¿Por qué se duermen las piernas?

En realidad el título debería decir “duermen”, así, entre comillas. Porque no se duermen, aunque se exprese así habitualmente esa situación en la que las piernas o los brazos no nos responden o lo hacen muy lentamente por estar agarrotados.

Es una situación extraña —pero no infrecuente— que a veces ocurre al despertarnos por la mañana y notar que alguno de nuestros miembros continúa adormecido. Luego, unos pequeños pinchazos, una sensación de hormigueo, nos avisa de que el miembro entumecido estará listo en breve para obedecer nuestras órdenes.

Pero… ¿por qué ocurre esto?

Para entenderlo debemos saber que los nervios de nuestro cuerpo son los responsables de los movimientos que hacemos y las sensaciones que sentimos. Por nuestro sistema nervioso circulan multitud de mensajes desde y hacia el cerebro.

Por ejemplo, si deseamos mover un brazo o una pierna, nuestro cerebro envía la correspondiento orden que, a través de la espina dorsal y los nervios del miembro correspondiente, pone en funcionamiento el músculo.

Entonces, si hemos dormido con algún miembro aplastado bajo el peso del cuerpo o hemos estado estirados descansando con un codo o una rodilla doblados durante un tiempo prolongado, puede darse la situación de que los nervios de ese miembro queden temporalmente afectados por la presión —al no recibir suficiente irrigación sanguínea— y no funcionen correctamente durante unos instantes.

Los mensajes no pueden transitar con normalidad por esos nervios y por ello el miembro no responde como debería.

Conforme el entumecimiento va desapareciendo —al desaparecer la compresión y reestablecerse la circulación sanguínea—, los nervios se estiran hasta recuperar su forma original y vuelven a estar operativos.

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