Les traigo las más famosas historias y leyendas de pueblos fantasmas. Fuente : http://tejiendoelmundo.wordpress.com/




El Viejo Belchite:

Ecos del pasado

Bello lugar, es lo que significa la palabra Belchite, que es el nombre del pueblo del que os hablaré hoy. Belchite fue un pueblo de los más prósperos de principios del siglo XX en la provincia de Zaragoza, entre sus bellos muros de estilo mudéjar llegaron a contabilizarse dos conventos y varias iglesias, símbolo de la buena salud económica de la comarca. Los primeros pobladores de este lugar datan de la época romana, aunque muchos pueblos primitivos ocuparon ya estas tierras con anterioridad. Más tarde, los musulmanes dejaron su huella, hasta la reconquista, cuando Felipe III ordenó la expulsión de los moriscos pasando a manos del Conde de Belchite. En el siglo XVII, los Belchitanos consiguieron comprar su independencia a la nobleza.

Pueblos Fantasmas Abandonados

Finalizada la guerra, Franco ofrece a los supervivientes de Belchite la opción de construir un nuevo pueblo o la de dejar que los Belchitenses se ocupen de la reconstrucción y él, a cambio, construir un canal de regadío para llevar agua desde el Ebro y, de ese modo, transformar y modernizar la economía de la zona dejando atrás las poco productivas tierras de secano. Los Belchitenses optan por el nuevo pueblo, cosa de la que posiblemente se hayan arrepentido desde entonces pues pasados los años, no todo fue tan bonito como lo planteó el Generalísimo en un principio. “Yo os juro, que sobre estas ruinas de Belchite, se edificará una ciudad hermosa y amplia como homenaje a su heroísmo sin par. Franco”, “1.937-1.954”.
La construcción del nuevo Belchite fue llevada a cabo por prisioneros de guerra, de este modo Franco se vengaba en cierto modo de aquellos que destrozaron el pueblo haciéndoles construir uno nuevo. En 1946, los vecinos más afines al régimen pudieron ocupar las primeras y mejores casas de Belchite, aunque el pueblo no fue inaugurado hasta 1954 y no fue hasta finales de los 60, que el traslado se dio por terminado. Pese a la promesa de gratuidad para los vecinos del viejo Belchite, el que quiso casa tuvo que comprarla y muchos fueron los que decidieron emigrar a otras tierras. Desde entonces, el viejo pueblo de Belchite permanece pausado en el tiempo como gigantesco monumento de la memoria y el pasado.
Sin duda, es el pueblo abandonado, maldito, fantasma… como queramos llamarlo, más visitado de España, pues sus ruinas son visitadas todos los años por más de diez mil personas. Algunas como homenaje o recuerdo de lo que sucedió allí, otras como simple visita turística y otras muchas, atraídas por las leyendas que cuenta que las almas de los que allí murieron, todavía caminan por sus calles.

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Las leyendas de Belchite:

Desde su total abandono en la década de los 60 y dado su pasado doloroso y sangriento, junto con el perfil fantasmal de edificios semiderruidos. Belchite viejo ha sido un centro de peregrinación para investigadores de lo paranormal de todo el mundo. Las ruinas de los conventos de San Rafael y San Agustín, la inquietante torre del reloj, el viejo cementerio, la iglesia de San Martín… cualquier rincón de este pueblo es un lugar idóneo para pasar una noche con una grabadora y un termo de café.
Y los resultados de estos investigadores no tardaron en producirse. Decenas de psicofonías, grabaciones en las que se escuchan los ecos de la guerra como si aquellos terribles días de 1937 hubiesen quedado impregnados en todas y cada una de las piedras del lugar. Aviones, bombas, disparos… lamentos. Con el paso de los años las leyendas fueron aumentando, en gran parte gracias a estas psicofonías. Presencias misteriosas que caminan por las solitarias calles, sombras que parecen desaparecer en el interior de las casas al paso de los visitantes, fotografías en las que aparecen figuras entre las ruinas, manos que arañan las tiendas de campaña de jóvenes que pasan allí la noche como gesto de hombría, campanas que hace años que desaparecieron y que vuelven a repicar en las noches más oscuras, un niño juguetón que suele asomarse en lo más alto del campanario… quizás sea él quien toca las campanas. Voces que hielan la sangre a los visitantes recomendándoles que se marchen de allí…

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Estas son algunas de las muchas historias que se cuentan sobre Belchite, muchas serán ciertas, otras falsas, cada uno es libre de tener su propia opinión, pero de lo que no tengo duda es que todos los que por sus calles han caminado o caminarán, tendrán la misma sensación inquietante de que allí quedó algo atrapado y que de algún modo etéreo, todavía se puede sentir.
Termino el artículo con una frase que se puede leer en la puerta de la vieja Iglesia de San Martín. Pintada por Natalio Baquero, uno de los últimos habitantes de Belchite el mismo día de su partida. (La palabra Zagal, significa niño)




Bodie Ghost Town:

Bienvenidos al salvaje oeste o, por lo menos, a lo que queda de él. Hoy daremos un paseo por un pequeño pueblo abandonado llamado Bodie, cerca de la frontera con Nevada, en el Estado de California.
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Bodie es un pueblo fantasma original de la década de 1800. Hoy en día se encuentra en un estado de “decadencia detenida”. Así acuñado por el Estado de California, cuando tomaron la ciudad en 1962 para convertirla en un Parque Histórico del Estado.
En 1859 William (Waterman, alias) S. Bodey descubrió oro cerca de lo que ahora se llama Bodie Bluff. Una fábrica fue establecida en 1861 y la ciudad comenzó a crecer. Todo comenzó con cerca de 20 mineros y creció a un estimado de 10.000 personas en 1880! En ese momento, a la ciudad de Bodie acudían familias, ladrones, mineros, propietarios de tiendas, pistoleros y prostitutas de todos los rincones de Estados Unidos. En un momento dado se contabilizaron hasta 65 salones en la ciudad. Entre los salones también había un buen número de ”casas de mala reputación ‘, salas de juego y fumaderos de opio e incluso un prospero barrio chino. Huelga decir que hubo entretenimiento para todos los gustos.
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Después de un largo día de trabajo , los mineros se dirigirían a los bares y la zona roja para gastar sus ingresos. La mezcla de dinero, oro y alcohol era a menudo fatal. Se dice que había un hombre muerto cada día en Bodie.
Pero todo lo bueno se acaba, y ninguna mina dura toda la vida… Así en la década de 1870 comienza un declive que continuará hasta el abandono total del pueblo. Las minas se automatizan y los procesos de extracción de oro y su lavado ya no necesitan de tanta mano de obra. La mayoría de gente se marcha a otros lugares más prósperos en 1910 tan solo se censan en la ciudad 698 personas.
La primera mina cierra en 1913, el ferrocarril es abandonado en 1917 y tras vanos intentos de reactivar la economía por parte de los pocos trabajadores que quedan, llegan las guerras que dan la puntilla final a la actividad de este pueblo. En 1942, con todos los comercios y servicios estatales cerrados, la última familia abandona la ciudad.

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Bokor Hill:

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Bokor Hill Station

Existen cientos de pueblos y ciudades fantasmas que por diferentes motivos fueron abandonadas por sus moradores en diferentes épocas de la historia. Pero de entre todas ellas, sin duda, Bokor Hill Station es uno de los pueblos fantasma con más clase. No sin motivos, pues fue creado, allá por la segunda década del siglo pasado, por los colonos franceses para reproducir, en la lejana Camboya, el lujo y glamour que tanto añoraban de su país natal.
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El pueblo se edificó a las afueras de la ciudad de Kampot y los franceses no escatimaron vidas camboyanas para crear su pequeño París. Palacetes, viviendas, tiendas, oficina de correos, salón de bailes, el gran Hotel casino “Bokor Palace”, la iglesia… en fin, todo lo necesario para que los colonos no tuviesen que relacionarse ni viajar a las húmedas y mal olientes macro ciudades camboyanas.
Pasados unos años y terminada la época colonialista, la ciudad pasó a manos del gobierno y desde entonces, las lluvias y la naturaleza se han encargado de otorgar a aquellas monumentales ruinas unos matices realmente impresionantes y fantasmagóricos. La mayoría de edificios se conservan bastante bien y si se tiene la suerte de viajar por aquellas tierras, el turista puede visitarlos sin problema. Aunque parece ser que el gobierno tiene pensado restaurar esta vieja ciudad y rodearla de spas y campos de golf, para que vuelvan de nuevo los franceses adinerados… bueno, y los que no sean franceses también serán bien admitidos, jeje.
Si fisgoneáis por la red, podéis encontrar la película de terror R-point, que se grabó en este lugar… (Camboyana, aviso). Aunque hay cientos de fotografías en la red realmente fantásticas y os ahorrareis el descubrimiento del cine Camboyano.
Por otro lado, parece ser que el lugar, pese a lo tétrico, está limpio de moradores fantasmales, o por el momento, nada fuera de lo normal a ocurrido en Bokor Hill Station.
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Centralia:

Centralia es un municipio en el condado de Columbia, Pennsylvania, en los Estados Unidos. A pesar de que recientemente en 1981 había más de 1.000 habitantes, la población disminuyó a 12 como resultado de una vieja mina en llamas, que arde debajo de la ciudad.
El pueblo fue registrado en 1866, pero ya existía desde 1841; el poblado fue cuna de activistas de la organización secreta de mineros llamada Molly Maguires, durante el período entre 1860 y 1870. El fundador de la ciudad, Alexander Rea, fue una de las víctimas de esta orden clandestina, cuando fue asesinado en las afueras del municipio el 17 de Octubre de 1868. Otros asesinatos e incendios ocurrieron en aquel tiempo.
En el año 1962, un incendio aparentemente inofensivo en un basurero de Centralia (Pensilvania) se extendió repentinamente por el subsuelo y encendió una veta de carbón situada bajo la ciudad. Las llamas de la superficie fueron extinguidas por los bomberos, pero el carbón siguió ardiendo bajo las casas hasta convertirse en un monstruo incontrolable que obligó a desalojar la ciudad.
Hoy día, Centralia es un lugar abandonado y fantasmal. La mina subterránea sigue ardiendo y se calcula que contiene carbón para hacerlo durante 250 años más.
El aspecto actual de Centralia es lo más parecido a una película de terror. De hecho, el lugar sirvió de inspiración para la película “Silent Hill”. Aquí y allá, el monstruo ha levantado las calles o partido en dos las carreteras; pequeñas columnas de humo delatan los lugares por los que trata de respirar.
La carretera estatal 61, que fue cerrada a mediados de los 90, es un lugar auténticamente espectral. Un enorme cartel nos advierte del peligro poco antes de llegar: “Incendio en mina subterránea. Adentrarse en este área puede ocasionar graves daños o la muerte. Gases peligrosos. Peligro de hundimiento”. La fuerza del incendio ha rajado la carretera en dos; una gigantesca grieta que cruza de un lado a otro como si la tierra acabara de estallar.
Actualmente se calcula que la veta de carbón bajo Centralia tiene unos 10 kilómetros de extensión y arde a unos 1.000 metros de profundidad. Las autoridades se dieron cuenta de su existencia a mediados de los 70. Los bomberos abrieron varios agujeros en la tierra para comprobar las evoluciones del incendio y lo consideraban controlado hasta que el propietario de una gasolinera local introdujo una vara para medir los tanques subterráneos y descubrió que estaban a 80º C.
Poco tiempo después, un niño de 12 años fue rescatado tras caer en un pozo de más de 40 metros que se abrió bajo sus pies. A la vista de los acontecimientos, las autoridades se pusieron en marcha y en 1984 evacuaron la ciudad. Unas cuantas familias optaron por quedarse hasta que en 1992 fueron expulsadas definitivamente.
Hoy día, lo poco que queda del pueblo ha sido devorado por la vegetación. De vez en cuando algún grupo de despreocupados turistas se aventura en las inmediaciones de la mina y se fotografía junto a las humeantes chimeneas. Ignoran que, en cualquier momento, el monstruo puede despertar.

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Craco, ciudad medieval abandonada:

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Paseando por las solitarias calles de este lugar, se pueden escuchar los ecos de miles de niños que corretearon por sus empinadas cuestas. Imaginar los pasos apresurados de las viejas que, al son de las campanas de la iglesia parroquial de San Nicola, acuden presurosas a la misa de doce.Sin prisa y con el silbido de la brisa que siempre sopla en el valle de Cavone como único compañero, las destartaladas fachadas de palacios como el palazzo Grossi, el Madonna, el Carbone o el Simonetti van guiando el rumbo del caminante hacia las ruinas del viejo castillo. Fortaleza que durante muchísimos siglos acogió a las familias más poderosas del sur de Italia.
Entre los muros derruidos, un edificio destaca todavía del resto, es el convento de San Pedro y desde lo más alto de su torre, el paisaje que podemos observar nos corta la respiración. El extenso valle de Cavone se extiende como un mar de suaves colinas hasta más allá de donde nos alcanza la vista. El viento sopla fuerte, y abajo, en el pueblo, comienza un peculiar concierto de gemidos y chirriares provocados por el golpeteo de ventanas y contraventanas, puertas que apenas se sostienen por una alguna bisagra oxidada o los restos de una veleta que hace décadas que perdió el norte.
Estamos en el pueblo abandonado de Craco, que antes fue Graculum o Cracum y que entre sus piedras atesora más de 2500 años de historia. De origen pre románico, Craco nace entre los siglos VIII y VI a.C. no se conoce demasiado de su historia hasta prácticamente el segundo milenio de nuestra era, lo cual indica que durante siglos sus habitantes no pasaron demasiadas penalidades dedicándose al cultivo y a la ganadería en el fértil valle. En el siglo X, la propiedad pasa a manos del arzobispo Arnaldo di Tricarico y desembarcan en el lugar los monjes basileos que darán un fuerte impulso a la población reconstruyendo y repoblando gran parte de ésta. A partir de aquí, el pueblo pasa formar parte de diferentes feudos de reyes, nobles y familias poderosas de la edad media. Y así continúa prácticamente hasta el siglo XX. En 1963, un terremoto causa graves daños en el pueblo, viniéndose abajo muchas casas. Comienza el éxodo hacia lugares más prósperos hasta que en 1975, el último habitante abandona este bello y milenario enclave.
Desde entonces, el lugar agoniza lentamente bajo el sol del agosto y el frío y cortante viento invernal a la espera de que otro movimiento del terreno, acabe por colapsar totalmente los edificios que todavía resisten al tiempo.
Como curiosidad, decir que en este lugar, entre otras, se rodó la película “La pasión de Cristo”, de Mel Gibson.
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La leyenda negra de Marmellar:

A la espalda de las montañas de Montserrat, en la comarca del Baix Penedès (Tarragona), y dentro del municipio de Montmell, encontramos el pueblo abandonado de Marmellar, que debe su nombre a un riachuelo que trascurre por las cercanías. Los primeros datos que se tienen sobre este lugar datan del año 1023 y hacen referencia a su castillo e iglesia interior. Se cree que el uso de esta fortaleza estuvo relacionado con la iglesia y así continuó durante varios siglos, siendo la comunidad de Sant Ruf la que establecería allí un convento. La iglesia de Santa María de Marmellar data del año 1149, cuando a las faldas del castillo comenzó a crecer el pequeño pueblo.
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Estas sierras de pinos, encinas y brezo, fueron ricas en caza y muy fecundas para la agricultura y el ganado. Pequeños pueblos como Marmellar y cientos de Masías se difuminaban por los abruptos montes, siendo estas tierras lugares prósperos para toda la gente que allí vivió sin demasiados problemas durante el segundo milenio. Del siglo XVII data la iglesia de San Miguel, muestra de que el pueblo continuó siendo un lugar próspero de la zona.
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En el siglo XIX, la desamortización en toda la comarca de Montmell y los envites de la guerra, hicieron que la vida solitaria en las masías no fuese demasiado recomendable. Los guerrilleros Carlistas hicieron de estos montes su hogar y lentamente, este pueblo se fue deshabitando hasta que allá por los años setenta, los últimos moradores partieron hacía poblaciones más prosperas. Desde entonces, el abandono total y el vandalismo van haciendo mella en los muros de sus edificios. Pese a esto, todavía se pueden contemplar los perfiles de su castillo románico, sus iglesias y algunas de las casas. El cementerio, en el que hasta hace un par de décadas reposaban los cuerpos de los hijos de este pueblo, muestra ahora sus nichos blancos y vacíos.
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La fama de este pueblo como maldito no viene de épocas remotas. Todo comienza una noche de San Juan a principios de los años 90. Una joven, no se sabe muy bien si secuestrada o por voluntad propia, conoce a un grupo de jóvenes y es llevada hasta Marmellar. En las ruinas de una casa es violada y quemada viva y tras estos hechos salvajes, la dejan en el interior de uno de los nichos vacios del viejo cementerio. Unos chavales de la zona encuentran el cuerpo unos días después y relatan que la zona del asesinato se encontraba adornada con diversos símbolos y pintadas de carácter satánico. ¿Ritos oscuros o simplemente un asesinato cruel?
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Eureka:

Volvemos hoy a pasear por el árido oeste americano en busca de algún pueblo abandonado. Caminando por la estatal 6, en Utah, nos topamos con Eureka, una población que llegó a estar entre las diez más grandes del estado y que hoy languidece olvidada y reseca, custodiando las viejas minas que un día fueron fuente de su esplendor.
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Eureka forma parte del distrito minero de Tintic, está a unas setenta millas al suroeste de Salt Lake City, en el condado de Juab, Utah. Su historia es un calco de la de otros pueblos de los que ya os hemos hablado en alguna ocasión en el blog, como Bodie o Silver city. En 1869 se encuentran minas de oro y plata en la zona y se levanta el primer campamento minero que en 1899 se convierte en población. A principios del siglo XX Eureka alcanza su máximo apogeo convirtiéndose, con cuatro explotaciones mineras, en el centro financiero de la zona. En 1920, con casi 4000 habitantes, el pueblo disfruta de todos los lujos de la prosperidad minera; una escuela, tiendas, salones, bares, un palacio de justicia, varias iglesias e incluso dos líneas de ferrocarril, la de la Union Pacific (1889) y la Denver Rio Grande Western (1891).
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Pero todo lo bueno se acaba y el caso de Eureka no fue la excepción. La gran depresión fue el comienzo de su declive. Lentamente, con el pasar de los años, las betas se fueron agotando y las minas fueron cerrando, ahogando y condenando al pequeño pueblo a un futuro bastante oscuro. En 1957 cerraba la última mina y en la década de los 80 el censo de la población apenas llegaba a 700 personas.
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Técnicamente, no se puede decir que Eureka sea hoy en día un pueblo fantasma en toda regla ya que todavía viven allí y en sus alrededores unos centenares de personas que viven, paradójicamente, de la decrepitud del pueblo. En 1979 Eureka fue inscrita en el Registro Nacional de Lugares Históricos lo que hace que un buen número de turistas acudan a ver el lugar todos los años. El pueblo se encuentra también a escasa distancia de las dunas de arena del pequeño Sahara de Utah, un mini desierto de enormes dunas al que acude mucha gente para practicar algunos deportes de motor.
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Humberstone:

Casi todos recordaréis en la entrada de muchos pueblos, aquellos carteles amarillos, hechos con azulejos de el “Nitrato de Chile”, fertilizante magnífico que enriqueció los cultivos a la par que los bolsillos de muchísima gente. Hoy os cuento lo que fue de aquellos pueblos y de aquellas gentes que durante muchísimos años se dedicó a extraer el Nitrato de soda en el que posiblemente sea el desierto más seco y más árido del planeta, el desierto de Atacama, al norte de Chile.
Desde mediados del siglo XVIII hasta mediados del XIX, cientos de pueblos se crean alrededor de las oficinas salitreras, lugares de extracción del salitre y controlados por unas pocas multinacionales. El dinero corre a raudales y los pueblos se dotan de todas las comodidades como teatros, piscinas, hospitales, salas de baile… etc. Pero el dinero solo corre en los bolsillos de los dueños de estas oficinas, que viven en fabulosas mansiones y gozan de todo tipo de lujos mientras miles de trabajadores extraen el valioso nitrato en las más infrahumanas condiciones, las enfermedades pulmonares a causa de los gases y los vapores de los procesos de extracción hacen estragos en aquellas gentes. En los poblados salitreros se emplea un sistema de pago por fichas, no existe el dinero, de ese modo los señoritos ingleses se aseguran que todo queda en casa, porque las fichas que cobran sus trabajadores, las gastan en lo necesario para su subsistencia y todo, comida, ropa… todo se lo vuelven a comprar al mismo señorito inglés, ya que también es el dueño de lo que se comercia en el pueblo.
Pero los años felices acaban, a alguien le da por inventar en algún lugar el amoníaco sintético y los abonos naturales comienzan a pasar a un segundo plano, el trabajo comienza a escasear y los sindicatos de los trabajadores comienzan las revueltas que acaban de forma sangrienta.
En algunos casos más de dos mil personas son asesinadas a tiros por el ejército Chileno que acaba de forma tajante con la sublevación de esta pobre gente.
En pocos años estos pueblos se convierten en pueblos fantasmas, totalmente abandonados en mitad de un desierto que los devora sin compasión en pocos años.
Hoy en día la mayoría de ellos son simples montones de tierra en mitad del desierto y tan apenas unos pocos se mantienen en pié para recordar al mundo su existencia.
La oficina de Humberstone y la de Santa Laura son las que mejor se conservan e incluso son patrimonio de la humanidad desde el año 2005.
Se cuenta que las vivencias de aquellas gentes, su sacrificio y sus muertes todavía siguen impregnadas en las calles y paredes vacías y que apariciones fantasmales y psicofonías de lo más tétricas son algo común en estos terroríficos a la par que bellos pueblos sin vida.
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Kolmannskuppe Vs Desierto de Namibia :

Estamos acostumbrados a ver como la naturaleza, lentamente, recupera el terreno que los humanos le arrebataron algún día construyendo ciudades, pueblos o cualquier tipo de edificaciones allí dónde antaño habían bosques, campos u otros ecosistemas de la madre Gea.

Y cuando las personas se retiran, las plantas, los bosques, el agua y la tierra, engullen el cemento para, con el paso de los años, devolver a su estado natural a aquello que les fue arrebatado. Este hecho en sí me otorga cierta tranquilidad de espíritu, porque me hace pensar que cuando la civilización se autodestruya, la naturaleza se encargará de borrar todos los rastros y heridas causados al planeta durante miles de años y quizás, dejará un planeta de nuevo libre y salvaje, quien sabe si para dar cabida a una nueva humanidad, espero, que lo trate con el respeto que se merece.
Bueno, la parrafada anterior viene a cuento de un pueblo llamado Kolmannskuppe o Kolmanskop (En Afrikaans). Esta pequeña ciudad está en Namibia y fue construida por los alemanes, siendo este país Colonia Alemana, allá por el año 1908. ¿Y qué hacían los alemanes en Namibia? Os preguntareis, pues básicamente, explotar las minas de diamantes de aquel lugar. Se calcula que en un corto periodo de tiempo, durante la primera guerra mundial, se extrajeron de aquel lugar más de una tonelada de diamantes de una calidad extrema. Podéis imaginar que los beneficios y el dinero que allí se generaron no fueron pecata minuta, y los colonos no escatimaron en lujos y comodidades, dotando a la pequeña ciudad de grandes mansiones que, rodeadas de salones de baile, casinos, restaurantes, escuelas e incluso un gran hospital, no tenían nada que envidiar a las ricas y esplendorosas ciudades alemanas. El primer aparato de rayos X de Africa estuvo en ese hospital, pero no es que se preocuparan por la salud de los mineros. El aparato era usado para comprobar que ningún trabajador se tragaba los diamantes para robarlos.
Pero como todas las minas acaban por agotarse, no fue esta un caso diferente, y pasados unos años el preciado carbono comenzó a menguar. Otras minas fueron descubiertas en la frontera con Sudáfrica y Kolmanskop quedó completamente abandonada. El caso de esta ciudad no es único y son varios los pueblos que se pueden encontrar en aquel desierto que corrieron la misma suerte. Oranjemunden, Elisabethbuch…
El desierto, con sus dunas implacables, va sepultando lentamente el recuerdo de estas ciudades, que en algunos puntos han desaparecido ya por completo. Quizás avergonzado de los abusos y del sufrimiento que padecieron miles de trabajadores esclavizados. Cosa que no ha cambiado con el paso de las décadas, pues la historia se repite en nuestros días en muchos puntos del continente africano.
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Kowloon city:

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Hong Kong, ciudad mítica desde tiempos inmemorables por su historia convulsa y su estratégico emplazamiento. En nuestros días, mezcolanza de la modernidad y el desarrollo que dejó allí como herencia la ocupación inglesa durante un siglo, y las antiguas costumbres y supersticiones chinas, que en poco más de una década, desde que la colonia volviese a ser territorio chino, se han adueñado de nuevo de la vida cotidiana de esta ciudad. Posiblemente sea el único lugar del mundo donde, en los bajos de un rascacielos de cristal y acero, se pueda comprar cola de dragón o cuerno de unicornio, para curar a saber que males.
Paseando por las afueras de esta gigantesca metrópolis, el turista quizás encuentre en su caminar errante un bonito parque tradicional chino y decida sentarse a descansar un rato, con una bonita pagoda en el centro y lagos que parecen espejos, es el lugar ideal para retomar fuerzas. Sentado a la sombra de un frondoso árbol, el turista ve a lo lejos, en la linde del parque, los restos de una vieja muralla y lo que parecen unos viejos y oxidados cañones y le pica la curiosidad. Saca de su mochila la enorme guía turística que compró en el aeropuerto con la esperanza de encontrar alguna referencia sobre esas murallas y tras ojear un rato, encuentra:
Esta usted en el parque de la Ciudad amurallada de Kowloon, y justo en este punto tan fresco y tranquilo en el que está descansando, hace muy pocos años, existía una pequeña ciudad en la que la luz del sol nunca iluminaba sus calles y que ostenta el triste record de haber sido el núcleo más poblado del mundo, con 1.900.000 habitantes por kilómetro cuadrado.
Pero si tiene un rato, nos remontaremos unos siglos atrás y le contaré la historia de la ciudad más oscura del mundo.
En los albores del segundo milenio, esta zona del mar de China, plagada de islotes y difíciles pasos para la navegación, era el lugar ideal para los piratas que asediaban a los comerciantes en sus idas y venidas a este centro mundial del mercadeo. Por este motivo, los gobernantes de la Dinastía Song decidieron poner un puesto de vigilancia en este enclave y como puesto militar continuó durante prácticamente todo el milenio pasado. Con el avance en los artefactos de guerra, también evolucionó el puesto de vigilancia hasta convertirse fortaleza completamente amurallada. En 1842, la Dinastía Qinj firma el tratado de Nanjing con los ingleses cediendo la Isla de Hong Kong al imperio británico. Años más tarde, en 1898, el tratado se modifica y se anexan a la colonia inglesa todos los territorios lindantes con Hong Kong, incluida la península de Kowloon, donde se encuentra el enclave fortificado. En el tratado, y como única condición, el gobierno Chino exige que la fortaleza quede excluida del territorio bajo el gobierno y mando del imperio Británico. A los ingleses, este pequeño lugar de apenas cien metros por doscientos de área y con setecientos habitantes, les trae un poco sin cuidado y aceptan el trato.
Pero los Chinos usan la fortaleza para ejercer un control sobre toda la zona que ya no les pertenece y esto no le hace mucha gracia a los ingleses, que un año después acaban por atacar el enclave.
En este punto comienza la libre historia de la ciudad de Kowloon. El fortín, una vez desmilitarizado, continúa siendo territorio chino, pero queda como una isla en tierra, aislado completamente de las turbulencias que acontecen en ese gran país. Se va formando en él un pequeño y humilde barrio en el que el comercio y las tradiciones van asentándose. Ciudad sin ley, son los propios habitantes los que las crean y ejecutan.
Cae la última gran dinastía, la Qinj. En 1911 llega la primera república China y en 1949, la república popular China. Pese al paso de los años, ningún gobierno se hace cargo de este pequeño y molesto lugar y Kowloon, sigue creciendo a su ritmo en su peculiar anarquía hasta que en 1940, la segunda guerra mundial pasa factura y es bombardeada por los japoneses en su invasión de Hong Kong. Los restos de la muralla son usados prácticamente en su totalidad para construir el aeropuerto de Kai Tak.

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La isla-ciudad de Hashima:

Los japoneses nos tienen acostumbrados a mostrarnos construcciones de lo más dispares. Parece ser que este país no tiene término medio y de los solitarios y bellos templos, rodeados de jardines Zen, pueden pasar a lugares que podríamos denominar “infernales”. Es el caso de la isla de Hashima. Este islote sería uno más de los más de 500 islotes deshabitados que se encuentran dentro de la prefectura de Nagasaki, al sur del país Nipón, a no ser porque a comienzos del siglo XIX se encontró una gran beta de carbón en sus entrañas. En aquella época el carbón era un bien preciado y escaso en aquel país y no se escatimaron medios para convertir el pequeño arrecife en un complejo industrial con ciudad incorporada. Durante más de 70 años el trabajo fue incesante. El hormigón hizo que la isla le ganara más de un quilómetro al mar. Un alto muro se construyó alrededor de toda la isla para protegerla de los tifones y de las inclemencias del tiempo y en el interior del perímetro, una enorme ciudad emergió para dar cabida a los casi 6000 trabajadores que llegó a albergar sobre el año 1959. La densidad de población llegó a alcanzar los 3460 habitantes por kilómetro cuadrado.
La explotación minera fue comprada por la compañía Mitsubishi en el año 1890, y poco a poco, dado que los trabajadores no podían salir de la isla y que esta tenía unas medidas bastantes reducidas, se construyó todo tipo edificaciones en la ciudad. Cines, teatros, escuelas, decenas de tiendas, restaurantes, peluquerías, salones de té, gimnasios, templos para las oraciones, recreativos… en fin, todo lo necesario para que la elevada población no fuera pasto de la locura al estar confinados en un lugar tan reducido.
En 1974, Mitsubishi cerró la mina por no serle ya rentable el tema del carbón y desde entonces, la isla está completamente deshabitada. Como en el resto de lugares abandonados del mundo, el clima y los años se han encargado de transformar lo que fue una ciudad llena de vida en un montón de escombros y de edificios fantasmales.
La isla es llamada también en la zona Gunkanjima (buque de guerra en japonés), por la apariencia que muestra su perfil vista desde lejos. Actualmente los terrenos son propiedad del gobierno y se necesita un permiso especial para poder visitarla.
Me llamareis raro, pero preferiría pasar un par de días en este lugar antes que en una paradisiaca isla caribeña. ¿Vosotros no?.

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