Cualquiera que llegue hoy a las puertas de Potosí, principal artífice del esplendor de Europa entre los siglos XVI y XVIII, siente frío en la sangre. Con cerca de 2.000 millones de onzas de plata sacadas de su Cerro Rico durante la Colonia, esta urbe, que pavimentaba sus calles con adoquines de plata, impulsó el Renacimiento y contribuyó a financiar la Armada Invencible. Hoy Potosí es una ciudad moribunda.

Potosí y las riquezas arrebatadas

Siglos atrás en el pasado, Potosí era uno de los lugares mas ricos del continente, era la joya preciada de la corona española, la fuente de abastecimiento de las riquezas de los conquistadores. Bajo la superficie reposaba la plata, ese metal tan presuntuoso durante lapsos después del “descubrimiento” de América.

Varios historiadores dicen que hasta las herraduras de los caballos eran de plata en la época de auge de Potosí. Hasta su nombre era usado como un sinónimo de mucha fortuna. Dentro de la gran obra de Cervantes, se puede percibir que Don Quijote de la Mancha le decía “vale un Potosí”, a su compañero Sancho.

La que entonces era una gran ciudad, contaba con 120 mil habitantes en 1573, semejante a ciudades como Londres, e incluso más que Madrid, Roma o Paris.

Sin embargo, el escritor uruguayo Eduardo Galeano, en su libro Las Venas Abiertas de América Latina aclara que el descubrimiento de las riquezas del lugar se produjeron antes de la llegada del hombre blanco a América: “Potosí no había nacido con los españoles. Tiempo antes de la conquista, el inca Huayna Capác había oído hablar a sus vasallos del Sumaj Orko, del cerro hermoso”.

Una vieja leyenda cuenta que los incas no pudieron explotarlo. Galeano escribió al respecto, “era una voz fuerte como el trueno, que salía de las profundidades de aquellas breñas y decía en quechua: - no es para ustedes, Dios se reserva estas riquezas para los que vienen de más allá”.

america latina

Los indios se escabulleron horrorizados y el inca se marchó del cerro. Pero antes le habría de cambiar el nombre, lo llamó Potojsi, que en quechua quiere decir “que truena, hace explosión”.

Durante la época de la conquista española, el rey Carlos V le otorgó el titulo de Villa Imperial, de ese modo Potosí pasó a ser vital para su reino. A mediados del siglo XVII la plata extraída de sus entrañas abarcaba más del 99 por ciento de las exportaciones de la América Hispánica. Es más, el nombre del Río de la Plata que baña las costas de Argentina y Uruguay, lleva ese nombre precisamente por las riquezas extraídas de Potosí y que pasaban por esos puertos.

Obviamente, la explotación directa y el trabajo pesado fueron posibles gracias a la esclavitud de los indígenas, que a costa de su salud trabajaban para la corona española en las llamadas Mitas:
Durante la Colonia, el Virrey Francisco de Toledo instauró en 1572 una forma de esclavitud temporal, la mita: una vez cada siete años, durante cuatro meses, los varones de entre 18 y 50 años estaban obligados a trabajar en las minas, casi sin paga y sin ver la luz del sol. Así murió 80% de la población masculina de 16 provincias del Virreinato del Perú. “Cada peso que se acuña en Potosí cuesta diez indios muertos en las cavernas de las minas”, escribía Fray Antonio de la Calancha en 1638.

Potosí

Sin quererlo, la plata potosina fue vital para el abastecimiento del capitalismo naciente en el viejo continente. El escritor uruguayo escribe: “Los metales arrebatados a los nuevos dominios coloniales estimulaban el desarrollo económico de Europa y hasta puede decirse que lo hicieron posible”.

“En nuestros días, Potosí es una pobre cuidad de una Bolivia pobre”, sostiene Galeano.

Es conocida la explotación y mortandad a la que fueron sometidos los indígenas en las minas. Galeano estima que sucumbieron 8 millones de seres humanos en la vorágine de la explotación minera durante la Colonia. En un artículo reciente, este mismo escritor latinoamericano dice: “de todas partes marchaban, prisioneros, rumbo a la boca que conducía a los socavones. Afuera, temperaturas de hielo. Adentro, el infierno. De cada diez que entraban, sólo tres salían vivos. Pero los condenados a la mina, que poco duraban, generaban la fortuna de los banqueros flamencos, genoveses y alemanes, acreedores de la corona española, y eran esos indios quienes hacían posible la acumulación de capitales que convirtió a Europa en lo que Europa es.” («El país que quiere existir»).

Pasaron muchos siglos desde que Potosí tuvo su auge máximo. Pero a medida que pasaron los años, el suelo rico en donde yace fue de alguna u otra manera una fuente de abastecimiento rico en recursos naturales. Lamentablemente, esas riquezas siempre fueron a parar a manos ociosas y poderosas que en base a la explotación de los más pobres se llenaron de fortunas en dimensiones colosales.

Las lecciones que dio la historia de Potosí en su larga vida tienen que servir para que en la actualidad y en el futuro se pueda sacar provecho de estas concesiones que dio y da la naturaleza, pero en beneficio del pueblo boliviano.
Hasta el momento eso no parece pasar, los medios de comunicación y los gobiernos ocultan a la gran población los explotadores y la existencia misma de estos recursos.

Fuentes:
-http://www.prensamercosur.com.ar/apm/nota_completa.php?idnota=884
-www.arqueostudio.com/potosi.html
-www.unesco.org/courier/2000_03/sp/dici/txt1.htm