¿Porque los animales de naturaleza hervívora se vuelven carnívoros?


El Caso del Decapitador Nocturno:


El Escenario del Crimen

Hipopótamo Carnívoro (Explicación)

Al oeste de Escocia existe un grupo de islas llamado Islas Interiores (las más cercanas a la costa escocesa), allí está la Isla de Rum (a cresta de la colina) el lugar donde se desarrolla esta singular historia.

Esta preciosa isla nunca fue una gran atracción para el hombre, en su etapa más habitada contaba con tan solo 400 habitantes, en la actualidad tan solo tiene una población de 27 personas y su principal atractivo turístico es su paisaje y un castillo habilitado como hotel con capacidad para 45 personas.

La vida silvestre de Rum es maravillosa: se trata del primer lugar de las Islas Británicas donde se reintrodujeron águilas marinas en libertad, también se introdujeron ciervos pues durante un tiempo se empleo la isla como coto privado de caza, en la actualidad existen unos 2000 ejemplares.
También existen colonias de focas, cabras silvestres (acaso descendientes de las traídas por los primeros pobladores en la Edad del Bronce), nutrias, y multitud de pájaros, entre ellos cabe destacar uno de los protagonistas de esta historia: la fardela atlántica (Puffinus puffinus), una especie de gaviota grande, blanca por el vientre y negrogrisácea por el lomo, que mide unos 35 cm. del pico a la punta de la cola.

Es una especie protegida y lo más sorprendente de su comportamiento son sus largas migraciones, colonias de estos animales frecuentan las costas argentinas, uruguayas y brasileñas, y luego se dirige para anidar, recorriendo de sur a norte todo el Océano Atlántico, hacia varios islotes de Islandia, las Faroe, Azores y Bermudas, sin olvidar sus nidificaciones en las Islas Británicas. De esa región, los nidales de Rum son sin duda los más grandes, con poblaciones que alcanzan los 120.000 individuos.


¿Un Decapitador Nocturno?

Hace varios años que los sorprendidos pobladores y turistas comenzaron a encontrarse con un espantoso espectáculo: cientos y miles de pichones de fardela muertos, abandonados de cualquier manera cerca de sus nidos. El decapitador comenzaba a recolectar su morbosa cosecha.
Nadie podía explicarse el extraño suceso: los cadáveres de las avecillas aparecían sin cabeza y a veces sin patas, pero con su plumaje completo. No les faltaba ni un gramo de carne.

¿Qué sucedía? ¿Era obra de un nuevo depredador o el resultado del accionar de un enfermo mental que disfrutaba mutilando voladoras?

Hasta el día de hoy, los ataques, que comienzan en agosto cuando los pichones salen del nido y concluyen en septiembre, no han cesado y se repiten año tras año.

El misterio quitó el sueño a los rumenses, a los científicos escoceses y a los zoólogos y ornitólogos de todo el mundo, y persistió como un enigma a quebrar durante años.

El abyecto asesino, de presencia elusiva como una sombra y crueldad afilada como la de Jack el Destripador, se ocultaba de la vista de los hombres para perpetrar sus crímenes en la oscuridad de la noche.

Nadie acertaba a dar con él, mas los pichones de fardela seguían perdiendo las cabezas.


Buscando un Culpable - Los Sospechosos

La búsqueda del culpable no fue fácil. Primero se pensó en algún ave que, en ciertas circunstancias, se volviese rapaz de las fardelas. Se sabe que los cuervos y las águilas cazan a veces aves vivas, pero nunca se vio esta conducta sobre las fardelas de Rum. Los observadores de pájaros y los ornitólogos se gastaban las pupilas analizando los comportamientos de las demás aves que frecuentan la isla, pero nunca vieron a una de ellas atacar a un gaviotón. Sin embargo, por la noche, el decapitador nocturno atacaba de nuevo efectuando otro genocidio sobre las fardelas infantiles.

La falta de resultados de la teoría "aves contra aves" llevó la imaginación de la gente por otros derroteros.

Se sabía que el excéntrico Sir Bullogh había ordenado instalar en Kinloch un zoológico de animales exóticos. Entre ellos, había importado a la isla varios caimanes.

Una vieja anécdota daba cuenta de que en cierto momento, uno de los cocodrilos escapó del corral donde vivía. Los monteros y guardabosques de Sir Bullogh movieron cielo y tierra para encontrarlo (no era como para dejar suelta a semejante bestia en la isla), pero sin éxito. Resultó ser que el reptil no había huido hacia los campos, sino que se había ocultado dentro del castillo de Kinloch. El personal acabó a tiros con él.

¿Era posible que el decapitador nocturno fuese un caimán? Acaso no se había escapado uno solo, sino una pareja o más. Si se habían ocultado en las Rum Cuilins, hasta era posible que los descendientes de aquellos yacarés viviesen aún, hoy en día, en las nubosas montañas de Rum y se dedicaran a depredar a los pichones de fardela.

Pero en ese caso, ¿por qué recién ahora comenzaban a descubrirse los ataques? ¿De qué habían vivido los caimanes durante más de un siglo? ¿Qué clase de caimán se comería la cabeza de un pollo y dejaría el resto?

Los pobladores de la isla batieron las colinas metro por metro, sin poder, como era de esperarse, encontrar ni rastro de reptiles. Además, los despojos de las fardelas fueron mostrados a varios especialistas en cocodrilos, y todos estuvieron de acuerdo en que no habían sido atacadas por un animal de ese tipo.

¿Qué estaba sucediendo? Mientras los científicos se preocupaban, las muertes se hacían más y más frecuentes y los pobladores de Rum estaban cada vez más desesperados.

¿Cuánto faltaba para que el decapitador nocturno decidiese comenzar a comer cabezas de perros, ovejas... o personas?


Ya se sabe cómo reaccionan las personas que viven en lugares remotos o aislados ante los hechos inexplicables: Rum se convirtió en una usina de rumores a cual más desorbitado. Monstruos marinos, licántropos, vampiros ornitófagos, hasta una bestia similar al Monstruo del Lago Ness que se arrastraba fuera del mar por la noche para cebarse en los cuerpos de las inocentes avecillas...
Pero faltaba poco para que la verdad del asunto saliese a la luz.


El Verdadero Culpable

Un buen día, un paseante llegó corriendo a Kinloch, contando una extraordinaria historia: dijo que había visto a un ciervo rojo masticando tranquilamente a un pichón de fardela. ¿Ciervos carnívoros? ¡Qué tontería! Como es lógico, nadie le creyó.

Sin embargo, un especialista en ecología marina de la Universidad de Glasgow llamado Bob Furness manifestó haber estudiado un raro caso ocurrido en las Islas Shetland, al norte de Escocia. Allí, dijo, las gaviotas eran depredadas por... ¡las ovejas! Furness explicó que el motivo era la falta de calcio en la vegetación de que se alimentaba el ganado, lo que obligaba a las ovejas a suplantarlo convirtiéndose en depredadores. Casualmente, las aves marinas concentran la mayor parte del calcio corporal en la cabeza y las patas. En la isla de Foula, en las Shetland, no es raro ver a las ovejas decapitando pichones y rumiando tranquilamente las cabezas.

hipopotamo

Por más surrealista que sea la imagen, los científicos apuntaron de inmediato sus sospechas hacia los ciervos colorados de Rum.

El "decapitador nocturno" de Rum es, en efecto, el ciervo rojo que se ha vuelto carnívoro. Verdaderamente el pasto de la isla carece casi por completo de calcio, y es por ello que el Bambi de lánguidos y tristes ojazos se ha convertido en un monstruo sediento de sangre que devora masa encefálica al estilo de los zombies de "La Noche de los Muertos Vivos".


Inclusive sus sanguinarias correrías son nocturnas, ya que en esos momentos los pichones están solos y salen de sus cuevas para ejercitar las alas.
Cuesta creerlo, pero los análisis de los excrementos de los ciervos de Rum han encontrado restos de picos, huesos y patas de ave digeridos.

Actualmente, sólo falta filmarlos in flagrante delicto para terminar de disipar cualquier duda.

La BBC, la National Geographic y el canal británico The Discovery Channel están instalando en estos momentos cámaras infrarrojas por toda la isla y las colinas a efectos de documentar la extraordinaria conducta.

¿Quién lo hubiese dicho? El Decapitador Nocturno de Rum ha resultado no ser otro que el tierno, tímido y tembloroso cervatillo que llenó de emoción nuestros cuentos infantiles. ¡Bambi asesino!


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