Si la ignorancia Doliera


Si la ignorancia Doliera


Si la ignorancia doliera, el mundo fuera bien diferente. Si la ignorancia doliera, el mundo fuera tan diferente, pero tan diferente, que no lo reconoceríamos: todos andaríamos como penitentes en busca de un médico que nos curara dolor tan atroz; se nos oirían los gritos hasta el cerro, y no más seríamos jactanciosos, ni vanidosos, ni falsos: entonces, se acabarían los prejuicios y convencionalismos en que basamos nuestra cultura y reglas de relación social, y entonces, desde lejos sabríamos distinguir, por su expresión de felicidad o de dolor, al sabio del ignorante.

Pero no..., no duele. O al menos el dolor que se experimenta es tan retardado y tan constante que no nos queda claro que vivimos nadando en tal dolencia; y suponemos que así es la vida, y nunca nos parece obvio por qué nos va mal o por qué tenemos mala suerte. El punto es que cuando se sufre, no ubicamos nuestro malestar con nuestro nivel de ignorancia, y eso hace que las cosas sean de otro modo. Y entonces resulta que los que no sabemos, por nuestra ignorancia, desconocemos lo que nos falta conocer y vivamos engañados creyendo que sí sabemos,... y mucho.

Aquí pasa como si en las enfermedades comunes un día desapareciera el dolor, que hasta hoy es la mejor forma de darnos cuenta de que debemos ir al doctor. Sin dolor, hasta la enfermedad más grave se nos confundiría con cansancio o flojera, y entonces andaríamos por la calle todos presumiendo de tan saludables y vigorosos como el que más.

Si la ignorancia doliera, haríamos fila en escuelas y templos igual como ahora lo hacemos en el hospital o ante el dentista, y no más se daría el caso de que en reuniones sociales o en el café, nos pongamos a elevar la voz para imponer nuestro criterio o hacernos notar, como nos imaginamos que somos: el que más sabe del asunto.

Si doliera... pero no duele... o no nos damos cuenta de que duele. Y por ello nos pasa como al tonto del cuento del "Traje del Emperador": andamos por el mundo creyendo que somos los más listos y suponiendo que los demás al vernos nos hacen caravanas mentales ante nuestra listeza; y paradójicamente, somos los únicos que no nos damos cuenta del concepto en el que nos tienen los que nos rodean.

Mientras que a la ignorancia se le ocurre doler, o mientras que nos percatamos de que la mayoría de las cosas desagradables que nos suceden nacen de nuestros defectos, quizá deberíamos ir al los principios de nuestro pensamiento liberal occidental y recapacitar como Voltaire que razonaba. "La ignorancia afirma, la ciencia pregunta"...

Y luego cuestionarme, ¿Cuántas veces al día, en mi relación con los demás, hago afirmaciones sobre la forma de ser del mundo y los fenómenos sociales?; ¿Cuántas veces al día, al relacionarme con los demás, expreso mis dudas con respecto a las cosas?... ¿Cuántas veces me doy cuenta de que aunque en apariencia conozco, lo real es que ignoro las raíces y la razón profunda de ser de cada hecho?

El punto es que todos creemos que sabemos suficiente de tal y tal asunto, pero si tratamos de remediar equis situación, lo más común es que no nos resulta como creíamos y luego nos decimos, bueno, casi lo resuelvo, nomás por esto y aquello, si no...

Pretextos van y pretextos vienen, pero el punto es que la vida diaria nos dice que desconocemos de las cosas un poco más de lo que suponemos, sin embargo no nos damos cuenta de ello, o no queremos darnos cuenta; y atenidos a que no duele decir mentiras, ahí vamos por el mundo quejándonos hoy de nuestro destino que nos sale diferente a como quisiéramos; pero sin darnos cuenta de que con nuestras actitudes de hoy, construimos el mañana en el que hemos de vivir y del que nos hemos de quejar amargamente.

Mientras que la ignorancia duele de forma tal que identifiquemos el origen de nuestro dolor y de los males de la humanidad, quizá valiera la pena vernos en el espejo de nuestra propia historia... y entonces quizá terminemos diciendo como Sócrates, "sólo sé que no sé nada"; pero entonces, como él, al saber que no sabemos, por fin sabremos algo de verdad, algo que será el cimiento de nuestra futura salud mental y social... y construiremos sobre ella, un ser nuevo y un mundo mejor.


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