En 1917, John Purroy Mitchel, alcalde de Nueva York y ferviente partidario del apoyo a los Aliados en la Gran Guerra, estaba preocupado porque sus conciudadanos parecían no compartir su fervor. De los 2.000 neoyorquinos que la Armada esperaba que se unieran a sus filas, apenas lo habían hecho unos 900. Mitchel, sin embargo, ideó un plan para solucionar esta situación, construir una réplica de un barco de guerra en pleno centro de Manhattan.

USS Recruit, Un Barco de Guerra En El Centro de Nueva York

El USS Recruit durante su construcción


La Armada lo había intentado todo, desde desfiles, reuniones informativas o el patrocinio competiciones deportivas, hasta marchas de bandas musicales acompañadas de bonitas señoritas, pero nada parecía funcionar. Fue entonces cuando alguien pensó que las cosas podrían cambiar si los candidatos, antes de alistarse, pudieran hacerse una idea de cómo sería su vida a bordo de un barco de guerra.

Con ese objetivo en mente, el gobierno local decidió construir y colocar una réplica de un barco de guerra en un punto céntrico y bien comunicado de la ciudad, donde todos los jóvenes que pasaran cada día por allí pudieran verlo.

Entusiasmando, Mitchel no tardó en crear el “Comité del alcalde para la defensa nacional”, que sería el encargado de reunir los fondos necesarios y contratar a dos arquitectos con experiencia en la construcción de barcos y en el mundo del teatro. El objetivo era construir una réplica a escala casi real que fuera atractiva a la vista de los que pasaran delante. La idea gustó a la Armada, que también se sumó al proyecto. La céntrica Union Square fue el lugar que se escogió para fondear el buque.

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El día de su bautizo


El USS Recruit, nombre con el que se bautizaría al barco, se construiría en madera a imagen y semejanza del USS Maine, aunque mediría menos, sólo 60 metros de largo y 12 de ancho. Pese a todo, el barco era tan alto como un edificio de tres plantas y disponía de un par de mástiles de observación de 15 metros de altura y una chimenea ornamental de 6 metros por la que no salía humo.

El barco contaba con un reflector auténtico, luces para señales marítimas, anclas, escaleras y toda la parafernalia de los barcos de la época. Como armamento, tenía tres torretas con cañones de madera y un cañón para salvas, este real. En su interior había amplias salas de espera, así como otras dedicadas para exámenes médicos. También había camarotes para la tripulación, duchas, una sala de radio, una armería y una enfermería. Los periódicos de la época destacaban que estaba equipado con unos sistemas de calefacción y ventilación muy ponentes, “capaces de cambiar la temperatura 10 veces cada 60 minutos”.

El barco no sólo serviría como oficina de reclutamiento, sino que era totalmente válido para realizar ejercicios de entrenamiento. De hecho, la vida a bordo seguía la misma rutina que en cualquier otro barco de la Armada. Los marineros y marineras, unos 40, se levantaban a las seis de la mañana. Antes de la reglamentaria instrucción, fregaban la cubierta y lavaban su ropa. Después, un grupo formado por los marineros más experimentados dedicaba el resto del día a hacer guardias en cubierta y responder a las preguntas de los que visitaban el barco. Mientras, los demás se hacían cargo de tareas administrativas relacionadas con el reclutamiento.

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Vista del barco anclado sobre el césped de Union Square
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Era habitual tener visitantes a bordo. Unos eran jóvenes interesados en alistarse y otros simples ciudadanos que se apuntaban a las visitas guiadas que la Armada organizaba. Diariamente, además, se llevaban a cabo demostraciones del uso del material naval, lo que contribuía a dar una imagen de emoción y aventura al servicio en un buque de guerra.

Después de su bautizo, el Día de los Caídos de 1917, por parte de la mujer del alcalde, Olive Mitchel, el Recruit albergó una gran variedad de eventos y recepciones con la intención de atraer a los neoyorquinos a bordo. Algunos de estos actos tenían un macado espíritu patriótico, mientras que otros, como los bailes, tenían un carácter más social.

Durante su misión en Union Square, el “barco de tierra” consiguió alcanzar con creces su objetivo, consiguiendo que más de 25.000 neoyorquinos se alistaran, 625 veces la tripulación de su padre, el USS Maine. El alcalde Mitchel, sin embargo, acabó perdiendo las elecciones municipales del año siguiente y, después de esta derrota, se alistó en el ejército del aire. Trágicamente, su carrera militar duró muy poco al morir ese mismo año en un accidente de avión mientras realizaba un vuelo de entrenamiento.

Barco

De camuflaje


En 1920, acabada la guerra, las necesidades de marineros por parte de la Armada cayeron en picado y se decidió desmantelar el USS Recruit. El barco levantó su ancla rumbo al parque de atracciones de Luna Park en Coney Island, donde la Armada tenía intención de seguir utilizándolo como oficina de reclutamiento. Según parece, el 16 de marzo de 1920 comenzaron los trabajos para la mudanza, sin embargo algo pasó, porque jamás llegó a su destino.

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