¿Por qué no es progresista darle batalla al estado de inseguridad? Violencia descontrolada y el rol de los gobernantes.



En la República Argentina en general y en la Ciudad de Buenos Aires y conurbano bonaerense en particular, puede ser una expedición letal el simple hecho de abrir la puerta de tu casa para recibir un delivery de pizza.

Aquellos que salen a la calle armados para buscar esas vidas que convertirán en restos mortales sin el menor remordimiento o la menor duda son frecuentemente designados por las autoridades políticas como drogadictos o productos humanos de la presencia de la droga. Por este artilugio retórico se logra tornar al victimario en víctima digna de cuidados sanitarios en lugar de la sana práctica de guardar a la bestia en una celda de por vida ya que toda pena de muerte aplicada a asesinos salvajes es violatoria de los derechos humanos, sin importar cuántos derechos humanos arrasó en su atropello a la sociedad el despiadado malhechor.

Sabido es por todas las personas bien informadas que el estado de control y seguridad es vilipendiado por la corriente de pensamiento político y filosófico autodenominada “progresista”. Todos aquellos que adhieran al estado de control y seguridad serán rápidamente tildados de fachos, conservadores o de derecha por parte de los “progresistas”.

El estado de descontrol e inseguridad: ¿por quien se preocupa? ¿Cuál es el eje de sus desvelos? Se preocupa por el delincuente y sus derechos, por los drogadictos, por los que violan incesantemente las leyes de la convivencia social, por los “okupas”, los usurpadores. ¡Tanto se preocupa y desvela por ellos que cada día son más!

Según guarismos de la OMS del año 2000 en Occidente hay 437 millones de consumidores de sustancias, sin contabilizar el alcohol. Dicha cifra se reduce a un mínimo aproximado de 2 millones de adictos en todo el mundo. ¿Existen en el mundo 2 millones de asesinos? ¡Por cierto que no! Por ese motivo los países que han desarrollado políticas exitosas para el control de la drogadicción han implementado, a grandes rasgos, dos políticas esenciales:

1) Agravar las penas de quienes cometen delitos por motivos de uso de drogas y,

2) Proveer sustancias a aquellos que eligen depender de ellas para evitar, de esa manera, que ataquen a indefensos inocentes.

En el Estado de descontrol e inseguridad la preocupación y desvelo no caen sobre aquellos que trabajan, estudian, se responsabilizan por sus hijos, cumplen las leyes y pagan los impuestos. A ese Estado no le interesan vidas como la de Carolina Piparo.

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