Enrique Symns ¿Megapost?
Enrique Symns, Argentino, bonaerense, Periodista. Trabajó en muchas revistas al otro lado de la cordillera, pero lo que logró su reconocimiento por estos lares fue la trasandina revista de contracultura "Cerdos y Peces", luego se vino a vivir aca. Ya en Chile logro reconocimiento al trabajar en variados proyectos. En esta entrevista nos habla de eso y mediante su particular idea acerca de todo nos acerca un poco a su genial nucleo contra-valorico. Esta el la primera parte de una larga entrevista ocurrida a principios de diciembre en el bar de un barrio en peñalolen.
El creador de Cerdos y Peces
Enrique Symns, el lobo en su refugio
El mítico periodista habló de su relación con las drogas y de su pasión por la escritura.
El creador de Cerdos y Peces
Enrique Symns, el lobo en su refugio
El mítico periodista habló de su relación con las drogas y de su pasión por la escritura.
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Lisy Smiles / La Capital
Enrique Symns, creador de la memorable y extrañada Cerdos y Peces y de El Cazador, jefe de redacción de El Porteño, inventor de The Clinic (una revista que sacó en Chile), periodista de Clarín, La Voz del Interior, Sur y La Maga, autor de biografías como la de Fito Páez, artista callejero, monologuista de Patricio Rey y los Redonditos de Ricota decidió escribir su autobiografía, "El señor de los venenos". En diálogo con Señales, Symns muestra cierto orgullo ante la segunda edición del libro (editorial El Cuenco de Plata), aunque le da temor definirse como escritor. "Lo de escribir libros es por mi derrota como periodista", advierte.
Describir a Symns no es sencillo, ni siquiera para él. Es usuario de drogas desde hace años, explica que ahora su relación con ellas es "distante", mientras se lamenta de que las que circulan hoy no sean de buena calidad. "Ya no te envenenan", dice, pero su pena se hace más intensa al reconocer que "hoy no pasa nada", que la traición campea el ambiente cultural.
Delinquió y eso lo llevó a veces a la cárcel, otras al Borda o a cruzar fronteras. Rapiñó y algo de eso le duele. Cuenta que en sus noches sufre y casi como una confesión esgrime que lucha para que el lobo que lleva adentro no reaparezca. Pero no es un animal manso. "Casi no hay clase media que no sea miserable", ataca de nuevo.
"El señor es Symns y los venenos, las drogas. El hombre que se droga, tome aspirina o café, se está envenenando. O sea una droga es un remedio y es un veneno. Pero hay personas que toman las drogas para curarse y otras para «enfermarse» (las comillas las pide Symns). Yo era uno de esos, de los que se enfermaban", señala.
-¿Y hoy cómo es tu relación con las drogas?
-Distante, cada de una de ellas cumplió un ciclo. El efecto de las drogas se agota. La marihuana, ya no existe, es un remedio. La están dando los psiquiatras. Y con la cocaína ha pasado algo similar. A menos que ahora con Evo Morales vuelva a venir la buena. Lo que llega acá ahora es una cocaína de mala calidad, por eso está de moda el crack, el paco y toda esa variante.
-¿Tomarías paco?
-No, lo probé para ver qué era... y no. Primero, porque me parece que es una droga de bajo nivel y sobre todo porque produce un flash de cinco minutos. A mí me gustó siempre la cocaína por su larga duración y además porque no produce los destrozos físicos que produce el paco.
De San Telmo a El Bolsón
Por las manos de Symns pasaron textos memorables, miles de dólares y el vacío del que escapó una y mil veces. Hoy vive entre Buenos Aires y El Bolsón. En la ex comarca hippie hace un espectáculo "cómico filosófico" con su amigo Héctor Ledo, show que se llama "Un guión para Tinelli". También hizo radio en el invierno.
-¿Te sentís parte de la comunidad de El Bolsón o estás de paso?
-Digamos que yo paso la mayor parte de mi vida en Buenos Aires. Yo vivo en la República de San Telmo, ese es mi mundo. Cuando me muero de hambre en Buenos Aires, me vengo para acá.
-¿Donde está la acción hoy?
-Y... no pasa nada. La derrota ha sido global. Se derrotaron las pasiones, no hay conversaciones apasionantes en los bares, de esas que te movilizaban el culo de la vida. Se acabó la promiscuidad, hasta la afectiva. Y la sexualidad ha sido totalmente escaldada. Todo eso ha sido parte de la gran caída del alma de la gente. Estamos viviendo en un mundo sin alma.
Las heridas
Symns se confiesa un lector imparable, pero le teme a la denominación de escritor. En los 80 sorprendió por su manera de escribir por cuanto medio gráfico pasó o creó. Provocó y ubicó el punto del relato en territorios que muchos querían abolir, negar o no asumir. Mientras, por su cuerpo, ese que lo contiene, el uso de distintas drogas lo invitaban a encontrarse, pero no siempre disfrutaba el hallazgo. A veces con los puños, sin metáfora, y otras, con esas navajas llamadas palabras talló heridas entre los poderosos (un gran diario argentino, un ídolo de rock o un político).
-¿Qué sensación te produce haber tenido buenas críticas por tu libro en medios que vos criticás?
-Es raro, sí, como en Clarín. La verdad es que me sorprende. Pero Página 12 me censuró completamente porque somos enemigos personales con el director Ernesto Tiffenberg, de vieja data.
-¿Estas críticas no te hicieron pensar que estabas haciendo las cosas mal?
-No, para nada, porque yo sabía que era un libro que iba a pegar, porque la gente lo compra y lo lee por la parte del rock, los chismes. Lo que vende es mi experiencia en el rock y no la vida en sí o la escritura. Sin embargo, la escritura ha sorprendido a algunos que a lo mejor no pensaban que yo lo podía hacer.
-En las notas que salieron sobre vos te presentan como periodista, escritor y personaje del under porteño ¿Es así? ¿Lo de personaje under no suena esnob?
- No sé, que sé yo, la verdad es que todo fue de casualidad. Periodista no era, fui por casualidad, yo era monologuista callejero, se fue el jefe de redacción de Pan Caliente, me dijeron que yo hiciera ese rol y al poco tiempo el jefe de Clarín me llamó, porque le interesaba mi escritura. Y lo de escribir libros es por mi derrota como periodista. Después que cierro Cerdos y Peces quedé fuera de juego, a mí me apasiona el periodismo. Es la antropología de la vida cotidiana, conocer mundos e intervenir en ellos. Al quedarme fuera de juego empecé a tratar de convertirme, no quiero ni decir la palabra, en escritor.
- ¿Te da miedo decirlo?
-Y... sí. Tengo mis remansos de poesía interna que salen a veces y después, algunos trucos que voy aprendiendo, porque siempre fui un lector exagerado. No miro televisión, leo. Lo que es feo es la soledad de la escritura. Además, bueno... lamentablemente cuando escribo me emborracho más y me drogo más. Todos los proyectos de salud que hago se me van a la mierda cuando tengo que sentarme a escribir.
-¿Te molesta que se diga que sos un marginal o un resentido?
-No. Soy las dos cosas. La primera es más raro, porque no se puede elegir. Sos marginado. La segunda es cierta, soy un resentido. El resentimiento es algo que no se puede negar. Siempre me acuerdo de una novela de Dostoievsky, "Humillados y resentidos". Si sos ofendido, bueno, te ofenden, pero cuando te humillan, te bajan la vista del alma. Entonces, ahí nace el resentimiento de cualquier tipo. Está la traición, la de los intelectuales. Yo vivo esa traición de colegas, amigos, gente del rock.
-¿Vos siempre llegás de casualidad a los lugares?
-Todo sucede en la vida. Escribir para mí era algo que siempre me apasionaba. Yo tendría que estar agradecido en vez de estar resentido.
-Te estás volviendo bueno.
-Es que yo en realidad tenía destino de delincuente, de atorrante, de persona mala. Y la escritura me sacó de las partes más crueles de esa tendencia que tiene mi alma. El filósofo William Burroughs decía eso de que "en el alma de un hombre viven una oveja y un lobo".
-¿Y vos decidiste ser lobo?
-Tom Lupo decía que "uno nace bestia y se va haciendo hombre a medida que hace daño a los demás". A mí me pasó que por hacer daño a alguien, me arrepentí, y entonces me dispuse a ser "bueno" a la fuerza.
-¿Eso tiene que ver con los delitos que cometiste, las estafas, los robos?
-Los delitos que cometí, o por lo menos los que cuento en el libro, me perturban menos. Primero, porque el único delito es la propiedad privada, como dice (Pierre) Proudhon, por lo tanto apropiarse de lo ajeno es recuperar lo propio, en ciertas circunstancias de la vida. Sí puede tener que ver con el daño que provoqué con mi actitud en la calle, mi actitud rapiñadora. Esa parte me costó mucho hacerla desaparecer, pero también sé que sigue viva.
-También en el libro se nota que hay un Symns que sufre.
-Sí, vos sabés que eso yo lo digo, pero filosóficamente, no para obtener piedad. A mí me asombra la capacidad de sufrimiento, al revés que el dolor. Vos le pegás una puñalada a un gato y a los cinco minutos se olvidó, no tiene memoria, el sufrimiento es la memoria del dolor. Yo siempre cuando me voy a dormir a la noche descubro que sufro.
-Pero lo que vos mostrás en el libro es como a un tipo que siempre da pelea, que termina una pelea y enseguida provoca con un "¿A ver quién es el que sigue?".
-Sí, esa es mi actitud en la calle, y no cuando estoy muy loco, al contrario. Ahora me están haciendo muchos reportajes y voy perfilando un discurso cada vez más nietzscheano, más agresivo hacia la miserabilidad de la gente. La palabra miserable, según Niezstche, está definida por una actitud en un hombre hedonista, que quiere atesorar los mecanismos que le dan placer, y que es depredador porque arranca ese placer de su entorno sin importarle la infelicidad que ocasione. Y Buenos Aires está repleta de miserables, casi no hay en la clase media no miserables, y esa es la violencia que trato de evitar.
Enrique Symns no proviene del ámbito literario, sino del periodístico. Trabajó en las revistas El Porteño, Satiricón, Eroticón; dirigió en distintas épocas Cerdos y Peces y El Cazador. Además fue monologuista de Los Redonditos de Ricota, la Bersuit Vergarabat y Los Piojos y, entre otros libros, escribió una biografía de Fito Páez. Su trayectoria vital delimita un territorio inevitablemente osmótico que bien podría resumirse con las palabras sexo, drogas y rock and roll, pero también con muchas otras. Fue una figura de cierta versión del underground porteño de los años ’80 y principios de los ’90, ese laboratorio de experimentaciones y conductas alternativas que reunió desde artistas, escritores y periodistas geniales e irreverentes hasta traficantes y estafadores, pasando por drogones, manyines y vividores. Symns no arremete contra esas definiciones, más bien las asimila y desde esa zona de permanente sospecha cuenta su experiencia.
Enrique Symns nació el 2 de enero de 1946 en Lanus, Provincia de Buenos Aires. Cultor de un periodismo inteligente y ácido a la vez, trabajó en diferentes medios: fue redactor del diario "La voz" en el año 1982, de "Clarín" en 1983, y en 1988 del diario "Sur". Siempre dentro del campo del periodismo gráfico, su presencia aportó una cuota innovadora en revistas como "Eroticón" (1986-1987), "Fin de siglo" (1989-1991), revista dirigida por Vicente Zito Lema, en la cual tuvo origen - en forma de suplemento - la ya mítica y desaparecida revista "Cerdos y Peces", revista que luego cobró una autonomía propia, dejando hasta el presente una impronta difícil de superar en cuanto al desarrollo de un estilo marginal, despojado de máscaras y convencionalismos. Fugaz vida tuvo la revista "El Cazador" - sólo existen tres números, difíciles de hallar -, también fundada y dirigida por Symns. Finalmente, utilizó su corrosiva pluma en "La Maga", durante los años 1998-1999. Luego partió hacia Chile, donde creó la revista "The Clinic".
Enrique Symns también editó libros como "Ñan Fri Fruli Fali Fru - Los Redondos", junto a Horacio Gonzáles, Luis Chitarroni, Carlos Polimeni y otros autores (1992), "Invitación al abismo", selección y prólogo de Fito Páez, "La vida es un bar", editorial Cuarto Propio, Santiago de Chile (2000), y un libro que reúne cien poemas de Charles Bukowsky.
- ¿Existe alguna vinculación entre poder y rock, entendiendo a éste último como una expresión, además de musical, socio-cultural?
- Aunque parezca una obviedad, en el caso del Rock and Roll ligado a la palabra Poder, debe establecerse una diferenciación epistemológica, porque poder tiene dos acepciones: Como verbo y como sustantivo. Podemos, entonces, hablar de impotencia o de no poder.
- ¿Cómo describiría esa diferenciación epistemológica?
- El poder como verbo tiene mucho que ver con el Rock and Roll. El Rock es un resucitamiento de la violencia, que viene de los negros y que penetra en nosotros, en Occidente, a través de, por ejemplo, Elvis Presley; se mueve, entonces, todo el culo del mundo, todo Occidente se contornea con ese bamboleo. Hay que recordar la "moral lease" que regía en Estados Unidos de Norteamérica, la cual dicta la ley moral de todo el mundo, y que esos bamboleos era violencia y era poder, le quitaba la impotencia a la gente. Luego vinieron los Beatles y desaletargaron a la gente de otra manera: pusieron el poder en verbo. Así la palabra poder se transforma en poder en sí, en poder que luchaba contra el Poder como sustantivo.
Ahora, existe un dato muy curioso: durante la segunda guerra mundial, los aliados por un decreto instaurado, tenían la obligación de confesar las bajas, mientras que los alemanes no debían hacerlo, no tenían decreto alguno que los obligase a ello. Entonces los grandes sesudos estos, se dedicaron a leer todos los diarios del país, prestando atención a todos los muertos de determinada edad, lo cual arrojaba una muestra de los muertos de la guerra. En base a esto se elaboró un sistema que analizaba la manera, o el método, de cómo detenerlos o modificarlos. En relación con esto y para volver al tema del rock, cuando se mezcló el verbo poder con Poder, es decir, cuando comenzó a mirarlo y lo captó, y se equivocó, y dijo no al rock, volvió a mirar y dijo no a lo otro, y no a lo otro también, empezó a repetir una capacidad de congelamiento. Para decirlo de alguna manera, la cultura sobre el arte. El arte está en movimiento mientras, pareciese, la cultura convierte en historia cada vez más rápidamente las cosas.
- Es decir, la cultura corre el riesgo de convertirse en un museo en el cual se exhiben meras cosas, ya despojadas de movimiento...
- Pregunto: cómo se llega a un Museo del Rock treinta años después del fenómeno; cómo poner un museo, será que el universo se ha vuelto más veloz. ¡ Ya existe un museo del rock!. En la velocidad de los fenómenos, un pibe de catorce años, ya no sabe qué es el poder de la acción, no sabe si su cuerpo mueve o no. El ya va al disco, va al hecho concreto, y esto es lo terrible del poder. No sé por qué, yo lo comparo - y trato de imaginarlo - con el nacimiento de un sacerdote, o mejor dicho, lo comparo con cómo nace la hipnosis sacerdotal, que logra atrapar un movimiento y decir algo sobre él. La responsabilidad mayor de este acontecimiento la tienen la mayoría de los intelectuales de todas las épocas, los filósofos, los teólogos y los científicos, que trataron rápidamente, de captar un fenómeno en movimiento y congelarlo. Los científicos, por ejemplo, tienen el atrevimiento de decir que las cosas caen por la Ley de Newton, tratan de explicar algo que el lenguaje no sabe de qué se trata.
- ¿ Podría, entonces, hablarse de una sacralización del rock. ?
- Salvo raras excepciones, al observar un evento de rock, uno puede descubrir allí el nacimiento de la Iglesia Católica del Rock and Roll. Para llamarlo de alguna manera, nunca he visto nada tan parecido a un rito bestial, tan similar al rito de una secta muy antigua, en el hecho de ver a un tipo, allá arriba de un escenario, cantando lo que una multitud le pide que cante, repitiendo canciones, ofreciendo su producto vil de consumo. Todo muy bien producido.
Se supuso que el rock era lo más parecido al poder que habían perdido los poetas y los actores, y que misteriosamente, habían recuperado los músicos, los cantantes. El primero que sospechó esto fue Eric Clapton, que dijo una frase que siempre recuerdo: "La culpa de toda esta porquería la tienen John Lennon y Bob Dylan, porque le hicieron creer a la gente que nosotros somos alguien que podemos hablar de algo".
He seguido las giras de Fito Páez. He estado en el recital de los Rolling´s Stones, y siempre he visto y oído lo mismo: "¡ahhh!", "¡ahhh! ", "¡ahhh!". Aliento. Pero sin modificación sustancial alguna de la energía. Quiero decir: en una época, ir a un recital de rock era en realidad, como en las películas; la música era un elemento, pero en el recital ocurrían - se daban, pasaban - modificaciones. Uno estaba dentro del recital y a uno le ocurrían cosas; el cambio se ejercía en uno. Hoy, ahora, en los eventos de rock, todos tienen que decir lo mismo, oír lo mismo, y el peor de los cantos que se escucha es ése terrible que dice "es un sentimiento, no puedo parar". Detengámoslo epistemológicamente y es: es un sentimiento, que significa miento, es decir, un sentir fingido. Sigamos : no lo puedo parar, porque es paralítico. Este canto se puede aplicar, para poner un ejemplo, en un mitin de Menem, o en un recital de Ludovica Squirru. ¿Por qué no?. Esa uniformización es nazi.
- ¿Cómo se manifiesta esa uniformización nazi?
- Creo yo que cada persona es como huellas digitales diferentes. Somos tan distintos, tan completamente diferentes, que para poder asimilarnos tendríamos que hacer, no sé, una revolución. Nadie se suicida por lo mismo, nadie escribe, ni hace o canta, por lo mismo. Parecía que en el rock esto se notaba, digo parecía. Trasladémonos al underground. A mí siempre me gustó lo chico, los recitales pequeños. Pero hoy, ya en lo chico o pequeño se nota, por la disposición de los músicos en el escenario, que apuntan hacia allá arriba, apuntan rápidamente al poder, que congela un evento y lo trasforma en objeto de consumo. Cambiemos, ahora, la palabra. En lugar de underground hablemos de upground, que expresa el sentido o la idea de " levántate". Subsiste siempre un error en el hecho de discutir si el margen o el centro. Pero, ¿el margen o centro de qué?. En un árbol, por ejemplo, el centro permanece más inmutable. Los cambios que se van a producir, se dan a través de las membranas externas. Bueno, yo llamo el underground a lo más estándar en un cuerpo vivo, suponiendo que exista un cuerpo vivo. Es aquello que, curiosamente, antes se componía de los locos, los poetas, los guerreros que surgían de esa zona. Toda la porquería surgía de esa zona, desde lo mejor a lo peor surgía de ahí. Por otra parte, todo lo que surgía del centro era siempre lo mismo. No importa quién es Napoleón, o quién Stálin, siempre surgían del centro mismo del poder. Nacían siempre de una continuidad sacerdotal. En última instancia, cómo tendríamos que definir una Universidad sino como la cuna del poder y la tumba del saber. ¡Nadie sabe nada en las Universidades!. ¡Nadie!. Y, sin embargo, todo sale de esos claustros. Los que nos van a juzgar, los médicos que nos van a matar, ¡todos!. Yo digo: a la Universidad hay que destruirla, así como habría que destruir el matrimonio, que es la base del sistema capitalista, porque genera una economía de consumo, que es la base del mismo.
- Volviendo al tema de la articulación entre poder y rock, ¿ queda algo de contestatario, de rebeldía, en el rock?
- Una anécdota: le estaba haciendo un reportaje a Baglieto durante la dictadura de Viola. Le pregunto sobre el régimen y un chiquito de anteojos, viene corriendo desde lejos y dice: permiso, puedo decir algo. Yo no sabía quién era y le dije que sí. Entonces empezó a putear a los militares. Aquel muchacho era Fito Páez. El nunca cambió. Es el único tipo que siempre puteó contra los militares, y contra Menem y toda la casta política. Yo digo que hoy, esta actitud se ha vuelto un ejercicio más fácil de realizar. El rock es cobarde.
Los músicos de rock son seres tan insensatos y tan miserablemente egocéntricos. La música aquí está tan dispersa que una de las discusiones que tuvo lugar dentro del underground fue, si alguna vez no había que comprar siete mil guitarras y repartirlas entre la gente. Wagner discutió esto con Bakunin. Wagner dijo: "Yo estoy destruyendo la música", y cuando se planteó esto argumentó que las construcciones que él estaba elaborando, las realizaba para que la gente no tocase más música. Entonces esto es lo más grave porque las cosas deben ser devueltas; la música debe ser devuelta a la gente. Cualquier lenguaje en poder de pocos, es temiblemente peligroso. Esto es lo que quiso decir Wagner cuando maldijo la música.
- ¿Cómo se manifiesta el poder dentro del rock?
- El rock es Hitler. Una situación cualquiera: Estoy ahí, recital de los Rolling´s Stones, un millón de personas. Si yo digo "matensé", ¡se matan!. Ese es el poder que ellos saben que existe. Otra anécdota útil para el análisis: Hay músicos recontra revulsivos. Existen actualmente unas 500 o 600 bandas de abajo, del pueblo, que las conozco, que tocan mal. Agarran los instrumentos, como cuando un ignorante toma un libro, y nada importa, cantan. ¿Y qué cantan?. Bueno, una muestra: " hijo de puta, me mataste la vida", "policía hija de puta, mataste a Miguel Brú". No importa si es bueno o malo. Yo estoy cansado de creer que existe el arte. ¿ Qué es el arte?. Que es lo que llaman arte sino ese circuito exclusivo y frívolo donde nos juntamos; algún taller de escritura en el que nos reunimos a escribir poesía, cuando a la vuelta están matando a tu abuela. Para qué sirve la poesía, los libros escritos. ¿Para qué sirven?. No sirven. Por eso Artaud escribe esa maravillosa frase, desde el sufrimiento que lo desgarra, que lo sacude: " el deber del escritor, del poeta, no es ir a encerrarse cobardemente en un texto... sino al contrario, salir afuera, para sacudir, para atacar a la conciencia pública...
Finalmente, volviendo a la diferencia entre rock y poder, creo yo, que el rock nunca intentó ser revolucionario. Lo creímos en un momento. Había muchas revoluciones para hacer. Yo creo que sigue habiendo una revolución a desarrollar en la pareja, en la vida cotidiana. Si uno no es capaz de alterar su casa, no puede alterar su cuadra. Si uno es un punk y después va al banco a trabajar, la palabra va adelante pero no es acompañada por la acción. Si el verbo no va ligado al hecho, me parece entonces, que todo es una gran decepción, una gran mentira brutal. Y como las palabras se han alejado tanto de la acción, ya el mundo es una cosa que ha quedado acartonada y entonces ahí se unifica todo. Así el rock va en camino de extinguirse, si no se ha extinguido ya. Ojalá nos llevemos una sorpresa. Tal vez la única sorpresa que nos puede ofrecer es que, los chicos de las villas en lugar de tomar una ametralladora, agarren una guitarra. Quizás sea mejor que en lugar de salir a robar, hayan usurpado las guitarras. Los ignorantes saben hablar pero no leer. El lenguaje de la música, al igual que todos los lenguajes criptográficos - llamémoslos sacramentales, que están en poder de pocos - son tremendamente peligrosos y por ello sería bueno que existiese algo así como la imprenta de la música, entonces, de esta manera, se acabaría el poder actual que detentan los grandes monopolios del negocio musical.
- ¿Cómo transformar en acción, en hecho, la metáfora "imprenta de la música" para poder crear un nuevo lenguaje musical?
- Todos tenemos que tocar y cantar. Las computadoras nos van a acercar al poder tocar o cantar. Existen aparatos por medio de los cuales uno puede programar y emitir la voz que quiera. No sé cómo hablaremos de aquí en más, pero la música es el rock, la canción popular, todas las formas de canción popular. Hablo en este caso del rock porque es la forma de la canción hegemónica en el mundo. No hay que olvidar que lo que hacen los sajones, que tienen sistemas de lenguaje poderosos, desde la lengua y la tecnología, ha aportado al enriquecimiento musical, como por ejemplo con el surgimiento de los Beatles, quienes han sido una genial bendición, pero detrás de lo cual viene la escupida salvaje. Es decir, atrás de ellos viene la invasión; ellos depredan. Vienen a depredar nuestro medio interno. No vienen a hacer nada más que llevarse grandes cantidades de dinero con esos brutales megashows. De todas maneras, el rock como poder-verbo, no tiene demostraciones actuales. Las últimas que quedaban, como las de Negú Gorriak y Mano Negra, ya extinguidas, produjeron la muerte de todo un movimiento latino, el cual se perfilaba como un poder y un lenguaje musical alternativo. Espero que interfiera un fenómeno que modifique esta situación. Cuando pierde poder el teatro y la poesía, la leyenda que provenía de ellos se transfiere a la música. Pero ésta posee una estructura que reproduce el esquema del andamiaje, que sostiene el poder. Existe el África corbs, compuesto por el bajista y el baterista, los cuales son productos, no participan; ellos son el África, son el fondo verdadero. Luego se encuentra adelante, avanzando, el Imperio. Viene la guitarra - que es una voz - y finalmente el cantante, que es, digamos, como el cura. No importa lo que diga ni lo que haga. Por otra parte, el público es dictador, quiere que sea todo como ayer. Es ahí cuando éste se convierte en un forrito.
- ¿Cuál es el escenario actual que dota de sentido al rock?
- Hoy en día, es el escenario de la Iglesia Católica, y el mejor escenario del poder mundial. Es la droga más anestesiante que existe en éste momento, porque toda expresión posible de violencia, se halla sedada, tranquilizada y uniformizada. De todas formas, en este momento el rock, no molesta ni a los porteros de Suiza. El arte en general va a tener que plantearse si va a sobrevivir el siglo que viene. El arte es en donde, en realidad, está escondida la palabra "magia transformadora". Si nos damos cuenta que los artistas tenemos el mismo poder que los políticos, bueno, tal vez le transmitimos algo a la gente, y tal vez la gente escuche y obre de alguna forma. La magia también se encuentra oculta en la música: Si los Beatles dijeran "abandonen a sus familias", yo saldría corriendo. Quiero decir que existe un poder oculto en esto de la palabra y la canción. Ahora, nadie lo sabe usar o no pueden usarlo. El poder es una concepción abstracta. Se supone que existió una famosa charla entre Trotsky y un anarquista, en la cual se dijo lo siguiente: Trotsky dijo: "tenemos que decidir qué vamos a hacer con los ferrocarriles", y el anarquista contestó: "pero cómo, si vamos a hacer la revolución, es para que no existan más los trenes". ¿Para qué queremos derrumbar al poder?. ¿Para no hacer nada más?. ¿O alguien va a tener que trabajar?.
Pero hay algo más fuerte: yo creo en la tormenta, creo en la tempestad y también creo en el SIDA. Todo este fenómeno que el hombre ha creado porque le han dado una certera y terrible paliza a la mentira. Me gusta mucho la leyenda de ese hombre que tuvo que hacerse tigre para poder vengarse. Convertirse en algo que mata, en un ser que te va a quitar la vida en nombre de sus hermanos, como la encantadora idea de Santucho. La Mentira mintió tanto que le va a ir mal, y es necesario que así sea. Sí, es necesario.
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La Banda de los chacales
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¿Paso algo con Menem?
menem me quebró económicamente. Yo me vine a Chile el 89 a sacar la cerdos acá, fue la primera vez que lo intente. Y allá me hizo un golpe económico. Para que te des una idea yo vendía 15mil o 16mil ejemplares y con la plata de un golpe que dio él no podía comprar el papel del siguiente numero. Ahí quebré. La volví a abrir la revista el año 96 y la cerré el 98 cuando me vine a vivir a Chile. La revista en Buenos Aires es una leyenda. Para que te des una idea los primeros cuatro números valen 200 dólares. Lo venden los coleccionistas.
¿Nunca estuvo en alguna universidad?
No. Jamás estudie. Vengo de la época de García Márquez. Él tiene un articulo que se llama “el mejor oficio del mundo” y dice que la universidad ha cometido el ultimo saqueo burocrático al robarle a la calle su ultimo oficio literario, porque realmente el periodismo se aprende en los bares, se aprende en conversaciones, se aprende de los mas viejos, se aprende con una gran disciplina de autodidacta y sobre todo haciendo muchas entrevistas, estando mucho en la calle, chocando contra los hechos, formando parte de ellos. Pero eso fue hasta que llegó la universidad, que de todas maneras yo considero que como dijo Nietzche “la universidad es la tumba del saber y la cuna del poder”. Allí nacen los jueces que nos mandan a la cárcel, los leicos que nos mandan a la tumba, los presidentes que nos gobiernan miserablemente, los sicólogos que nos encuentran locos. Siempre tuve una enemistad profunda con la universidad, lo cual no quiere decir que de allí no salgan grandes mentes.
¿Siempre estuvo interesado en las letras?
Desde chico empecé a escribir. Escribir fue eso que se llama vocaciones tempranas. Yo escribía cuentos, escribí varios libros que queme, hasta este momento que te dije en España que yo ya tenia como treinta y tantos años. Y bueno, encontré una forma de escribir nueva que era hacer un periodismo de ficción y un periodismo narrativo, lo que habían investigado Truman Capote y otros escritores, Ernest Hemingway en estados unidos. En Latinoamérica no había explotado, hasta la década que yo te digo y en alguna revista que yo cree que se llamaba “Cerdos y Peces”, tuvo la fortuna o el talento de convertirse en explosión de ese tipo de narrativa en la década del 80.
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SOY BUKOWSKI. Desde los 20 años que leí todas sus obras,
y sin embargo nunca lo leí. No sé si sabés a qué me refiero, con leer sin leer, como tragar sin masticar. Fue debido a
una maléfica casualidad, en una noche de caravana acorralado por Vera Land, que lo leí. Leer a Burroughs:
sumergirse en un remolino hambriento que te arrastra hacia los abismos de la locura. Leerlo, ponerse a trabajar con sus propuestas. Fue hace apenas cuatro años. También fue apenas hace siete años que leí por primera vez a Bukowski:
"Cartero". El periodista Claudio Kleiman fue el primero que me lo mencionó: "¿Tío, leiste a Bukowski?" - "¡Pero claro! -
le respondí, con la misma pasión con que a veces respondo cuando me preguntan si vi "Batman" o "La Nave Va", films que jamás vería. Pero fue otro periodista quien prácticamente me obligó a leerlo. Carlos Polimeni, en un
memorable viaje de cobertura periodística al festival de rock de La Falda, me pidió que hiciera un monólogo en el pasillo
del ómnibus: "Che, Bukowski... hacéte un monólogo". Fue una pesadilla. a partir de ese momento, amigos y desconocidos, lectores y parientes me llamaban, "Chinaski"
o "Bukowski".
'mis amigos del rock me abandonaron (...). los rockeros son de la peor basura, gente mezquina y frívola (...).
'me tuve que hacer el escritor cuando me echaron de todos lados, pero lo mió es el periodismo. el periodismo revulsivo, que si quiere saber lo que es la droga, habla con un drogadicto; si quiere saber lo que es el delito, con un criminal. no el periodismo que habla con la policía (...)'.
Para leer Una de las entrevistas completas, formato PDF:
Click Aquí
Fuentes:
http://www.pxweb.com.ar/sitio/node/721
http://marcbuko.blogspot.com/2006/04/jugar-ciegas.html
http://www.icarodigital.com.ar/numero4/entrevistas/symns.htm
http://www.lacapital.com.ar/2006/02/05/seniales/noticia_266670.shtml
¡Espero que les haya gustado!

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el que salo las heridas!