Neo-indio (1000 a.C. - 1500 a.C.)

Neo-indio (1000 a.C. - 1500 a.C.)


Indígenas caribe Indígenas caribe

Este período se caracteriza, esencialmente, por la agricultura, por una estabilización significativa de los asentamientos humanos y por una clara diferenciación en el uso de la cerámica. La estabilización se inició bajo la forma de un sedentarismo semipermanente, mediante el cual el nomadismo comenzó a circunscribirse a una zona más o menos extensa. Además de esto, los neoindios construyeron montículos de piedras y tierra, objetos ceremoniales y utensilios de piedra pulida. Fue una etapa generalizada de desarrollo cultural que se vio violentamente interrumpida por la conquista europea.

Los pobladores de este período han sido presentados como el producto de una dicotomía constituida por dos centros de desarrollo: uno al oriente y otro al occidente.

La Venezuela neoindia oriental, cuyo centro de desarrollo se ubicó en la cuenca del Orinoco, se caracterizó por el predominio de la yuca como alimento básico, lo que se infiere por los hallazgos de budares de arcilla utilizados para la preparación del casabe. Asimismo, se caracterizó por la confección de la cerámica modelada, la técnica de la pintura blanca sobre rojo y la presencia poco significativa de figurines y utillaje ceremonial. Estas y otras características parecen relacionar a este centro con las Antillas Menores, las Guayanas y la Amazonia.

La Venezuela neoindia occidental abarcó los Andes y la cuenca de Maracaibo. Hay evidencia de un marcado énfasis en los aspectos religiosos y funerarios, especialmente en algunas cuevas de las montañas que fueron empleadas para el culto y enterramiento. Las «tumbas» se caracterizaron por tener su interior forrado con piedras. La importancia dada al elemento religioso parece poder demostrarse por las figuras de arcilla y objetos colgantes tallados, aparentemente, utilizados como amuletos. La cerámica era decorada con motivos policromados pintados de rojo y negro sobre blanco. Esta tipificación cultural hace suponer que esta área se vinculó con Centroamérica y con los Andes centrales.

Desde estos ejes o centros culturales de la Venezuela prehispánica se produjeron migraciones cíclicas o esporádicas que propiciaron la existencia de un área de contacto en la zona central, en la que se combinaron rasgos orientales y occidentales.

Recientes investigaciones arqueológicas han añadido a esta hipótesis la consideración de un tercer centro de desarrollo cultural tipificado por el patrón andino, con significativas relaciones culturales con el altiplano colombiano y los Andes centrales. Este centro se caracterizó por la existencia de una cerámica simple, una arquitectura incipiente (naciente) y un patrón de subsistencia basado en el cultivo de tubérculos como la papa, en las zonas altas andinas. La arquitectura consistió en construcciones de terrazas agrícolas y bóvedas alineadas por piedras, utilizadas como tumbas o como almacenes de productos agrícolas.

La actividad comercial, desarrollada mediante el intercambio generalizado de productos, incluyó tanto formas primarias como una especialización en los artículos que se intercambiaban. Se han reportado productos naturales y artesanales en varios lugares cuya presencia sólo se explicaría por el trueque, viajes, movilizaciones humanas y búsqueda de nuevos parajes, lo que seguramente fue base de actividades bélicas organizadas.

También existen testimonios de que los timote y los cuica (Andes) canjeaban productos agrícolas, sal de urao y tejidos de algodón por el pescado de los grupos caribe del sur del lago de Maracaibo. Desde las costas falconianas, al parecer, hubo un intercambio de sal hacia el interior del territorio.

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