Razas y Criaturas.


El Señor de Los Anillos - The Lord Of The Rings


Razas y Criaturas de la Edad Media

Razas:

enanos

Hombres:

hombres

Cuentan las historias de Arda que cuando brilló el Sol por primera vez surgió en el mundo un nuevo sistema de medir el tiempo. Con el Sol llegó el despertar de una raza que se regía únicamente por los designios de Ilúvatar. De la misma manera en que los elfos nacieron cuando se volvieron a encender las estrellas, los hombres aparecieron cuando salió el Sol por primera vez.
Esta nueva raza abrió los ojos a la luz en el país de los elfos llamado Hildorién, "tierra de los seguidores", situado en el lejano oriente de la Tierra Media. A diferencia de los elfos, los hombres eran mortales y tenían una vida corta incluso en comparación con la de los enanos. En lo referente a la fortaleza física y nobleza de espíritu, no eran tampoco equiparables a los elfos. Se trataba de una raza débil que sucumbía fácilmente a las pestes y a los rigores del entorno. Su cuerpo y su espíritu podían quedar dañados por todo tipo de cosas que no afectaban en absoluto a los elfos. Por todo esto, los llamaban engwar, "enfermizos". Era una raza pertinaz que se reproducía con mayor rapidez que todos los demás pueblos excepto los orcos, y, qunque perecían con facilidad, volvían a multiplicarse y se desarrollaron con velocidad en las tierras del este, de modo que algunos los llamaron "los usurpadores".

Los hombres del este tuvieron que huir por culpa de la maldad de Morgoth la cual se desplazó hacia esas tierras. Algunos de los hombres llegaron a Beleriand y allí se encontraron con los elfos noldorin, a los cuales honraron y sirvieron. Los noldro aceptaron el tributo de los hombres y les enseñaron muchas cosas de gran valor.

En la Primera Edad todavía salieron más hombres del este. Pertenecían a un pueblo distinto que había permanecido en las tierras domnadas por Morgoth y los elfos los llamaron hombres cretinos u orientales. En tiempos de guerra la mayoría de estos hombres se mostraron desleales, y, aunque fingían amistad con los elfos, los traicionaron ante el enemigo.

Cuando terminó la Primera Edad del Sol y Morgoth cayó al vacío, Beleriand se hundió en el mar Occidental. Todos los enemigos que habitaban Beleriand murieron, al igual que la mayoría de los elfos y los edain, de modo que poco pudieron aprovecharse los vencedores.

Inclso los edain que sobrevivieron a esa edad se dividieron. Algunos escaparon al hundimiento de Beleriand y se desplazaron hacia el este y llegaron al otro lado de las Montañas Nubladas. Así, durante un tiempo, los elfos le perdieron el rastro. Vivieron en los valles del Anduin con otros de su raza que no se habían trasladado a Beleriand en la Primera Edad y pasaron a ser conocidos como los hombres septentrionales de Rhovanion. Otros edain huyeron de Beleriand y fueron hacia el sur junto con los elfos, donde los valar los recompensaron por su fidelidad y sufrimientos cediéndoles un territorio situado en el mar Occidental, entre la Tierra Media y las Tierras Imperecederas.

Estos hombres que se desplazaron al sur fueron llamados dúnedain u hombres del Oesternesse, pues así se llamaba su isla, que en la lengua élfica era Númenórë. En la Segunda Edad, a los dúnedain se les llamaba con mayor frecuencia númenóreanos y se convirtieron en una gran potencia marítima. En esa misma época se prolongó su vida y aumentó su sabiduría y su fuerza. Esta Segunda Edad fue gloriosa para ellos, pero su caída fue terrible, pues los númenóreanos, corrompidos por Sauron, entraron en guerra con los valar y los maiar y fueron aniquilados. Númenórë fue lanzada a un gran abismo, el mar Occidental la cubrió y así finalizó su existencia.

Aunque la mayoría de los númenóreanos perecieron, hubo algunos que se salvaron del desastre, entre ellos los que luego fueron conocidos como númenóreanos negros. Era una raza poderosa que vivió en la región de Umbar, al sur de la Tierra Media, pero la mayoría estaba corrompida por su orgullo y por la mala influencia de Sauron, el Señor Oscuro. Constituían una gran potencia marítima y eran enemigos del otro pueblo que escapó de Númenórë.

Los númenóreanos más nobles regresaron a la Tierra Media en nueve navíos; su señor era Elendil el Alto y con él iban dos hijos suyos: Isildur y Anárion. Estos elendili, "los fieles", verdaderos descendientes de los dúnedain, fundaron dos poderosos reinos en la Tierra Media. Estos reinos se llamaron Arnor, reino del norte, y Gondor, reino del sur, creado por sus hijos. Los dúnedain de Arnor y Gondor eran los hombres más fuertes de la Tierra Media.

No obstante, el poder de Sauron en Mordor volvió a crecer; pero en esta ocasión los pueblos de la Tierra Media previeron la amenaza y firmaron la Ultima Alianza de los elfos y los hombres, que reunió los ejércitos de los dúnedain y los elfos. Elendil era el caudillo de los hombres y Gilgalad, el último rey supremos, el de los elfos. En la Puerta Negra de Mordor se libró una enconada batalla. Lucharon contra ellos muchos hombres del sur u orientales, y también algunos númenóreanos negros.

Pero finalmente la Puerta Negra de Mordor fue abatida y los de la Alianza mantuvieron sitiada la Torre Oscura, Barad-dûr, durante siete años, hasta que también acabó cayendo. Gilgalad, Elendil y Anárion murieron en aquella guerra, y de los gobernantes de los dúnedain sólo quedó Isildur. Fue él quien cortó el Anillo de la mano de Sauron y envió su espíritu a vagar sin forma por los eriales de la Tierra Media.

Así comenzó la Tercera Edad. Sin embargo, aunque durante un tiempo la felicidad fue general, habría de terminar en una gran guerra. Después de arrebatarle a Sauron el Anillo Unico de su propia mano, Isildur no lo destruyó, y en los primeros años de aquella edad le sobrevino la desgracia. Los orcos lo abatieron con flechas negras en los Campos Gladios y el Anillo quedó perdido durante mucho tiempo.

Procedentes del este, llegaban constantemente al sur oleadas de hombres bárbaros corrompidos por el poder de Sauron. Sin embargo, en los desmembrados reinos de la Tierra Media se anunciaba una unión de los pueblos de dúnedain , ya que aunque el reino de Arnor desapareció, siempre hubo un heredero legítimo del trono de dúnedain, mientras que en el sur, aunque el reino estaba intacto, ya no había ningún verdadero heredero al que nombrar rey y el país fue gobernado por los senescales. A fines de la Tercera Edad, la búsqueda el Anillo estaba a punto de terminar pero empezó entonces la guerra del Anillo. El Anillo Unico fue hallado y destruido, y los dúnedain pasaron a ser gobernados por Aragorn, hijo de Arathorn, que desde entonces se llamó rey Elessar, el verdadero heredero de Isildur. En aquella época tuvo lugar también la última unión de la sangre del linaje real con la de los elfos, pues Aragorn tomó por esposa a Arwen Undómiel, hija de Elrond Medio Elfo.

El rey Elessar demostró ser un gobernante firme y sabio, pues, aunque derrotó a muchos enemigos en combate y no temía a nadie, negoció la paz con los orientales y los haradrim, reinando así en las Tierras Occidentales en la Cuarta Edad del Sol, que fue la edad del dominio de los hombres, y la paz duró muchos años gracias al buen hacer de Elessar y de sus hijos, que eran dúnedain, es decir, descendientes directos de los atanatári, padres de los hombres y primeros en entrar en el reino de los elfos, donde aprendieron y transmitieron a la raza de los hombres gran parte de lo que hoy se considera noble y grande.

hobbits

Magos:

criaturas

Los seres que los hombres llamaban magos eran espíritus elegidos de los maiar de Valinor. Los elfos los llamaban ISTARI, y ese es el nombre que aparece en la mayor parte de las crónicas de sus hazañas en la Tierra Media, que fueron muchas y muy trascendentales.
Los magos llegaron del oeste con el fin de corregir el desequilibrio provocado por Sauron, el Señor Oscuro, en la Tierra Media. Aparecieron secretamente bajo forma humana, pues no podían hacerse presentes con toda la fuerza de sus inmortales espíritus de maiar y debían limitarse a los poderes que podían adquirirse en las Tierras Mortales.

Se encarnaron en las personas de respetables ancianos vestidos con largas túnicas y, con la sabiduría de aquellas tierras emprendieron sus viajes. Tenían fama de hábiles nigromantes, y, si bien se dice que eran cinco los que en la Tercera Edad del Sol recorrían la Tierra Media, las historias de las Tierras Occidentales sólo hablan de tres: Saruman el Blanco, Gandalf el Gris y Radagast el Pardo.

razas

Orcos:

seres

Se dice que en la Primera Edad de las Estrellas, Melkor cometió la mayor blasfemia al capturar a muchos de los recién aparecidos elfos y encerrarlos en sus calabozos.
Recurriendo a atroces torturas logró horripilantes formas de vida a partir de las cuales creó la raza de los orcos, que resultó tan repulsiva como bella era la de los elfos.

Los orcos fueron formas nacidas del dolor y del odio. Estas criaturas sólo obtenían alegría del sufrimiento ajeno, y la sangre que fluía en su interior era negra y fría. Su atrofiado cuerpo resultaba repugnante: eran encorvados, patizambos y rechonchos. Tenían los brazos largos y recios como los monos del sur y la piel negra como la madera chamuscada. Los afilados colmillos que asomaban por sus bocas eran amarillos, la lengua roja y gruesa, y las ventanas de la naríz, al igual que el rostro en general, anchas y achatadas. Los ojos eran hendiduras carmesí, semejantes a dos finas aberturas de una rejilla negra tras la cual ardieran las ascuas.

Eran fieros guerreros que temían más a su señor que a cualquier enemigo; y quizá les resultaba preferible la muerte al tormento de la vida orca. Eran caníbales y despiadados, vasallos del Señor de la Oscuridad, por lo que temían a la luz pues los debilitaba y quemaba. Veían de noche y vivían en repugnantes mazmorras y túneles.

Permanecieron en la oscuridad por mucho tiempo. Los elfos no vuelven a hablar de orcos sino hasta la Cuarta Edad de las Estrellas. En esta Edad los orcos, armados y acompañados por lobos y licántropos, trataron de penetrar en Beleriand, donde tenían su reino Melian y Thingol. Los elfos grises no sabían de qué tipo de seres se trataba, aunque no dudaron de que eran malignos. Los elfos comerciaron armas de acero con los enanos de Nogrod y Belegost para hacerle frente a los orcos y los obligaron a retirarse.

Las Batallas de Beleriand ocurren en la última Edad de las Estrellas, cuando los orcos comandados por Melkor atacan a los elfos grises de Thingol y a los elfos verdes de Denethor. En la primera batalla los orcos quedaron diezmados y tuvieron que huir a las Montañas Azules, donde fueron aniquilados por los enanos. Sin embargo, Melkor había reunido a otras huestes y las había enviado hacia Mithrim, donde pensaba que iban a poder dar muerte a los elfos noldorin. Pero estos elfos eran muy poderosos y tan sólo con la luz de sus ojos atravesaron a los orcos, y la luz de sus espadas los enloquecía de dolor y miedo. Así se libró la segunda Batalla de Beleriand, que también se llamó batalla bajo las Estrellas, en la cual murió el rey noldor, Fëanor, pero también murieron el segundo y el tercer ejército de Melkor.

Continuaron las batallas entre los elfos y los orcos, en la etapa llamada Primera Edad del Sol, en la cual la luz de los elfos frenó al ejército orco. Pero Melkor continuó criando orcos y dragones mediante la magia negra y su poder se incrementó.

El señor de los anillos

Enanos:

flora

En una gran estancia del interior de las montañas de la Tierra Media, Aulë, el herrero de los valar, creó a los Siete Padres de los enanos durante las Edades de la Oscuridad.
Aulë conocía el alcance de la vileza de Melkor, Señor dominador de toda la Tierra Media, y por eso otorgó a los enanos perseverancia, un espíritu indómito, tenacidad para el trabajo y capacidad para resistir penalidades.

Eran valientes en el combate y tenían un orgullo y una fuerza de voluntad inquebrantables. Se dedicaban a la minería, a la construcción y a la metalurgia. Tallaban la piedra prodigiosamente, siendo unos maravillos orfebres. Utilizaban barba larga y medían entre un metro veinte y un metro cincuenta de estatura. Puesto que su tarea era larga, se les concedió una larga vida (dos siglos y medio); sin embargo, eran mortales y podían morir en el combate. Tenían un lenguaje propio llamado khuzdul, que preservaban celosamente del resto de las razas. Los enanos siempre estuvieron agradecidos a Aulë y lo reconocían como su creador, pero quien les dio la verdadera vida fue Ilúvatar.

Ilúvatar dejó que primero nacieran los elfos, sus propios hijos predilectos. Aulë guardó a los enanos bajo tierra, y en esa oscuridad los Siete Padres de los enanos durmieron durante mucho tiempo antes de que se volvieran a encender las estrellas y se aproximara el despertar. Cada uno de los Siete Padres construyó una gran mansión bajo las montañas de la Tierra Media.

Para los elfos que habitaban Beleriand en la Edad de las Estrellas, los enanos fueron realmente una bendición, pues entraron en el reino de los elfos grises con armas y herramientas de acero y demostraron una gran capacidad para trabajar la piedra. Los elfos llamaron a este pueblo "naugrim", que significaba pueblo menguado, pero pronto comprendieron que los enanos eran sabios en las artes de Aulë y empezaron a llamarlos también "gonnhirrim" o maestros de la piedra. Se practicó mucho el comercio entre estas dos razas y ambos prosperaron.

Los enanos crearon mucha belleza. En las Edades de la Luz de las Estrellas, elaboraron el más fino acero y crearon la famosa cota de malla. Telchar fue el más grande herrero de todos los tiempos. En esa época forjaron las armas de los sindar y construyeron para los elfos grises del rey Thingol la ciudadela de Menegroth, que se llamaba las Mil Cavernas y tenía fama de ser la mansión más hermosa de la Tierra Media.

En la Primera Edad del Sol estalló la guerra de las Joyas, en la cual lucharon elfos y enanos contra los siervos de Morgoth. Sólo los enanos resistieron las descargas de fuego de los dragones, pues estaban acostumbrados al calor intenso de la herrería y sus cascos tenían máscaras de acero que protegían sus rostros de las llamas.

Un noble descendiente de los Durin fue el enano Gimli, hijo de Glóin, que había cobrado mucha fama en la guerra y había sido uno de los miembros de la Comunidad elegidos para la búsqueda del Anillo. Se había desenvuelto bien en todas las tareas y el sonido de su hacha había sembrado el terror entre sus enemigos en las batallas de Cuernavilla y los Campos de Pelennor, así como ante la Puerta Negra. Finalizada la guerra, Gimli salió con muchos enanos del reino bajo la montaña, penetró en las prodigiosas cavernas del Abismo de Helm y fue nombrado por todos señor de Aglarond, "las cavernas centelleantes".

Gimli, el amigo de los elfos, gobernó Aglarond durante más de un siglo. Tras la muerte del rey Elessar permitió que otros tomaran las riendas del país y él partió al reino de su gran amigo Legolas, señor elfo de Ithilien. Se afirma que allí Gimli subió a un navío élfico y, junto con su compañero, atravesó el Gran Mar hasta las Tierras Imperecederas.

Esto es lo último que cuentan las historias de la Tierra Media sobre los enanos. Se desconoce si sus reinos sobrevivieron a la Cuarta Edad y al dominio de los hombres. Sí se sabe que su número disminuyó aún más, pero no podemos afirmar con seguridad si siguen viviendo en las cavernas secretas del mundo o si se han retirado a las Mansiones de Aulë.

magos

Elfos:

Animales

Hijos de Eru. Lo primero que percibieron cuando vinieron al mundo fue la luz de las nuevas estrellas . Por eso los elfos aman la luz de las estrellas sobre todas las cosas y adoran a Varda, a quien conocen Elentári, reina de las estrellas, sobre todos los valar. Tienen ojos brillantes ya que cuando la nueva de luz de las estrellas penetró en los ojos de los elfos permaneció allí para siempre.
Eru, conocido como Ilúvatar, creó la raza más hermosa y más sabia que ha existido jamás. Ilúvatar declaró que los elfos tendrían y crearían más belleza que cualquier criatura terrena y que experimentarían la mayor felicidad y la más profunda aflicción. Serían inmortales y siempre jóvenes. No conocerían la enfermedad ni la peste, pero sus cuerpos serían como la Tierra en sustancia y podrían ser destruídos. Podrían sucumbir por la acción del fuego o del acero en la guerra, ser asesinados e incluso morir de pena.

Tienen el mismo tamaño que los hombres, pero son más fuertes de espíritu y de cuerpo y no se debilitan con la edad, al contrario, se hacen más sabios y hermosos.

Los elfos andan siempre envueltos en una luz que es como resplandor de la Luna que acaba de ponerse en los límites de la Tierra. Su cabello es como oro hilado, plata tejida o azabache pulimentado, y una luz estelar permanece a su alrededor, en el cabello, los ojos, los ropajes de seda y las manos enjoyadas. El sonido de su voz es variado, hermoso y sutil como el agua. Dominan el arte de la oratoria, el canto y la poesía. Se llaman quendi, “los hablantes”, pues enseñaron las artes habladas a todas las razas del mundo.

Los valar prepararon un territorio llamado Eldamar, “Hogar de los elfos”, en las Tierras Imperecederas, más allá de los mares del Oeste, donde se predijo que los elfos construirían sus ciudades con cúpulas de plata, calles de oro y escaleras de cristal. La tierra sería rica en frutas y cereales, y los elfos, felices, hábiles y prósperos.

De esta manera se dividieron por primera vez los elfos, pues no todos querían abandonar la Tierra Media y entrar en la luz eterna de las Tierras Imperecederas. Los que emprendieron el viaje hacia el oeste fueron llamados eldar, “pueblo de las estrellas”, los que se quedaron fueron llamados avari, “renuentes”.

Elfos de la luz:

Habitantes de Eldamar. Se hicieron más sabios y más nobles y aprendieron muchas cosas de los valor: a elaborar joyas, a trabajar los metales preciosos y a construir ciudades majestuosas, así como la música y el lenguaje.
Se les llamó elfos de la luz porque brillaban tanto en cuerpo como en espíritu y, de todos los pueblos del interior de los Círculos del Mundo, eran los más hermosos, según la opinion general.

Elfos de los bosques:

En la mayoría de las zonas boscosas situadas al este de las montañas nubladas que no habían quedado arrasadas como consecuencia de las fechorías de Morgoth y Sauron, vivía lo que quedaba de los avari, el pueblo que se había negado a emprender el Gran Viaje hacia occidente.
Este pueblo, cuyos componentes eran llamados elfos de los bosques, o elfos silvanos, estaba muy mermado desde que había crecido el poder de Morgoth en el este. Para sobrevivir tuvieron que aprender a moverse en los bosques y a ocultarse de sus enemigos. Sus ojos brillaban como si se anidara en ellos la luz de las estrellas. No eran un pueblo poderoso, como sus parientes los eldar, pero eran superiores a los hombres y a todas las razas que los sucedieron.

Elfos del oeste:

Eldar, pueblo de las estrellas.

Elfos del este:

Elfos del bosque o silvanos (avari, renuentes).

Elfos del mar:

De todos los elfos, los del tercer linaje, los teleri, eran los que más amaban los mares de Ulmo, el Señor del Océano, y los que vivieron por más tiempo en las costas de Belegaer, el mar de Occidente.
Eran asimismo los más versados en los temas marítimos, por lo que recibieron el nombre de elfos del mar. Ossë, el maia de las aguas turbulentas, les enseñó a construir barcos y fueron los primeros en hacerlo. La esposa de Ossë era Uinen, Señora de la Calma, y ambos iniciaron a los elfos del mar en los secretos de la vida marítima: tanto de los peces y la vegetación, como de las grutas y los tesoros de las bellísimas y valiosas piedras y perlas.
Los elfos del mar navegaron en los navíos más hermosos, cuya forma y color reproducían los de los grandes cisnes de Ulmo, que otrora los condujera a las costas de Eldamar. Y en las Tierras Imperecederas surcan las aguas y cantan con voces que recuerdan el susurro del mar, pues conocen su lenguaje, que es demasiado sutil como para ser comprendido ni siquiera por las más sabias razas de los hombres de la Tierra.

Elfos grises:

De todos los úmanyar, los elfos del Gran Viaje que no llegaron a ver la luz de los árboles, los más poderosos eran los SINDAR o elfos grises.
Este pueblo estaba gobernado por un elfo que sí había visto la luz, y protegido por una doncella de los poderes que crearon los árboles. El rey de los elfos grises era Elwë Singollo, que en la lengua de sus súbditos se llamaba Elu Thingol o Mantogrís. Thingol era el más alto de los elfos y tenía el cabello plateado. Su esposa era Melian la Maia, y mucho tiempo antes de la salida del Sol ambos fundaron un reino en el bosque de Doriath y construyeron una gran ciudad llamada Menegroth. Mientras Melian fue su reina y Thingol vivió, los sindar fueron un pueblo próspero y feliz, pero cuando Thingol perdió la vida en la Guerra de las Joyas y su reina partió, el hechizo se rompió y el pueblo sufrió un gran revés.

Elfos oscuros:

Eran aquellos que no contemplaron jamás la ennoblecedora luz de los árboles de los valar.
Se trataba de los avari- los elfos silvanos del este, del Bosque Negro y de Lothlorién- y de los eldar que no terminaron el Gran Viaje a las Tierras Imperecederas- los nandor, los laiquendi, los falathrim y los sindar- y habitarion Beleriand hasta el fin de la Primera Edad del Sol, época en la que todos los reinos élficos de esa zona se perdieron en el mar.
Los elfos oscuros, o moriquendi en la lengua élfica, eran considerados un pueblo inferior a los altos elfos de Eldamar, es decir, los vanyar, noldor y teleri. Sin embargo, a juicio de los hombres, estos elfos eran seres mágicos y superdotados, pues eran inmunes a las pestes y no envejecían con el transcurso del tiempo. También eran más sabios, más fuertes y más hermosos que los hombres, y en sus ojos brillaba siempre la luz de las estrellas. Estos elfos enseñaron a hablar a los hombres, así como muchas otras artes y oficios que les permitieron vivir en la Tierra Media y elevarse por encima de las bestias.
A pesar de que en la Tierra Media hubo elfos oscuros durante largo tiempo, todos sus reinos se desintegraron y se convirtieron en un pueblo errante de poder cada vez menor.

Elfos profundos:

De todos los elfos, los que más aparecen en las canciones de los hombres son los NOLDOR, que reciben el nombre de elfos profundos por el gran conocimiento de la artesanía que les transmitió Aulë, el herrero valar y hacedor de montañas, en las Tierras Imperecederas.
En Eldamar, estos elfos se complacían realizando construcciones con piedra que extraían de profundas excavaciones. Ellos fueron los primeros en tallar las gemas élficas, todavía más brillantes.
Los elfos profundos eran bien conocidos por los hombres, pues fueron los únicos calaquendi que regresaron a la Tierra Media después de la llegada de aquellos, y llevaron a cabo grandes acciones, tanto para bien como para mal. Fueron asimismo los creadores de las Grandes Joyas- Los Silmarils- y los forjadores del Anillo del Poder, que habrían de desencadenar las mayores guerras conocidas por los hombres.

Elfos silvanos:

La mayoría de los elfos silvanos vivían en los bosques. Eran un pueblo tribal que no construyó ciudades ni tuvo reyes.
Los altos elfos noldorin y sindarin se hallaban muy mermados en los años que siguieron a la Primera Edad del Sol, y decidieron adoptar a los elfos silvanos como súbditos para engrosar sus reinos.
Fueron un pueblo próspero y fuerte por mucho tiempo. Los más poderosos y hermosos eran los gobernados por Celeborn y Galadriel en el Bosque de Oro de Lothlorién, pues Celeborn, que estaba emparentado con Thingol, era uno de los más destacados señores de los sindar, y Galadriel era la hija del rey supremo de los noldor, que se había quedado en las Tierras Imperecederas, y, por lo tanto, la más noble de los elfos de la Tierra Media. Celeborn y Galadriel hacían frente a los poderes malignos del Bosque de Oro, y así los elfos silvanos conservaron la prosperidad pese a todas las vicisitudes de la Tercera Edad.
Eran también llamados Galadrim, “gentes de los árboles”, y hasta que la reina Galadriel no partió finalmente a las Tierras Imperecederas no empezó a apagarse la luz y la gloria del Bosque de Oro.
Existió una ciudad oculta de los elfos silvanos llamada Thranduil. Esta ciudad era Hermosa y mágica, pues constituía una reproducción a pequeña escala del antiguo reino sindar de Menegroth, en su tiempo la más Hermosa ciudad de la Tierra Media. Una parte de su belleza había perdurado y soportado las invasiones de la Tercera Edad, incluida la batalla bajo los Arboles de la Guerra del Anillo. Se dice que en la Cuarta Edad el hijo del rey condujo a una parte de los elfos silvanos de este reino a los bosques de Ithilien, en Gondor. El príncipe se llamaba Legolas y llegó a ser señor de los elfos de Ithilien. Este pueblo prosperó también durante un tiempo, pues Legolas era el elfo que había cobrado fama en la Guerra del Anillo, y con su gran amigo Gimli, el Enano, había luchado en las batallas de Cuernavilla, Pelargir y Los Campos de Pelennor.

Elfos verdes:

Los elfos verdes vivieron en la última Edad de la Luz de las Estrellas y la Primera Edad del Sol en Ossiriand, región del reino perdido de Beleriand.
En alto élfico eran llamados LAIQUENDI y vestían prendas de color verde a fin de pasar inadvertidos a los ojos de sus enemigos en el bosque. No eran un pueblo notable ni poderoso, pero gracias a su conocimiento de la tierra lograron sobrevivir, mientras que los poderosísimos eldar sucumbieron ante Melkor y sus siervos.

megapost

Hobbits:

elfos

Cuando llegó al Mundo el potente fuego de Arien, El Sol, y apareció la raza de los hombres, apareció también en el este el pueblo mediano que se llamó Hobbit. Eran gentes que vivían en túneles y agujeros excavados en la tierra y se suponían emparentados con los hombres; sin embargo, eran de constitución más pequeña que los enanos y su vida tenía una duración apróximada de cien años.
Se conoce de esta raza desde el año 1050 de la Tercera Edad. Vivieron en el Bosque Verde hasta que una fuerza maligna lo penetró y convirtió en Bosque Negro. Los hobbits emigraron hacia occidente y llegaron a Eriador, tierra llana y fértil, donde descubrieron a los elfos y a los hombres.
Medían entre sesenta centímetros y metro y medio de estatura. Tenían los dedos largos; poseían un semblante alegre, el cabello castaño rizado y peculiares grandes pies que llevaban descalzos. Era un pueblo tranquilo y modesto, que no se destacaba precisamente por su espíritu aventurero. Les encantaba la buena comida y bebida, y vestían colores chillones. Su única excentricidad era el arte de fumar la hierba para pipa, lo cual consideraban su contribución a la cultura mundial.Se dividían en tres familias: los pelosos, los albos y los fuertes.

Buena parte de los hobbits de Eriador se concentraron en los territorios de los hombres cercanos a la ciudad de Bree. En el año 1601, la mayoría de los hobbits de Bree iniciaron nuevamente una movida hacia occidente buscando las tierras fértiles que se extendían al otro lado del Brandivino. Allí fundaron La Comarca, región que fue reconocida como patria de los hobbits, y cuya cronología se inicia en esa época.

Eran un pueblo tranquilo y con mucha suerte. Hasta el año 2747 no tuvieron ningún tipo de enfrentamiento armado. Fue en ese año que ocurrió un tímido ataque de los orcos, que llamaron batalla de los Campos Verdes.

Los hobbits no añoraban la riqueza ni el poder de otras razas. Sus limitaciones resultaron ser sus virtudes, pues mientras a su alrededor caían otras razas más poderosas, los hobbits seguían cultivando tranquilamente sus campos en La Comarca y sus pequeños municipos se multiplicaron por todo el territorio: Hobbiton, Alfozarburgo, Cavada Grande, Avenal, Los Ranales, entre muchos más.

No existió ningún hobbit digno de verdadero renombre en épocas anteriores al siglo Treinta de la Tercera Edad. Con las siguientes excepciones: los hermanos albos Marcho y Blanco, quienes condujeron al pueblo al éxodo de Bree; Bandobras Tuk, considerado un gigante por medir un metro con treinta y tres centímetros y quien dirigió al pueblo en la batalla de los Campos Verdes contra los orcos; Insengrim Tuk, arquitecto de los grandes smials de la Cavada Grande y abuelo de Bandobras Tuk; y Tobold Corneta de Valle Largo, quien cultivó por primera vez la planta galenas, también llamada hierba para la pipa.

Hobbits Fuertes:

Los fuertes fueron la última familia que entró en Eriador.
Eran parecidos a los hombres y más gruesos que los demás grupos. Algunos se podían dejar crecer la barba. Vivían en las tierras ribereñas, y conocían las artes de la navegación, la natación y la pesca.Eran los únicos que utilizaban zapatos, e incluso botas.

Hobbits Pelosos:

Los pelosos eran los más numerosos y los más pequeños.
Sus cabellos eran de color castaño, al igual que su tez. Les gustaban las tierras onduladas y la compañía de los enanos. Fueron los primeros en llegar a Eriador.

Hobbits Albos:

En el año 1150 de la Tercera Edad, los albos llegaron a Eriador.
Eran la familia menos numerosa de los hobbits. Un poco más altos y más delgados, y tal vez más aventureros que sus parientes pelosos. Tenían cabellos y tez más clara, y les gustaban los bosques y la compañía de los elfos. Preferían la caza a la agricultura, y eran los que demostraban más capacidad de liderazgo.

orcos

Criaturas:

tierra media

Olog-Hai:

Se dice que en la Tercera Edad del Sol, Sauron, el Señor de los Anillos, que gobernaba en Mordor, produjo, a partir de los viejos trolls que había criado Melkor en Angband, otra raza que en la lengua negra se llamó olog-hai. Las criaturas de esta raza eran verdaderos trolls en cuanto a tamaño y fuerza, pero Sauron los hizo astutos y sin miedo a la luz, que para la mayor parte de la raza troll resultaba mortal.
Los olog-hai eran terribles en el combate, pues habían sido entrenados para convertirse en bestias hambrientas que ansiaban la carne de sus enemigos. Iban protegidos con una armadura de escamas de dureza pétrea y doblaban con holgura la estatura y el volúmen de los hombres. Llevaban escudos redondos, negros y lisos, e iban armados con enormes mazas, potentes garfios y grandes colmillos. Ante su embestida, pocos guerreros se mostraban capaces de mantener una barrera defensiva, y las espadas que no estuvieran bajo el influjo del conjuro élfico no podían atravesar su grueso pellejo para liberar su hedionda sangre negra.

Pese a su fuerza, los olog-hai fueron exterminados al final de la Tercera Edad, pues sólo la voluntad de Sauron animaba y dirigía a estas criaturas, de modo que cuando fue destruido el Anillo Unico y Sauron pereció, sus vidas carecieron de sentido y acabaron vagando desconcertados. Una vez sin amo, no volvieron a alzar el brazo para luchar y todos murieron o desaparecieron. Por lo tanto, las historias de la Cuarta Edad no hablan ya de los olog-hai.

trolls

Woses:

En la guerra del Anillo, un extraño pueblo primitivo acudió en ayuda de los rohirrim y los dúnedain, que pretendían atacar Gondor. Estos hombres salvajes de las florestas vivían en el viejo bosque de Druadan, que estaba en Anórien, al pie de las Montañas Blancas.
Conocían su medio mejor que cualquier hombre, porque habían vivido como animales entre los árboles sin ser vistos durante mucho tiempo y no necesitaban la compañía de otro pueblo. Estaban curtidos por la intemperie y tenían las piernas cortas, los brazos gruesos y el cuerpo rechoncho. Los hombres de Gondor llamaban a los woses hombres salvajes de Druadan y creían que descendían de los antiguos hombres púkel.

Al final de la Tercera Edad, penetraban con frecuencia en Druadan orcos, lobos y otras criaturas malignas. Aunque los woses los expulsaban, muchas veces con flechas y dardos envenenados, siempre regresaban. Así, aunque los woses no deseaban participar en los asuntos de los hombres más allá de los límites de su bosque, su caudillo, que se llamaba Ghân-buri-Ghân, les dijo a los rohirrim que los ayudaría a llegar a la batalla de los Campos de Pelennor, pues los woses pensaban que, si vencían ellos, junto con los dúnedain, los bosques recuperarían la tranquilidad.

Cuando alcanzaron la victoria y las legiones orcas fueron eliminadas, el nuevo rey de Gondor y Arnor les aseguró que el bosque de Druadan sería siempre territorio propiedad de los woses, que lo gobernarían del modo que les pareciera más apropiado.

Razas y Criaturas de la Edad Media

Uruk-Hai:

En el año 2475 de la Tercera Edad salió de Mordor una nueva especie de soldados orcos que fueron llamados uruk-hai. Tenían la piel y la sangre negras y los ojos de lince; alcanzaban prácticamente la misma estatura que los hombres y no temían a la luz.
Los uruk-hai tenían más fuerza y resistencia que los orcos menores y eran más temibles en el combate. Llevaban armadura y cota negras, empuñaban largas espadas y lanzas, y se protegían mediante escudos con el ojo rojo de Mordor.

De la misma manera en que la creación de los orcos menores se consideró una de las mayores perversidades de Melkor, la de los uruk-hai se contaba entre las más terribles acciones de Sauron. Se desconoce qué método utilizó en su crianza, pero demostraron estar bien preparados para llevar a cabo sus atroces encargos. Se multiplicaron con rapidez y pronto capitanearon los batallones de orcos menores o constituyeron legiones propias, pues los uruk-hai se enorgullecían de su capacidad para el combate y desdeñaban a los vasallos de Sauron menos dotados.

Cuando una multitud de uruk-hai se presentó de súbito ante los hombres de Gondor con lanzas y espadas, éstos se dieron a la fuga. Procedieron entonces a irrumpir en Osgiliath, le prendieron fuego y derruyeron el puente de piedra. De esta forma, los uruk-hai arrasaron la mayor ciudad de Gondor.

No obstante, esto no fue más que el inicio de la obra de los uruk-hai pues los Poderes Oscuros tenían en gran consideración a estos orcos, que desempeñaban con tenacidad las tareas que les eran encomendadas. Durante toda la guerra del Anillo, los uruk-hai formaron parte de las fuerzas procedentes de Morgul y Mordor. Bajo la bandera de la Mano Blanca de Saruman salieron de Isengard y se incorporaron a la batalla de Cuernavilla. Sin embargo, con el fin de la guerra y la Caída de Mordor, los uruk-hai se desmembraron, pues tras la desaparición de Sauron, al igual que los orcos menores y otras bestias malignas, empezaron a vagar desorientados y murieron o se ocultaron donde no podían hacer otra cosa que devorarse unos a otros o morir.

enanos

Ents:

Durante la guerra del Anillo, unos extraños gigantes del bosque llamados Ents se enfrentaron a los orcos y a los hombres de Isengard. Medio hombres y medio árboles, los Ents medían más de cuatro metros de altura y el más anciano había vivido en la Tierra Media durante nueve Edades de las Estrellas y del Sol.
El señor de los ents era Fangorn, que en la lengua común se llamaba Bárbol. Era enorme y muy anciano, pues pertenecía a la raza más alta y fuerte de las nacidas en el mundo. El grueso tronco de Bárbol, como de roble o haya, tenía una áspera corteza, mientras que sus brazos, semejantes a ramas, eran lisos, y sus manos, de siete dedos, nudosas. La peculiar cabeza de Bárbol, que prácticamente carecía de cuello, era alargada e igual de gruesa que el tronco. Poseía además unos grandes ojos pardos de expresión sabia que emitían una luz verdosa. Su espesa barba gris era como un entramado de ramitas y musgo. Estaba hecho con la fibra de los árboles, pero se movía rápidamente con sus piernas rígidas, que acababan en unos pies que eran como raíces vivas, oscilando y avanzando cual ave zancuda.

Las historias de los elfos cuentan que, cuando Varda, Reina de los Cielos, volvió a encender las estrellas y despertaron los elfos, en los grandes bosques de Arda despertaron también los Ents. Procedían de los pensamientos de Yavanna, Reina de la Tierra, y eran sus pastores de árboles. Pastores y guardianes, según demostraron, pues si montaban en cólera su furia era terrible y tenían fuerza para aplastar piedras y acero sólo con sus manos. Así pues, había motivos para que se les temiera, aunque por otra parte eran también afables y sabios. Amaban los árboles y todos los olvar, y los protegían del mal.

Cuando despertaron, los Ents no tenían capacidad para hablar, pero los elfos les enseñaron este arte, por el cual adquirieron un gran gusto. Se complacían en aprender muchas lenguas, incluso las torpes hablas de los hombres. La que tenían en más estima era la que habían ideado ellos mismos, que nadie sino los propios ents llegó nunca a dominar. Salía de las profundidades de sus gargantas como un lento trueno o el eterno rugir de las olas en unas orillas olvidadas. En el lento transcurso del tiempo éntico, formaban sus pensamientos tras meditar sosegadamente y los transformaban en habla con la misma suavidad y fluidez con que cambian las estaciones.

Aunque en ocasiones los ents celebraban grandes reuniones llamadas Cámaras de los ents, eran fundamentalmente un pueblo solitario cuyos componentes vivían separados unos de otros en casas aisladas, y situadas dentro de los grandes bosques, que solían ser cavernas bien provistas de agua fresca y rodeadas de hermosos árboles. En estos lugares consumían sus alimentos, que no eran sólidos, sino un líquido transparente que almacenaban en grandes vasijas de piedra. Se trataba de pociones énticas que brillaban con una luz entre dorada y verdosa. En estas casas también descansaban y con frecuencia se refrescaban situándose bajo el cristalino alivio de una cascada durante toda la noche.

Solamente montaban en cólera cuando se les enfrentaban los viles orcos armados con piezas de acero. Tampoco los enanos gozaban de la simpatía de los ents, pues iban siempre provistos de hachas y se dedicaban a talar árboles.

En los años de la Luz de las Estrellas habían ents machos y ents hembra; sin embargo, en las Edades del Sol los ents hembras se prendaron de las tierras llanas en que podían cuidar de los olvar inferiores - frutales, arbustos, flores, hierbas y gramíneas-, mientras que los ents machos prefirieron los árboles de los bosques. Así, los ents hembra se trasladaron a las Tierras Pardas, donde la raza de los hombres las adoraban, pues aprendieron de ellas el arte de cultivar los frutos de la tierra.

Sin embargo, antes del fin de la Segunda Edad del Sol, los jardines de los ents hembra fueron destruidos y al mismo tiempo desaparecieron de ellas, incluida Fimbrethil, la esposa de Bárbol, que era llamada Miembros de Junco de los Pies Ligeros. Ninguna noticia nos ha llegado de su destino. Quizá partieron hacia el sur o hacia el este, pero, fuera donde fuese, los ents de los bosques, que las buscaron durante largos años, no lo supieron jamás.

Después de la Guerra del Anillo, los ents volvieron a vivir pacíficamente en su bosque; sin embargo, su decadencia prosiguió y se cree que en la Cuarta Edad desaparecieron para siempre.

hombres

Licántropos:

En la Primera Edad del Sol llegó a Beleriand una raza de espíritus torturados, siervos de Melkor. Se desconoce si eran espíritus maiar que habían servido a Melkor en Utumno y a quienes los valar habían privado de sus formas terrenales, o si se trataba de otros seres malignos. Sin embargo, los cierto es que, mediante actos de brujería, penetraron en cuerpos de lobo, con lo cual apareció una raza temible, cuyos ojos emitían un resplandor terrorífico capaz no sólo de comprender sino también de hablar tanto la lengua negra de los orcos como el idioma de los elfos.
Durante las largas guerras de Beleriand, un gran número de licántropos se congregó bajo el estandarte de Sauron ante la torre noldor del río Sirion, que cayó en su poder. Desde entonces la torre recibió el nombre de Tol-in-Gaurhoth, "isla de los licántropos", y Sauron los gobernó. Debajo de esta isla había lóbregas mazmorras, y los licántropos montaban guardia tras las almenas.

En la búsqueda del Silmarin , Huan, el perro lobo de los valar, mató muchos licántropos en Tol-in-Gaurhoth, hasta que un tal Draugluin, señor de la raza de los licántropos, se enfrentó a él. El combate fue feroz pero al final Dragluin huyó a la torre y se presentó ante el trono de Sauron , donde pronunció el nombre de Huan, cuya llegada había sido profetizada, y seguidamente murió. Sauron, que tenía poder para cambiar de forma, se convirtió entonces en un licántropo. Aunqu era más grande y más fuerte que Dragluin, Huan no se dejó amedrentar y agarró a Sauron por la garganta. No pudo éste liberarse ni por la fuerza ni mediante ningún acto de brujería, por lo que entregó la torre a Beren y Lúthien, señores del perro lobo. El encantamiento se desvaneció en Tol-in-Gaurhoth y los licántropos perdieron su maldad de espíritu. Sauron huyó transformado en un murciélago vampiro, y la razón de ser del reino de los licántropos desapareció para siempre de Beleriand.

hobbits

Nazgul:

En el siglo veintitrés de la Segunda Edad del Sol aparecieron en la Tierra Media nueve poderosos espectros que en la lengua negra de los orcos se llamaron Nazgul, que quiere decir "espectros del anillo". De todos los perversos siervos y generales de Sauron, el Señor del Anillo, estos Nazgul demostraron ser los más destacados.
Se dice que, entre los hombres, los Nazgûl habían sido poderosos reyes y hechiceros, y que Sauron les entregó un Anillo del Poder a cada uno, nueve de los mágicos diecinueve anillos que forjaron Celebrimbor y los herreros elfos de Eregion para Sauron. Durante muchos siglos estos hombres usaron sus anillos para satisfacer sus propios deseos, pero todos ellos estaban supeditados al Anillo Unico fabricado por Sauron. Aunque estos hombres elegidos vivieron, gracias al poder de los anillos, mucho más tiempo que los mortales corrientes, sus formas se fueron borrando. En el siglo veintitrés eran ya sólo unos espectros y su única preocupación era servir a Sauron.

En cumplimiento de este cometido, recorrieron el mundo perpetrando actos atroces. Se cubrían mediante capas negras con capucha, cotas de malla y cascos de plata; sin embargo, debajo llevaban las mortajas grises de los muertos y sus cuerpos eran invisibles. Todo aquel que les mirara el rostro caía presa del horror, pues parecía que nada sostuviera el casco y la capucha. No obstante, a veces, donde deberían estar los rostros aparecía el resplandor de dos ojos hipnóticos o, en momentos de furia, una roja llama infernal.

Las armas de los Nazgûl eran numerosas: llevaban espadas de acero y fuego, mazas negras y dagas de hojas mágicas envenenadas. Usaban conjuros y destellos mágicos, y la maldición de su negro aliento era como una plaga de desesperación que helaba los corazones de sus adversarios. Los hombres mortales no podían tocarlos, pues las armas no los dañaban a no ser que estuvieran reforzadas por un hechizo élfico; cualquier espada que los alcanzaba se consumía y desaparecía.

Así, durante un milenio, de la Segunda Edad del Sollos Nazgûl, montando nueve caballos negros, atravesaron la Tierra Media como una terrorífica pesadilla. Durante todo ese tiempo su destino estuvo unido al del propio Sauron y no perecieron hasta que, al final de esa edad, cayó Mordor, el reino de Sauron, y la Ultima Alianza de elfos y hombres, que había durado siete años, rompió el sitio de Barad-dûr. Isildur, el rey dúnedain de Gondor, cortó el Anillo Unico de la mano de Sauron, y los Nazgûl fueron arrojados a las sombras y a los eriales del este del mundo, donde vagaron desprovistos de forma y de poder.

Los Nazgûl permanecieron trece siglos de la Tercera Edad del Sol sin forma ni poder, sin embargo, el Anillo Unico no había sido destruído y Sauron pudo volver a encarnarse. En el siglo catorce, convocó de nuevo a sus vasallos, los Nazgûl, para que salieran de las sombras. Los nueve jinetes negros aparecieron en el este y el más poderoso de ellos se dirigió al norte de Eriador, donde fundó el reino de Angmar y construyó una gran ciudadela en Carn Dûm. Llamó entonces a las legiones de orcos y a los hombres de las colinas de las Landas de Etten, y la guerra azotó Eriador durante más de seis siglos seguidos.

En 1975 el ejército de este señor Nazgûl fue derrotado y exterminado por los señores elfos Círdan y Glorfindel, acompañados de Eärnur, rey de Gondor, en la batalla de Fornost.

El rey brujo de Angmar, que ostentaba el título de Alto Nazgûl, abandonó las desoladas tierras de Eriador y regresó a Mordor. Allí estaban los otros ocho Nazgûl, que habían llegado en secreto tres siglos antes. Durante todo aquel tiempo habían tratado de reconstruir el maligno poder de esa tierra y habían reunido a su alrededor numerosas hordas de orcos. En el año 2000, salieron de Mordor los nueve Nazgûl dispuestos a enfrentarse a los dúnedain del Sur en Gondor, y dos años más tarde cayó la ciudadela oriental, Minas Ithil, "Torre de la Luna". Los Nazgûl se apoderaron de ella y le pusieron por nombre Minas Morgul, "Torre de los Espectros Negros".

El Alto Nazgûl, o rey brujo de Angmar, pasó a llamarse señor de Morgul y fue él quien mató a Eärnur, el último rey de Gondor, y durante mil años se enfrentó a los hombres de Gondor tanto mediante la hechicería como con la fuerza de su ejército, minando así su poder y sus tierras.

En el año 3018 de la Tercera Edad estalló la guerra del Anillo, pues en ese año Sauron se enteró de dónde se hallaba el Anillo Unico y tal era su ansia de poseerlo que envió a los nueve Nazgûl a buscarlo. Sin embargo, no pudieron conducir su misión a buen puerto. Cuando llegaron a la frontera de Rivendel, los nueve jinetes fueron derribados en el vado de Bruinen y arrastrados por los poderes malignos que gobernaban el río.

criaturas

Dragones:

En la Primera Edad del Sol, Morgoth, el Enemigo Oscuro, se escondió en las mazmorras de Angband y elaboró sus más destacados engendros a base de fuego y brujería.
El resultado fueron unas obras maestras del genio de Morgoth en forma de grandes gusanos que se llamaron dragones. Los hizo de tres tipos: unos eran grandes serpientes que se deslizaban por el suelo, otros estaban dotados de patas y otros volaban mediante alas como de murciélago. Cada uno de estos tres tipos podía ser a su vez de dos clases: los drgaones fríos, que luchaban con dientes y garras, y los prodigiosos dragones de fuego urulóki, que lo destruían todo mediante bocanadas de fuego. Todos eran encarnaciones de los espíritus malignos de hombres, elfos y enanos, y por eso perseguían la destrucción de estas razas.

Los dragones constituían en sí mismos enormes arsenales que luchaban por los objetivos de Morgoth. Los reptiles eran enormes en cuanto a tamaño y poder, y estaban protegidos por escamas de hierro impenetrables. Sus dientes y uñas eran como jabalinas y estoques, y podían aplastar con la cola los escudos de cualquier ejército. Los dragones alados barrían el territorio sobre el que volaban con vientos huracanados y los dragones de fuego lanzaban llamaradas verdes y escarlata que lamían la Tierra y destruían todo lo que encontraban a su paso.

Amén de una enorme potencia, los dragones tenían poderes más sutiles. Estaban dotados de una vista más aguda que la del halcón y no se les escapaba nada de lo que veían. Tenían un oído que captaba la más ligera respiración del enemigo más silencioso y un sentido del olfato que les permitía identificar cualquier criatura por el más tenue olor de su carne.

La inteligencia de los dragones era célebre, lo mismo que su pasión por idear y resolver acertijos. Descendían de las serpientes y, por lo tanto, su ingenio y sabiduría alcanzaban cotas elevadísimas; pero eran insensatos, pues su inteligencia iba acompañada de vanidad, glotonería, avaricia, falsedad e irritabilidad.

Sus principales elementos constitutivos eran el fuego y la magia, rehuían al agua y preferían la oscuridad a la luz del día. La sangre de dragón era un veneno negro y mortal, y los vapores de sus entrañas eran de azufre ardiente y cieno. Sus cuerpos emitían siempre un duro brillo de piedra preciosa. Su risa era cavernosa y estremecía hasta a las propias montañas. Los ojos de los dragones lanzaban rayos de luz color rubí y, cuando estaban furiosos, relámpagos encarnados. Hablaban con crueles voces ásperas que, combinadas con la intensidad de sus ojos de serpiente, invocaban el conjuro del dragón, el cual inmovilizaba al enemigo desprevenido y le hacía desear someterse a la pavorosa voluntad de la bestia.

El primero de los dragones de fuego, el urulóki creado por Morgoth en Angband, fue Glaurung, Padre de los Dragones. Después de un siglo de incubación y crecimiento en las cavernas, Glaurung salió hecho una furia por las puertas de Angband a un mundo aterrorizado. Glaurung fue el mayor terror de su tiempo. Incendió y arrasó la tierra los elfos en Hithlum y Dorthonion antes de que lo expulsara Fingon, príncipe de Hithlum. No obstante, Morgoth estaba descontento con Glaurung por su impulsividad, pues tenía previsto que el dragón alcanzara todo su poder antes de que apareciera ante un mundo desprevenido. Así pues, Morgoth retuvo a Glaurung en Angband durante otros dos siglos antes de soltar al urulóki, lo cual sucedió al principio de la cuarta batalla de las guerras de Beleriand, que pasó a conocerse como batalla de Llama Súbita. Glaurung, el gran gusano, en todo su esplendor, acaudilló las fuerzas de Morgoth en el enfrentamiento contra los elfos de Beleriand. Gracias a su gran tamaño y a la acción de sus llamas fue haciendo mella en los ejércitos enemigos y, con los demonios de Morgoth, los balrogs y negras legiones de incontables orcos, rompió el sitio de Angband y llevó la desesperación a los elfos.

En la quinta batalla, llamada batalla de Lágrimas Innumerables, Glaurung provocó una destrucción todavía más terrible, pues entonces había engendrado ya una prole de dragones de fuego y dragones fríos menores que lo sucederían en su quehacer guerrero. Así, un gran ejército de elfos y hombres sucumbió a su embestida y nadie, salvo los enanos de Belegost, que habían acudido a luchar contra el enemigo común, fue capaz de resistir la llama del dragón.

Años después de que Galurung hubiera saqueado y desolado el reino de Nargothrond fue abatido por el mortal Túrin Turambar, pues este hijo de Húrin se acercó furtivamente al dragón de fuego y le clavó la espada Gurthang en el vientre; pero Túrin murió también a causa del veneno de la sangre negra y de la ponzoña que destilaron las últimas y malignas palabras del dragón.

Si bien llaman a Glaurung Padre de los Dragones, el mayor dragón que existió jamás en el mundo fue uno llamado Ancalagon el Negro. Su nombre significa "mandíbulas que se precipitan", y su majestad devoradora aplastó al ejército del oeste en la Gran Batalla y en la Guerra de la Cólera al finalizar la Primera Edad del Sol.

razas

Balrogs:

Los más terribles de los espíritus maiar que se convirtieron en siervos de Melkor, el Enemigo Oscuro, fueron los que se transformaron en demonios.
En la lengua de los altos elfos, se llamaban valaraukar, pero en la Tierra Media recibían el nombre de balrogs, que significativamente quería decir "demonios de poder".

De todas las criaturas de Melkor, sólo los dragones los superaban en fiereza. Pesados y voluminosos, los balrogs eran demonios con apariencia humana dotados de cabelleras de fuego y apéndices nasales que expelían abrasadoras llamaradas.

Su principal arma era el látigo de fuego de múltiples correas, y, aunque también llevaban mazas, hachas y espadas llameantes, era aquel instrumentoel más temido por sus enemigos. Tan horriblemente espantosa era el arma que la temible Ungoliantë, Ella la araña, fue expulsada del reino de Melkor gracias a los briosos latigazos de los demonios balrog.

El individuo más infame de la raza balrog era Gothmog, señor de los balrogs y gran capitán de Angband.

seres

Balchoth:

En la época de Cirión, el duodécimo rey senescal de Gondor, vivía en Rhovanion, región situada en la frontera oriental del reino, un fiero pueblo bárbaro conocido como los balchoth que pertenecía a la raza de los orientales. Los balchoth sembraron el terror en los valles del Anduin, pues se regían por la maldad y sus acciones estaban dirigidas por Sauron, el Señor Oscuro, que residía en Dol Guldur, fortaleza erigida en el Bosque Negro.
La crueldad de los balchoth era legendaria, y sus huestes, numerosas. En el año 2510 de la Tercera Edad del Sol, los balchoth botaron una nutrida flota en el Gran Río y alcanzaron por fin el reino de Gondor. Saquearon la provincia de Calenardhon y asesinaron masivamente a sus habitantes, hasta que les hizo frente un potente ejército de hombres de Gondor mandado por Cirion. Se incorporó a la lucha un ejército negro de orcos que atacó por la retaguardia a los hombres de Gondor, pero en el momento más crítico llegó la ayuda: los rohirrim mandaron una gran fuerza de caballería que aplastó tanto a los balchoth como a los orcos.

Esta contienda se llamó la batalla del Campo de Celebrant y en ella se puso fin para siempre al poder de los balchoth. Estos fueron aniquilados y después de aquel día en ningún relato se los menciona, y pronto desaparecieron de la faz de la Tierra Media.

El señor de los anillos

Trasgos:

Las criaturas que los hombres llaman en la actualidad trasgos son moradores de la oscuridad, engendrados con viles propósitos, que en épocas anteriores eran conocidos como ORCOS.
Se trata de seres de sangre negra, ojos inyectados en sangre y naturaleza perversa. Aunque ahora se limitan a efectuar inofensivas tavesuras, hubo un tiempo en que eran una raza dedicada a empresas tiránicas de gran magnitud.

flora

Trolls:

Se cree que en la Primera Edad de la Luz de las Estrellas, en las profundidades de las mazmorras de Angband, Melkor el Enemigo crió una raza de caníbales giganes, fieros y resistentes, pero carentes de inteligencia. Estos gigantes de sangre negra se llamaban trolls y durante cinco Edades de la Luz de las Estrellas y Cuatro Edades del Sol cometieron actos de perversidad sin límites.
Se dice que Melkor crió a los trolls porque deseaba disponer de una raza tan poderosa como los gigantescos ents, los pastores de árboles. Los trolls medían y pesaban el doble que los hombres más corpulentos y su piel era una capa de escamas que constituía una armadura natural. Los trolls eran a la piedra lo que los ents eran a la sustancia de la madera; aunque no tenían la misma fuerza que ellos, que eran capaces de quebrar la piedra, los trolls eran resistentes y poderosos. Sin embargo, el encantamiento que los trajo al mundo les provocó un defecto fatal : temían la luz. El embrujo de su creación se había realizado en la oscuridad y si la luz los tocaba el hechizo se rompía y su armadura desaparecía. Su desalmado ser se consumía y se convertía en piedra.

Tal era la necedad de los trolls que muchos no podían ni siquiera hablar, mientras que otros aprendían tan sólo los más elementales rudimentos de la lengua negra de los orcos. Aunque su poder quedaba anulado con frecuencia por la inteligencia de otros seres, en las cavernas de los montes y en los bosques oscuros los trolls eran muy temidos. Sólo les satisfacía alimentarse de carne cruda, mataban por placer y, con una desmedida codicia, acumulaban todo lo que podían arrebatarles a sus víctimas.

En las Edades de la Luz de las Estrellas vagaban libremente por la Tierra Media y, junto con los orcos, convertían los viajes en peligrosas empresas. Con frecuencia luchaban al lado de lobos, orcos y otros viles siervos de Melkor. Pero en la Primera Edad del Sol tuvieron que actuar con mayor precaución pues la potente luz del astro representaba la muerte para ellos, y sólo gracias a la oscuridad pudieron intervenir en la guerra de Beleriand.

Tras la guerra de la Cólera y finalizada la Primera Edad del Sol, en la Tierra Media aún quedaban muchos trolls ocultos en las profundidades de los montes. Cuando en la Segunda Edad apareció Sauron el maia, se adueñó de estos antiguos siervos de su amo Melkor. Sauron dio a los trolls cierta capacidad mental derivada de la maldad y se volvieron más peligrosos que antes en sus correrías por el mundo.

magos

Animales