Rock


término que agrupa de un modo general el conjunto de corrientes musicales que surgieron a mediados del siglo XX en Estados Unidos. Con los años ha perdido el marcado carácter anglosajón que tuvo en sus orígenes para transformarse en un lenguaje universal, sometido a continuo cambio.

Al surgir de un modo espectacular y desarrollarse en principio como un fenómeno de masas que trastornó la vida y los ideales de América, no puede considerarse como un movimiento musical en sentido estricto. Sus raíces son tan plurales que sintetizan las principales ramas de la llamada música popular estadounidense, sobre todo el blues, el rhythm and blues, el gospel y el country and western.

No obstante los evidentes vínculos que posee con las más profundas esencias de la música de la comunidad afroamericana, el rock es en realidad el resultado, tras una larga síntesis que se inicia con el siglo, de la adaptación de estas fuentes a una concepción y una estética “blanca”, lo que generó las primeras actitudes públicas de rechazo, algunas de ellas muy conflictivas. Si el compositor y bluesman negro Muddy Waters lo consideraba como 'un hijo del rhythm and blues al que llamaron rock', numerosas organizaciones racistas estadounidenses afirmaban con desprecio y energía, según sus panfletos y los abundantes testimonios de sus líderes de entonces, que representaba la música que 'rebajaba al hombre blanco a la categoría del negro'. La variante, en cualquier caso, de acuerdo con estas interpretaciones, radicaría en el hecho de que la base del rock, el viejo blues, estaba revisada, para mayor gloria de la raza blanca, a través de inyecciones de ritmo tan pronto dulce, como de andanadas de sonido estridente, rápido y energético.

Esta vía de ”desencuentro”, conforme con sus raíces negras, la seguirían cantantes como Bessie Smith (la Emperatriz del Blues), Billie Holiday, Little Richard y, ya en la esfera de la música de finales de la década de 1960 cantada por mujeres blancas, Janis Joplin. Para entonces, por los espasmódicos bailes que suscitaba en grandes masas de jóvenes y sus ritmos trepidantes, el rock se había transformado en algo más que música, era rock and roll, energía en estado puro.

Elvis, el elegido


La fortuna esperaba a Elvis Presley, nacido en Tupelo, Mississippi, en enero de 1935. Pertenecía a una familia humilde del sur de Estados Unidos (white trash, 'basura blanca' para los herederos de los ideales esclavistas de la Confederación Sudista) que se estableció en Memphis en 1948, pero en 1954 ya cantaba y grababa temas de Arthur Crudup y Bill Monroe, oscilando entre el blues, el gospel y el country rural.

Por aquella época, el propósito de algunas compañías discográficas, ante la decadencia del country (el año nuevo de 1953 fallecía Hank Williams), consistía en descubrir a cantantes que expresaran 'sentimientos blancos' con fuerza, voces y corazones negros, y Elvis resultó el artista elegido en una época en que ya gozaban de relativo crédito solistas como Jerry Lee Lewis, Carl Perkins, Johnny Cash, Roy Orbison y Chuck Berry. Salvo Berry, apoyado por Muddy Waters y una discográfica independiente de Chicago, los demás coincidirían en sus primeros trabajos al grabar en 1955 con el sello Sun Records, y de ahí nació la primera leyenda de los cinco pioneros o, en cualquier caso —en palabras de Jesús Ordovás—, de 'los cinco grandes creadores del rock and roll'. Pero Elvis, gracias a su participación en diversos espectáculos masivos de la ciudad de Nashville-Davidson a principios de 1956, de clara significación country, pudo renunciar a su condición de héroe local que goza del interés de una audiencia reducida pero fiel, y con habilidad, apoyándose en su tema “Heartbreak Hotel”, atípico en el contexto donde lo presenta, deslumbra, hipnotiza a masas de quinceañeras y se alza con un triunfo que le catapulta en cuestión de pocos días al primer puesto de la lista de éxitos de Estados Unidos.

Con “Heartbreak Hotel” estalla el fenómeno de los teenagers (seguidores jóvenes de edades comprendidas entre los 13 y los 19 años, cifras que en inglés concluyen en teen), que dará el espaldarazo al joven y tímido cantante procedente de los más bajos estratos sociales, reconvertido en escasas semanas en ídolo de multitudes de jóvenes que ven personificado en él, hábil vocalista, diletante, bromista de gesticulación agresiva y dado a las audacias sensuales en directo, al rebelde blanco que alcanza el irrenunciable sueño americano: triunfar. En 1955 había fallecido en accidente automovilístico James Dean, encarnación mítica y cinematográfica de la juventud rebelde y sin causa. Elvis Presley tenía una causa, el rock, y transmitía inconformismo, ansia de rebelión y juventud.

Entre 1955 y 1958 el ascenso de Elvis es imparable: es un mito, un ídolo que rinde buenos réditos; cualquiera de sus canciones, que no se atienen a un estilo único o definido, logra ventas millonarias y gana la devoción de millones de personas, dentro y fuera de su país. Las canciones, la histeria colectiva de sus seguidores en los conciertos y, en consecuencia, la comercialidad, le abren las puertas del cine. Películas como El barrio contra mí (1958, de Michael Curtiz) o La estrella de fuego (1960, de Don Siegel) se convierten en un medio privilegiado para gozar del magnetismo espasmódico del que ya empieza a ser llamado el ‘Rey del Rock’, en perjuicio no sólo de Chuck Berry, Bill Haley, Jerry Lee Lewis, Roy Orbison, Cash y Perkins, sino de talentos que se incorporan a los insólitos ritmos frenéticos y juveniles de estos años, como Buddy Holly, Gene Vincent, Eddie Cochran, Ritchie Valens, Johnny Burnette, entre muchos otros. Elvis no es sólo una voz ni una capacidad para enloquecer al público mediante sus atrevidos movimientos (se prohibió emitirlos por televisión) y temas tan dulces o sinuosos como “Love me Tender”, “Teddy Bear”, “Hound Dog”, “Jailhouse Rock” y “King Creole”: es una imagen, el remozado símbolo de la juventud, el carisma de la “Gran América”, pero no por ello puede dejar de cumplir con la patria como soldado.

Es en 1958 cuando Elvis se incorpora al ejército, para volver a su país dos años después y codearse con mitos de otras generaciones e integrarse en la sociedad de las grandes estrellas: Frank Sinatra, Ann Margret, James Brown, Ed Sullivan y multitud de personalidades estadounidenses le trataban como a un igual. A partir de entonces se plegará, coincidiendo con un reblandecimiento de las líneas maestras del rock, en una dinámica por la que habrá de rodar tres películas al año y grabar algunos discos en tanto espacia cada vez más sus actuaciones en público. Instalado en su mansión de Memphis, Graceland, dará sus conciertos en Las Vegas.

Habrán de transcurrir 10 años para que se produzca su reaparición pública, con la grabación de “In the Ghetto”, que le vuelve a situar en el primer puesto de las listas de éxitos. Paralelamente, en el panorama del rock se han sucedido fenómenos trascendentales hacia los que el Rey se muestra ajeno, por la comodidad de su situación de héroe popular indiscutido, crooner (cantante melódico-romántico) ocasional y nostálgico de las melodías religiosas de su infancia: la eclosión de la música de la década de 1960. La aparición de Bob Dylan, The Beatles, Van Morrison, The Who, The Band, The Rolling Stones, The Kinks, Yardbirds, por ejemplo, no reflejarán su influencia más allá de un reconocimiento de carácter generacional, pues según repetida expresión de la época, 'todos habían crecido con Elvis'. Tras brindar su apoyo a la dura política internacional de Richard Nixon, presidente de Estados Unidos, y prestarse a colaborar como agente federal en la lucha contra el tráfico de drogas en su país —pidió armas y placa al presidente en persona, tras ser desestimada su propuesta por el FBI— la decadencia de Elvis Presley fue imparable. Consumido por su adicción a los fármacos y al alcohol, vencido por el insomnio y las depresiones, sucumbió en la madrugada del 16 al 17 de agosto de 1977 en su finca de Graceland.

The Beatles


Desde principios de la década de 1960 el factor más destacado en el panorama del rock estriba en lo que ha venido en denominarse la “respuesta británica”, expresión que engloba las numerosas formas en que los músicos ingleses asumieron las rutilantes novedades procedentes de Estados Unidos.

La aparición de The Beatles en 1962, tras diversas intentonas previas para formar una banda estable, estimuladas por el inquieto John Winston Lennon (tuvo nombres como The Quarrymen o Johnny and the Moondogs, 1956-1959, Long John and the Silver Beatles, 1960, Beat Brothers o The Cavern, 1961, y The Silver Beatles, 1962) a quien secundaban de una forma regular Paul McCartney y George Harrison y con menor frecuencia el bajista Stu Sutcliffe y el batería Pete Best, supuso el germen de la “revolución británica del rock”. Estos jóvenes de Liverpool realizaron diversas giras por Escocia y Alemania, y grabaciones como grupo de apoyo de figuras de segunda categoría, hasta hallar en Brian Epstein al productor idóneo e idílico que llevará su carrera al estrellato.

A partir de ese momento, guiados por Epstein, con un nuevo y potente batería llamado Ringo Starr, graban en los dos años siguientes más de 60 temas. El punto de partida es “Love me Do”, del que se venden más de 10.000 copias. El paso siguiente será el cine, de la mano del realizador Richard Lester (¡Qué noche la de aquel día!, 1964 y ¡Socorro!, 1965), en un tono muy distinto al que caracterizó la variable y populista carrera de Elvis en este campo. Es a través de las películas y de la denominada beatlemanía que recorre el mundo, que la suma de individualidades que cristaliza en la banda se diversifica: Lennon actúa como líder conciso pero agresivo tras su aspecto tímido e intelectual; Harrison es el inquieto del conjunto, interesado por el country y el orientalismo; Ringo Starr es el desenfadado, un juerguista que descarga su fuerza en el escenario; Paul McCartney, atraído por el mercado discográfico —o quizá fascinado— no oculta su interés por componer temas estándar, en consonancia con las demandas del público adolescente, visibles en las listas comerciales. Son cuatro mundos muy distintos que acabarán por tomar rumbos divergentes.

En 1964 Allen Ginsberg el poeta de la generación Beat declarará que 'la conciencia universal de la humanidad se encuentra ahora en Liverpool'. El éxito de los cuatro jóvenes británicos trajeados de negro y con característico flequillo (nombrados en 1965 caballeros de la Orden del Imperio Británico) es absoluto y desborda a los componentes de la banda. En 1966, una vez que el grupo ha triunfado en Estados Unidos, actúan juntos por última vez en San Francisco y se despiden de los escenarios. Tras una época de intensa dedicación a doctrinas orientales y sus primeras experiencias con LSD (realizan en Revolver, 1966, una versión musical del Libro de los muertos —“Tomorrow Never Knows”— y publican su celebérrimo “Yellow Submarine”) en 1967 graban Sgt. Pepper's Lonely Hearts Club Band, donde emplean música electrónica y cantan letras emblemáticas, como “Lucy in the Sky with Diamonds”, la más famosa de sus composiciones psicodélicas. Ese mismo año, la muerte de Epstein coincide con el estallido de las diferencias intestinas de la banda, que emprende al cabo de un año la aventura de la productora Apple, concebida para apoyar en diferentes campos artísticos (cine, moda, música) la revolución pop de la que The Beatles se sentían portadores privilegiados. Apple fue cerrada en 1969, anticipando dos años la ruptura definitiva de los componentes de la banda, cuyos integrantes emprendieron a partir de 1971 caminos en solitario, con distinta fortuna.

The rolling stone


El ansia por imprimir un cambio radical a las formas de vida, a través del rock and roll, quedó de manifiesto con la aparición en escena de The Rolling Stones, nombre tomado de un tema de Muddy Waters. Se presentaron en público el 12 de julio de 1962 en el famoso local Marquee de Londres, cuando todavía sus componentes eran una formación insegura. Representaban, entre los reducidos círculos en que se desenvolvían en sus principios, la esperanza británica del rhythm and blues anglosajón y blanco, y en poco tiempo lograron celebridad como réplica a la beatlemanía.

No obstante, sería absurdo aceptar esta visión de la historia del rock, pues según acreditados testimonios (entre ellos los de un ayudante del mánager de The Beatles), los líderes de la banda, Keith Richards y Mick Jagger, solicitaron en 1963, por la vía de la amistad, una composición a sus directos rivales: el esbozo compuesto en un rato por McCartney y John Lennon se convertiría, según los mismos testimonios, en el tema “I Wanna be Your Man”, que algunos consideran el primer éxito de los Stones.

Los medios de comunicación británicos, sin embargo, insistirían en esta confrontación, que al parecer se agudizaría a finales de la década de 1960: todos los temas del álbum Aftermath (1966) pertenecían a los miembros de la banda —a la sazón Richards, Jagger, Brian Jones, William Wyman y Charles Robert Watts—, marcando un momento de asombrosa madurez y personalidad propia. A partir del año siguiente se inicia la leyenda negra de los Stones, con las detenciones de Jones, Jagger y Richards acusados de posesión de estupefacientes. Un año después de editar Beggar's Banquet, Jones abandona la banda: es junio de 1969 y al cabo de un mes se hallaría su cadáver en la piscina de su residencia privada. En ese mismo año se producen otros incidentes durante la gira que la banda emprende por Estados Unidos, destacando la tragedia de Altamont (California) cuando mientras Jagger canta su polémico tema “Sympathy for the Devil”, un miembro del servicio de seguridad del concierto, perteneciente a la banda de motoristas Ángeles del Infierno, apuñala a un espectador exaltado, que moriría a causa de las heridas.

El alejamiento de los Stones respecto al público se prolongaría durante años, aun cuando no dejaran de editar discos: el que daría fama mundial al diseño del emblema de la banda, realizado por Andy Warhol a costa de los abultados labios de Jagger, Sticky Fingers (1971). Otros álbumes fundamentales en la extensa discografía de la banda, que ronda el medio centenar, serían: Exile on Main Street (1972), Some Girls (1978) o Voodoo Lounge (1994).

La decada de 1960


Entre el 17 de agosto de 1960, día en que The Beatles actuaron por primera vez con ese nombre en el Indra Club de Hamburgo (Alemania), y el 15 de agosto de 1969, cuando se inició en Bethel, estado de Nueva York, el festival de Woodstock, median apenas nueve años. La gran diferencia es que en el Indra apenas había medio centenar de asistentes y a Woodstock acudieron 400.000 personas a ver a Jimi Hendrix, The Band, Creedence Clearwater Revival o Janis Joplin. El rock había empezado la década como una curiosidad y la terminó como el movimiento más importante del momento. Un aglutinante de la juventud, que lo mismo servía para hacer más llevadera la vida de los soldados en la guerra de Vietnam que para protestar contra esa guerra.

Es el momento de la apertura del rock a multitud de corrientes. El rock se vincula con ámbitos geográficos que imprimen un estilo a sus músicos. En Gran Bretaña era Londres el centro de creación y en él crecieron grupos como The Who, The Kinks o Small Faces, que pretendían cambiar el gris país que habían heredado de sus mayores. En Nueva York, alrededor de la Factory, el estudio del artista pop Andy Warhol, se formó The Velvet Underground, el grupo de Lou Reed y John Cale, que imprimió el término underground para referirse a un rock alejado de los circuitos comerciales. En Greenwich Village, también en la Gran Manzana, dieron Bob Dylan y Joan Baez sus primeros pasos como cantautores folk. En Detroit un avispado empresario, Berry Gordy hijo, creó la Motown Record Company, un sello de música negra para el que grabaron The Supremes, con Diana Ross, Stevie Wonder o Marvin Gaye.

Pero el movimiento más vinculado social y musicalmente a los sesenta fue la psicodelia, el rock ácido de California. Creado bajo el influjo del LSD, una droga sintética con propiedades alucinógenas, que dio lugar al movimiento hippie, heredero de los beatniks de la década de 1950 (véase Generación Beat). Los hippies, divididos en infinidad de grupúsculos, undergrounds o alternativos, les unía su desprecio a lo establecido y la búsqueda de un nuevo estilo de vida. Su meca era el área de Los Ángeles y la bahía de San Francisco. Jefferson Airplane, Grateful Dead, Frank Zappa o The Doors fueron algunos de sus máximos exponentes y su obra maestra es Pet Sounds un disco de 1966 firmado por The Beach Boys, un grupo que se había hecho famoso gracias a melodías que glosaban la vida de los surferos en las soleadas playas californianas. Pet Sounds es una mayúscula obra musical concebida por Brian Wilson, líder del grupo, un genio de conflictiva personalidad y tendencia al aislamiento, sin la que el desarrollo posterior del pop nunca hubiera sido el mismo.

La decada de 1970


En la década de 1970, el rock ya era una industria y un negocio. Y los músicos querían ser lo que se denominó rock stars. Las estrellas del rock vivían en un mundo aparte, una especie de versión juvenil de Hollywood bajo la máxima ‘sexo, drogas y rock’n´roll’. El modelo era The Rolling Stones, que convirtieron en mito su azaroso y escandaloso estilo de vida. La heroína se convirtió en la droga del rock. Así, el rock ácido mutó en rock duro, gracias a Led Zeppelin, y a rock progresivo o sinfónico, con proyectos mastodónticos como Pink Floyd o Emerson Lake and Palmer. Pero el rock se separó de la juventud. Las canciones de tres minutos, sencillas y de mensajes directos, se fueron alargando gracias al virtuosismo de sus músicos que buscaban estructuras cada vez más complejas. El rock de estadio se convertía en una música para ‘mayores’ y los adolescentes buscaban sonidos más divertidos. Por ejemplo el glam rock, un movimiento en el que sus músicos buscaban una imagen ambigua y provocadora gracias a escandalosos vestidos de lentejuelas y maquillajes desmedidos y canciones de rock, convencional en ocasiones, Alice Cooper o Gary Glitter, o sonidos más arriesgados como los de T-Rex, Roxy Music y sobre todo David Bowie. La respuesta de la industria fue Kiss. Un cuarteto que fue definido como muñecas salidas del infierno que en 1977 eran la banda más popular del mundo. Kiss, que combinaban el rock duro con el glam, fueron los introductores en el rock del concepto mercadotecnia y se publicaron cómics con ellos como protagonistas, se rodaron películas, se vendieron pegatinas, chapas y muñecos.

En 1977 Malcom McLaren, había sido manager de New York Dolls, un grupo mítico del glam estadounidense, había visto el nacimiento del punk neoyorquino. Alrededor del club CBGB una serie de grupos, The Ramones, Televisión o Patti Smith, creaban un rock rápido y acelerado, con letras provocadoras, escasos conocimientos técnicos y la máxima do it yourself (“hazlo tu mismo”) como marca de fábrica. McLaren traslada esto a Gran Bretaña creando a The Sex Pistols. El éxito es inmediato y masivo. El punk se hizo popular entre los jóvenes gracias a sus ansias de destronar a lo que ellos llamaban ‘dinosaurios’, las viejas rock stars, las calles se llenaron de una estética agresiva, crestas mohicanas e imperdibles. Grupos como Dammed, Buzzcocks o The Clash abrieron una brecha generacional que rompió con el star system y que significó un revulsivo para una industria aburguesada y aburrida.

La decada de 1980


La década de 1980 quedará vinculada a la historia del rock por dos sucesos ajenos a la música. El primero, el asesinato de John Lennon, a manos de un fan desequilibrado, el 8 de diciembre de 1980. Pero sobre todo por el nacimiento, el 1 de agosto de 1981, de la cadena MTV (Music Television), el primer canal musical de televisión con una programación de 24 horas. La emisora, basada en la emisión de videoclips, necesita 200 mensuales para renovar la programación y eso dará alas a la creación de estos spots de tres minutos que sustituirán al single radiofónico.

Musicalmente el videoclip significó el predominio de lo visual sobre lo musical. Sólo así se explica que los grupos de éxito de la primera mitad de la década (Duran Duran, Spandau Ballet, Adam & the Ants) fueran bandas más pendientes de su aspecto que de las canciones. Los artistas creativos surgen de las cenizas del punk. De ese río revuelto muchos músicos recuperan la energía y le dan forma según sus influencias. Elvis Costello, Blondie o The Jam se basan en los grandes grupos de la década de 1970, como Kinks, The Who o The Beatles. Joy Division, Bauhaus, Siouxie and the Banshees o The Cure combinan la épica de The Doors, la ambigüedad de David Bowie, la literatura romántica del siglo XIX y la estética de las películas de terror de la década de 1930. OMD, Human League o Devo parten del pop hecho con sintetizadores durante la década anterior por los alemanes Kraftwerk dando lugar al denominado tecno. Pero hay más: Stray Cats reivindica el rockabilly de Gene Vincent. The Police, UB40, Madness o Specials dan nueva forma al reggae y el ska jamicano. Sin embargo, los grupos que marcarán la década serán U2, R.E.M. y The Smiths.

U2 nace en Dublín a finales de la década de 1970. Sus temas son casi himnos y con The Joshua Tree (1987) se convierten en la banda de rock más importante del mundo. The Smiths, formados en Manchester a instancias del guitarrista Johnny Marr y el cantante y letrista Morrisey, son el contrapunto a U2. Practican un sonido mucho más íntimo, melancólico y poético y pesimista. The Queen is Dead (1986), resume perfectamente su sonido y filosofía. R.E.M. cuatro universitarios de Athens, Georgia, se encuentran a medio camino de ambos. Por un lado la voz de Michael Stipe, tiene toda la fuerza épica de la de Bono de U2 y ese poso profundamente melancólico de Morrisey. Por otro lado, Peter Buck, su guitarrista, recoge la tradición de las guitarras rickenbacker de 12 cuerdas que popularizara Roger Mcguinn. Document (1985) significó su paso de banda minoritaria a grupo de masas.

El final de la década es semejante a la situación anterior al movimiento punk. Bandas estancadas, falta de creatividad y las listas copadas por dinosaurios y grupos prefabricados. Sin embargo, en las discotecas de Estados Unidos se estaba gestando la música electrónica de baile. A mediados de la década de 1980, el disc-jockey Franckie Knuckles del club Warehouse sienta las bases del house, que desembarcaría en Gran Bretaña, vía Ibiza, dando lugar al acid house. Son los clubes los nuevos centros de agitación de una escena que reventaría en la década de 1990.

La decada de 1990


Paradójicamente, la persona que mejor representa al rock en la década en la que se crea Internet es un músico que no pudo soportar la fama, Kurt Cobain, que se suicidó en 1994, a los 27 años, fundador de Nirvana, los máximos exponentes del grunge y autores de Nevermind (1991), el primer disco rock con un sonido que se puede calificar de ‘noventas’. El grunge fue un efímero movimiento rockero salido de Seattle, heredero del rock de la década de 1970 y el punk, y al que se sumó el espíritu de la llamada generación X. Los hijos del baby boom de la segunda mitad de la década de 1960, que frisando los 25 años encuentran muy difícil su integración en el mundo laboral creado por sus padres. Son los años de la implantación de disco compacto y de la cultura de clubes.

El disco compacto es el formato que sustituye al vinilo, el soporte en el que siempre se había grabado la música. Su importancia va mucho más allá del de un simple cambio técnico. Aunque fue creado en la década de 1980 por la compañía japonesa Sony y la holandesa Philips, es más tarde cuando se implanta dentro de los hogares. El CD un disco de 12 centímetros que se lee por medio de un láser, lo que evita el rozamiento de la aguja sobre el soporte y el desgaste de la copia que esto origina. El vinilo tenía capacidad para un máximo de 45 minutos de música, dividido en dos caras. En el compacto caben 74 minutos de música sin interrupciones. Consecuentemente, los discos se alargan y necesariamente pierden calidad.

Por otro lado, la cultura de clubes fue para muchos la proclamación del fin del rock. Los jóvenes acudían a raves, fiestas ilegales al aire libre o en almacenes abandonados, en las que la música era pinchada por Djs, los nuevos dioses, y en las que los beats, ritmos sintéticos, eran la base para provocar el baile. El tecno se convierte en el nuevo rey, y sus múltiples subdivisiones (breakbeat, jungle, ambient y electro, entre otras), en los estilos de moda durante meses en los que todo parece pasar con extrema rapidez. Aunque la cultura de clubes sigue en marcha, y en buen estado, en los últimos tiempos se detecta una tendencia por parte de sus grupos estrella, Basement Jaxx, Tricky o Daft Punk, hacia el pop. Cada vez ganan más aceptación las voces. Aunque el rock es un fenómeno en continuo cambio y nunca se puede saber que pasará el mes siguiente. Esa es su grandeza.

El rock en español


A raíz del impacto provocado por los éxitos internacionales de The Beatles sobre todo, surgieron en numerosos países de Europa una gran cantidad de grupos atraídos por los ritmos de los nuevos tiempos. Existe coincidencia general en que en España, y a causa de la beatlemanía, el rock comenzó a consolidarse entre 1964 y 1966, años en que ya se encontraban en activo numerosas bandas que habían conseguido cierto prestigio y difusión: Los Brincos, Bruno Lomas y Los Rockeros, Los Pekenikes, Lone Star, Micky y Los Tonys, Los Mustang, Los Sírex, Pop Tops, Los Bravos, Los Canarios, Los Cheyennes, fueron algunas de las más conocidas que lograron además cierto eco en otros países, así como Miguel Ríos y Teddy Bautista al emprender sus carreras en solitario.

Con el final de la década, sin embargo, se abrió un largo paréntesis que se prolongaría de hecho hasta principios de la década de 1980, en que tras un periodo con marcado sabor urbano y reivindicativo —con bandas como Burning, Leño, Topo, Coz, Barón Rojo, Ñu o solistas como Ramoncín—, los jóvenes músicos se entregaron a las novedades que procedían del Reino Unido, en especial por el punk rock y la más reciente new wave (nueva ola). El fenómeno fue llamado “movida” y alcanzó cierta popularidad en ciudades como Madrid, Barcelona, Vigo, Valencia y Bilbao, e hizo convivir tendencias de rock oscuro y underground con sonidos más desenfadados, aunque sin la ingenuidad de los rockeros nacionales primigenios.

El número de formaciones se contaba por centenares (se censaron más de 200 grupos entre Madrid y Barcelona entre 1977 y 1980): Kaka de Luxe, Radio Futura, Derribos Arias, Siniestro Total, Tequila, Pegamoides, Nacha Pop, Zombies, Golpes Bajos, Os Resentidos, Modas Clandestinas, Gabinete Caligari, Parálisis Permanente, Aviador Dro, Loquillo y los Trogloditas, PVP, La Mode, Las Chinas, Charol, Objetivo Birmania, Los Nikis, Larsen y Mermelada fueron tan sólo algunos de ellos, que sufrieron con el paso del tiempo sucesivas transformaciones (Pegamoides, por ejemplo, se convirtió en Alaska y Dinarama y dio origen asimismo a otros grupos como Parálisis Permanente, Seres Vacíos y Fangoria ya en la década de 1990).

Resultó importante, sin embargo, el renacer de diversas corrientes de rock duro a mediados de la década de 1980, a la que se adscribieron numerosas bandas de música urbana, y la acogida de otras influencias, como el ska, el reggae, y las tendencias afterpunk en general. Entre los primeros exponentes del heavy metal hispano figuraron Obús, Los Ángeles del Infierno, Banzai, Tarzen, Santa, Sangre Azul, Manzano, Leize, Niágara o Barricada. En el segundo grupo coincidirían los primeros exponentes del denominado “rock radical vasco” y otros grupos afines (Kortatu, Hertzainak, Eskorbuto, Rufus, Lavabos Iturriaga, Cicatriz, BAP, Delirium, Polla Records, Negu Gorriak), los defensores de ritmos rastafaris (Potato, Baldin Bada, Korroskada) y otros, más afines a la sonoridad hardcore, como Ama Say o Su Ta Gar.

A finales de la década de 1990, la abundancia de formaciones y estilos se compagina con un gran número de solistas punteros que han de vérselas con la importante presencia que tienen en el mercado discográfico los representantes del revivalismo. De esta forma no resulta pintoresco que un histórico del rock español como Miguel Ríos se presente en una misma actuación junto a una joven consagrada como Luz Casal y alterne sus giras con cantantes melódicos como Ana Belén, Víctor Manuel y cantautores del estilo de Joan Manuel Serrat o Joaquín Sabina. Bandas como Héroes del Silencio, Mecano, Los Rodríguez, El Último de la Fila, Presuntos Implicados, Celtas Cortos, representan otras tendencias del rock y el pop en español, en una línea que ha hallado gran eco en Europa y Latinoamérica.

El rock latino


El rock latino no es más —ni tampoco menos— que la irrupción de los sonidos latinoamericanos y el idioma español en el rock. Porque en su génesis, el rock and roll fue un ritmo anglosajón, mezcla de los tres grandes estilos populares estadounidenses, el country, el blues y el jazz. Pero el rock es una música permeable y el primer éxito de rock and roll cantado íntegramente en castellano llegó en 1959. Fue “La Bamba”, la adaptación de una canción tradicional mexicana realizada por Ritchie Valens, el alías con el que el californiano Ricardo Valenzuela ocultaba su origen mexicano. La repentina muerte de Valens en un accidente de aviación, truncó la esperanza de ver hacia donde podía evolucionar esta tendencia.

Las bases del rock latino se sentaron definitivamente en 1970. Fue gracias a Abraxas, el segundo disco de Santana. El guitarrista Carlos Santana, líder del grupo, había nacido en México pero emigró a San Francisco muy joven. Su sonido fusionaba Tito Puente con la psicodelia y el rock. Santana creó escuela, lo que se podría llamar el rock latino adulto, que todavía pervive en grupos como los mexicanos Maná. Este estilo fue estigmatizado por el punk y el rock latino entró otra vez en un callejón sin salida.

La renovación llegó de Europa. A finales de la década de 1970, los hispano-argentinos Tequila, demostraron desde España que el castellano era un idioma tan valido como el inglés para cantar rock a lo The Rolling Stones. Diez años más tarde, a mediados de la década siguiente, Manu Chao, un francés hijo de exiliado español, sentó con Mano Negra las bases de lo que se llama ahora mestizaje. La fusión del rock latino, con lo árabe, el punk, el rap y el reggae. Letras combativas cantadas en argot callejero y espíritu festivo. Un estilo, una nueva forma de entender el rock, que fue acogida con particular entusiasmo por los artistas anglosajones que poco a poco se aproximaban a lo latino como forma de renovar el pop. David Byrne (líder de Talking Heads), Peter Gabriel o Paul Simon, abrazaron el mestizaje como la música del futuro y trazaron una senda que después ha sido retomada por los músicos electrónicos de baile.

Actualmente, el rock latino vive un periodo de ebullición. Por un lado se encuentran las estrellas internacionales como Manu Chao, Molotov e incluso Jennifer Lopez. Por otro, numerosas bandas latinoamericanas, desde Argentina a Estados Unidos, que se mueven en circuitos más o menos alternativos.




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