Hoy los lápices siguen escribiendo






La Noche de los Lapices (16 de Septiembre de 1976) I 1976 lapices





El 16 de septiembre de 1976, 10 estudiantes secundarios de la Escuela Normal Nro 3 de la Plata, son secuestrados tras participar en una campaña por el boleto estudiantil. Todos tenían entre 14 y 17 años. El operativo fue realizado por el Batallón 601 del servicio de Inteligencia del ejercito y la Policía de la Provincia de Buenos Aires, dirigida en ese entonces por el general Ramón Camps, que califico al suceso como accionar subversivo en las Escuelas. Este hecho es recordado como La noche de los lápices.


Este articulo es para las nuevas generaciones que poco y nada conocen de lo que sucedió hace 29 años en nuestro país, y que consideramos indispensable para recuperar nuestra capacidad de lucha y organización en estos duros momentos que nos toca vivir bajo el neoliberalismo.


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Los estudiantes secundarios y la política en 1973-1974.


El arribo de la democracia en el mes de mayo de 1973, luego de un proceso creciente de enfrentamientos contra la dictadura miliar que gobernaba desde junio de 1966, trajo consigo la irrupción en la vida política y social de los distintos sectores populares que habían experimentado un crecimiento sustancial durante las luchas; entre ellos, los estudiantes secundarios.


En el movimiento estudiantil secundario se vivieron experiencias hasta ese momentos inéditas en lo referente a participación política, en tanto ésta es atendida en un sentido partidario más o menos directo.


El diario La Opinión editó en 1973 un suplemento dedicado al análisis de los fenómenos políticos entre los adolescentes. En dicho suplemento se publicaron los resultados de una encuesta que realizó el periódico entre 252 estudiantes. Se comprobó que el 30.3% de los jóvenes encuestados tenía participación política de algún tipo.


La política había impregnado el conjunto de la vida estudiantil, dentro y fuera de los colegios. Las organizaciones políticas vieron incrementado notoriamente el número de sus militantes y el grado de su influencia. Según el suplemento citado, las tres fuerzas más importantes son, en este orden, la Unión de Estudiantes Secundarios, (UES), la Federación Juvenil Comunista (FJC) y la Juventud Secundaria Peronista (JSP)


La encuesta de La Opinión revelaba también que en 1973 los estudiantes secundarios se inclinaban ante figuras emblemáticas de la izquierda, con la salvedad de Perón, quién, sin embargo, asumía para una porción amplia de los estudiantes, contornos casi revolucionarios, pese a todo, quien encabeza la encuesta era el CHE Guevara, con el 67%, a continuación venían J. D. Perón con 66% y a mayor distancia, Salvador Allende 19%; Fidel Castro con 19%; Eva Duarte 17 %; Mao Tsé-tung 16%


En esta encuesta queda por demás claro, que para aquélla generación de estudiantes secundarios, los referentes revolucionarios y socialistas eran los que más ocupaban en la conciencia estudiantil.


En aquellos años se había alcanzado un nivel de conciencia, acción y participación bastante elevados con lo cual el nivel de cuestionamiento al sistema capitalista era de por demás peligroso para la Burguesía y los sectores reaccionarios de nuestro país.

EL GOLPE DE 1976


En la historia de nuestro país, como en el resto de América latina, los golpes de Estado siempre estuvieron al servicio de la clase dominante, y del Imperialismo. Pero el Golpe de Estado de 1976 se podría caracterizar no tan solamente, como el más sangriento vivido en la historia de nuestro país, sino que también se lo puede caracterizar como el más pro-imperialista, ya que el estado político-económico que dejo la dictadura a nuestro país le sirvió al Imperialismo para garantizar su hegemonía en la región durante varios años.


LOS OBJETIVOS DEL PROCESO


Uno de los objetivos más tenazmente buscado por la dictadura militar que gobernó entre 1976 y 1983, fue neutralizar a buena parte de la juventud y ganar a una porción para su propio proyecto reaccionario.


Para los que no encajaban en sus esquemas, se aplicaban distintos métodos preventivos, desde el asesinato y la desaparición, hasta la más refinadas formas de marginamiento social y psicológico, pasando, claro esta, por la clásica y tradicional prisión.


Cuando asumieron, en 1976, los militares consideraban que en la Argentina había una generación perdida: la juventud. Esta, por la sofisticada acción de ideólogos se había vuelto rebelde y contestataria.


Si bien el gobierno militar toma en cuenta la situación en la que se encontraba la juventud argentina, no fue tan obstinado como para suponer que se debía atacara toda la juventud por igual. La política hacia los jóvenes parte de considerar que los que habían pasado por la experiencia del Cordobazo y demás luchas previas a 1973, los que habían vivido con algún grado de participación del proceso de los años 1973,74 y 75, los estudiantes universitarios y los jóvenes obreros, eran en su mayoría irrecuperables y en consecuencia había que combatirlos. Para ello utilizaron un pretexto tan obvio como falaz, se trataba de subversivos reales o potenciales que ponían en riesgo al conjunto del cuerpo social. El ser joven pasa a ser un peligro.


Al mismo tiempo, y pensando en el largo plazo, se empieza a desarrollar una estrategia que va más allá de la eliminación del enemigo. Se empieza a poner la mira sobre el relevo. Ahí están los estudiantes secundarios. Al momento del golpe tienen entre 13 y 18 años más de un millón de jóvenes.


EL TERROR EN LAS AULAS


Uno de los aspectos más dramáticos de la represión vivida en aquellos años, fue el secuestro de adolescentes. Llegaron a 250 los desaparecidos que tenían entre 13 y 18 años, claro que no todos estudiaban. Muchos se habían visto obligados a abandonar la escuela para incorporarse al mundo del trabajo.


Pero de los procedimientos utilizados, surge claramente que no se trataba de hechos aislados, sino de una investigación permenorizada de distintas escuelas. En una entrevista concedida a un grupo de padres, un Coronel de Campo de Mayo les expresó que se llevaban a los jóvenes que habían estudiado en colegios subversivos para cambiarles las ideas.


El 16 de septiembre de 1976, 10 estudiantes secundarios de la Escuela Normal Nro 3 de la Plata, son secuestrados tras participar en una campaña por el boleto estudiantil. Todos tenían entre 14 y 17 años. El operativo fue realizado por el Batallón 601 del servicio de Inteligencia del ejercito y la Policía de la Provincia de Buenos Aires, dirigida en ese entonces por el general Ramón Camps, que califico al suceso como accionar subversivo en las Escuelas. Este hecho es recordado como La noche de los lápices.


Solo tres de ellos aparecieron un tiempo después. Pablo Díaz, uno de los liberados, declaró en el juicio a las ex juntas: yo pertenecía a la Coordinadora de Estudiantes Secundarios de la Plata y con los chicos del Colegio fuimos a presentar una nota al ministerio de Obras Públicas.


Levantaron chicos en algunos colegios que ellos tenían marcados y enemigo era todo aquel estudiante que se preocupara por los problemas sociales, por fomentar entre los estudiantes la participación y la defensa de los derechos de los mismos.


de

Hoy, Los lápices siguen escribiendo.


Hoy los estudiantes secundarios, están de a poco recuperando aquella tradición de lucha y defensa, por los derechos a una educación al servicio del pueblo y con mayor presupuesto.


Hoy, los secundarios sector dinámico de nuestra sociedad tienen un doble desafío, que es la de reconstruir la memoria de lucha de nuestro pueblo y la de reorganizarse para enfrentar este calamitoso estado de nuestra educación, ya que ellos son los más perjudicados.


Bibliografia consultada: Estudiantes secundarios: Sociedad y política, Berguier, Hechker y Schifrin.

Comunicadores Solidarios - Agencia Latina de Información Alternativa, 16/09/2005

http://www.alia.com.ar, Córdoba, 15 de Septiembre de 2005 - Fuente: www.odiseo.com.mx



Quienes fueron los chicos asesinados?


La siguiente es la nómina de los chicos muertos. Los dos más grandes tenían 18 años.

los
DANIEL ALBERTO RACERO
Calibre, 18 años.
Hijo de un suboficial naval peronista que murió en el 73, trabajó desde pibe como mensajero. Cuando ingresó a la UES del Normal 3 de La Plata, escribió: Encontré una trinchera para luchar por una causa justa. Realizó labores de vacunación, recuperación de viviendas y apoyo escolar en barrios pobres y participó de la conquista del BES. Secuestrado en la casa de Horacio Ungaro el 16.09.76 en Arana y Pozo de Banfield.

la
MARIA CLAUDIA FALCONE
16 años
Hija de un ex intendente peronista de La Plata, se sumó a la UES a poco de ingresar a Bellas Artes. Después del 73 participó en tareas de apoyo escolar y de sanidad en barrios pobres de La Plata. En el 75 participó activamente en la campaña por el boleto estudiantil secundario (BES). Secuestrada 16.09.76 en la casa de su abuela paterna, fue vista en Arana y Pozo de Banfield

noche
MARIA CLARA CIOCCHINI
18 años
Alumna de colegios católicos, participó del scoutismo parroquial y en la UES de Bahía Blanca. Debido a los crímenes de la Triple A y la CNU en esa ciudad, a fines del 75 se mudó a La Plata donde se inscribió en Bella Artes y se fue vivir a la casa de Claudia Falcone. Fueron secuestradas juntas el 16.09.76. Fue vista en Arana y Pozo de Banfield.

septiembre
FRANCISCO LOPEZ MUNTANER
Panchito, 16 años.
Hijo de trabajador petrolero peronista preso durante el Plan Conintes que en el 73 se alineó con el sindicalismo ortodoxo, Panchito marchó contra la corriente familiar: era hincha de Gimnasia y militó en la UES de Bellas Artes. Junto a Claudia Falcone participó en trabajos voluntarios en barrios pobres y en la lucha por el BES en 1975. Secuestrado 16.09.76, fue visto en Arana y Pozo de Banfield.

La Noche de los Lapices (16 de Septiembre de 1976) I
CLAUDIO DE ACHA
17 años.
Sus padres eran trabajadores con ideas de izquierda y tras el triunfo de Campora participó de la toma del Colegio Nacional por su democratización. Tímido y gran lector, se incorporó a la UES luego de la muerte de Perón. Como todos, participó en las manifestaciones por el BES. Secuestrado 16.09.76, fue visto en Arana y Pozo de Banfield.

1976
HORACIO UNGARO
17 años.
De familia comunista, en el 74 rompió la tradición familiar y se sumó a la UES del Normal N 3. Gran lector y excelente alumno, participó de la lucha de la Coordinadora por el BES. Realizaba tareas de apoyo escolar en la villa miseria ubicada detrás del hipódromo platense. Secuestrado 16.09.76, fue visto en Arana y Pozo de Banfield.



Los chicos que sobrevivieron


Cuatro de los pibes que, entre el 16 y 17 de septiembre fueron secuestrados, lograron su libertad entre el 78 y el 80, tras estar a disposición del PEN (Poder Ejecutivo Nacional).

PABLO DIAZ

18 años.

Hijo de un docente universitario peronista de derecha, fue expulsado de un colegio católico y recaló en La Legión. Había militado en la UES pero en 1976 militaba en la Juventud Guevarista. Secuestrado 21.09.76. Estuvo en Arana, Pozo de Banfield, Comisaría 3 de Valentín Alsina y U- 9 de La Plata (a disposición del PEN hasta 1980).

GUSTAVO CALOTTI

Francés, 18 años.

Egresado del Colegio Nacional de La Plata, era cadete policial cuando fue secuestrado 8.09.76. Había militado en la UES pero en el ’76 ya se había desvinculado y estaba más próximo a agrupaciones de izquierda. Estuvo en Arana, Pozo de Quilmes, Comisaría 3 de Valentín Alsina y U- 9 de La Plata (a disposición del PEN hasta 1979).

EMILCE MOLER

17 años. Militante de la UES en la Escuela de Bellas Artes, era hija de un comisario inspector retirado. Secuestrada el 17.09.76. Estuvo en Arana, Pozo de Quilmes, Comisaría 3 de Valentín Alsina y Devoto (a disposición del PEN hasta marzo 78)

PATRICIA MIRANDA

17 años.

Estudiante De Bellas Artes, nunca participó de las luchas por el boleto estudiantil ni tuvo militancia política. Secuestrada el. 17.09.76, nunca hizo la denuncia. Estuvo en Arana, Pozo de Quilmes, Valentin Alsina y Devoto (a disposición del PEN hasta marzo 78).



Los otros secuestrados


La Comisión Provincial de la Memoria registra varios ensayos de la Noche de los Lápices:


El 1 de septiembre, y tras ser interrogados por el vicerrector del Colegio Nacional de La Plata, Juan Antonio Stormo, fueron secuestrados a pocas cuadras cuatro alumnos: Eduardo Pintado, Víctor Vicente Marcaciano, Pablo Pastrana (militantes comunistas) y Cristian Krause, sin ningún tipo de militancia. Pintado logró escapar.


El 4 de setiembre fueron secuestrados Víctor Triviño, de La Legión continúa desaparecido), Fernanda María Gutierrez (Liceo Víctor Mercante), Carlos Mercante (Colegio del Pilar ) y Alejandro Desío, Abel Fuks, Graciela Torrado (los tres del Colegio Bellas Artes) y Luis Cáceres (de la Escuela Técnica), los cuatro últimos militantes del GESA (Grupo de Estudiantes Secundarios Antiimperialistas).




El testimonio del sobreviviente Gustavo Calotti

Aquellos días fueron para siempre: han estado los 30 años


Fue secuestrado una semana antes de la Noche de los Lápices, pero se considera un sobreviviente de esa jornada. Para él, la historia oficial vació de contenido la verdadera lucha.


Gustavo Calotti fue detenido el 8 de setiembre de 1976, una semana antes de la Noche de los Lápices, pero nunca dudó en definirse como un sobreviviente de esa noche trágica en que fueron secuestrados ocho de sus antiguos compañeros del secundario con quienes compartió, además, meses de tortura y prisión clandestina.


El Francés, como le decían entonces, había participado 1975 en la Coordinadora de Estudiantes Secundarios en representación del Colegio Nacional de la Plata, en uno de cuyos patios un placa evoca a sus 94 alumnos y profesores asesinados o desaparecidos en esos años.

Se construyó una historia con el boleto estudiantil y se hizo de ésta un símbolo que vació el contenido, dice hoy a treinta años de distancia y algo menos de vida en Francia, donde trabaja como maestro.

En ningún interrogatorio se mencionó el boleto. Nos detuvieron por militar en organizaciones populares; lo que queríamos era hacer la revolución, asegura.


En sus vacaciones de este año viajó a Argentina para testimoniar en el juicio al ex jefe de investigaciones Miguel Etchecolatz, reconocer su lugar de detención en el Pozo de Quilmes y, como siempre que está en La Plata, visitar a los amigos y recordar a sus compañeros que ya no están, y que son muchos.

Aquellos días fueron para siempre, han estado los treinta años, dijo evocando su cautiverio, que se inició en la jefatura de policía platense, donde cumplía tareas administrativas como cadete policial.

Las grandes manifestaciones por el boleto estudiantil fueron en 75. En ese entonces yo militaba en la UES con Claudio de Acha, que fue secuestrado la Noche; con Adela Segarra, que ahora es senadora provincial, y con Rubén Scaramilo, que desapareció un año más tarde. En el 76 ya estaba en otro ámbito, relató con la minuciosidad de quien no quiere equivocar detalle.

Porqué se considera un sobreviviente de la Noche?

Yo siempre digo que no hubo una noche sino muchas, y que no fueron seis los desaparecidos sino muchos más. Y que también sobrevivimos muchos otros. La versión de la película es un recorte en el que el símbolo vació al contenido.

Cuál sería ese contenido?

Yo empecé a militar a los 14 años, el año que mataron a los 22 guerrilleros en Trelew y que volvió Perón. Nosotros éramos producto de ese proceso: militantes populares, no del boleto estudiantil, queríamos hacer la revolución. En el relato oficial ni siquiera están los que dirigieron la luchas por el boleto.

Quiénes fueron?

Quiero nombrar a Patulo Rave, que fue el alma mater del UES de La Plata y lo mató la Tripe A en diciembre del ’75 colgándolo de un puente. Después desaparece Abel Vigo, Homero y años más tarde, Alfredo Reboredo. Ellos no han tenido una fecha de homenaje. Tampoco los chicos secuestrados el 4 de setiembre del ‘76 en la puerta del Colegio Nacional.

Cuál era su relación con los chicos de La Noche?

La militancia, aunque yo ya hubiera egresado. A mi me detiene el comisario Luis Vides, Lobo, en la jefatura, donde yo era cadete. Me llevan a Arana y me torturan pidiéndome nombres pero nada del boleto. Allí había algunos secundarios que yo conocía, como Claudio de Acha y Horacio Húngaro. También cambié algunas palabras con Claudia Falcone, a quien yo no conocía pero me acuerdo que lloraba. Después nos trasladaron y ya no supe de ellos.

A dónde lo llevaron?

El 23 de setiembre nos cargan en dos camiones. En el que iba yo fue al Pozo de Quilmes. Allí estábamos Emilce Moler y Patricia Miranda, secuestradas la noche del 16 y Victor Treviño, chupado a comienzos del mes y que luego desapareció. Al mes nos llevaron a la comisaría 3 de Valentín Alsina y allí nos encontramos con Walter Docters, que había militado en el secundario y luego se había recibido de policía, y a Nilda Eloy, que había estado en la Coordinadora. Luego llegó Pablo Díaz con José María Novielo. A todos nos blanquearon el 28 de diciembre, Día de los Inocentes, pero seguimos presos a disposición del PEN un año más.

Qué es lo que más recuerda de esos días?

Todos los que sobrevivimos nos acordaremos para siempre de ese 21 de setiembre del ’76 en Arana. Nos sacaron de la celda para lavarlas, nos pusieron de rodillas con los ojos vendados en un patio y nos sacaron por un rato las ataduras de las manos. Nos dieron ñoquis y nosotros pensábamos en los compañeros que estarían festejando en Pereyra Iraola. Pero, la verdad, aquellos días fueron para siempre, han estado los treinta años.


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El relato del relator de aquella noche

Me gritaban que no los olvide, recordó Pablo Díaz

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de


Tuvo un salvoconducto que lo salvó de la muerte. Hoy, a treinta años, dice que se convirtió en el difusor de aquella trágica jornada porque fue y es un mandato. Yo respondo por mi juramento, que está basado en los últimos minutos de convivencia. Como sobreviviente respondo a eso, le contó a Télam.

Yo respondo por mi juramento, que está basado en los últimos minutos de convivencia. Ellos me gritaban que no los olvide y que los recuerde siempre. Como sobreviviente respondo a eso, dice Pablo Díaz, el gran relator de La Noche de los Lápices.


Detenido el día de la primavera de 1976, cinco días más tarde que el resto de sus compañeros, asegura que su rol, ese que cumplió durante el juicio a los comandantes de 1985 y luego, durante años recorriendo colegios para comentar la película, poniéndose frente a micrófonos y cámaras, y volviendo a testimonial en tribunales, es un mandato.

Soy el único que salió con vida del Pozo de Banfield, el único que estaba con ellos cuando me dijeron que tenía un salvoconducto que me salvaba de la ejecución y que me trasladaban bajo la amenaza de no contar nunca lo que había vivido, de lo que había sido testigo. Sólo ellos me gritaban que no los olvide y que los recuerde siempre, repite.


Su relato se amolda entonces al de un tipo que dice que lo suyo durante noventa días fue esperar el traslado final, igual que los seis pibes que se llevaron la peor parte: en Banfield estábamos condenados a morir.


Díaz, que hoy a los 48 años es un exitoso empresario del área energética, replica también con algún enojo cuando se le insinúa arbitrariedad en el recorte de su relato.

El operativo de La Noche de los Lápices fue un secuestro planeado y sistemático de estudiantes secundarios, relacionados con un hecho justificado para ellos: anular una potencial resistencia al proyecto adulto o político a implementar.

¿Porqué un operativo contra los secundarios y no contra militantes en un sentido genérico? El documento elaborado en la jefatura de policía decía textualmente que había que eliminar el semillero subversivo. El operativo partió de suponer la desarticulación política y militar de las organizaciones guerrilleras, y de los sectores universitario o barrial, de modo que buscaban la desarticulación de los secundarios. Todo hace pensar que ese operativo empezó por agosto y terminó sobre fines de noviembre.

Se simplificó el relato para que hubiera poca militancia y hacerla una historia posible en los 80?


Si, a la distancia es así. Yo recuerdo que cuando trabajamos en el guión de la película había un marcado miedo de que la gente nos viera culpables por haber militado en una organización política, algo que hoy es parte de la normalidad democrática. Pero en ese momento trabajábamos contra prejuicios fuertes como el por algo será. Allí razonamos que lo importante era reconstruir valores, porque ninguna sociedad admite fácilmente las cosas que dejó pasar aunque luego le horroricen.

Y hoy, treinta años después, cómo es la memoria de La noche..?


La Noche de los Lápices será la historia de todos los sobrevivientes secundarios reprimidos en la dictadura, será la historia de todos los estudiantes secundarios reprimidos hoy, será la historia que querran que sea los secundarios de mañana. Pero también hay una historia que no podrá ser contada por ellos, los noventa días de soledad, de amor, de compañerismo de despedida y de muerte. Sólo de ahí, y de ningún lado más, yo soy el sobreviviente.


Fuente: Télam


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Lo más importante es que mis hijos no me vean derrotada


(reportaje de Victoria Ginzberg)

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Emilce Moler tiene 39 años, tres hijos y vive en Mar del Plata desde que los militares la obligaron a dejar La Plata. Allí fue secuestrada el 17 de setiembre de 1976 en la que se conoce como La Noche de los Lápices. Sobrevivió para contarlo y no arrepentirse de su pasado.


La Noche de los Lápices se transformó en el símbolo de la represión militar contra los estudiantes.


Emilce Moler fue secuestrada en la madrugada del 17 de setiembre de 1976. Tenía 17 años y militaba en la Unión de Estudiantes Secundarios, agrupación estudiantil de tendencia peronista. Ella, Gustavo Calotti -actualmente radicado en Francia- y otra chica que vive en La Plata son, junto a Pablo Díaz, los sobreviviente de la llamada Noche de los Lápices. Tiene 39 años, está casada, tiene tres hijos y vive en Mar del Plata desde que los militares la obligaron a dejar La Plata. Teníamos un proyecto político, dice en relación a que las desapariciones de los secundarios de La Plata no se debieron exclusivamente a la lucha por el boleto estudiantil. Reivindica su militancia y afirma que la pelea por una sociedad más justa en la que todos tengan dignidad y trabajo sigue absolutamente vigente. Y si seguir pidiendo justicia es un idealismo sigo siendo idealista.

-¿Por qué su nombre no se asocia con La Noche de los Lápices?

-No fue algo deliberado. Fui cuidadosa porque la cosa pública es muy difícil de sostener a lo largo del tiempo. Sabía que tenía que tener otros objetivos en mi vida, pero también fueron historias de desencuentros. Hablé sobre el tema desde el primer momento, pero no estar en La Plata ni en Buenos Aires influyó muchísimo. A lo largo de estos años eso se ha ido modificando.

-¿Cómo era su vida antes del secuestro?

-Estaba en quinto año de Bellas Artes. Era muy alegre, llena de vida, con muchos ideales. En la vida cotidiana estudiaba dibujo, me dedicaba al grabado y me preocupaba por qué carrera iba a seguir.

-¿Estudió algo relacionado con el arte?

-No, soy matemática. La historia me cambió mucho. Salí a los 19 años de la cárcel de Devoto con libertad vigilada y rendí quinto año libre. Me sentía bastante vieja, quería tener una independencia económica y estudiar una carrera de arte me significaba mucha dependencia. Además tenía miedo, pensaba que me podían mirar peor si estudiaba arte. Busqué algo que no tuviera nada que ver con la realidad y elegí matemática.

-¿Cuándo pudo conectarse de vuelta con la realidad?

-Fui siguiendo los pasos que siguió el país. En el '82 estaba en los últimos años de la facultad y ya estaba participando de los incipientes centros de estudiantes. Tuve el aislamiento necesario para protección, nada más. Estuve inmersa en toda la problemática de Malvinas y luchando por la democracia.

-¿Qué se acuerda de la noche del secuestro?

-Desgraciadamente todo. Fue entre las 3 o 4 de la mañana del 17 de setiembre. Llegó una patota grande de hombres fuertemente armados a mi casa y encañonaron a mis padres con armas largas. Buscaban a una estudiante de Bellas Artes. Cuando aparezco yo, que era muy chiquita, parecía menos de 17 años, no me querían llevar. Se iban a llevar también a mi hermana mayor, finalmente, como no había lugar en el auto, a ella la dejaron. Era un plan deliberado pero también jugaba mucho el azar.

-¿Qué pasó después?

-Me encapuchan, me atan, me meten en una auto y me llevan a un lugar que, mucho tiempo después, supe que era el centro clandestino de Arana. Ese es uno de los recuerdos mas dolorosos que tengo porque durante toda la semana recibí torturas y en los momentos en que no me torturaban a mí, escuchaba cómo torturaban a otros. Ahí me encontré con Gustavo Calotti. También pude reconocer los gritos de dolor de Horacio Ungaro y compartía la celda con Claudia Falcone y María Clara Ciochini y con otras personas más. Lo que se puede contar de esos momentos es el horror, la situación límite, la degradación como ser humano, como mujer. Es indescriptible. Después de una semana en Arana me trasladan. A los chicos que hoy están desaparecidos los hacen bajar en otro lugar, los que sobrevivimos continuamos.

-¿Adónde la llevaron?

-A la Brigada de Investigaciones de Quilmes. Allí no recibí tortura física, pero seguía vendada, atada, en calidad de desaparecida. Después pasé a la comisaría 3ra de Valetín Alsina, en Lanús, donde me sacaron las vendas y me desataron, pero todavía estaba ilegal. En enero del 1977 me legalizaron y pasé a la cárcel de Devoto, siendo menor. En Arana era como que no tenía conciencia, no sabía lo que pasaba al minuto siguiente en mi vida. Pero cuando cerraban las rejas de la celda sentía morir. Hasta que recibí las primeras visitas. Como siempre, rescato la solidaridad de los compañeros. Pasé algo más de un año y medio en Devoto hasta que me dieron la libertad vigilada y me dijeron que me vaya de La Plata, debía ser muy peligrosa. Con mi familia decidimos venir a Mar del Plata.

-¿Volvería a vivir en La Plata?

-Me costaría mucho reconstruir mi vida en La Plata. Es una ciudad que me trae mucho dolor porque en cada calle veo las imágenes de los compañeros que hoy no están, que desgraciadamente son muchos más que estos seis chicos que están desaparecidos, y son ausencias que duelen mucho. Tardé veinte años en volver a mi escuela.

-Su padre era comisario inspector ¿cómo vivió el secuestro?

-Fue durísimo. Si bien no sabía lo que estaba pasando porque ya era jubilado, tenía más noción que mi mamá de lo que podía ocurrirme. Nunca fue un policía demasiado convencido, así que desde lo ideológico no fue tan terrible, pero como padre sintió que no podía hacer nada, que su cargo no le servía, que después de una vida íntegra de trabajo tenía que pedir por la vida de su hija y no le daban bolilla. Se puso en el rol de padre, no en el de policía, y luchó conmigo a brazo partido, me comprendió y me apoyó, igual que mi madre, y pienso que eso fue una de mis llaves de salvación.

-¿Qué le cuenta a sus hijos sobre la dictadura?

-Tenemos el tema instalado de una manera natural. Además la mayoría de nuestros amigos vivieron esos años y también aportan. Lo más importante es que no me vean derrotada, abatida, ese sería el principal triunfo de los militares. Me ven íntegra, con ganas de seguir hablando, luchando y sin miedo a participar. Eso es lo que les trato de transmitir.

-¿En qué cambió en estos años?

-No cambié mucho, salvo por los años y las arrugas. Nunca me arrepentí de lo que pensaba. Pelear por una sociedad más justa, que todos tengan dignidad y trabajo, me parece que sigue siendo absolutamente vigente. Y si seguir pidiendo justicia en este país es un idealismo sigo siendo idealista. Cambié en la pasión que ponía en esas cosas y en tomar conciencia de que no vamos a ser protagonistas de ningún cambio importante. Pero bueno, seremos una buena retaguardia.

-¿Qué le pareció la película La Noche de los Lápices?

-Muestra lo que significó la desaparición de los chicos de una manera bastante fidedigna y tiene componentes de película respecto de las historias de alrededor. Hay que rescatar que sirvió para que este hecho se conozca. Ese es un mérito indiscutible, pero hay que recrearlo con verdaderas historias. Creo que con La Noche de los Lápices se hizo un modelo de lo que pasó en nuestro país, que hay que recrearlo con lo que fue dejado de lado y lo que yo y otros podamos aportar no entra en contradicción con lo que se sabe sino que muestra una dimensión más profunda del horror.

-La Noche de los Lápices se asocia a la lucha por el boleto estudiantil pero usted habla de una lucha política más amplia.

-No creo que a mí me detuvieran por el boleto secundario, en esas marchas yo estaba en la última fila. Esa lucha fue en el año '75 y, además, no secuestraron a los miles de estudiantes que participaron en ella. Detuvieron a un grupo que militaba de una agrupación política. Todos los chicos que están desaparecidos pertenecían a la UES, es decir que había un proyecto político, con escasa edad, pero proyecto político al fin.


Fuente: Página/12, 15/09/98





noche



Nunca más




El testimonio de Nelva Méndez, madre de Claudia Falcone, 1998*


Nelva Alicia Méndez, madre de María Claudia Falcone -una de las estudiantes desaparecidas durante la recordada y trágica Noche de los lápices-, relató pormenorizadamente los detalles del secuestro de su hija, en los primeros minutos del 16 de septiembre de 1976, además de las dos detenciones de las que fueron víctimas ella y su esposo.

Con los testimonios de Méndez y de familiares de víctimas de la represión, se desarrolló ayer la tercera jornada de las audiencias públicas en la Cámara Federal de La Plata para conocer el destino de desaparecidos durante el último régimen militar.

En su relato, Nelva Méndez, precisó que María Claudia, quien cursaba el quinto año en el Bachillerato de Bellas Artes, fue secuestrada por efectivos del Ejército del departamento de una tía suya, en el centro de nuestra ciudad, ubicado en 56 nro. 556, junto a su compañera María Clara Ciocchini, en la misma jornada en que otros cinco estudiantes secundarios fueron detenidos durante La noche de los lápices.

Indicó que, según el testimonio de otros ex detenidos, pudo establecer que su hija, al igual que los otros adolescentes, en un primer momento fue alojada en un centro de la localidad de Arana, y con posterioridad trasladada a El Pozo, dependencia policial de Banfield, en tanto que averiguamos que los fusilaron en el subsuelo de la Jefatura de la Policía Bonaerense, de calle 2 entre 51 y 53.

La testigo pudo identificar a militares implicados en casos de desaparición o a quienes visitaban los centros clandestinos de detención como es el caso del capitán Colores, y a los entonces posibles jefes de zona Carlos Minicucci y Guillermo Suárez Mason.

La mujer recordó las dos ocasiones en las que junto a su marido Juan Carlos, permaneció secuestrada en los centros clandestinos La Cacha, en la vecina localidad de Lisandro Olmos, y en El Banco, donde fueron sometidos a torturas durante los interrogatorios, para conocer el paradero de Jorge, el otro hijo del matrimonio.

También remarcó que durante su permanencia en el centro clandestino el Banco en Capital Federal, algunos de los detenidos eran liberados durante algunos días a cambio de ofrecer información para que se pudieran detener a otras personas.

Durante su relato al tribunal, presidido por Leopoldo Schifrinn, la señora de Falcone subrayó que ellos (los secuestradores) no sólo mataron a mi hija, sino también a mi esposo.

En tal sentido, dijo que su marido, poco después de haber recuperado la libertad luego de 45 días de cautiverio, falleció a comienzos de 1978 a raíz, dijo Falcone, de los golpes recibidos en las sesiones de tortura.

Asimismo, los camaristas escucharon ayer los testimonios de Stella Maris Balboa, hermana del desaparecido Jorge Balboa, y de Elsa Noemí Bacchini, esposa de Héctor Paladino, de quien nunca se pudo llegar a establecer cuál fue su destino.

El 16 de septiembre de 1976, siete alumnos que asistían a establecimientos educativos de La Plata fueron secuestrados por fuerzas de seguridad cuando reclamaban la devolución del boleto estudiantil, en una jornada que pasó a ser conocida como La noche de los lápices.

Francisco López Muntaner, María Claudia Falcone, Claudio de Acha, Horacio Ungaro, María Clara Ciochinni y Daniel Racero son los seis estudiantes que permanecen desaparecidos, en tanto el séptimo, Pablo Díaz, fue liberado poco después del secuestro.

La madre de Falcone compareció ayer ante la Cámara Federal de La Plata, donde desde el 30 de septiembre último se desarrolla un juicio oral para conocer el destino de unas dos mil personas desaparecidas en La Plata durante la última dictadura militar.

Las audiencias se realizan todos los miércoles y están citados a declarar miembros del Ejército y de la Armada, policías federales y bonaerenses, retirados y en actividad.

Fuente: Hoy en la Noticia, La Plata, 15/10/98


*[24/12/06, Télam] Nelva Falcone, de 76 años, murió el 24/12/06 en La Plata. Con la muerte de Nelva Falcone, desaparece una de las primeras Madres de Plaza de Mayo. Falcone se unió a las Madres a partir de la desaparición de su hija María Claudia, en la Noche de los Lápices de setiembre de 1976.


Esposa de Jorge Falcone, un ex intendente de la capital provincial y destacado sanitarista vinculado al peronismo, Nelva organizó en su propia casa las primeras reuniones del grupo platense de madres. Y con un grupo de Madres viajó a Brasil para intentar entregarle una carta al papa Juan Pablo II, a fines de los setenta.


Notable oradora, reivindicó siempre la actividad estudiantil, social y política de su hija, estudiante de Bellas Artes de La Plata secuestrada y desaparecida junto a otros seis adolescentes en los primeros meses de la dictadura.


Su firme postura en la búsqueda de su hija y sus compañeros, aprovechando los contactos que la daba el mundo de la política de su marido pero también superándolo en esa lucha, quedó reflejada en el personaje de la película La Noche de los Lápices, que dirigió Héctor Olivera.


También participó de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos hasta que, con el regreso de la democracia en 1983, volcó su espíritu batallador en defensa de la vida dentro del ámbito partidario.


Su última aparición pública fue al cumplirse los treinta años de ese doloroso episodio, cuando participó en la escuela de María Claudia de la inauguración de un mural con la imagen de los chicos.


Internada diez días atrás por una descompensación, Nelva Falcone falleció en la madrugada de ayer, fue cremada y sus cenizas serán esparcidas en los próximos días en la platense Plaza San Martín o bien en la porteña Plaza de Mayo.


Fuente: Télam

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Como anexo a este trabajo agrego una lista con los nombres de todas las personas que recuerdo haber visto o escuchado e incluso algunas de las cuales sólo supe más tarde que se encontraban allí. Con sentimiento de culpa soy consciente de que olvido nombres, datos, informaciones sobre otras personas y que tal vez hubiesen sido capitales para conocer la suerte que corrieron.


Grenoble 23 de Mayo de 1998

Listas de desaparecidos y de represores.

Cuatrerismo de Arana


Indico con un asterisco a las personas de las cuales supe personalmente, ya sea porque las vi o porque las escuché, o porque escuché hablar de ellos en ese momento como detenidos. Los otros nombres los recogí en diferentes testimonios que fui leyendo, entrecruzando informaciones con otros ex-detenidos desaparecidos y en algunos recortes de diarios que guardé).


*Santiago Servín D (Director del diario La Voz de Solano)septiembre

*El sobrino de Santiago Servín D

*Etelbaum o Epelbaum ? (Trabajaba con Servín en el mismo diario)

*Víctor Treviño D

*Claudia Falcone D María Clara Ciochini D (Mencionada en el testimonio de Pablo Díaz)

*Emilce Moler L

*Patricia Miranda L

*Horacio Ungaro D

*Claudio de Acha D

*López D

*Willy ?

*Ringa ?

*Kegler Krug Marlene Katherine D (escuché sus gemidos y alusiones a ella y de cómo había sido torturada)

*Giampa ?

*Walter Docters

*L Walter Samperi (primo de Walter Docters, recogí su nombre en las declaraciones)

*Osvaldo Bussetto D

*Pablo Díaz L

*Daniel Alberto Racero D

*Nora Ungaro

*L Ana Teresa Diego ? (este nombre lo recogí de la declaración de Nora Ungaro) Cristina Doglio ? (testimonio de Nora Ungaro) José María Schunk D (Testimonio de Pablo Díaz y de Walter Docters) Néstor Silva ? ( Idem ) La novia de Néstor Silva? ( Idem )

*Icama ??? L?( es un peruano que volví a ver en Quilmes y finalmente en la U9, cuando cayó, un tiro le quebró la clavícula, no sé si fue liberado, expulsado...)

*Julio Aníbal Badell Muerto(figuraen el testimonio de Walter Docters y creo que mi segundo paso por Arana coincidió con su paso por allí mismo.Lo tiraron del tercer piso de la Jefatura de Policía el29/9/76)

*Esteban Badell D (idem que el anterior)

*Acosta Velasco de Badell D. Una señora chilena esposa de uno de los dos hermanos.


Fuente:
www.nuncamas.org/testimon/calotti.htm


La Noche de los Lapices (16 de Septiembre de 1976) I


La historia no oficial de la noche de los lápices

1976

Entrevista a Emilce Moler

Por Sabina Crivelli


Ocurrió hace 29 años. Fue entre el 15 y el 16 de setiembre de 1976: los militares secuestraron y torturaron a varios alumnos secundarios de La Plata... La Noche de los Lápices. Hubo cuatro sobrevivientes. Emilce Moler es una de ellos. Nos da su testimonio y, a diferencia de lo que cuenta la película que hizo conocidos estos hechos, ella no relaciona la detención con la lucha por el boleto estudiantil sino con su militancia en la Unión de Estudiantes Secundarios.

El 16 de setiembre de 1976, Emilce había ido al Bachillerato de Bellas Artes. Cursaba 5to. año y ese día estaba organizando la fiesta de la primavera. En medio de los preparativos, alguien le avisó que la noche anterior se habían llevado a sus dos amigas: Claudia Falcone y María Clara Ciocchini. También habían secuestrado a Claudio de Acha, Daniel Racero, Horacio Ungaro y Francisco Muntaner. Todos compartían la militancia en la Unión de Estudiantes Secundarios (UES). Emilce tuvo miedo. Enseguida llamó a su padre que le pidió que escapara. Emilce no quería irse dejando a sus compañeras en esa situación, pero sospechaba que sería la próxima en la lista. Y no se equivocó. Esa misma noche, un grupo de hombres encapuchados y armados irrumpió a los gritos en la casa de la familia Moler. Dijeron que eran del Ejército y que venían a buscar a una estudiante de Bellas Artes. Casi se llevan a su hermana, 5 años mayor. Emilce era bajita, estaba en pijama y parecía una nena. Cuando la identificaron, su madre pidió que la dejaran vestirse. Los militares accedieron. Le pusieron las esposas -que se le salían porque le quedaban grandes- y se la llevaron. En el camino pasaron a buscar a otras dos compañeras. Una no estaba. La segunda era Patricia, otra de los cuatro sobrevivientes. Todas fueron llevadas a un centro clandestino. Con el tiempo sabría que era en Arana. Ahí se encontró con sus dos amigas secuestradas la noche anterior. Tenía los ojos vendados, pero mientras caminaba rumbo al cuarto de tortura reconoció los gritos de otros dos amigos y compañeros de la UES: Gustavo Calotti, que sobrevivió para contarlo, y Horacio Ungaro, uno de los tantos desaparecidos. El 21 de setiembre se sumó a ellos un estudiante de la legión extranjera que sería el cuarto sobreviviente: Pablo Díaz. Supuestamente estuvimos juntos en Arana dos días -recuerda Emilce-, pero nunca supe que estaba. Él no militaba en la UES. Al no conocerlo de antes y no haber hablado con él en ese momento, no supe que estaba ahí. El 23 de setiembre cargaron a todos los estudiantes, maniatados y encapuchados, en un camión. Después de un rato, la marcha se detuvo. Alguien leyó una lista: Claudia Falcone, María Clara Ciocchini, Horacio Ungaro, Francisco López Muntaner, Daniel Racero y Claudio de Acha... Los hicieron bajar y nunca más se supo de ellos. Muchos años más tarde, la que era directora del Bachillerato de Bellas Artes, Elena Makaruk, declaró que se enteró por comentarios que los chicos de la Noche de los Lápices estaban desaparecidos, pero que la institución no hizo gestiones para buscarlos porque no se podía considerar verdad un comentario.

Emilce Moler sigue siendo bajita y hoy su vida transcurre en Mar del Plata. Por aquel entonces estaba de novia con Fernando, un joven de 22 años que militaba en la JUP de Agronomía. Ahora es su marido y tienen tres hijos. La chica de Bellas Artes ya tiene 44 años, pero no es difícil imaginarla a los 17. Habla y ríe todo el tiempo con una vitalidad contagiosa que no abandona ni a la hora de recordar los momentos más duros de su vida.

-¿Cómo empezás a militar?

-Yo diría al revés: ¿Cómo no iba a militar? Habría que haber vivido esos años para darse cuenta. Por supuesto que también estaban los que no se enganchaban, pero a la edad que yo tenía, y en Bellas Artes donde todo era libertad, participación y solidaridad, era imposible no militar. La revolución parecía estar ahí nomás. Latinoamérica estallaba por todos lados. Teníamos los modelos socialistas de Chile y Cuba. Yo podía no saber en qué partido, pero que iba a participar no tenía ninguna duda. Había todo un clima en el que estaba muy mal visto aquel que no se comprometía. Decirle a alguien, sos un teórico, era el peor insulto. Podías discutir, pero si no militabas y no llevabas a la práctica tus ideas, eras lo peor.

De primero a cuarto año participé en todas las actividades de la escuela, pero todavía no lo hacía desde ningún partido. Quería tener un poco más de idea de dónde me iba a meter. Venía de una familia absolutamente anti-peronista. Hice la primaria en un colegio de monjas, en el Eucarístico, y entré a Bellas Artes en el 72. En el 73 todos mis compañeros fueron a buscar a Perón. Yo era re gorila. Poco a poco fui cambiando y me di cuenta de que cualquier cambio en este país venía por el peronismo. Una anécdota es que yo estaba convencida de eso, pero nunca pude cantar la marcha peronista porque no la sabía. ¿Dónde la iba a aprender? Me daba muchísima vergüenza. Cuando me detuvieron, militaba en la peronista UES.

-¿Cuánto tiempo estuviste detenida?

-Casi dos años, más el año de libertad vigilada. Desde enero del 77 hasta abril del 78, estuve en Villa Devoto. Era una presa legal bajo disposición del PEN, siendo menor, con sólo 17 años. Llegar a Devoto fue uno de los peores momentos de mi vida. Cuando entré, una celadora me leyó los cargos en mi contra: asociación ilícita, tenencia de armas y explosivos. Yo lloraba y decía que no era cierto. Sentía una terrible impotencia. Después me encerraron en una celda. Cuando me largan no me dejan volver a La Plata y nos vamos con toda mi familia a Mar del Plata, donde estuve bajo libertad vigilada.

-¿Qué sabés de los demás sobrevivientes?

-Con Gustavo Calotti, sigo siendo amiga. Él vive en Francia, es docente de castellano y está muy bien. Dio su testimonio para el juicio a las juntas militares y ante el juez Baltasar Garzón. Hay otra chica, Patricia, que es muy respetable que nunca haya hablado porque no tenía ninguna relación con la militancia política y le faltaron muchos elementos para comprender lo que le estaba pasando. Tuvo una historia de vida muy dura porque se le murió la mamá estando ella presa. Nunca la dejaron salir a verla y tenía sólo 17 años. Cuando salió, estaba sola y su familia tenía una situación económica complicada. Con ella me comunicaba los primeros años y después fui perdiendo contacto. Ella prefirió callar. Yo la entiendo y la respeto muchísimo.

-¿Cómo vivieron tus padres toda esta situación?

-Fue muy duro. Mi padre era policía, jubilado por suerte. No fue un policía de alma ni mucho menos. Pero fue durísimo para él. Por un lado tenía acceso a montones de lugares para salvarme, pero por el otro recibía todas las humillaciones posibles. Mi mamá lo vivió con mucha vergüenza. Sin embargo los dos, a pesar de que estaban lejos de compartir las cuestiones políticas conmigo, estuvieron firmes ahí desde lo afectivo. No faltaron nunca a las visitas. Mi mamá me escribía semanalmente dos cartas. Eso para mí fue un salvavidas. Yo me sentía muy culpable por lo que vivían mis viejos. Pasaron muchos años para que la sociedad nos reivindicara. En aquellos momentos éramos la lepra. A mi familia más de uno le retiró el saludo. Ellos tenían un proyecto de vida clase media y se encontraron con que en su ciudad los abandonaron. Lo terrible era que nunca sabíamos cuándo se acababa. En diciembre del '77, según averiguaciones de mi padre, me habían hecho una condena de 5 años más. Los militares hacían como parodias de juicios a algunos compañeros. Eso se llamaba Consejo de Guerra. En ese entonces, en la cárcel, vos no sabías cuánto tiempo ibas a estar, y tampoco sabías cuándo abrían una puerta, te sacaban y te llevaban andá a saber a dónde. Yo ya había pasado por los centros clandestinos y sabía de las torturas… Además, venían nuevos compañeros en estado calamitoso y contando historias de terror. Sacaban compañeras de Devoto que nadie sabía a dónde las llevaban. Los de la Masacre de Margarita Belén salieron del penal. Y allí, precisamente mataron a un primo mío. Yo no tenía ni relación con él pero mi mamá se veía con sus primas, que también iban a ver a su hijo a la cárcel y un día, cuando volvió, mi tía le dijo a mi vieja: Lo mataron. No sabemos por qué, pero por suerte decidieron darme la libertad vigilada.

-¿Qué pasó cuando saliste?

-Fue en el Mundial, en el '78. Todos festejaban y yo lloraba. Sentía que nunca iba a poder contar lo que me había pasado. Nunca me van a creer, pensaba... Estaba presente todo eso de Los argentinos somos derechos y humanos. Cuando escuchaba a los comunicadores en la televisión, lloraba de la bronca. Hoy sigo teniendo terror de que la gente no vea los procesos históricos. Salí bajo libertad vigilada en una ciudad que no conocía. Empecé a rendir libre las materias de 5to. año. En La Plata me declararon alumna libre por faltas. Mis padres lograron con gran esfuerzo que me dieran los papeles de 4to. año para que pudiera rendir 5to. libre. Tuve que decir que había tenido hepatitis. Para ese entonces ya tenía 19. Me sentía viejísima. Mucho más tarde me di cuenta de la atrocidad que viví en plena adolescencia. Me iban a buscar a determinados lugares, venían a mi casa a vigilarme, controlaban con quién estaba y no podía reunirme con muchas personas a la vez. Pero venía de tal horror que eso no me molestaba. Pensaba que a mí, dentro de todo, no me había pasado nada. Tardé mucho en darme cuenta de que yo también fui víctima.

-¿Cómo empezaste a estudiar Matemáticas?

-Con un permiso especial me dejaron ingresar a la Facultad. No podía pensar en estudiar arte porque me detenían al día siguiente, entonces me anoté en matemáticas. Me seguían y me esperaban en la puerta de la Facultad. Yo seguía de novia con el que hoy es mi marido, Fernando. Él militaba en la JUP y era más grande. Estaba estudiando en La Plata y siempre mantuvo el contacto con mi familia. Eso fue muy importante porque tuve un compañero y amigo al lado mío. Con él podía hablar de todo.

-¿Cómo termina la libertad vigilada?

-Como me vieron tranquila y aburrida -no me hablaba con nadie-, en julio del '79 me liberaron de todo y no me molestaron más. A partir de entonces, Fernando se vino a vivir a Mar del Plata. En el '82 nos casamos. Ese año, por primera vez, le conté a una amiga algo de mi historia. Era una compañera de la Facultad; venía a nuestra casa y me sentí en la obligación de hacerlo. Nunca se lo imaginó. Tardó años en entender. Fue la única persona, en ese entonces en Mar del Plata, a la que le contamos nuestra historia. Hoy seguimos siendo amigas, es dirigente gremial y en política la tiene más clara que yo.

-¿Cómo viviste la vuelta de la democracia?

-Empezamos a contactarnos con otra gente que había vivido lo mismo. En el '85 di mi testimonio al equipo de Antropología Forense y en el '86, contra Camps, donde también declaró mi padre. Fue el primer policía en testimoniar contra Camps. Ese mismo año me ubicó una radio de Mar del Plata. Si mi primera declaración hubiese sido en Buenos Aires, seguramente los hechos se hubieran contado como fueron. Yo nunca me negué a contar la historia. Sin embargo me pasó con María Seoane que cuando ella me pidió que escribiera mi testimonio yo acepté pero le pedí leer el borrador del libro. Seoane se negó a dármelo y entonces yo y mi padre no escribimos. A partir de ahí viene el castigo en el libro y después en la película. Ni siquiera menciona la existencia de otros sobrevivientes. (N. de la R.: La Noche de los Lápices, de María Seoane y Héctor Ruiz Núñez, en base al cual se hizo el guión de la película de Héctor Olivera) A mí me interesó salir siempre a decir cómo son los hechos reales y yo siempre los conté así. Éramos estudiantes secundarios y no relaciono nuestra detención con la lucha por el boleto estudiantil, que fue en el '75, sino con nuestra militancia. Estoy segura de esto. No es una negación de la historia anterior sino es como agregarle algo más, recrearla.

-Sin embargo, todavía es fuerte la versión de que existió sólo un sobreviviente…

-Es bastante extraño porque he hablado muchas veces. Estuve en 1998 en el programa de Santo Biasatti. Esto fue tapa de La Nación en el mismo año y Página/12 también lo publicó. Fui a muchas entrevistas radiales y a charlas en muchas ciudades y se vuelve a decir lo mismo. Más de una vez me ocurre que gente que me conoce, cuando tiene que decir lo que fue La Noche de los Lápices, vuelve a repetir el tema del boleto estudiantil y que hubo un único sobreviviente. Yo convivo con eso y no pongo energía ahí sino en contar lo que fueron los hechos, lo que significaron y en la transmisión de la memoria para los jóvenes de hoy en día.

-¿Tu familia volvió a La Plata?

-Mis padres nunca pudieron volver y a mí me cuesta horrores. Tardé muchos años. Para volver a mí escuela necesité 20 años y fue durísimo, con mucho llanto. Vine para un acto por los desaparecidos. Recién ahí pudimos abrazarnos y llorar entre varios compañeros. Ahora vuelvo un poco más entera. También fui al acto por los 25 años del golpe con mis hijas y vieron toda la parte de la escuela que yo les había contado. Fue algo fuerte pero reparador.

-¿Cómo te acercás al equipo de Antropología Forense?

-Ellos se acercaron primero para tener mi testimonio. A partir de eso tuve conciencia de la importancia del sobreviviente. Creo que las Abuelas, los Hijos, las Madres, todos juegan roles importantes, cada uno desde su lugar. Cuando llevé mi relato al equipo ellos me empiezan a preguntar por el color de la blusa de tal persona que yo había visto, para poder identificar los restos, y yo ahí veo que puedo describirlo. Me di cuenta de que yo tenía información. Además de las personas a las que vi, tenía detalles de marcas, olores, sensaciones y sonidos que no los tiene nadie. Entonces me di cuenta de que iba a ser un rol mío el del relato. Yo recuerdo todo: las palabras de la compañera que no vi nunca más, el apretón de mano, la palabra de aliento. Mucha gente ha olvidado. Cada uno elaboró como pudo. Yo hice el ejercicio de registrar todo porque, inconscientemente, sabía que eso iba a ser importante.

-¿Cómo llegás a trabajar con el equipo?

-Cómo yo recordaba todo con mucha precisión, cada dos por tres el equipo de Antropología Forense me volvía a llamar. Así empezamos a tener una cierta amistad. Después ocurrió una casualidad: ellos empezaron a encontrar documentación, huellas que pertenecían a desaparecidos. Sin embargo los peritos las rechazaban porque no se podían ver bien. Alguien les dijo entonces que en Mar del Plata había una persona que se dedicaba al procesamiento de imágenes... ¡Casualmente era yo! Me vinieron a ver y empezamos a trabajar juntos. Hoy mi proyecto de investigación en la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Mar del Plata es la identificación de huellas dactilares para la identificación de desaparecidos. Me he especializado en eso y ya se identificaron varios. Desde un primer momento yo lo institucionalicé. Está aprobado por el Consejo Académico. Por este trabajo obtuve un premio en el año 2000, en Estados Unidos. Mirá qué paradoja dónde me premian. Era la primera vez que alguien de Latinoamérica obtenía un premio así.. Esto es parte de mi trabajo y no lo quiero dejar porque, ¿quién lo va a hacer? Otros cobrarían mucho por esto. Yo lo hago desde otro lugar y es muy reparador.

-¿Cuál es tu lectura de la situación política actual?

-Estoy enloquecida de contenta. En el '86 parecía que con el juicio a las juntas las cosas empezaban a cerrar, pero después vinieron las leyes de Obediencia Debida y el Punto Final. Entonces lloré. Después vino el indulto, pizza y champagne y mirar para adelante. Decían que la historia había terminado de la mano de la convertibilidad. En el '98 pensé que no avanzaríamos más. Todos los chicos que crecieron durante esos años se formaron con la idea de que la lucha no sirve. Como docente, siempre les repetí a mis alumnos que la lucha hay que darla. Si no se da este saneamiento moral, no se puede construir nada. De todas formas, la teoría de los dos demonios hoy todavía circula. Estoy segura de que a mí me llevan a todas las charlas porque soy la pobre chica del colegio secundario. Si hubiera tenido una historia de lucha armada, no me llevarían. La sociedad todavía no está preparada para ver y aceptar esto. Lo peor que nos puede pasar es hacer análisis equivocados. Todos mis amigos de la JUP están desaparecidos. Hoy no tengo ninguna militancia en ningún partido. Estoy cercana a la asociación de familiares y ex detenidos. En el '98 me di cuenta, por lo que sentía, de que ese era mi grupo de pertenencia.

-¿De qué cosas te arrepentís y cuáles te marcaron?

-Vi tanta arbitrariedad, por ejemplo con esta chica Patricia que no había estado en nada, que si no me hubiera metido a militar tampoco era seguro que no me pasara nada. Siento que fui coherente con lo que pensé, aunque mi militancia fue muy chiquita. Ojo que ser militante en ese momento, pegar carteles en contra de la dictadura, con ese gobierno militar era muchísimo. Yo no me hubiera bancado la dictadura sin decir nada. Nadie previó una dictadura con tanta represión. Hoy no me podría pensar sin esta experiencia de vida. El silencio y las ausencias de las personas que yo hubiera necesitado que estén al lado mío y de mis padres, me han dolido mucho. Mi objetivo es que mis hijos no se formen con esos valores. Quiero que mis hijos sean solidarios, siempre que puedan y que alguien lo necesite. Me parece que ese es el camino.


Fuente: La Pulseada / La Fogata



lapices

16

de

los


la

noche

septiembre

La Noche de los Lapices (16 de Septiembre de 1976) I



Citar:
LA MANO ANONIMA


A mí hija María Claudia, militante de la UES secuestrada durante La noche de los lápices''.





Mano anónima aleve y asesina,
Con sólo tocarte
Ha intentado
Macular tu pureza,
Tu inocencia,
Por cierto, fracasando.
Tu grand