Mi hijo se masturba ¿qué hago?



Un día te das cuenta de que tu hijo tarda más de la habitual en tomar su ducha. Que no sale mucho de su habitación. Quizá hayas advertido que hay unas manchas sospechosas en sus sábanas, o que debajo de la cama guarda películas de temática un tanto más liberal que de costumbre. El historial del ordenador está borrado, y si no, lo encuentras inundado de infinidad de páginas web que a un censor de los de antaño le encantaría cerrar. Sí, tu hijo se masturba.

Las hormonas son así, y contra eso no se puede luchar. Si te preguntas qué debes hacer al respecto, la respuesta es nada. Dependiendo de la relación de complicidad que mantengas con tu hijo, podrás propiciar una charla alrededor de la masturbación y sus significados. Aun a riesgo de incomodar a un adolescente cuya intimidad (entre ellas la sexual) es sagrada. Hablar sobre el sexo de manera natural debería ser lo mejor, pero cada persona tiene una concepción distinta de dónde establecer los límites, así que debes mostrarte sensible con lo que crees que tu hijo necesita. Si lo que pasa es que no tienes ni idea de cómo actuar, nuestro consejo sigue siendo el mismo: no tienes por qué hacerlo, tu hijo no está rompiendo ninguna regla, ni tampoco haciendo nada que no hayas hecho tú antes ¿no?

Es posible que a algunos padres les cueste creer que sus retoños tienen impulsos sexuales, pese a que éstos no se generan de repente en la adolescencia, sino que están presentes (de diferente manera, eso sí) desde que somos muy pequeños. Lo que sí es cierto es que la masturbación (pre)adolescente es un signo de que se alcanza una madurez sexual, de que los instintos infantiles se dejan atrás. El hecho de descubrir la propia sexualidad es un paso obligado antes de empezar a explorar la relaciones compartidas, además de ser indicativo de una personalidad sana. Si tu hijo es capaz de aceptar su propio cuerpo y de encontrar placer en sí mismo, estará preparado para compartir esa experiencia con otra persona, cuando le llegue el momento.

La época en la que tocarse era pecado y sinónimo de condena eterna, ya ha pasado. Si todavía te queda algún prejuicio al respecto no hace falta que se lo transmitas a tu hijo, no le va a ayudar en nada. Solo le causará más confusión en una etapa de su vida en la que inicia una búsqueda continua de sí mismo. Inclusive en el ámbito sexual, por supuesto.

Por cierto, aviso a navegantes: no hemos estado empleando el género masculino con la idea de excluir al femenino, sino que utilizamos el morfema de género en pro de la economía lingüística. Lo cual significa que vuestras hijas también se masturban, aunque a nadie se le ocurra preocuparse por ello.




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