Asmodeo


En la demonología hebrea, gran jerarca diabólico, ocasionalmente identificado con Belcebú, Príncipe del Infierno. Llamado "el destructor", es uno de los demonios de más rancio abolengo. Aparece ya en la Biblia como el tenaz enamorado de Sara, quien sería luego mujer de Tobías: hasta la llegada del piadoso varón, que lo derrota, consigue matar en el lecho nupcial a siete aspirantes a la virginidad de Sara.
En esta historia, Asmodeo se enamora de Sara, hija de Raquel, y cada vez que aquélla contrae matrimonio, mata al marido durante la noche de bodas. Así llega a matar a siete hombres, impidiendo que consumen el matrimonio. Más tarde, Sara se promete a un joven llamado Tobías, hijo de Tobit. Éste recibe la ayuda del arcángel Rafael, el cual le enseña cómo librarse del demonio. De este modo, Tobías coge un pez y le arranca el corazón, los riñones y el hígado, colocándolos sobre brasas. Asmodeo no puede soportar los vapores así desprendidos, y huye a Egipto, en donde Rafael le encadena.

En el Talmud, Asmodeo no parece ser una criatura tan maligna como en otros libros, sino que relata historias sobre su trato con el rey Salomón a quien -de mala gana- habría ayudado a construir el Templo de Jerusalén. En efecto estaba prohibido por las Escrituras construir un sagrado símbolo de la paz, tal el caso, usando instrumentos de hierro, el metal de la guerra por excelencia. Pero ¿cómo partir las piedras para construir sin usar herramientas? Salomón necesitaba el Shomir, que en algunas versiones de esta historia es una piedra capaz de partir rocas y metales, y en otras es un gusano. Benaia, el más valiente de los generales de Salomón, logra dominar a Asmodeo y traerlo a su presencia. Y a través de Asmodeo, el rey obtiene el Shomir. Pero Asmodeo, en venganza, toma la forma del rey Salomón y lo reemplaza durante cierto tiempo en el trono, mientras el verdadero rey vaga como un mendigo en tierras extranjeras.

En otra historia, Asmodeo es presentado como el rey de todos los demonios, similar al concepto cristiano de Satán, y como amante de Lilith después de que ésta abandonara a Adán.

Más cercanamente en la historia, es uno de los protagonistas del juicio de las posesas de Loudun. Alvaro Cunqueiro -siguiendo a Cabeil- asegura que en una de sus últimas apariciones fue amigo de Oscar Wilde, y que "su pasaporte inglés lo había conseguido gracias a la influencia de Florencia Nightingale, y a la amistad de ésta con la reina Victoria". El mismo Cunqueiro lo responsabiliza de la financiación de "la gran industria pornográfica europea" contemporánea. No parece difícil aceptar este último extremo, ya que los demonólogos lo dan como uno de los máximos corruptores, como el sembrador de la disipación y el error, y le atribuyen -en los infiernos- la superintendencia de las casas de juego.


Asmodeo, el Rey de los Demonios

Dibujo de mi autoría