Africanos en América: ¿una nueva esclavitud?
Entre los siglos XVII y XIX, miles de africanos fueron trasladados a América en condiciones de hacinamiento para trabajar como esclavos. En la actualidad, la migración africana y asiática hacia Latinoamérica aumenta cada año, pero el destino final de los migrantes es Estados Unidos. Para lograrlo, recurren a inescrupulosas redes de tráfico de personas, las cuales rara vez cumplen con la promesa de alcanzar Norteamérica, que a su vez presiona a los países latinoamericanos para que endurezcan sus medidas contra la migración ilegal y destinen recursos para solucionar este creciente fenómeno.

Latinoamérica
La falta de recursos para la repatriación de los migrantes a sus países de origen es uno de los dilemas de los países latinoamericanos. El otro se presenta cuando son menores de edad - AP


Tanto Colombia como Ecuador comenzaron a endurecer sus políticas migratorias para evitar que migrantes asiáticos y africanos utilicen sus países como lugares de tránsito para llegar a Estados Unidos. La polémica medida desató algunas protestas de organismos de derechos humanos, pero las autoridades aducen que sus países no pueden enfrentar el creciente flujo migratorio de ciudadanos de otros continentes.

El problema es complejo, ya que si los gobiernos adoptan una política de inmigración abierta, estarían favoreciendo a las redes de tráfico de personas, y si las endurecen perjudicarían a los ciudadanos que piden asilo porque en sus países de origen son perseguidos o bien porque viven en situación de guerra.


¿LA HISTORIA SE REPITE?

Siglos atrás, los barcos negreros del viejo continente transportaron a miles de africanos hacia América en condiciones insalubres, para trabajar como esclavos en las colonias europeas.

En aquel momento los Estados promovían la utilización de mano de obra africana en las minas del nuevo mundo. Hoy en día, los Estados de los países desarrollados permiten que sus compañías exploten los recursos africanos y promuevan conflictos interétnicos, mientras las redes de tráfico de personas se benefician con el sufrimiento del ciudadano africano que intenta llegar a América.

En épocas anteriores, existía en África una complicidad entre los esclavistas europeos y sus entregadores autóctonos. Hoy en día, las elites políticas de algunos países africanos están estrechamente aliadas con los ejércitos y compañías europeas, que extraen sus materias primas pagando impuestos irrisorios.

Al parecer, en la actualidad los ciudadanos africanos no aportan al sistema productivo mundial ni siquiera como esclavos, y es por eso que se desarrolló esta travesía de muerte que difícilmente termina en EE.UU. Así, muchos de los africanos o asiáticos deben elegir: o sobrevivir al hambre, la guerra y las enfermedades en sus países de origen, o ser víctimas de las redes de tráfico e intentar llegar a América, en dónde les espera otro peligroso recorrido hacia el norte.

El recrudecimiento de la violencia en México y la crisis internacional produjo que EE.UU. cierre aun más sus fronteras. Pero ahora no sólo existe el bloqueo contra la migración latinoamericana, que ha descendido, sino contra el creciente tráfico de africanos, que ven en Europa otro obstáculo que les impide escapar de las condiciones de guerra que ellos no han creado.


LA TRAVESÍA

La Organización de Estados Americanos (OEA) presentó días atrás un informe en una conferencia de la Comisión Especial de Asuntos Migratorios (CEAM). El organismo califica de “nuevo y creciente” el fenómeno de las migraciones extracontinentales en América Latina.

El motivo del aumento es el endurecimiento de las políticas migratorias europeas, que están forzando a buscar otro destino a los ciudadanos africanos que se encuentran en situación de extrema pobreza o que están amenazados por las constantes guerras que azotan a sus países. Este es el caso de Somalía, Eritrea, Etiopía, Nigeria y otras naciones que viven en conflicto permanente. Además, se sumó la llegada al continente americano de migrantes asiáticos procedentes de China, Bangladesh y Nepal.

De acuerdo con el documento, los países que han visto aumentada la población de origen africano y asiático son: Argentina, Brasil, Colombia, Costa Rica, Panamá, Ecuador, Guatemala y México.

El viaje comienza con el pago a los traficantes de personas de un promedio de 5000 dólares por migrante. Una vez entregada la suma, comienza un peligroso periplo por el continente africano hasta Sudáfrica, que de acuerdo con la OEA es el principal punto de partida de África hacia el exterior.

Luego, a través de aviones o barcos destinados a tal fin, o como polizones, logran llegar a algún punto de América, como por ejemplo Brasil o Ecuador, países por los cuales pueden acceder a Colombia, que es el segundo destino buscado, dado que se encuentra en la entrada de América Central.

Una vez atravesado el istmo centroamericano a pie o en embarcaciones, el objetivo es llegar al sur de México, ya que la ley los protege durante treinta días si se entregan a la policía y si provienen de países en conflicto. Esta misma legislación es aplicada por Colombia.

Pero luego deben atravesar el territorio mexicano y cruzar la temible frontera con Estados Unidos. Y de acuerdo con el informe, muchos no sobreviven a este larguísimo periplo.


LOS ABUSOS

El documento detalla que la medición de la cantidad de migrantes no latinoamericanos en el continente se basa en las solicitudes de asilo, las detenciones por parte de las autoridades migratorias y las radicaciones transitorias otorgadas.

En general, como los migrantes tienen como destino EE.UU. o Canadá, no inician los trámites para obtener la residencia en América Latina. Algunos sí lo hacen pero después no continúan con la solicitud y otros ceden sus documentos a los traficantes, que a veces les quitan sus identificaciones personales.

A comienzos de este año, el Departamento Administrativo de Seguridad de Colombia descubrió un engaño de las redes de tráfico a migrantes africanos.

Un grupo de 11 africanos había pagado a los traficantes para llegar a EE.UU. Tras viajar por puertos de Brasil, Guyana y Venezuela, cuando los migrantes creyeron que habían llegado finalmente a Nueva Orleáns, descubrieron que habían sido estafados, al ser abandonados en la ciudad de Barranquilla, Colombia.

Aunque las cifras de migrantes extracontinentales sean difusas y, de acuerdo con el informe, difíciles de establecer, es seguro que han aumentado en los últimos años. Las autoridades colombianas deportaron a 385 ciudadanos africanos y asiáticos el año pasado.

En tanto, el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), indicó que las solicitudes de asilo se duplicaron en tres años. En 2006 no llegaban a 400 y en 2009 fueron 900.

Pero la falta de recursos para la repatriación de los migrantes a sus países de origen es uno de los principales problemas a los que se enfrentan los países latinoamericanos. Otro dilema se presenta cuando los migrantes son menores de edad.

Además, se agrega la presión de EE.UU. con respecto al tema migratorio, sobre todo a los países que firmaron Tratados de Libre Comercio con Washington, como Colombia, México y Perú.

Sin embargo, existe una diferencia entre migrante y refugiado. El migrante, que abandonó su país de origen por voluntad propia, puede obtener permisos de trabajo en Brasil y Argentina, de acuerdo con sus legislaciones, pero en Ecuador y Colombia están considerados ciudadanos ilegales y con las nuevas leyes en muchos casos son deportados.

En cambio, el refugiado fue obligado a salir de su país y tiene el derecho de recibir asistencia y alojamiento en el país que lo solicite. Aunque en general, la mayoría de los que logran ser reconocidos como refugiados abandonan el país latinoamericano que les dio el derecho, porque su objetivo continúa siendo Estados Unidos.

Fuente: http://***/africanos-en-america-una-nueva-esclavitud-n10414.html

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