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Día Internacional de la Biblia

Día internacional de la Biblia.


El último domingo de septiembre de cada año se conmemora el día mundial de la Biblia. La intención de su celebración es:

1. Agradecer a Dios por la inspiración de su Palabra y acrecentar el interés de los lectores sobre la necesidad de su meditación y el restablecimiento de su intimidad con el Creador.

2. Reconocer a las organizaciones que la reproducen en distintas versiones y diferentes idiomas para que la misma sea accesible a hombres y mujeres de los distintos estratos de nuestra sociedad y puedan comprender que la Biblia ha influido y sigue influyendo en los diversos aspectos de la vida y la sociedad. Y que no existe en el mundo, otro libro que haya cambiado tantas vidas y haya influido en la creación y el fortalecimiento de diferentes leyes y normativas en beneficio de la humanidad como La Biblia.

3. Recordar al mundo que existe este maravilloso libro, escrito por la mano del hombre, pero inspirado por el Espíritu de nuestro Dios. Así como el protagonismo que ha ejercido en el crecimiento de la fe cristiana.

La idea de conmemorar el día mundial de la Biblia surgió del obispo Tomás Cranmer, reformador inglés en el año 1549, habiéndose designado el segundo domingo de diciembre de cada año para su celebración, fecha que posteriormente fue cambiada, en América Latina, para el mes de septiembre, que coincide con la impresión de la primera Biblia de la versión de Casiodoro de Reina en 1569.

Para que la Biblia logre su finalidad deberá tenerse como la primera y la última palabra de fe en nuestras vidas, es el libro que nos habla de las relaciones entre Dios y los seres humanos. Los artículos de la Biblia no son producto de la mente de los redactores, aunque se escriben conforme al estilo de cada uno.

Son enunciados hechos por hombres iluminados por el Espíritu de Dios. A ello se le conoce como “inspiración” que es la influencia del Espíritu Santo sobre personajes escogidos para revelar parte de la información divina.

El vocablo inspiración proviene del griego theopneustos, “Theos” (Dios) y Pnein (respirar) palabra griega compuesta que significa “respirada de Dios”, “soplada de Dios” o “aliento de Dios”, que es el influjo sobrenatural ejercido por la inerrable guía del Espíritu Santo en la mente de los escritores sagrados.

Es la misma palabra NISHMAT que se usa en hebreo cuando Dios “sopla en la nariz del hombre (Adán) aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente” (Génesis 2:7).

Técnicamente, la palabra “inspiración” no aparece en la Sagrada Escritura. El término que es traducido “inspiración” theopneustos, no es la mejor traducción del mismo. “Insuflada por Dios” es la traducción literal, pero así solamente aparece en 2 Timoteo 3:16 y 17 que dice: “Toda la escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia; a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra.”

La Biblia (Antiguo y Nuevo Testamento) se comenzó a escribir 1.400 años antes de Cristo, aproximadamente, en tiempos de Moisés, y se terminó de escribir poco antes de morir el último Apóstol, Juan, unos 100 años después de Cristo. Los estilos de los mensajes inspirados de la Biblia que han llegado a nosotros, tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento, fueron escritos por más de 40 hombres iluminados por el Espíritu Santo, entre sabios, historiadores, profetas, apóstoles y discípulos; la gran mayoría fueron hebreos y algunos son desconocidos

Escrita en distintos lugares, en diferentes tiempos y en un período aproximado de 1.500 a 1.600 años, y no se contradice en nada, lo que indica que Dios dirigía y controlaba sus revelaciones. Eran hombres de todas clases sociales, desde campesinos hasta reyes, y a pesar de ello, no hay errores ni objeciones. Es una perfección de unidad de pensamiento, historia, profecía y verdad espiritual. Lo cual prueba que detrás de los autores humanos había un Autor Divino. ¡La Biblia es la Palabra de Dios!

Si creyésemos que la Biblia es un producto literario humano, sujeto a errores, no tendría teológicamente ningún valor ni credibilidad. “Nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo.” 2 Pedro 1:21

Es muy interesante saber que La Palabra “inspirada” aparece una sola vez en el Nuevo Testamento, más aún, no se la utiliza para nada en el griego corriente. Es increíble, pero cierto. Esta palabra, la palabra “inspiración” la diseñó Dios con el propósito de informarnos con precisión sobre cómo Él transmitió Su mensaje al lenguaje de los hombres. La Biblia es el único libro que es el Producto del aliento de Dios.

Fue Moisés uno de los que recibió La Palabra de Dios a través de los 10 Mandamientos. Cuando Dios preparaba a su pueblo para la conquista de la tierra prometida, le hizo conocer lo siguiente: “Tienes que saber que no sólo de pan vivirá el hombre, mas de todo lo que sale de la boca de Dios vivirá el hombre” (Deuteronomio 8:3).

Fueron esas mismas palabras las que repitió Jesús el día de la tentación (Mateo 4:4). El aliento, la inspiración, el soplo de Dios, están en toda porción de la Biblia, al igual que el aliento y la mente del hombre está en sus palabras haciéndolas vehículo de sus pensamientos. Las ideologías de los Escritos Sagrados están ligados en palabras y pensamientos como el alma al cuerpo”.

No existe otro libro con estas características. La Biblia produce sobre el hombre tal efecto que es imposible descubrir tanta bendición, son millones de casos. Cada uno de nosotros hemos sido bendecidos, exhortados, reprendidos y encaminados por Dios. Es la indicación por el camino que debemos ir. La Biblia es el diario aliento de Dios, es el oxígeno divino que hace que nos alimentemos y vivamos, espiritualmente hablando; y bajo ninguna circunstancia es de “interpretación privada”, como nos dice 2 Pedro 1: 20.

Con los manuscritos hallados en Qumrán se cubre el período ínter testamentario (entre los siglos II a.C. y I d.C.). Son, por eso, anteriores en más de mil años a los manuscritos que ya conocíamos, salvo el pequeño papiro de Nash (siglo I o II a.C.), que contiene una parte del Decálogo y el comienzo de la perícopa de Shemá -oración que los judíos debían recitar todos los días, descubierto en Egipto en 1902.

Se conocen más de 5.000 manuscritos griegos del Nuevo Testamento. Los papiros, por su antigüedad, son muy importantes en la historia de la transmisión del texto. El fragmento conocido más antiguo del Nuevo Testamento fue hallado en Egipto y contiene unos versículos del Evangelio de Juan (Juan, 18:31-33a.37b-38); datado en el primer cuarto del siglo II, es el papiro Ryland, descubierto por Roberts en 1920 y publicado en 1935. Fue en su momento un hallazgo importante porque vino a confirmar la antigüedad del Cuarto Evangelio.

Primera versión de la Biblia
La principal versión de la Biblia (AT) por su antigüedad y autoridad (Hace 2.110 años.) es la versión griega de los “Setenta” o “Alejandrina”. Se inicia en el siglo III a.C. (250 a.C.) y se termina al final del siglo II a.C. (105 a.C.) El nombre de “Setenta” se debe al número de traductores que intervinieron en ella y “Alejandrina” por haber sido hecha en Alejandría y ser usada por los judíos de lengua griega en vez del texto hebreo. Esta traducción se hizo para la lectura en las Sinagogas de la “diáspora”, comunidades judías fuera de Palestina, y quizá también para dar a conocer la Biblia a los paganos.


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Fuente: http://labibliaweb.com/