegio Marcos Paz, en la calle Remedios de Escalada y Argerich. La escuela, perteneciente a la Asociación Protectora de Hijos de Policías y Bomberos, funcionaba en una casa rodeada de un gran jardín, además tenía una biblioteca con más de dos mil libros que le permitió completar sus lecturas.33
Consiguió trabajo como directora del colegio Marcos Paz y se mudó a una casa en la calle Acevedo 2161, que se encontraba más cerca del establecimiento, junto a su hermana. Cuando asistía a los encuentros literarios dejaba a su hijo Alejandro con la hermana, su amiga Josefina Grosso y Josefina, la hija de esta última, que jugaba con él para entretenerlo.34
Su voluntad no la abandonó, y siguió escribiendo. Publicó El dulce daño, en 1918. El 18 de abril de ese año se le ofreció una comida en el restaurante Génova, de la calle Paraná y Corrientes, donde se reunía mensualmente el grupo de Nosotros, y en esa oportunidad se celebró la aparición de El dulce daño. Los oradores fueron Roberto Giusti y José Ingenieros, su gran amigo y protector, y a veces su médico. Alfonsina se estaba reponiendo de la gran tensión nerviosa que la obligó a dejar momentáneamente su trabajo en la escuela, pero su cansancio no le impidió disfrutar de la lectura de su «Nocturno», hecha por Giusti, en traducción al italiano de Folco Testena.34
En 1918 Alfonsina recibió una medalla de miembro del Comité Argentino Pro Hogar de los Huérfanos Belgas, donde también se homenajeó a Alicia Moreau de Justo y Enrique del Valle Iberlucea por haber aparecido como concurrente a un acto en defensa de Bélgica, con motivo de la ocupación alemana. Ese año siguió visitando Montevideo, donde hasta su muerte frecuentaría amigos uruguayos. Según testimonio de Juana de Ibarbourou años después de la muerte de la poetisa argentina:35 36 37
«Su libro Languidez, de 1920, había merecido el Primer Premio Municipal de Poesía y el Segundo Premio Nacional de Literatura. También en 1920 vino por primera vez a Montevideo. Era joven y parecía alegre; por lo menos su conversación era chispeante, a veces muy aguda, a veces también sarcástica. Levantó una ola de admiración y simpatía. Un núcleo de lo más granado de la sociedad y de la gente intelectual la rodeó siguiéndola por todos lados. Alfonsina, en ese momento, pudo sentirse un poco reina».36 38
En una visita que realizó al local de las Lavanderas Unidas, un pseudosindicato del socialismo, cuyo local quedaba al final de la avenida Pueyrredón y era frecuentado por personas de raza negra, parda y mulatas lo que la hizo dudar de la época en la que vivía, se sintió trasladada a la época colonial temiendo que sus poemas resultaran futuristas cosa que no ocurrió, logró relacionarse desde el primer momento.39
En 1920 viajó a Montevideo, con el fin de leer su poesía y la de Delfina Bunge, esposa del novelista Manuel Gálvez, cuyo libro Poemas fue traducido del francés por Alfonsina, y dictar una conferencia sobre la poetisa Delmira Agustini. Viajó junto a las familias Gálvez y Capdevila. En este viaje conoció a Carlos Quijano, quien años más tarde dirigió el periódico Marcha en ese país. A su regreso la despidió en el puerto arrojando fósforos encendidos.39
Visitó el Cementerio del Buceo y escribió su poema Un cementerio que mira al mar centrado en un diálogo con los muertos. También había publicado los libros Irremediablemente y Languidez anteriormente. Este mismo año comenzó a escribir en su nueva casa de José Bonifacio 2011, donde se mudó con su hijo, su poema Ocre que tardó cinco años en publicar reiterando la temática de la mujer.40
Al mismo tiempo participó en el grupo Anaconda, una agrupación literaria cuyas reuniones se celebraban en el hogar del acuarelista Emilio Centurión. Esta variedad de actividades le produjo estrés a Alfonsina que lo manifestó mediante nervios, cansancio y depresión. Viajó varias a veces a Mar del Plata y a Los Cocos, Córdoba, para descansar.24
Se reunió en Capital Federal en la casa del pintor Emilio Centurión, en los altos del Teatro Empire, en ese entonces era un cine ubicado en la esquina de Corrientes y Maipú, donde entabló amistad con Nalé Roxlo.41
Relación con Horacio Quiroga
Horacio Quiroga le recomienda en una carta a José María Delgado viajar a Buenos Aires para conocer a Alfonsina y conversar sobre su poesía, además comienza a concurrir al cine con Alfonsina y los hijos de ambos y en una oportunidad en una reunión en una casa de la calle Tronador donde se reunían los escritores de la época jugaron a las prendas, consistiendo en que Alfonsina y Horacio debían besar al mismo tiempo las caras de un reloj de cadena que sostenía Horacio. El rápidamente retiro el reloj en el momento que Alfonsina se aproximaba a sus labios terminando en un beso, episodio que no le causo mucha gracia a su madre que se encontraba presente.42
Quiroga la menciono frecuentemente en sus cartas entre los años 1919 y 1922 pero no se sabe a ciencia cierta la duración y el tenor de la relación. La mención del escritor la destaca en un grupo donde no había otras escritoras. En sus misivas a su amigo José María la menciona con respeto por su obra y la trata como su igual y en un aviso que el grupo Anaconda viajaba a Montevideo la lista la encabeza Alfonsina sin el apellido, una demostración de la confianza mutua.43 Y en un aviso del 11 de mayo de 1922 de una visita para días posteriores anuncia que viajara con sus hijos y con ella, además propone comer todos juntos. Además Emir Rodríguez Monegal, biógrafo de Quiroga, testimonia el relato de Emilio Oribe, poeta uruguayo que dice que Quiroga espero a Alfonsina a la salida de unas conferencias que dio en la Universidad posiblemente sobre la poesía de Delmira Agostini. Quiroga no quizo asistir a este evento pero la espero a Alfonsina a la salida, que apareció cubierta de un sombrero de paja que sorprendió a los habitantes del barrio cercano al puerto.43
Alfonsina acompañaba a Quiroga al cine, a las tertulias literarias y a escuchar música, a los dos les gustaba Wagner. Frecuentemente viajaron a Montevideo y se tomaron fotografías donde aparecen alegres. Los viajes se realizaron porque Quiroga fue adscripto del Consulado uruguayo y siempre lo hacía acompañado de intelectuales femeninas.43
Cuando Quiroga viajo a Misiones en 1925 ella no lo acompaña por recomendación de Benito Quinquela Martín quien le dice "¿Con ese loco?¡No!". De esa forma el escritor viaja solo a San Ignacio dejando su departamento al uruguayo Enrique Amorim. En esa vivienda Alfonsina se presento en una oportunidad para solicitar noticias de Quiroga que no escribía.44
Este viaje dura un año y a su regreso restablece la amistad con Alfonsina, se reunen en una casa que alquilo en Vicente López donde se leen sus creaciones y salen al cine y conciertos ofrecidos por la sociedad Wagneriana.
Esta relación finaliza en 1927 cuando el escritor conoce a María Elena Bravo y contrae su segundo matrimonio. Nunca se supo si fueron amantes, no abordaban el tema del amor como tales. Si se sabe que ella apreciaba a Quiroga como amigo que la comprendía y le dedico un poema cuando el se suicido diez años más tarde y que presagia su propio final.43
Morir como tú, Horacio, en tus cabales,
Y así como en tus cuentos, no está mal;
Un rayo a tiempo y se acabó la feria...
Allá dirán.
Más pudre el miedo, Horacio, que la muerte
Que a las espaldas va.
Bebiste bien, que luego sonreías...
Allá dirán.
Un nuevo camino para la poesía
En el año 1923, la revista Nosotros, que lideraba la difusión de la nueva literatura argentina y con hábil manejo formaba la opinión de los lectores, publicó una encuesta, dirigida a los que constituían «la nueva generación literaria». La pregunta estuvo formulada sencillamente: «¿Cuáles son los tres o cuatro poetas nuestros, mayores de treinta años, que usted respeta más?».45
Alfonsina Storni tenía en ese entonces treinta y un años recién cumplidos, la edad límite exigida para constituirse en «maestro de la nueva generación». Su libro Languidez, de 1920, había merecido el Primer Premio Municipal de Poesía y el Segundo Premio Nacional de Literatura, lo que la colocaba muy por encima de sus pares. Muchas de las respuestas a la encuesta de Nosotros coincidieron en uno de los nombres: Alfonsina Storni.45
En 1925 publicó Ocre, que marcó un cambio decisivo en su poesía. Desde hacía dos años era profesora de lectura y declamación en la Escuela Normal de Lenguas Vivas. Su poesía, fundamentalmente de temática amorosa, también se ligó a la temática feminista e intentó desligarse de las hopalandas del Modernismo y volver más la mirada al mundo real. La soledad y la marginación hicieron mella en su salud, y a veces la neurosis le obligaba a dejar su puesto de maestra de escuela.46 47
Gabriela Mistral llegó de visita a la casa de la calle Cuba. Un encuentro de importancia para la escritora, ya que lo publicó ese año en El Mercurio. Arregló su cita por vía telefónica previamente y le impresionó su voz, pero le habían dicho que era fea y entonces esperaba una cara que no congeniara con la voz. Preguntó por ella cuando la atendió Alfonsina, porque la imagen no coincidí con la advertencia. «Extraordinaria la cabeza -recuerda- pero no por rasgos ingratos, sino por un cabello enteramente plateado, que hace el marco de un rostro de veinticinco años». Insiste: «Cabello más hermoso no he visto, es extraño como lo fuera la luz de la luna a mediodía. Era dorado, y alguna dulzura rubia quedaba todavía en los gajos blancos. El ojo azul, la empinada nariz francesa, muy graciosa, y la piel rosada, le dan alguna cosa infantil que desmiente la conversación sagaz y de mujer madura». La chilena quedó impresionada por su sencillez, por su sobriedad, por su escasa manifestación de emotividad, por su profundidad sin transcendentalismos. Y sobre todo por su información, propia de una mujer de gran ciudad, «que ha pasado tocándolo todo e incorporándoselo».48
Fue nombrada titular en una cátedra del Conservatorio de Música y Declamación y dos horas de Castellano y Aritmética en una escuela de Bolívar y además fue nombrada por el doctor Noel directora del Teatro Infantil Municipal, una decisión que los medios de prensa calificaron como acertada.
En esta época elaboró sus teorías acerca de la relación entre hombres y mujeres con el objetivo de volcarlo en una obra teatral; el resultado se ve reflejado el 20 de marzo de 1927 cuando se estrenó su obra de teatro El amo del mundo, que despertaba las expectativas del público y de la crítica. El día del estreno asistió el presidente Alvear acompañado de su esposa, Regina Pacini. La obra no tuvo una buena crítica, y a los tres días tuvo que retirarse de cartel lo que provocó la indignación de Alfonsina.49
En la revista Nosotros de abril de 1927 publicó los detalles de la puesta en escena y comentó que un señor apellidado Bengoa se presentó en su departamento de Córdoba y Esmeralda y dijo que era empresario teatral y quería presentar la obra con la esposa de éste como intérprete. La actriz le comentó a Alfonsina el deseo de interpretar al personaje de otro modo. En el primer ensayo Alfonsina observó que el carácter del personaje, Márgara, se desvió a causa de la falta de acotaciones. Pensó que iba a poder corregir la situación pero por las realidades comerciales del teatro no lo logró. Intentó hacer otros cambios en la obra pero el director artístico le dijo que había entendido la obra mejor que ella y que tenía la obligación de defenderla lo que provocó el enojo de Alfonsina que no concurrió más a los ensayos. El día del estreno descubrió que habían retirado un proverbio hindú de boca de uno de los personajes, consiguió que lo restituyeran pero no logró evitar el fracaso de la obra. El diario Crítica tituló «Alfonsina Storni dará al teatro nacional obras interesantes cuando la escena le revele nuevos e importantes secretos». La escritora se sintió muy dolida por su fracaso, y trató de explicarlo atribuyéndole la culpa al director y a los actores.50
El cronista recomendó en su crítica incorporar nuevos actores porque los originales podían dañar la escena debido a su profesionalismo mecánico y concluyó que a Alfonsina le faltaba conducir la acción de sus obras con la vivacidad que conduce sus diálogos para que sus obras fueran una pieza fuerte en el teatro argentino.50 Según esta crítica la obra parecía "tres diálogos y un final" pareciendo una tertulia de causseurs inteligentes que en ocasiones hacían aportes graves e inteligentes. Alfonsina afirmó que el diario Crítica había dado la orden de criticar en forma negativa todo lo que hiciera su compañía sin dar a conocer la razón.51 Todas las críticas las asumió como el resultado de una conspiración y no fue capaz de hacer una autocrítica para advertir los posibles defectos del texto.
El diario La Nación realizó una crítica que la molestó; ella colaboraba con el diario, y dijo con ironía que fue admiradora del crítico Ramirez pero nunca lo saludó. Además se burló del señor al describirlo en un palco o en la platea, con la cabeza entre las manos, madurando críticas que al día siguiente serían el regocijo del mundo teatral. Adujo que realizó la crítica sin compasión porque Ramirez quería agradar al director artístico que estaba enojado con Alfonsina por los desentendimientos mutuos. Sin embargo, el director del diario Mitre le permitió hacer una réplica en el diario en donde realizó consideraciones generales. También reconoció que una crítica positiva del diario La Prensa fue hecha a pedido de algún miembro de la empresa pero esta crítica no era positiva del todo, afirmaba que la comedia no fue espontánea y precisa por la inexperiencia de la visión del teatro.51 Además criticaba otros detalles del ambiente y del carácter de la protagonista. El común de todas las críticas y lo que Alfonsina no supo interpretar es que el texto tenía escaso sentido teatral. Lo positivo que señalaban estas crónicas son los parciales aciertos literarios, la actuación del elenco y la del niño Héctor Costa que le pronosticaban un futuro de actor. La crítica más dura y ofensiva la realizó Edmundo Guibourg que afirmó que Alfonsina denigraba al hombre, a lo que ella le replicó que había escrito trescientas poesías dedicadas al animal razonador. Ramírez también concluyó que la obra era un "alegato con el propósito de defender a la mujer, tiene en su contra la artificialidad de una situación que, lejos de ser mal permanente, rara vez se presenta y pierde todavía consistencia en su expresión escénica con la insistencia en argumentos de fácil y conocida sofística, destinados a infiltrarnos un convencional y lacrimoso sentido de la vida".
Este fracaso fue difícil para ella, venía de diez años de elogios, uno por cada libro de poemas y segundo estaba exponiendo sus verdades más intimas. El argumento de la obra es una síntesis de su vida: la mujer que ha sido madre revela su secreto al hombre de quien se enamora y éste termina prefiriendo contraer matrimonio con otra de no muy buen pasado pero sin hijos, la mujer termina ayudando a su rival a conquistar el hombre que ama y confiesa la verdad de su origen al hijo, al que dedica el resto de su vida.
Poesía en prosa
En 1926 escribió Poemas de amor y ocho años después publicó Mundo de siete pozos. En este lapso de tiempo se orientó hacia otro género, los relatos en primera persona, a veces con rasgos autobiográficos donde las ideas no pertenecen ni al espacio ni a la poesía ni tampoco a la nota periodística informativa. El diario Crítica publicó en ocasiones estos relatos y uno titulado "Psicología de a dos centavos" donde una mujer, Juliana, le cuenta por carta a su amiga Amelia los pormenores de su divorcio reciente.
La idea de este relato es definir a la mujer decente: tres hombres es el número exacto para una mujer normal y decente, uno es el pecadillo prematrimonial, el otro es el esposo y el último el nuevo esposo por divorcio. El relato reveló además el placer que provoca la belleza de un hombre joven, el relato narra la historia de una mujer recién divorciada que se aloja en una casa de campo y se enamora de un muchacho veinteañero.52
Los nervios
Hay muchas referencias en correspondencias que hacen alusión a preocupaciones, malos ratos y apuros, a falta de voluntad y a estados variables de salud. Sentía sensación de que otras personas estaban molestas con ella y se sentía insegura de no poder devolver los favores a quienes se lo hicieran, como se comprueba en una carta a Roberto Giusti, -fechada posiblemente antes de 1921 porque daba como dirección su casa de Acevedo donde vivió hasta esa fecha- donde le da "Muchas infinitas gracias por las generosas palabras que dijo usted, respecto de mí el sábado pasado. Creía que usted estuviera molesto conmigo, y aquello me ha aligerado muchísimo". Pero en otra misiva de 1922 donde le dice a Giusti que le habló a Candela -colaborador del suplemento literario- donde le pide que le transmita a ella que envíe lo que desee al diario La Nación. Pasó a ser colaboradora permanente del matutino bajo el seudónimo Tao Lao.53
José Ingenieros le recomendó viajar anualmente a Córdoba y una anécdota cuenta que recurrió al jefe de policía para denunciar que los vigilantes la insultaban con malas palabras. Es un síntoma serio de persecución. Además sospechaba también de padecer tuberculosis. En uno de los viajes junto a su hijo Alejandro se hospedó en el hotel de los Molles y ella le enseñó lo que no aprendió por haber dejado la escuela. Su hijo recuerda que lo hacía con guardapolvo blanco para darle más seriedad al asunto.53
Años de equilibrio
Alfonsina intervino en la creación de la Sociedad Argentina de Escritores y su participación en el gremialismo literario fue intensa.
Se mudó al décimo piso de la calle Córdoba y Esmeralda y desde allí sigue escribiendo poemas para La Nación y recibe a sus amistades en una pequeña sala adornada con flores, fotos y dibujos hechos a lápiz que presentan su rostro afilado.
En 1928 mueren Roberto J. Payró y el poeta Francisco López Merino, este último se sucidó. No se sabe si Alfonsina concurrió al entierro de Payró pero sí que Quiroga dijo unas palabras. De Merino era amiga, se conocieron en el hall de un hotel en Mar del Plata durante una celebración literaria. Allí ante un comentario de Merino sobre el clima desagradable, Alfonsina replica: "sí, sí, pero ideal para estar entre dos sábanas, con alguien como usted, por ejemplo".54
Ese mismo año se mudó a Rosario por un año, le comentó a su hijo que había estado con su padre que estaba muy enfermo, según éste comento en una entrevista. En este año también se intensifican sus manías, se siente perseguida pese al reconocimiento de sus pares. Se cree que se reprochaba el hecho de no darle un padre a su hijo. Se cree observada por los mozos de los cafés, los guardas de los tranvías. Para intentar distraerla su amiga Blanca de la Vega, compañera de las cátedras del Conservatorio de Música planeó un viaje a Europa que realizaron este mismo año, y lo repitió su viaje en 1931, en compañía de su hijo. Allí conoció a otras mujeres escritoras, y la poeta Concha Méndez le dedica algunos poemas.55
En Madrid visitó el Lyceum Club formado por las parejas de los intelectuales y la Residencia de Señoritas que dirigía María de Maetzu donde viven las estudiantes que cursan sus carreras en esa ciudad europea. En ambos lugares dio conferencias y cursos destacandose una títulada Una mujer ultramoderna y su poesía que fue comentada por Eduardo Marquina y Enrique Díez-Canedo en el diario El Sol.56
Una anécdota cuenta que en el salón de conferencias de la Casa de Prensa alguien le solicita su invitación, era una persona que vestía medallas y galones, Alfonsina le da la mano y lo saluda, se trataba del portero.57 y otra la ubica en una cena en la Cámara del Libro en su honor, donde la tarjeta costaba 50 pesetas. Allí las ostras eran tan díficiles de comer que Alfonsina declaró con humor que, perteneciendo a una república democrática donde el río no produce ostras, le era más fácil realizar un soneto que comer tan caro. En este homenaje conoció al novelista Carlos Soldevilla y al poeta catalán José María de Segarra.57 Este último escribe en El Mirador una crónica en su homenaje que pone muy contenta a Alfonsina y además la compara con Rubén Darío.
En ese viaje visitan Toledo, Ávila y El Escorial, Andalucía, Sevilla, Córdoba y Granada. Además conoció el palacio de la marquesa de Villanueva pero no se sintió comoda ante tanto boato y le comento a su amiga que al palacio le vendría bien algo de barro para hacerlo más humano. En Murcia en una visita a una familia de su amiga Blanca, muy religiosa y con un oratorio en su propiedad para celebrar misa, le preguntan a Alfonsina a que hora escucha misa, ella responde "a toda hora". Había sido advertida por su amiga que sea prudente. Además concurrió a misa, cosa que solía no hacer.58 El viaje finalizó con una visita a París y a su ciudad natal. Sala Capriasca en Suiza.59
El segundo viaje a Europa lo realizó con su hijo de veinte años, visitó las ruinas de Pompeya y la ciudad de Ginebra.60 A su regreso se instalan en una pensión de calle Rivadavia al 900 muy cerca del café Tortoni.
Alfonsina participo de la peña del Tortoni junto a Qunquela Martín, Juan de Dios Filiberto, Pascual de Rogatis entre otros. La peña se llamaba Signos y desde allí se hicieron las primeras emisiones de la radio Stentor y otras actividades culturales. El escritor Federico García Lorca no dejo de ir ni una sola noche en su visita a Buenos Aires de 1934.61
En Buenos Aires la visitan en su casa de la calle Rivadavia Luisa Albornoz, una amiga de años y presidenta de la Asociación de Bachilleres del Liceo Nro 1 y un grupo de muchachas, Julieta Gómez Paz entre ellas, que integran la subcomisión de Cultura y le solicitan una conferencia que acepta a cambio de la lectura de su obra Cimbelina en 1900 y pico que está en etapa de pruebas. El encuentro se realizó a las 17:30 horas del 17 de octubre en el salón de actos del Museo Social Argentino que por entonces funcionaba en Maipú al seiscientos. Asisten profesores del establecimiento y se notaron las ausencias de sus autoridades.60
Julieta recuerda que la encontró sentada en la platea de un salón de actos de la calle Florida donde recitaba un mal actor, cuando se acercó a saludarla ella la invito a sentarse a su lado. La joven le manifestó su enojo por la pobreza y falta de recursos del espectáculo y Alfonsina la llevo a saludar al actor que la había invitado especialmente.60
En 1931, el Intendente Municipal José Guerrico nombró a Alfonsina jurado y es la primera vez que ese nombramiento recae en una mujer. Alfonsina se alegra de que comiencen a ser reconocidas las virtudes que la mujer, esforzadamente, demuestra. «La civilización borra cada vez más las diferencias de sexo, porque levanta a hombre y mujer a seres pensantes y mezcla en aquel ápice lo que parecieran características propias de cada sexo y que no eran más que estados de insuficiencia mental. Como afirmación de esta limpia verdad, la Intendencia de Buenos Aires declara, en su ciudad, noble la condición femenina», afirma Alfonsina en un diario al referirse a su designación.61
En 1932, publicó sus Dos farsas pirotécnicas: Cimbelina en 1900 y pico y Polixena y la cocinerita. Colabora en los diarios Crítica y La Nacióny sus clases de teatro son la rutina diaria.62 En un artículo publicado en la revista El Hogar ese año se queja de la fotografías que le toman, ya se nota sus cuarenta años, los ojos parecen garabatos y la nariz un muñón deforme.63
Alfonsina viaja a menudo a una casita que su amiga María Sofía Kustow ("Fifi" construyó en un campo en Colonia, en el Real de San Carlos. Esa propiedad figura hoy en los folletos turísticos como la casa de Alfonsina. Viajaba de improviso porque le gustaba la limpieza de sus habitaciones y los postres de leche. Su amiga Fifi era divertida y alimentaba las vacas con los frutos que cosechaba de los árboles.64
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