curiosidades de la segunda guerra mundial

Batallas y órdenes

El comienzo de la Segunda Guerra Mundial estaba fechado para el 26 de agosto de 1939. Por supuesto que Adolf Hitler, el mayor responsable, no sabía que iba a ser una guerra mundial, aunque tal vez lo intuía. De todas maneras, el verdadero comienzo de este evento tan destructivo estuvo rodeado de muchas extrañas situaciones que marcan varios inicios falsos del conflicto.

Hacia principios de 1939 Alemania había abandonado el tratado de no agresión con Polonia, y había comenzado una carrera diplomática para justificar lo injustificable. Hitler, finalmente había señalado como 26 de agosto el comienzo del ataque a Polonia. Hasta último momento había pedido demasiado a los diplomáticos británicos, sabiendo que estos y los polacos se negarían a sus reclamos.

Con las divisiones del ejército en marcha, Hitler recibió a las 6 de la tarde del 25 de agosto, dos noticias bastante nefastas. Primero fue una carta de Benito Mussolini, quien le advertía que Italia no podía entrar en guerra sino hasta 1942 (el mismo Hitler había marcado a sus oficiales superiores que la fecha de la guerra sería 1945, cuando su maquinaria bélica estuviera más madura, pero luego no cumplió su promesa; por su parte el Duce puso una excusa similar diciendo que su país no estaba listo todavía). La segunda noticia fue que Inglaterra y Polonia habían acordado firmar un acuerdo de asistencia mutua, lo que hacía imposible ya el deseo del Führer de que los ingleses no entraran en guerra con Alemania.

Con unas 60 divisiones avanzando hacia la frontera, Hitler dio la orden de detener todo, lo que fue cumplido con mucho esfuerzo por parte de sus oficiales, justo a tiempo. Sin embargo, al menos una unidad de comandos protagonizó un curioso evento. Enviados a tomar el paso de Jablunka, en un sitio muy escarpado de la frontera que albergaba una estación de radio y un destacamento polaco, aparentemente no recibieron la orden de radio.

La mañana del 26 de agosto, este destacamento de soldados a las órdenes del coronel Albrecht Herzner capturó la población y su estación de trenes. Como su misión era secreta y la orografía aparentemente era muy mala, el grupo había salido varios días antes, para coincidir su llegada con la planeada invasión. Las montañas pueden haber contribuido al hecho de que sus superiores no lograran contactarlos por radio. Lo cierto es que para el mediodía la esperada vanguardia alemana no había aparecido y los 2000 prisioneros polacos seguían insistiendo en que nada sabían de la guerra entre ambos países. Finalmente, al coronel le llegó la orden de retirarse discretamente. Curiosamente, este asalto no volvió a repetirse el 1º de septiembre, sino recién el 2, y posiblemente tuvo una preparación diferente para no alertar a los ya prevenidos polacos.

Esto no fue más que una muestra de lo que vendría, ya que las operaciones de comandos para justificar el inicio de la guerra estuvieron a la orden del día pocos días más tarde. Hitler intentó nuevamente lograr concesiones irrealizables por parte de los polacos, fechando en el 1º de septiembre la invasión definitiva.

El día anterior, numerosos grupos de comandos de las SS crearon gran confusión en la frontera. Un hecho en particular sobresale al mostrar la desesperación de Hitler en crear excusas para la imposible agresión polaca.

El primero tuvo lugar a las 20 horas del 31 de agosto en Gleiwitz, una población alemana de la frontera. Alfred Naujocks, un oficial de la SS, dirigió a un pequeño grupo de soldados (aparentemente, 8 o 10, varios de los cuales eran convictos) vestidos con uniformes polacos, a tomar la estación de radio de dicho lugar. Los asaltantes llegan al lugar y lo capturan, ejecutando en el momento a un supuesto soldado alemán (en realidad era un prisionero adormecido con drogas y vestido como soldado). Una vez dentro de la estación, un soldado lee al aire una declaración en polaco, diciendo que es momento de que Alemania y Polonia se enfrenten. Luego los soldados de las SS hacen algunos disparos (algunas fuentes dicen que ejecutando a los convictos, que ahora se hacen pasar por soldados alemanes) y se van con dirección a la frontera polaca. Los cuerpos quedan tendidos, listos para ser usados como evidencia por las autoridades. Todo el poblado ha sido testigo de la agresión, y la noticia se corre como reguero de pólvora.

A Naujocks la orden le ha llegado el 10 de agosto, pero no ha sido el único que ha ejecutado órdenes similares. Estos comandos, aunque aparentaban ser polacos regresando a su lado de la frontera, una vez fuera de vista torcían su recorrido y volvían a bases alemanas.

Al día siguiente, Hitler tenía excusas suficientes como para declamar que esa noche tropas regulares polacas habían atacado Alemania, estipulando que a partir de las 05.45 de la madrugada se había iniciado la confrontación entre ambos países. Este anuncio se hizo a las 10 de la mañana en el Reichstag.

Se tiene por horario oficial de la Segunda Guerra Mundial esa hora, que fue en la cual se comenzó el cañoneo de posiciones polacas. Curiosamente el encargado de esto fue un viejo acorazado escuela de la Gran Guerra, que estaba amarrado en Danzig, el Schleswig-Holstein. Su objetivo eran polvorines polacos en la cima de una colina, a solo 250 metros de sus bocas de fuego de 280 mm. En realidad, el acorazado aparentemente disparó a las 04.57 (hora local)

Sin embargo es un hecho poco conocido que, 21 minutos antes, una escuadrilla de aviones Stuka despegó de una base de Prusia Oriental. Su objetivo era un puente de hierro sobre el río Vístula, a solo 8 minutos de vuelo; allí debían evitar que los polacos, que habían montado un sistema de demolición, lo destruyeran, y para eso debían cortar el alambre que iniciaría las detonaciones. Aunque tuvieron éxito en esta misión que incluso se adelantó al horario oficial, de poco sirvió porque poco a las 6.30 los polacos pudieron dinamitar el puente.

El 4 de septiembre de 1939, una formación de Me-109 basados en el Mar Báltico interceptó a dos bombarderos ingleses Wellington. Dos pilotos derribaron uno cada uno, aproximadamente a mismo tiempo (18:15 horas). Al regresar a tierra, se le concedió el honor de entrar en la historia al sargento Alfred Held. El otro piloto, sargento Hans Troitzsch, fue relegado a ser el segundo. Held, sin embargo, moriría el 17 del mismo mes, víctima de un accidente, logrando entrar en la historia de la Luftwaffe con un sólo derribo.

Terminada la guerra, el superior de ambos en esa época, comandante Carl Schumacher, declaró que siempre había creído que era Troitzsch, y no Held, el que debería haber tenido los honores.

Confiado en poder conquistar Inglaterra como lo había hecho con gran parte de Europa, el gobierno alemán ordenó que la inteligencia comenzara a crear listas de detenidos luego de la invasión. Curiosamente, en estas listas aparece el nombre de Sigmund Freud, que residía en Londres (aunque murió en esas fechas), y el de Winston Churchill, que ya se preparaba con su gobierno para huir a Canadá y continuar desde allí la guerra, si el Eje lograba capturar las islas.

Durante el año de 1944 las tropas alemanas en Italia defendieron la denominada Línea Gustav con obras de ingeniería de enorme envergadura. Expertos en defensa en profundidad, construyeron túneles por debajo de las montañas, fuertes en cada loma, campos minados, alambradas y trampas antitanque. Los túneles eran verdaderas fortalezas en donde se acumulaban provisiones, medicamentos y municiones; estaban reforzados con vigas de acero y durmientes de vías de ferrocarril. A pesar de los enormes ataques de la artillería aliada, nunca pudieron ser destruidos. Según palabras del mismo general Clark, "más tarde supimos que durante uno de nuestros ataques de bombardeo y artillería más intensos (un ataque en el que arrojamos todo el peso que nuestras fuerzas pudieron reunir contra una zona objetivo relativamente pequeña) en un depósito subterráneo de la montaña un grupo de oficiales alemanes jugaba a las cartas. No se levantaron de la mesa durante todo el transcurso del ataque; nuestro mayor esfuerzo ni siquiera logró desbaratar ese partido de cartas."

Cinco horas después de que los japoneses lanzaran un ataque aéreo sorpresivo contra las bases estadounidenses apostadas en Hawaii, en 1941, un mensaje transmitido por canales comerciales fue recibido por los comandantes del ejército y la armada de los Estados Unidos destacados en esas islas. Lo envió el jefe del Estado Mayor, general George C. Marshall, desde Washington, dando una advertencia a las fuerzas de defensa de la isla para que se prepararan para un ataque posible.

La declaración de guerra del gobierno japonés había llegado a la embajada de EEUU con tiempo suficiente como para que el ataque sorpresa coincidiera con su anuncio, pero el personal diplomático tardó tanto en descifrar el mensaje en clave que la declaración llegó horas después del ataque. Sin embargo, el servicio secreto estadounidense había interceptado y descifrado rápidamente el mensaje, pero el anuncio llegó muy tarde para prevenir a la base.

El ataque, perfectamente planeado, fue ejecutado por numerosos aviones japoneses. El radar de la base los detectó, y el personal encargado hizo todo lo posible al insistir en que había contactos. Sin embargo, como era domingo muchos oficiales no estaban o en su defecto, creyeron que se trataba de una escuadrilla propia de bombarderos B-17 que volvía de una misión. A causa de esto, la sorpresa fue total y permitió la destrucción de casi toda la flota estadounidense en el Pacífico.

A principios de la 2ª Guerra Mundial, unas de las principales tareas de la RAF era la de lanzar octavillas de propaganda sobre Alemania, que instaban al pueblo a derrocar el régimen nazi de Hitler y rendirse a los Aliados. Pero curiosamente, cuando un sencillo ciudadano britanico pidió ver una de las octavillas, le dijeron que no era posible por razones de seguridad, "pues la información alli contenida podría caer en manos del enemigo".

Durante la campaña inglesa contra los japoneses en Birmania, el teniente coronel Lowther es condecorado con la Orden al Servicio Distinguido por su sangre fría durante el combate. En el punto más crudo de la última batalla, Lowther había dirigido las operaciones... sentado en una reposera y tomando una taza de té, en un punto donde permanecía a tiro de cualquier arma japonesa.

Este tipo de acciones no hacía más que reforzar la leyenda de la tradicional flema británica. En esa misma campaña, los británicos quedaron escandalizados al ver lo que hacían algunos japoneses con sus prisioneros, desde usarlos para prácticas con bayoneta hasta quemar vivos a los heridos dentro de las ambulancias. En una ocasión, un oficial fue atado a una barricada sobre la que sus camaradas estaban descargando la artillería. De alguna manera logró desatarse, y lo primero que hizo luego de correr hacia las líneas amigas fue informar que estaban errando el tiro por 50 metros. Los artilleros corrigieron el dato y lograron facilitar el avance.

Durante el cerco soviético a la ciudad de Stalingrado, en donde se había atrincherado el VI Ejército alemán a las órdenes del general von Paulus, Hitler acudió a un curioso argumento para evitar que éste se rindiera. Pensó que, como ningún mariscal alemán se había rendido antes ante el enemigo, lo mejor era ascender a von Paulus a mariscal. Así lo hizo, y von Paulus entró a la historia como el primer mariscal alemán en rendirse y ser capturado. A Hitler, por supuesto, la noticio lo llenó de indignación, sin importarle la gran cantidad de bajas alemanas completamente inútiles y el sacrificio total de muchos de sus hombres; en ese momento exclamó: "¿Cómo puede uno rendirse a los bolcheviques? ¿Por qué no se ha suicidado von Paulus? Los antiguos jefes guerreros, cuando todo estaba perdido, se arrojaban sobre su espada."

La famosa toma de los soldados estadounidenses levantando su bandera sobre el monte Suribachi, al conquistar Iwo Jima fue filmada cuando la lucha ya había terminado. En realidad, la escena real de la conquista no fue filmada y se realizó con una bandera más pequeña, pero eso sí, bajo el fuego enemigo. La foto ganó, sin embargo, el Premio Pulitzer de 1945.

Durante la guerra en Francia, los pilotos de cazas alemanes tenían problemas para encontrar buenos aeródromos de los cuales despegar. El avance de las divisiones de tierra era tan rápido, que después de pocos días de llegar a un lugar, tenían ya que empezar a buscar de nuevo otra pista de aterrizaje, porque de otra manera se quedaban cortos con el alcance de la "sombrilla aérea".

Así se sucedieron muchas curiosas anécdotas. Por ejemplo, un piloto del JG2, con órdenes de buscar una pista para su escuadrón, reclamó un buen lugar cerca de Charleville, pero otros pilotos del JG27 llegaron antes y se lo "robaron". Entonces, pasó a la población cercana de Signy-Le-Petit: allí había un excelente lugar, pero estaba el inconveniente de que había muchos soldados franceses en los bosques cercanos. Pero el piloto no se dejó vencer: eligió a 10 hombres, les dio armas y se fue como infantería a peinar la zona. Capturó a un Jefe de Ejército francés, tres generales de división y 200 soldados coloniales. Pero todavía tenía trabajo para hacer; previendo la llegada posible de más tropas enemigas, revisaron los restos de los aviones Potez que había abandonados en la pista, les retiraron sus ametralladoras y las usaron para armar un perímetro de defensa en la parte superior de una granja cercana. En el piso de abajo, estaba el mejor disfraz para una posición: había un bar y un burdel, que funcionaba normalmente incluso en esas condiciones.

El otro extremo lo experimentaron los pilotos del I.(J)/LG2, quienes tuvieron que quedarse en un convento de monjas durante una buena parte de la campaña.

Mientras tanto, irónicamente, los pilotos que habían "usurpado" al otro piloto la pista de Charleville, eligieron muy mal. El sitio estaba dentro del alcance de la artillería francesa, quien los castigaba sorpresivamente. El suministro de materiales se hizo difícil, porque los aviones podían ser derribados si tenían mala suerte. Como comenzó a escasear el combustible, tuvieron que empezar a "requisar", al parecer sin orden superior, el combustible sobrante de todos los aviones que aterrizaban allí. Simplemente le sacaban todo lo que no necesitaban para llegar a la siguiente pista. Este tratamiento fue inmisericorde, porque incluso lo hicieron con un Ju-52 que pertenecía a la unidad personal de transporte de Hitler.

Las situaciones eran a veces desesperadas. Algunos cazas terminaban aterrizando de emergencia en aeródromos abandonados, entre pilas de chatarra y cráteres de bombas. A veces las tropas francesas seguían hostigando a los aeropuertos improvisados. La falta de comunicación con los aviones también traía problemas. En un aeródromo improvisado, le dieron la bienvenida a un Bf-109 con una multitud de bengalas rojas. El piloto se aproximó, vio una serie de banderines rojos sobre una zona despejada, y los usó como referencia, aterrizando en la ruta que marcaban. Cuando aterrizó, recibió (seguramente con terror) la noticia de que la ruta de banderines no era la pista de aterrizaje, sino una advertencia, ya que en ese lugar habían caido varias bombas que no habían estallado.

Durante el levantamiento de Varsovia, la resistencia polaca tenía que enfrentarse a los bien blindados tanques alemanes en las calles, sin la ventaja de tener armamento pesado. La manera que desarrollaron fue el ataque con bombas de gasolina, armadas con botellas de vidrio: las famosas "bombas Molotov" empleadas anteriormente por muchas otras resistencias. Sin embargo, necesitaban recurrir a métodos mucho menos ortodoxos para hacerles frente.

Comenzaron a minar las calles, pero pronto se terminaron los explosivos. Entonces pintaban el suelo de las calles de blanco, y ponían carteles en polaco que decían: "cuidado, zona minada" o algo parecido. Los alemanes muchas veces evitaban, por sana precaución, esas zonas.

Al menos en una oportunidad, se sabe que un tanque alemán retrocedió ante un misterioso artefacto: una botella pintada de rojo que pendía de un cable tendido entre dos balcones. Los tripulantes del tanque no sabían cómo podía funcionar, pero no se atrevieron a ver si la trampa era falsa o verdadera.

En otra ocasión, en una calle en declive, una guarnición de soldados polacos dejó rodar, ante el avance de blindados alemanes, varios barriles pintados como si fueran de aluminio. Al ruido que hacían al saltar y rodar fue suficiente: los tanques les dispararon, pero al mismo tiempo dejaron de avanzar por la calle y se replegaron, evitando el contacto con la peligrosa carga que, erróneamente, suponían que cargaban.

A veces las ansias de mantener un avance tecnológico fuera del alcance del oído enemigo es algo exagerado, y en la 2º Guerra Mundial los ejemplos abundaron de uno y otro lado. Uno de ellos lo comenta uno de los encargados de una estación antiaérea inglesa:

"La bateria antiaérea que mandé en los primeros días de la 2ª guerra Mundial estaba equipada con radar, que entonces estaba en su infancia y clasificado como alto secreto. Efectivamente, era asunto tan reservado que en la conversación nos estaba prohibido referirnos al radar por su nombre. En plena batalla de Inglaterra, un enlace motorista fue a buscarme para darme un paquete marcado "Alto Secreto". Entré en mi oficina para leer el vital despacho en privado. Tuve que romper no menos de 5 sobres hasta llegar por fin a una hoja pequeña de papel que decía: "Alto Secreto: la palabra radar ya no es secreta".

Luego del desembarco en Normandía, el terreno conocido como bocage le trajo muchos problemas a los aliados. Una mezcla de pantanos, granjas, bosquesillos y tierras abandonadas, separadas por setos de arbustos o montículos de tierra sobre un territorio de colinas y depresiones confundía a los soldados sobre su verdadera posición. La coordinación del fuego de artillería se hacía así cada vez más difícil: se sabe que al menos en una ocasión un observador de artillería solucionó el problema ordenando abrir fuego sobre lo que se creía que era su propia posición, para luego ver dónde caían realmente los proyectiles.

Entre el 10 y el 11 de mayo de 1940, quedó firmemente demostrado que un reducido grupo de soldados decididos y bien armados pueden hacerle frente a casi cualquier cosa. En la madrugada del 10, 78 zapadores paracaidistas del ejército alemán saltaron de planeadores remolcados por aviones Ju-52 sobre la poderosa fortaleza belga de Eben Emael. Durante varios meses, habían ensayado el asalto en una reproducción exacta del fuerte, hasta conocer a la perfección cada detalle de sus defensas. Comandados por el teniente Rudolf Witzig, la unidad estaba equipada con poderoso armamento portátil y los nuevos explosivos de carga hueca, capaces de perforar los más gruesos blindajes de la época, incluidos los de la fortaleza.

Luego de adueñarse de la parte superior de la fotaleza, ni siquiera los intentos de los 1.200 hombres de la guarnición pudieron desalojarlos; recibieron además el apoyo de nuevas unidades de paracaidistas. Por último, la llegada de las unidades blindadas alemanas que venían de cruzar la frontera concluyó la batalla a favor de los germanos. Este acontecimiento derivó en la victoriosa campaña que llevó a los ejércitos del Eje hasta Dunkerque.

La retirada alemana de Grecia, que tuvo lugar en septiembre de 1944, fue uno de los episodios más extraños de la Segunda Guerra Mundial, a niveles que rozaban lo ridículo.

La evacuación se llevó a cabo tras la caída del frente sur de Rusia y el pase de Rumania y Bulgaria al campo aliado. Alemania tenía en la zona guarniciones que sumaban unos 30.000 hombres, una suma demasiado pequeña para detener el avance soviético. Sin embargo esa misma suma era demasiado grande como para hacer una evacuación, ya que apenas había algunos aviones y un puñado de viejos buques. La retirada hubiera sido imposible de realizar (al menos sin gravísimas perdidas) de no haber mediado un acuerdo entre ingleses y alemanes, según cuenta el ministro alemán Speer en sus memorias.

Los ingleses dejaron así que los alemanes evacuaran determinadas zonas sin atacarlos. Al parecer a cambio los alemanes se comprometían a defender el puerto griego de Salónica de los rusos, al menos hasta que llegaran los británicos (que estaban interesados en conservar Grecia fuera de la órbita soviética). La propuesta al parecer partió del ayudante de Hitler, Jodl. Speer dice por fin que el único comentario que hizo Hitler al final de la operación fue: "es la última vez que nos prestamos a una cosa así."

En los primeros años de la guerra, Inglaterra estaba pésimamente preparada para enfrentar la amenaza submarina desde el aire. La mayoría de los recursos para aviones iban para la RAF, en lugar de para la Royal Navy, que disponía de aparatos bastante primitivos para enfrentarse a los alemanes. Los aviones no tenían más que pequeñas bombas para auyentar a los submarinos, y para colmo no tenían el equipo para apuntarlas, de manera que tenían que lanzarla a ojo desde corta distancia.

El 14 de septiembre de 1939 lo que podría haber sido uno de los primeros hundimientos de submarinos alemanes fue todo lo contrario... Dos bombaderos en picado del portaaviones Ark Royal divisaron a un buque enemigo, lanzándose en su persecusión. Habiendo bajado en picada tanto como se atrevieron, lanzaron sus bombas y se alejaron. Lamentablemente para ellos, tuvieron tan mala suerte que éstas rebotaron sobre el océano en su misma dirección. Los detonadores se habían activado por el impacto, de manera que cuando tocaron a los aviones estallaron, dañando la metralla a los aviones e hiriendo a los pilotos. Al caer sobre el océano, fueron capturados por el personal del submarino y hechos prisioneros.

Aunque el problema del rebote continuó hasta que los ingleses no diseñaron una bomba diferente, parece ser que éste fue el único caso de auto-ataque involuntario.
Personajes célebres... o que deberían serlo

Minoru Genda, general japonés que ayudó a planear el devastador ataque japonés a Pearl Harbor, recibió la condecoración de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos en 1959. Esto ocurrió cuando Genda estaba al frente de la nueva fuerza aérea japonesa, y después de haber probado el Starfighter F-104 de la Lockheed en California. Su recomendación fue un factor importante para que Japón comprara los aviones.

El teniente japonés Hiroo Onoda es el ejemplo extremo de la obediencia militar. En 1944, mientras actuaba en la isla filipina de Lubang, su comandante le ordenó mantenerse en su puesto "aún cuando la unidad a su mando fuera destruida". Onoda acató la orden por 29 años; cuando en 1975 se rindió portaba todavía su viejo fusil y pretendía seguir peleando si era necesario. Había cumplido 52 años y continuaba oculto en los bosques de la isla. Ignoraba completamente que la guerra había terminado; al momento de su captura, declaró: "no me entregué antes porque no había recibido la orden de hacerlo".

El record de Onoda se está quedando corto, sin embargo, al saberse hacia 2005 de soldados japoneses que han aparecido en Filipinas o incluso un soldado que, dado por desaparecido, estaba casado en Ucrania (y nadie sabe cómo llegó allí). Al no haberse rendido, de alguna manera se puede considerar que todavía estaban combatiendo.

Probablemente el único general que mató personalmente a un soldado enemigo en la Segunda Guerra Mundial fue el general inglés R. E. Urquhart, durante una emboscada enemiga en la arriesgada ofensiva de Arnhem, Holanda, en 1944.

En 1940, el Alto Mando francés se encontraba en una situación altamente caótica. Los efectivos alemanes habían invadido gran parte del país y las retiradas se sucedían constantemente. Entre el cúmulo de órdenes y contraórdenes que se dictaban desde París, a veces muy lejos del lugar del conflicto, una en especial le ordenaba al general Henri Giraud, comandante del 7º ejército francés, que se hiciera cargo del comando del 9º ejército. Giraud parte con su Estado Mayor hacia la frontera franco-belga, en donde está luchando su nueva unidad. Luego de dos horas de marcha, llegan a la sede del comando; el general Giraud desciende y camina unos pasos, pero luego no puede creer lo que ve: frente a él, soldados alemanes hacen el saludo militar. Un oficial se adelante, entrechoca los talones y saluda. Sin abandonar su posición de firme, le anuncia:

-¡Es usted nuestro prisionero, señor general!

Con gran asombro, Giraud entra en la sede del comando. El oficial alemán le informa:

-Han tenido mala suerte. El anterior comando del 9º ejército abandonó la región hace media hora. Quince minutos después llegamos nosotros. Hubiera sido una falta de consideración no esperarlos...

Giraud se convirtió así, sin saberlo, en el primer general en ser capturado en DOS guerras mundiales. Sin embargo, dos años más tarde, el general Giraud se escapaba de sus captores, al igual que había hecho en la Gran Guerra, y pudo volver con los aliados para encabezar operaciones militares contra el Eje.

La madre de Douglas MacArthur, conocido estratega estadounidense en la Segunda Guerra Mundial, tenía por costumbre enviar cartas adulatorias a los superiores de su hijo en el ejército, sugiriendo que tal vez era tiempo de que su hijo fuera ascendido a general.

El general Clark era conocido como un oficial justo, que mantenía un estrecho contacto con sus tropas y de carácter muy amable. En una ocación, en una revisión de las líneas más adelantadas del frente, se detuvo a conversar con un pequeño soldado que estaba acurrucado en una trinchera. Al despedirse, se dio cuenta de que el hombre no usaba botas reglamentarias, sino una alpargatas de caucho. Lo interrogó sobre esto, y el soldado le explicó que tenía botas, pero estaban muy gastadas y que su número era muy pequeño, porque lo que le era muy difícil conseguir botas nuevas.

Sin dudarlo, Clark prometió:

-Le mandaré un par de botas, si es que hay de ese número en el teatro del Mediterráneo.

Luego el general descubrió que el soldado, de apellido Gebhart, tenía razón: de cada 100.000 botas, solamente 67 correspondían al número 7A que calzaba. Sin embargo, se acordó de su promesa y se ocupó personalmente de buscar el par de botas. Incluso las envió al frente utilizando su propio avión. Su ayudante buscó al soldado Gebhart y se lo entregó personalmente:

-El general Clark le manda estas botas -le anunció. Pero el soldado Gebhart las tomó sin mostrar sorpresa ni cambiar de expresión.

-Gracias -dijo sencillamente.

-¿No está sorprendido? -se animó a preguntar el capitán Thrasher, ayudante de Clark.

-No -le respondió el soldado-. Me dijo que me los mandaría...

La anécdota fue para Clark una de los más preciosos recuerdos de la guerra, y sirve para mostrar como, para este gran hombre, incluso el más pequeño de sus subordinados era importante.

El sargento Richard Dudley era encargado del Casino de Oficiales en la campaña de Francia durante la Segunda Guerra Mundial, bajo el comando del general Bradley. Como cualquier otro establecimiento similar, se encargaba de darle a los oficiales un poco de esparcimiento y un nivel de vida algo más elevado que el del soldado raso. Pero pronto estos comenzaron a quejarse, ya que el contraste era demasiado grande: en las mesas del casino se apilaban vinos de viejas cosechas, jabalíes trufados y los manjares más exquisitos servidos con toda elegancia. Bradley le sugirió cuidadosamente un día:

-Sargento Dudley, espero que no lo tome a mal, pero me parece que tantas comodidades en el frente son discutibles.

-¡Mi general! -le contestó el pelirrojo oficial- Usted haga la guerra y yo me ocuparé de su standard de vida.

Bradley decidió dejar todo como estaba para evitar mayores problemas. Pero el problema no era solamente la superabundancia y el refinamiento del casino, sino también los rumores que llamaban a Dudley "el pirata rojo", a causa de los métodos particulares que se decía empleaba para conseguir esos productos.

Bradley intentó además ascender varias veces al sargento, pero éste siempre se negó, sin exponer nunca las causas de esta decisión. Solamente en los finales de la guerra aceptó ser promovido a oficial, y luego de la guerra, al interrogarle Bradley acerca de eso, Dudley respondió.

-Teniente, ¿por qué esa negativa constante a que lo ascendiéramos? ¿No cree usted que era un exceso de humildad? ¿Se menospreciaba usted?

-No general, pero el ascenso podría haberme hecho perder el puesto que tenía, y créame que en el Casino podía conseguir muchas cosas aparte de estar lejos de las balas...

Luego de la batalla de Kaserine en África, el II Cuerpo de Ejército de EEUU estaba muy desmoralizado a causa de los graves golpes que había sufrido a manos de las fuerzas de Rommel. Eisenhower resolvió, para reparar esto, la designación del general Patton como nuevo comandante.

La decisión no podría haber sido más acertada. Con una personalidad avasalladora, un caracter firme y decisido y algo excéntrico, era justo lo necesario. El general Bradley comenta en sus Memorias como Patton llegó a su puesto de comando, entre sirenas y la marcha de decenas de vehículos: "en el coche que marchaba a la cabeza, Patton viajaba de pie, como el conductor de una cuádriga. Miraba ceñudamente hacia el viento y su mandíbula presionaba contra el barbijo de malla de un casco con dos estrellas. Dos estrellas de plata, de tamaño excesivo sobre una chapa roja, señalaban su auto de comando." El ego de Patton era otra de sus características.

Pronto encontró el elemento que necesitaba para elevar la moral de su tropa. Durante varios meses de combate, los soldados estadounidenses se habían acostumbrado, como el recluta inglés, a un uniforme desaliñeado. No usaban el casco, sino solamente la gorra de lana que debían llevar debajo. Patton entonces obligó el uso de casco, polainas y corbata en todo momento. Las multas por no hacerlo eran de 25 dólares para soldados y de 50 para oficiales.

El reinado del "escupa y saque brillo" que instauró el general Patton logró justamente su objetivo: soldados más disciplinados, orgullosos y seguros de sí mismos.

Los "Tigres Voladores" de Chennault eran un grupo de aviadores voluntarios que EEUU puso a disposición del gobierno chino para hacer frente a los bombardeos japoneses. Provenían del Ejército, la Marina y los marines, pero como formaban parte de un grupo casi irregular, no estaban bajo mandato militar directo y por lo tanto relajaban algunas de las cuestiones marciales. Por ejemplo, usaban botas de vaquero en lugar de botas o zapatos militares.

Se hicieron famosos entre los británicos y otras tropas más ordenadas al organizar todo tipo de fiestas hasta cualquier hora y pasársela con mujeres locales. Una vez convencieron al piloto de un carguero de volar hasta Hanoi (donde había una base japonesa) para bombardearla. Cargaron el avión con todo tipo de bombas capturadas (probablemente sin saber si funcioban o no), tanto chinas, rusas como francesas, y luego las lanzaron sobre el objetivo dándole patadas. Obviamente, estaban bastante borrachos para cuando hicieron todo esto.

Como el grupo no estaba encuadrado directamente dentro de ninguna fuerza, tenían problemas de abastecimiento de todo tipo. Sus aviones eran obsoletos y las piezas de recambio escasas; tapaban los agujeros de los tanques de combustible con chicle y parcheaban los fuselajes dañados con cinta adhesiva. Se reutilizaba todo, hasta la tela de los paracaídas. Para mejorar la performance de los lentos P-40 Tomahawk, se los recubría con cera, lo que supuestamente les daba 15 km/h adicionales. Se dice que los mecánicos, acostumbrados a esto, recorrían los bosques y plantaciones cercanas en las que habían caído aviones para tratar de recuperar cualquier pieza útil, ya fuera de apartos amigos o enemigos.

Como sus aviones eran cazas, cuando tenían que bombardear regresaban a los inicios de la aviación militar, lanzando botellas de whisky llenas de gasolina u otros dispositivos explosivos caseros con paracaídas robados de las bengalas de iluminación nocturna. Eventualmente algunos les agregaron portabombas ventrales para convertir al avión en un bombardero en picada.

A pesar de todas estas irregularidades, los Tigres no solo levantaron la moral china, sino que hicieron daño a los japoneses y, de rebote, entraron a la historia.

Los soviéticos se destacaron en la Segunda Guerra Mundial por su pragmatismo y practicidad a la hora de fabricar armas de todo tipo. Las palabras de un oficial del cuerpo escandinavo del III Cuerpo Panzer de las SS, compuestos por voluntarios, ilustran genialmente esta tendencia. El Cuerpo estaba sitiando Leningrado, y el generador de electricidad instalado cerca del cuartel estaba dañado. Se solicitó así a una unidad especializada para repararla y conseguir electricidad.

"El jefe del batallón llegó con algunos de sus técnicos, pero cuando vieron la máquina de vapor tan deteriorada, y más vieja que la máquina de Fulton, no hicieron más que sacudir la cabeza. Debido a que su arreglo parecía imposible a los técnicos alemanes, se intentó probar de otra manera. Entre los prisioneros rusos tomados por el regimiento "Dinamarca" se encontraba un grupo de técnicos, electricistas, mecánicos, etc. El regimiento, con mucho gusto, le prestó al comando de la agrupación a una media docena de estos hombres. Después de una semana de trabajo, la usina funcionó irreprochablemente y produjo la luz que tanto se necesitaba. Con medios primitivos: troncos y cuerdas, repararon la máquina e hicieron contacto con el dínamo. La usina hacía un ruido espantoso, pero funcionó."

"Este ejemplo, como muchos otros, mostraba como los rusos, con elementos primitivos, podían manejar cosas que una técnica superior tenía que desistir de hacerlo. Los técnicos rusos han gozado de un tecnicismo intuitivo, que perdieron los hombres con una instrucción superior."

"Lo mismo se presentaba con toda la técnica rusa. Una vez, inspeccionando un avión ruso derribado por el fuego alemán, observamos que el aparato era muy primitivo; tenía lo estrictamente necesario para volar y carecía de la multitud de instrumentos que llenaban el tablero de los aviones alemanes. Preguntamos al aviador ruso: "¿Cómo es posible volar con estos medios tan arcaicos?". El piloto contestó: Nosotros calculamos que un avión ruso vuela, término medio, siete veces antes de ser derribado o destruido... ¿Para qué gastar tanto dinero por siete vuelos? ¿No es preferible construir el doble de aparatos primitivos que la mitad de aparatos perfectos?"

Uno de las operaciones más desastrosas que llevaron a cabo los aliados durante la Segunda Guerra Mundial, el desembarco de Dieppe, fue decidido ¡por un subteniente! Luego de decenas de reuniones secretas, los altos mandos de todas las fuerzas de tierra, aire y mar se reunieron nuevamente a dar el OK definitivo a la operación, el primer desembarco a gran escala de la guerra. Sin embargo, al no ponerse de acuerdo, dejaron el manos del subteniente Ronald Bell la decisión. Siendo un oficial meteorólogo, Bell solamente pudo decir: "En mi opinión, el buen tiempo reinará en la zona del Canal". En realidad se equivocó: el clima fue malo, pero muchísimo peor fueron las operaciones militares, que costaron valiosos hombres y material a los aliados en un desembarco inútil que tuvo que ser abortado.

El oficial solía usar calcetines gastados, que en el frente utilizaba para filtrar el té que consumía (y a veces, el que le servía a otros). Su uniforme solía ser más grande de lo debido, y tenía mal cosidos los botones. Este aspecto lo tenía incluso cuando iba a visitar a sus superiores, a algunos de los cuales llamaba simios militares si los consideraba demasiado ortodoxos. Su casco no era reglamentario y solía ir sucio, ya que en lugar de ducharse se frotaba el cuerpo con un cepillo de esponja. A falta de relojde pulsera, usaba un reloj despertador en miniatura que se ataba a una mano. Comía cebollas crudas, que según él hacían muy bien a la salud. En ocasiones iba desnudo, recibiendo así a invitados y colegas militares.

El oficial se llamaba Orde C. Wingate y era el colmo de la contradicción. Aunque había nacido en el Siglo XX, había sido criado en un mundo victoriano lleno de caballeros, exploraciones en globo y aventuras en la selva. Y sin embargo, fue uno de los precursores claves de la guerra de guerrilla moderna, que ejecutó con ciertos resultados contra los japoneses en Birmania.

Personaje astuto e inteligente, aunque pareciera loco para muchos, sabía lo que hacía. Una vez dijo sobre sí mismo: "para cierto tipo de ingleses el peor crimen que uno puede cometer es ser distinto, poco convencional, inopinado. Yo soy todas esas cosas. La única manera de conseguir que se toleren (ya no que se acepten) estas cualidades es transformando la propia diferencia en excentricidad".

Es muy justo decir que a pesar de todas sus excentricidades, muchos lo extrañaron en Inglaterra cuando, en la noche del 24 de marzo de 1944, su avión se estrelló contra unas colinas al oeste de Imphal, en India. De él dijo Churchill: "se ha extinguido una llama luminosa".

Durante el ataque japonés a Pearl Habor, un capellán de la US Navy se encontró en un predicamento que resolvió rápidamente. Ejercitando una profesión que puede parecer contradictoria, el sacerdote se estaba preparando para una misa al aire libre (el ataque fue el día domingo 7 de diciembre a la mañana temprano) cuando vio aproximarse a las aviones japoneses.

Ni lento ni perezoso, corrió hasta una ametralladora cercana, la arrastró solo como pudo, la montó sobre el altar que estaba preparando y ametralló a los aviones cuando pasaron sobre él. Su pequeña gesta fue inmortalizada más tarde en una canción popular, que se llama "Alabad al Señor y Pasad la Munición" [creo que en el original en inglés es Praise the Lord and pass the ammo.]
Hechos desconocidos

El XV Grupo de Ejército Aliado que operó durante la Segunda Guerra Mundial en Italia "era una Babel", según palabras de su Alto Mando. Y no era para menos: tal vez haya sido el frente con soldados de más nacionalidades y etnias de todas las guerras, modernas y antiguas. Esto planteaba, inevitablemente, frecuentes y problemáticas dificultades en la logística: traductores, comida, aprovisionamiento, organización, etc. Entre sus efectivos se encontraban:

* estadounidenses, algunos descendientes de inmigrantes italianos y japoneses (llamados nisei, agrupados en una formación especial ya que se temía por su actuación a causa de su origen);
* franceses, que luego pasaron a la lucha en su misma patria;
* brasileros, pertenecientes a la 1º división de la Fuerza Expedicionaria Brasilera. El general Clark comenta que "nos había resultado extraordinariamente difícil encontrar intérpretes de habla portuguesa para los tanquistas que debían apoyar a unidades brasileras en acción";
* efectivos de las Islas Británicas, entre ellos batallones escoceses, irlandeses (que pidieron, el día de San Patricio, que un avión especial les trajera de su patria una comida tradicional) y británicos;
* italianos pertenecientes a pelotones de partisanos o del ejército regular, ya que a partir de 1943 Italia estaba de parte de los Aliados;
* griegos;
* canadienses pertenecientes a toda la geografía, incluso Terranova, algunos hablando inglés y otros francés;
* sudafricanos, tanto de origen occidental como nativos, representados entre otros por los "Springboks" del Mariscal Smuts, el Batallón de Servicios Especiales de la 6º División Blindada Sudamericana que dejaron sus tanques y combatieron a pie;
* polacos pertenecientes al 2º Cuerpo Polaco, con parientes en EEUU y que se hicieron famosos al conquistar las alturas de Monte Cassino (entre los cuales se encontraba un oso que era su mascota y combatía con ellos, lo cual da lugara una historia más larga);
* judíos de Palestina;
* marroquíes y argelinos de las colonias francesas, que aunque lucharon con gran valor e ingenio, trajeron no pocos problemas de logística;
* neozelandeces;
* indios de multitud de etnias reclutadas por los británicos en esa colonia, incluyendo sikhs, maharattas, madrasis, jats, rapjuts, punjabíes, pathanes, baluchis y gurkhas de Nepal; sus religiones y alientación trajeron no pocos problemas. Los hindúes no podían comer carne de vaca, que consideran sagrada, y otros no podían comer carne de cerdo; el Octavo Ejército Británico tenía que llevar un rebaño de cabras detrás suyo para alimentarlos a todos.

Había en servicio numerosos cuerpos femeninos de enfermeras y auxiliares, con mujeres estadounidenses, inglesas, sudafricanas y canadienses. Los hospitales tenían que tener multitud de intérpretes y ser capaces de abastecer de alimentos, ropa, medicamentos y demás sin romper ninguna regla cultural. "Hubo un gran revuelo cuando los enfermos árabes franceses se negaron a usar pijamas, usando los pantalones como turbantes", recuerda Clark.

El ejército de la Alemania nazi, presunto representante de la superioridad de la raza aria, se convirtió a lo largo de la guerra en una torre de Babel, al igual que pasó con los Aliados. Combatieron del lado alemán franceses, croatas, rusos, letones, lituanos, tártaros, norteafricanos, turcomanos, chechenos, e incluso se dice que indios (probablemente capturados de divisiones inglesas). Incluso las máximas representantes de los ideales nacionalsocialistas, las S.S., admitieron en sus filas a belgas, daneses, holandeses, noruegos, españoles, franceses... y a auxiliares del este de Europa. Esto hizo que, curiosamente, hubiera franceses defendiendo Berlín en la última batalla.

Los reconocimientos aéreos estadounidenses sobre el atolón de Tarawa hicieron un trabajo más que sobresaliente para ayudar a las fuerzas terrestres a conquistar la isla. En sus fotos aparecen las letrinas japonesas de la isla de Betio, la más importante desde el punto de vista de militar del atolón. Identificando con precisión los tipos diferentes según fueran para oficiales, suboficiales o tropa, y estimando el numero de hombres que se asignarían a cada letrina, los oficiales de inteligencia norteamericanos concluyeron que los defensores japoneses eran 4.836, que luego se reveló como la cifra exacta. Esto ayudó mucho a planear el desembarco. De estos defensores sólo se hicieron 148 prisioneros, trabajadores esclavos coreanos en su mayoría, y casi todos heridos. Los americanos perdieron 1.115 hombres y tuvieron 2.292 heridos.

En un momento de la guerra, tres bombarderos B-29 estadounidenses aterrizaron de emergencia en territorio ruso. A pesar de todos los pedidos, nunca fueron devueltos: los soviéticos se dedicaron a estudiarlos y copiarlos detalladamente, para luego producirlo como un bombardero propio. No es de extrañar que luego EEUU llegara a hundir buques japoneses revolucionarios, como la famosa serie de submarinos Sen Toku I-400, para evitar que fuera visto por los soviéticos.

El hambre fue una constante en muchas eventos de la Segunda Guerra Mundial: el asedio de Leningrado, las marchas kilométricas por las selvas de Birmania, y un largo y lamentable etc. Lo curioso es el sentido del humor: luego de la caída de Rangun en abril de 1942 las tropas del general Stilwell parecían estar contentos al haber descubierto una nueva vitamina, la G. Era el nombre irónico con el que llamaban a los gorgojos que estaban en sus galletas, ya pasadas.

Hasta 1938, Alemania tuvo una misión militar en China, adiestrando los soldados del general Chiang Kai-shek. Desde 1928, estas tropas estuvieron enseñando a los chinos el arte de la guerra, incluso suministrándoles indumentaria como cascos y artillería. Lo curioso es que China y Japón, aliado de Alemania, entraron en guerra hacia esos años, y continuaron en guerra hasta el fin de la Segunda Guerra Mundial. Solamente en 1938 la misión se retiró, luego de pedidos japoneses a las autoridades alemanas.

Durante la Segunda Guerra Mundial, los pilotos estadounidenses ponían latas de mezclas de helado en los compartimientos del artillero de popa de sus B-29s. Las bajas temperaturas que sufrían a causa de la altura del vuelo, y las constantes vibraciones, hacían un buen helado.

La ciudad mas afortunada del mundo tal vez sea Kokura, en Japón. Esta ciudad se salvó nada menos que dos veces de ser arrasada por una bomba atómica. Era el blanco secundario del Enola Gay cuando éste atacó Hiroshima. De esta manera, al tener que atacar Nagasaki, se convirtió en el blanco principal. Pero el mal tiempo existente sobre la ciudad de Kokura hizo que al final el blanco fuera Nagasaki.

El 90% del combustible utilizado por las fuerzas armadas alemanas durante la Segunda Guerra Mundial era de origen sintético, fabricado a base de carbón hidrogenado. Entre 1930 y 1941 se construyeron en Alemania 8 plantas para procesar carbón bituminoso, que producían más de 930.000 toneladas al año, dedicadas solamente a la producción de combustible para la aviación. La falta de petróleo era una de las mayores debilidades del Eje. Posteriormente el proceso de fabricación, conocido en todo el mundo, dejó de utilizarse a causa del menor costo del gas natural.

Durante la campaña del desierto contra Rommel, los británicos y fuerzas australianas combatieron juntos contra los alemanes. Sin embargo mientras los ingleses tenían los pies llenos de ampollas y cojeaban visiblemente, los australianos parecían completamente sanos. Un oficial medico se interesó en el tema encontró la respuesta un día que vio a un grupo de australianos chapoteando en un charco. Este era el tratamiento milagroso de los australianos, metían los pies en un agujero con... Orina, que al parecer les fortalecía los pies.

La OSS (Office of Strategic Service, Oficina de Servicios Estratégicos), fue creada por el gobierno de EEUU al dividirse la OCI (Office of the Coordination of Information, Oficina de Coordinación de Información) en dos, en 1942. Estando ya Estados Unidos en guerra, el objetivo era crear organismos eficientes que ayudaran de cualquier forma a la victoria. Sin embargo, al principio la OSS no ayudó mucho: sus planes eran sencillamente ridículos. Algunos de los más absurdos contemplaban equipar a murciélagos adistrados con bombas incendiarias que dejarían caer sobre Tokio, el uso de icebergs dirigidos que dañaran los puertos de Alemania o la modificación del clima de toda Europa mediante un misterioso sistema de "distribución de nubes". A pesar de todos sus fracasos, el organismo continuó en servicio y comenzó a mejorar; al final de la guerra se convirtió en la Central Intelligence Group (Grupo Central de Inteligencia), y veinte meses más tarde se convirtió en la CIA.

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http://cssbl.com/curiosidades_2gm.htm

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