Qué hacer y qué no en la fiesta navideña de la oficina
Qué hacer y qué no en la fiesta navideña de la oficina
Tips para que después del festejo de la oficina, el saldo sea tan blanco como la Navidad
Llega diciembre y la mayoría de la personas entramos en una estado de ánimo muy peculiar, con todas las luces en la calle, las compras desmesuradas, el tráfico exacerbado, las tradicionales posadas, la foto con los Reyes Magos, los brindis y demás celebraciones propias de la época.
Y aún cuando este año ha sido complicado en muchos sentidos, al final las personas parecemos siempre mantener los ánimos por festejar. Una de esas celebraciones que no pasa desapercibida es la fiesta navideña en la oficina. Si perteneces a una corporación, empresa, dependencia gubernamental, o cualquier otro lugar donde se desempeñe alguna actividad laboral, seguramente este año también serás invitado.
Muchos mitos se han construido alrededor de esta festividad laboral; en gran parte porque es una ocasión que se desarrolla en un escenario distinto al que cotidianamente estamos acostumbrados. Lo que para muchos puede ser una velada de conversación y cierre de actividades en la oficina, para otros puede tornarse en una pesadilla laboral con consecuencias lamentables si no se tiene la actitud adecuada durante esta celebración. Y es que ante todo, debemos tener una realidad muy presente: la fiesta de la oficina -a pesar de ser una fiesta- sigue siendo DE LA OFICINA.
Por ser una extensión del lugar donde trabajamos, nuestro comportamiento en una fiesta de este tipo no debe estar muy alejado de la forma en que nos comportamos diariamente en la oficina, lo cual dependerá en gran parte de la cultura propia de la empresa, corporación o dependencia. Por supuesto que la ocasión propicia un ambiente más relajado y menos solemne de lo habitual; pero en ningún momento, esto debe malinterpretarse como un boleto a una bacanal romana.
Para evitar cualquier trago amargo y disfrutar esta celebración, te presentamos aquí algunos tips para que en esta temporada de fiestas saques el mejor provecho de la ocasión y al siguiente día no encuentres tus pertenencias en una caja de cartón a la puerta de tu oficina.
1. La vestimenta.
A pesar de que es una fiesta, las oficinas por lo general guardan un código de vestimenta apropiado. Y a menos que la fiesta tenga alguna temática en específico, te sugerimos guardar tu camisa hawaiana para el próximo verano y mantener tu atuendo un tanto sobrio. Si la fiesta es formal, un traje con corbata para los caballeros y un vestido o traje sastre para las damas es siempre una opción segura y atinada. Si el festejo va más hacia lo casual, combinar un saco con prendas menos formales para los caballeros y para las damas, un vestido menos serio, resulta una buena elección. Lo más importante es recordar que la vestimenta puede decir mucho sobre nosotros (o nuestras intenciones); si las mujeres se avocan hacia algo más "revelador" o los hombres hacia algo demasiado casual (la playera de tus últimas vacaciones a Huatulco), puede causar una muy mala impresión de la cual, difícilmente podrás deshacerte en mucho tiempo.
2. El arribo y la partida.
Ser el primero en llegar puede hacernos parecer que estábamos contando los minutos por despegarnos de nuestro escritorio. Tómate tu tiempo. Si la fiesta es a las dos de la tarde, las dos y media es una hora razonable para llegar. Si termina a las nueve, no seas el último en salir, mucho menos, en esperar a que alguien te pida que desalojes el lugar. Aún cuando la fiesta pueda prolongarse en la noche, considera si al día siguiente debes acudir a trabajar de forma habitual. No querrás arrastrar los estragos de la noche anterior. Recuerda: sigue siendo la oficina, no es tu fiesta de graduación de la preparatoria.
3. Temas de conversación.
Un entorno más relajado puede hacer que el diálogo entre empleados y directivos surja de forma natural. Sin embargo, los límites los va marcando cada persona y por ello debemos ser reservados con los temas o cuestiones que vayamos a abordar. Está totalmente fuera de lugar tratar temas de ascenso, aumentos de sueldos o aquel proyecto que piensas podría revolucionar a la empresa; es una fiesta, no una lluvia de ideas. También, tratar tópicos de cuestiones religiosas, políticas o de otra índole que puedan despertar pasiones entre los asistentes posiblemente no sea muy buena idea.
Te recomendamos conversar con aquellas personas con las que tienes una buena relación; si el diálogo surge con tus jefes u otros compañeros no tan familiares, trata de llevar una conversación más ligera, recordar los logros o buenos momentos de ese año, así como las experiencias gratas que has tenido trabajando en ese lugar. A nadie le gusta escuchar en esta época lo miserable que es tu vida en todos los aspectos. Si en verdad no te sientes en disposición o con la actitud adecuada para acudir a este tipo de celebraciones, discúlpate por tu ausencia y evítate a ti y al resto de tus compañeros pasar un mal rato.
4. "Con-bebiendo".
Uno de los aspectos en los que más prudentes debemos de ser al asistir a una fiesta de la oficina es la forma en que nos dirigimos y conducimos con el resto de los asistentes. De nuevo, recordemos la premisa esencial: seguimos estando en la oficina. Con esto asentado, dejemos el grito de mariachi para el "Tenampa" y evitemos que nuestro jefe nos vea "fondeando" una botella de licor con la camisa a medio rasgar.
Tengamos en mente que no todos son igual de "fiesteros" que nosotros, así que no tratemos de poner en ambiente a "la chica introvertida de contabilidad" si ella así lo decide. Ponernos en una actitud necia o intransigente puede tornar el ambiente muy pesado y desagradable para el resto de los invitados. Por otro lado, si tú eres "la chica introvertida de contabilidad" tampoco aproveches esta oportunidad para irte al otro extremo -ya desinhibida por el ambiente o por los tragos- y subirte a la mesa para hacer un bailecito al estilo de Ninel Conde. Hacerse de una buena reputación en la oficina puede llevarnos meses o años; para hacerse de una mala, sólo nos toma unos minutos o unas cuantas copas...
Y ya entrados en copas, el tema del alcohol es muy delicado. Nada de lo que hagas va a ser justificado con tus superiores o colegas porque "se me subieron los tragos". Esta cuestión en verdad que puede traer consecuencias muy serias dentro de la oficina, sino es que hasta repercusiones de tipo legal (un duelo a puños con tu enemigo del departamento de finanzas).
Cada quién conoce sus límites al ingerir alcohol, por ello, si tu sabes que tu tolerancia es mínima, procura no tomar, o a lo mucho consume uno o dos tragos. Aún cuando tu aguante al licor sea considerable, este tipo de reuniones sociales no son el momento ideal para demostrar ante los compañeros tu gran habilidad para engullir cantidades brutales de alcohol.
Un estado etílico descontrolado en las personas puede llevarlos a hacer cosas de las que siempre habrán de lamentarse. Desde montar coreografías fuera de lugar, hasta tratar de "ligarse" a ese compañero o compañera por la que siempre han suspirado; la fiesta de la oficina es el peor escenario para realizar este tipo de actividades.
Una cosa es que tu jefe o jefa te saquen a bailar (y ni modo, le tendrás que aceptar amablemente una pieza y ya), y otra muy diferente es que te vuelvas impertinente y trates de poner a tu jefe(a) o a otros asistentes en ridículo. Ya lo dijimos, la fiesta tal vez dure un par de horas; una mala impresión dura para siempre (o lo que tarden en despedirte de tu empleo).
La moderación, los buenos modales y un comportamiento cordial puede ser tu mejor carta dentro de la empresa o corporación a la que perteneces. Al final, la fiesta de la oficina debe de ser eso: una reunión con los colegas en la que podamos disfrutar, pasar un rato divertido y alegre en un entorno de moderación y respeto con todos los invitados.

Tips para que después del festejo de la oficina, el saldo sea tan blanco como la Navidad
Llega diciembre y la mayoría de la personas entramos en una estado de ánimo muy peculiar, con todas las luces en la calle, las compras desmesuradas, el tráfico exacerbado, las tradicionales posadas, la foto con los Reyes Magos, los brindis y demás celebraciones propias de la época.
Y aún cuando este año ha sido complicado en muchos sentidos, al final las personas parecemos siempre mantener los ánimos por festejar. Una de esas celebraciones que no pasa desapercibida es la fiesta navideña en la oficina. Si perteneces a una corporación, empresa, dependencia gubernamental, o cualquier otro lugar donde se desempeñe alguna actividad laboral, seguramente este año también serás invitado.
Muchos mitos se han construido alrededor de esta festividad laboral; en gran parte porque es una ocasión que se desarrolla en un escenario distinto al que cotidianamente estamos acostumbrados. Lo que para muchos puede ser una velada de conversación y cierre de actividades en la oficina, para otros puede tornarse en una pesadilla laboral con consecuencias lamentables si no se tiene la actitud adecuada durante esta celebración. Y es que ante todo, debemos tener una realidad muy presente: la fiesta de la oficina -a pesar de ser una fiesta- sigue siendo DE LA OFICINA.
Por ser una extensión del lugar donde trabajamos, nuestro comportamiento en una fiesta de este tipo no debe estar muy alejado de la forma en que nos comportamos diariamente en la oficina, lo cual dependerá en gran parte de la cultura propia de la empresa, corporación o dependencia. Por supuesto que la ocasión propicia un ambiente más relajado y menos solemne de lo habitual; pero en ningún momento, esto debe malinterpretarse como un boleto a una bacanal romana.
Para evitar cualquier trago amargo y disfrutar esta celebración, te presentamos aquí algunos tips para que en esta temporada de fiestas saques el mejor provecho de la ocasión y al siguiente día no encuentres tus pertenencias en una caja de cartón a la puerta de tu oficina.
1. La vestimenta.
A pesar de que es una fiesta, las oficinas por lo general guardan un código de vestimenta apropiado. Y a menos que la fiesta tenga alguna temática en específico, te sugerimos guardar tu camisa hawaiana para el próximo verano y mantener tu atuendo un tanto sobrio. Si la fiesta es formal, un traje con corbata para los caballeros y un vestido o traje sastre para las damas es siempre una opción segura y atinada. Si el festejo va más hacia lo casual, combinar un saco con prendas menos formales para los caballeros y para las damas, un vestido menos serio, resulta una buena elección. Lo más importante es recordar que la vestimenta puede decir mucho sobre nosotros (o nuestras intenciones); si las mujeres se avocan hacia algo más "revelador" o los hombres hacia algo demasiado casual (la playera de tus últimas vacaciones a Huatulco), puede causar una muy mala impresión de la cual, difícilmente podrás deshacerte en mucho tiempo.
2. El arribo y la partida.
Ser el primero en llegar puede hacernos parecer que estábamos contando los minutos por despegarnos de nuestro escritorio. Tómate tu tiempo. Si la fiesta es a las dos de la tarde, las dos y media es una hora razonable para llegar. Si termina a las nueve, no seas el último en salir, mucho menos, en esperar a que alguien te pida que desalojes el lugar. Aún cuando la fiesta pueda prolongarse en la noche, considera si al día siguiente debes acudir a trabajar de forma habitual. No querrás arrastrar los estragos de la noche anterior. Recuerda: sigue siendo la oficina, no es tu fiesta de graduación de la preparatoria.
3. Temas de conversación.
Un entorno más relajado puede hacer que el diálogo entre empleados y directivos surja de forma natural. Sin embargo, los límites los va marcando cada persona y por ello debemos ser reservados con los temas o cuestiones que vayamos a abordar. Está totalmente fuera de lugar tratar temas de ascenso, aumentos de sueldos o aquel proyecto que piensas podría revolucionar a la empresa; es una fiesta, no una lluvia de ideas. También, tratar tópicos de cuestiones religiosas, políticas o de otra índole que puedan despertar pasiones entre los asistentes posiblemente no sea muy buena idea.
Te recomendamos conversar con aquellas personas con las que tienes una buena relación; si el diálogo surge con tus jefes u otros compañeros no tan familiares, trata de llevar una conversación más ligera, recordar los logros o buenos momentos de ese año, así como las experiencias gratas que has tenido trabajando en ese lugar. A nadie le gusta escuchar en esta época lo miserable que es tu vida en todos los aspectos. Si en verdad no te sientes en disposición o con la actitud adecuada para acudir a este tipo de celebraciones, discúlpate por tu ausencia y evítate a ti y al resto de tus compañeros pasar un mal rato.
4. "Con-bebiendo".
Uno de los aspectos en los que más prudentes debemos de ser al asistir a una fiesta de la oficina es la forma en que nos dirigimos y conducimos con el resto de los asistentes. De nuevo, recordemos la premisa esencial: seguimos estando en la oficina. Con esto asentado, dejemos el grito de mariachi para el "Tenampa" y evitemos que nuestro jefe nos vea "fondeando" una botella de licor con la camisa a medio rasgar.
Tengamos en mente que no todos son igual de "fiesteros" que nosotros, así que no tratemos de poner en ambiente a "la chica introvertida de contabilidad" si ella así lo decide. Ponernos en una actitud necia o intransigente puede tornar el ambiente muy pesado y desagradable para el resto de los invitados. Por otro lado, si tú eres "la chica introvertida de contabilidad" tampoco aproveches esta oportunidad para irte al otro extremo -ya desinhibida por el ambiente o por los tragos- y subirte a la mesa para hacer un bailecito al estilo de Ninel Conde. Hacerse de una buena reputación en la oficina puede llevarnos meses o años; para hacerse de una mala, sólo nos toma unos minutos o unas cuantas copas...
Y ya entrados en copas, el tema del alcohol es muy delicado. Nada de lo que hagas va a ser justificado con tus superiores o colegas porque "se me subieron los tragos". Esta cuestión en verdad que puede traer consecuencias muy serias dentro de la oficina, sino es que hasta repercusiones de tipo legal (un duelo a puños con tu enemigo del departamento de finanzas).
Cada quién conoce sus límites al ingerir alcohol, por ello, si tu sabes que tu tolerancia es mínima, procura no tomar, o a lo mucho consume uno o dos tragos. Aún cuando tu aguante al licor sea considerable, este tipo de reuniones sociales no son el momento ideal para demostrar ante los compañeros tu gran habilidad para engullir cantidades brutales de alcohol.
Un estado etílico descontrolado en las personas puede llevarlos a hacer cosas de las que siempre habrán de lamentarse. Desde montar coreografías fuera de lugar, hasta tratar de "ligarse" a ese compañero o compañera por la que siempre han suspirado; la fiesta de la oficina es el peor escenario para realizar este tipo de actividades.
Una cosa es que tu jefe o jefa te saquen a bailar (y ni modo, le tendrás que aceptar amablemente una pieza y ya), y otra muy diferente es que te vuelvas impertinente y trates de poner a tu jefe(a) o a otros asistentes en ridículo. Ya lo dijimos, la fiesta tal vez dure un par de horas; una mala impresión dura para siempre (o lo que tarden en despedirte de tu empleo).
La moderación, los buenos modales y un comportamiento cordial puede ser tu mejor carta dentro de la empresa o corporación a la que perteneces. Al final, la fiesta de la oficina debe de ser eso: una reunión con los colegas en la que podamos disfrutar, pasar un rato divertido y alegre en un entorno de moderación y respeto con todos los invitados.

Fuente: http://estilos.prodigy.msn.com/articulo.aspx?cp-documentid=26649366
http://estilos.prodigy.msn.com/articulo.aspx?cp-documentid=26649366&page=2
http://estilos.prodigy.msn.com/articulo.aspx?cp-documentid=26649366&page=3
Ahhh... aprovecho este post para invirarte a ser parte de el arbolito de navidad la comunidad Los Mejores Usuarios De T!





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