Edité algunas entradas fascistas con las que el autor de esta biografía nos "deleita". A pesar de los abismos ideológicos que me separan del Dr. Eduardo De Robertis, no puedo dejar de reconocer su inmensa importancia en la medicina, y he aquí un merecidísimo homenaje a este excepcional científico Argentino al cual, el "premio" Nobel le fué negado.

Doctor Eduardo De Robertis: Un esbozo biográfico

Por: Ariel Barrios Medina.


Eduardo De Robertis
Eduardo De Robertis


Un niño y la familia

La vida de un hombre es la de sí mismo y la de su sociedad.

Este es el caso de Eduardo De Robertis quien, guiado y apoyado por sus padres y maestros, los honró con el fruto del trabajo.
Siendo niño ayudaba a la madre a forrar tacos de zapato que, de esa manera, colaboraba con el esposo al sostenimiento del hogar. Ya un poco mayor acompañaba al padre a la fábrica de zapatos en la que armaba los zapatos y cosía las suelas: "Me gustaba de chico ir a la fábrica donde mi padre iba los sábados de tarde, a veces los domingos, para limpiar las máquinas, aceitarlas y tenerlas en condiciones para el trabajo durante la semana. Y entonces a mí me gustaba meterme ahí con un banquito y tratar de ayudar yo también a limpiarlas".
Ese niño era Eduardo De Robertis, nacido en Buenos Aires, el 11 de diciembre de 1913, de dos inmigrantes italianos que habían formado familia, en esa misma ciudad, en 1912.

Cuando Eduardo comenzó la escuela primaria, los maestros advirtieron su calidad intelectual. El padre y la madre que debían mantener a la familia postergando los proyectos personales, cuando supieron de la capacidad del hijo, lo impulsaron con sus propias voluntades de triunfo: "La preocupación de mis padres ha sido siempre que yo pudiera seguir estudiando".

Concluido el primario, y puesto que el bachillerato abría el camino a la universidad, Eduardo De Robertis inició los estudios secundarios en el Colegio Nacional "Mariano Moreno" de la avenida Rivadavia.

Aunque la situación económica de la familia no había mejorado mucho, Eduardo pudo concentrarse en los estudios pues, como siempre recordaría: "Mis hermanas trabajaron para que yo estudiara".

Desde el tercer año, Eduardo preparó, concienzudamente, el examen de ingreso a la facultad haciendo sus propios resúmenes de textos universitarios: "Yo siempre me adelanté un poquito a la época de mis estudios".

De esa manera, tras graduarse brillantemente como bachiller, el examen de ingreso, que tanto temía, le resultó muy fácil y, en febrero de 1932, Eduardo ingresó a la Escuela de Medicina de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad de Buenos Aires.

"Un padre espiritual"

En el primer año de la facultad, De Robertis siguió con mucho interés las clases del profesor de histología Pedro Rojas (1887-1941).

Luego de aprobar la materia con sobresaliente, Eduardo solicitó al profesor un puesto de ayudante. Rojas respondió: "Yo iba a proponerle lo mismo". Y tuteándolo filialmente, añadió: "Bueno, a partir de hoy vas a ser mi ayudante personal en la cátedra".

Este encuentro selló la carrera científica de De Robertis quien, en abril de 1933, se inició como Ayudante de Investigación ad honorem: "Ser ayudante personal de Pedro Rojas significaba que tuve que ponerme a estudiar muchísimo porque leía todos los libros que me indicaba y tenía que hacerle los resúmenes y además los diapositivos que correspondían a cada clase. Prácticamente tenía que estudiar a la par de él para dar las clases".

En cierta oportunidad, Eduardo resintió la dura servidumbre de este aprendizaje y dejó caer el microscopio de investigación de Rojas quien había pedido que lo transportara de una mesa a otra: "Pero él no dijo nada muy hiriente. Y al finalizar el día me dijo si quería ir al Teatro Colón porque tenía una entrada. Fue una forma de paliar todo lo que estaba sufriendo en ese momento. Creo que fue un ejemplo de cómo hay que tratar a los jóvenes cuando cometen a veces algunos errores que no son voluntarios".

Rojas, quien solía recordar a los alumnos que sus antepasados habían llegado a estas tierras con el conquistador español Juan de Garay, era Director y Profesor con dedicación exclusiva del Instituto de Anatomía General Comparada y Embriológica ubicado junto al Instituto de Fisiología, dirigido por Bernardo A. Houssay de quien era muy amigo.

En 1934, la iniciación científica de Eduardo se complicó un poco cuando, por indicación y con ayuda de Rojas, redactó una dura crítica a un artículo sobre el desarrollo del embrión publicado en La Semana Médica. Tras publicarse la crítica, se presentaron dos personas en el Instituto representando al indignado autor para retarlo a duelo. Intervino entonces el profesor Rojas cuya autoridad evitó que, en esa sociedad aún bárbara, un mejor tirador eliminara a este naciente científico "hijo de su espíritu".

Durante esos años, De Robertis trabajó intensamente. Al mismo tiempo que hacía un trabajo casi con dedicación exclusiva en el laboratorio, rendía los exámenes de alumno de medicina: "Durante todo el año me la pasaba en el laboratorio y leía un poquito. Después desaparecía durante un mes para dar exámenes y atiborrarme con las materias".

Desde el inicio, De Robertis se apartó de la tradición histológica que estudiaba la forma de la célula: "Estudiar los preparados en sí era una cosa estática y, entonces, la única manera de poder sacar datos dinámicos era haciendo experimentos para poder extraer nociones de la fisiología. Creo que la histofisiología en ese momento era una novedad".

Aún estudiante, Eduardo recibió, en 1937, los primeros premios: el Premio J. M. Estrada de la Institución Mitre para el trabajo "Estudios de Histofisiología Hepática en los Anfibios" y el Tercer Premio Nacional de Ciencias Naturales y Biológicas por la investigación sobre los sapos, en colaboración con Francisco A. Sáez y Pedro Rojas, "Las células sexuales de los anfibios anuros".

Ese año también fue el del matrimonio con Antonia Semelis, para disgusto de la madre pues deshizo el compromiso de nueve años con la novia de la primera juventud: "Entre todos mis compañeros, creo que fuí el único que me casé antes de recibirme".

Eduardo continuó quemando etapas. Al graduarse, en marzo de 1939, ya tenía lista la tesis "Estudios de Histofisiología Hepática, y, además, lograría la Medalla de Oro de su promoción.

La tesis doctoral

Para la tesis, Eduardo había investigado las modificaciones que sufría la estructura de la célula hepática, especialmente del sapo y del perro, en diversas condiciones fisiológicas. Uno de los capítulos era la investigación de las modificaciones histofisiológicas del hígado en la diabetes experimental por pancreatectomía o por inyección del extracto de la parte anterior de la glándula hipófisis.

Este aspecto de la investigación lo vinculó directamente a Houssay quien preparaba los animales: "Siempre me recibía. Generalmente estaba haciendo algo, como ser sacando la hipófisis de los sapos que lo hacía con una velocidad increíble. Podía operar, yo diría, cincuenta, cien sapos prácticamente mientras uno charlaba"

Años de Peregrinaje

Ese mismo año de 1939, la Asociación Argentina para el Progreso de las Ciencias, cuyo presidente era Houssay, le otorgó la beca externa subvencionada por la empresa Millet y Roux para estudiar en la Facultad de Medicina de Lyon con el renombrado histofisiólogo Albert Policard.

Pero, ya aprestado el viaje, se desencadenó en Europa, el 1° de setiembre, la Segunda Guerra Mundial.

Una de sus consecuencias en Buenos Aires fue que De Robertis debió abandonar esos planes.

Pero la Academia Nacional de Medicina, mediante la gestión de Houssay, le otorgó la beca Bartolomé Devoto para estudiar en el Departamento de Anatomía de la Universidad de Chicago. Y hacia allá partió en octubre de 1939.

Esta experiencia en un centro de investigación del exterior motivó el entusiasta agradecimiento de De Robertis a Houssay quien, apaciguándolo, replicó: "No olvide que su beca tiene por objeto preparar a usted mejor para que en el futuro desarrolle tareas de enseñanza e investigación en nuestro país. Estoy convencido de que usted será útil al país y formará discípulos. Para ello deberá ser muy generoso, lo que es signo de alta calidad y elevación de propósitos y confianza en sí mismo, y les dará ejemplo de exactitud, rectitud y generosidad".

De Robertis investigó, en unos pocos meses, la existencia de un ciclo secretor en la paratiroides y logró resultados que le permitieron ganar una beca de la Fundación Rockefeller.

Aconsejado por William Bloom. quien lo dirigía en Chicago, De Robertis se trasladó, en 1940, al Departamento de Anatomía de la Universidad Johns Hopkins en Baltimore a investigar con Isidore Gersch quien: "Tenía una visión muy dinámica y muy bioquímica de la citología".

Uno de los problemas no resueltos de la histofisiología de las glándulas de secreción interna era el ciclo de la secreción de la glándula tiroides.

Se sabía que la tiroides almacenaba la hormona en la tiroglobulina que se encuentra en los folículos pero: ¿cómo se reabsorbía la enorme molécula (la tiroglobulina) y llegaba la hormona a la sangre?

Se suponía que había un posible mecanismo enzimático pero nadie lo había demostrado: "Mostrar si había una enzima proteolítica en la glándula fue el problema que yo tuve que enfocar".

Para ello, De Robertis aplicó a la glándula tiroides el método de congelación en aire líquido a -195° y desecación a -30°, inventado por Altmann a fines del siglo pasado y redescubierto por Gersch, que le permitió demostrar la formación de gotas de coloide y su secreción intracelular.

El problema era ahora la reabsorción de la enorme molécula depositada en el folículo, la tiroglobulina: ¿cómo se producía la secreción intracelular de la tiroglobulina almacenada en el coloide?

De Robertis estableció, mediante la micromanipulación de los folículos individuales, que el coloide extraído de los folículos digería la capa de gelatina sobre la cual era depositado.

Al demostrar que las células del folículo tiroideo poseían una enzima proteolítica, De Robertis explicó cómo la enorme molécula depositada en el folículo, la tiroglobulina, pasaba a la sangre descompuesta en moléculas más pequeñas: tiroxina y triyodotironina.

De ese modo, probó la existencia del mecanismo enzimático en la producción de la hormona tiroidea y su reabsorción. Muchos años después recordaría: "Ahora se reconoce muy bien que esa enzima forma parte de los liposomas de las células, que es una enzima que ataca la tiroglobulina y la digiere para poder ser secretada como hormona circulante".

Retorno a Buenos Aires

De Robertis retornó a Buenos Aires en marzo de 1941. Pocos meses después del regreso, murió el profesor Pedro Rojas.

Houssay había previsto el desenlace de la enfermedad del amigo y no dudaba que la cátedra de Rojas requería la capacidad de De Robertis, de la que estaba informado por los investigadores que lo habían dirigido.

Pero los esfuerzos de Houssay para propulsar a De Robertis a la titularidad de la cátedra fueron inútiles. De Robertis no podía siquiera concursar pues no había aprobado las normas de la carrera docente, esto es, la aprobación de cursos y dictado de clases.

La cátedra fue, finalmente, ganada por Manuel Varela. Apoyado por el nuevo profesor titular quien reconocía su estatura científica, De Robertis continuó, como Jefe de Trabajos Prácticos full-time y Jefe de la Sección de Citología e Histofisiologia del Instituto de Anatomía General y Embriología, las investigaciones sobre la tiroides.

La llegada y estadía, en 1942, de un eminente histólogo español confrontó a De Robertis con su propia madurez científica: "Me acuerdo que di una conferencia tratando de mostrar los métodos modernos de congelación y desecación que había aprendido en Estados Unidos. Y Pío del Río Hortega estaba en el auditorio. Y él lo único que atinó a decirme era que con el formol podía conseguir algunas imágenes mejores que las que yo mostraba. Yo me di cuenta que no había entendido absolutamente nada de la importancia del método que no era para mostrar figuras bonitas".

En 1942, De Robertis determinó que la hormona segregada por la parte anterior de la hipófisis que provoca la maduración de las gonadas (testículos y ovarios), la hormona gonadotrófica o gonadotrofina, actúa sobre las células de Sertoli y provoca, en el sapo, la expulsión de los espermatozoides.

La utilidad clínica de este trabajo fue aprovechada por su condiscípulo Carlos Galli Mainini (1914-1961) quien concluyó, inteligentemente, que, si la mujer embarazada eliminaba la gonadotrofina en la orina, entonces la inyección de esta orina en el sapo macho causaría la maduración y expulsión de sus espermatozoides.
Este eficaz y seguro diagnóstico precoz del embarazo fue un análisis clínico que alcanzó difusión internacional bajo el nombre de la Reacción Galli Mainini.


Esos años fueron, además, de intenso esfuerzo y renovación docente en la cátedra de histología para cuyos alumnos De Robertis tradujo el libro de su maestro William Bloom.

Pero, siguiendo la sugerencia de Varela, De Robertis redactó, en colaboración con el genetista Francisco Alberto Sáez y el bioquímico Wiktor Nowinski el libro de texto Citología General: "Un libro de avanzada en relación a los otros textos que había en ese momento que eran puramente morfológicos".

Este libro de texto, que desarrollaba los aspectos genéticos y bioquímicos de la moderna citología, fue contemporáneo de La Fisiología Humana que Houssay, con los discípulos Juan T. Lewis, Oscar Orías, Eduardo Braun Menéndez, Enrique Hug y Virgilio G. Foglia, publicó en la misma editorial.

Hacia una nueva frontera

En 1947, De Robertis inició el dominio de la microscopía electrónica, en el Departamento de Biología del Massachusetts Institute of Technology guiado por Francis O. Schmitt, que, en 1940, lo había impresionado profundamente en una conferencia sobre la ultraestructura de la célula.

Schmitt acentúo esta impresión cuando, en esos primeros pasos de la microscopía electrónica, demostró la existencia de estrías periódicas en la fibra colágena: "Entonces yo me entusiasmé con la idea de comenzar a estudiar la microscopía electrónica. Porque así como antes había estado interesado en los aspectos bioquímicos, en ese momento me interesaban los aspectos biofísicos, es decir, la aplicación de los métodos biofisicos al estudio de la célula".

El interés por estos aspectos, movieron a De Robertis a solicitar una beca a la Fundación Guggenheim que, a mediados de 1945, le fue concedida.

Esta nueva beca en el exterior suscitó recelo en Houssay quien, como la mayoría universitaria argentina, estaba en acerba pugna con el gobierno militar al que consideraban pronazi, y que escribía a Orías: "Muchos jóvenes creen que huyen del país para beneficiarse, pero yo no estoy de acuerdo con esa idea".

Eduardo De Robertis junto al doctor Houssay
medicina


Pese a esta opinión contraria, De Robertis, que participaba muy activamente en la campaña contra el ascenso del Partido Laborista que proponía la candidatura presidencial de Juan Domingo Perón, viajó a los Estados Unidos: "La verdad es que ese período del peronismo fue muy difícil para todos. Y menos mal que había pedido esa beca Guggenheim para irme a los Estados Unidos. De manera que pude, en cierta forma, escapar un poco a las dificultades que hubo aquí, que hicieron que se paralizara prácticamente toda la investigación que se hacía en nuestro instituto".

La paralización se produjo cuando el profesor Varela, acusado de efectuar actividad política en la cátedra, fue separado de ella por el interventor de la Facultad de Ciencias Médicas.

En diciembre de 1946, al saber la noticia, De Robertis renunció, desde el Massachusetts Institute of Technology (MIT), al puesto docente y científico en el Instituto de Anatomía General y Embriología.

Eduardo De Robertis en el microscopio electrónico
medico


En aquel instituto de investigación, De Robertis inició, mediante el microscopio electrónico, una nueva etapa de su vida científica en la investigación de la ultraestructura de la fibra nerviosa: "Me alejé de la endocrinología y de la tiroides y entré, ya de lleno, al estudio de los tejidos nerviosos. A partir de entonces toda mi investigación ha sido en el campo de la neurobiología".

De Robertis, tras más de un año de intenso esfuerzo comunicó, en las reuniones de la Sociedad Americana de Microscopía Electrónica, de septiembre en Toronto y de diciembre de 1947 en Filadelfia, sus observaciones de uno de los elementos del citoesqueleto de la fibra nerviosa: los neurotúbulos.
El axón, la parte interna del nervio, aparecía homogéneo al microscopio óptico. Mediante el microscopio electrónico, De Robertis y Schmitt observaron que la ultraestructura del axón estaba constituida por fibras de longitud indefinida, más densas en los bordes, que llamaron neurotúbulos, lo cual comprobaron, ulteriormente, mediante la contaminación con virus.


El periodista de la noticia de divulgación científica, publicada en el diario La Prensa, fue Houssay que entregó a De Robertis, muy puntualmente, el honorario que había percibido pues entendió que era el verdadero autor.

Algunos años después, el mismo científico con el que había colaborado, cuestionó la existencia de los neurotúbulos que, ulteriormente, fueron llamados neuroprotofibrillas, una designación que omitía interpretaciones sobre la geometría.

Eduardo De Robertis en un grupo de trabajo en el MIT
biografia


Retorno a América del Sur

A fines de 1948, tras completar tres años de beca postdoctoral en el Massachusetts Institute of Technology (MIT), De Robertis declinó el puesto de Full Professor (Profesor Titular Plenario) que le ofrecía su amigo Bennett, recién designado Director del Departmento de Anatomía en la Universidad de Washington en Seattle: "En cambio de eso, y ya que no era posible volver al país habiendo fracasado todas las tentativas que se hicieron, que fueron varias, preferí ir a Montevideo donde la Rockefeller estaba apoyando muy directamente a un instituto de investigaciones de ciencias biológicas que dirigía el profesor Clemente Estable".

El Instituto de Investigaciones Biológicas creó el Departamento de Ultraestructura Celular que, con el apoyo de la Fundación Rockefeller y bancos del Uruguay, compró un microscopio electrónico: "Trabajamos mucho en un medio difícil por el hecho del aislamiento, la falta de repuestos del microscopio, la falta de apoyo técnico, donde los dificultades eran grandes pero pudimos vencerlas".

En este instituto, De Robertis investigó las plaquetas sanguíneas, ciertas parasitosis como el anaplasma y confirmó la estructura de los neurotúbulos o neuroprotofibrillas.

En noviembre de 1953, durante la estadía como Profesor Visitante en la Universidad de Washington en Seattle, De Robertis propuso a su amigo Bennett estudiar la estructura de las fibras nerviosas gigantes en las lombrices de tierra: "Disequé el sistema nervioso de la lombriz y pude estudiar, no solamente la estructura de las fibras nerviosas gigantes sino también, con gran asombro, que en las zonas sinápticas había una cantidad enorme de vesículas. Desde el primer día que descubrimos las vesículas nos dimos cuenta de la importancia teórica y de los posibles mecanismos de su acción. Y ya mismo en Seattle hicimos algunos experimentos fisiológicos que, lamentablemente, fracasaron. Realmente fue una de las temporadas más productivas de mi vida donde trabajaba hasta dieciséis horas por día".

De regreso en Montevideo, De Robertis investigó la retina donde demostró un tema de su maestro Rojas llevado a la ultraestructura, la embriogénesis del segmento externo de los fotorreceptores y su unión mediante un cilio al segmento interno: "Un trabajo que ha quedado clásico".

En esta etapa de intenso trabajo científico, se deshizo el matrimonio con Antonia quien lo dejó con los hijos, aún niños, María Cristina y Eduardo.

Fue la poetisa Juana de Ibarborou (1892-1979) quien restauró la alegría de vivir de De Robertis: "Amor secreto, gracia esclarecida, palor de luna en la apretada sombra, dulce se hace el labio que te nombra y albea de nuevo la agrisada vida". Y quien, al cabo de un año, y advirtiendo las diferentes edades e intereses, le indicó la necesidad de otra relación.

Fue en la puerta del laboratorio, saliendo él a buscar los hijos al colegio y entrando ella a trabajar, que De Robertis conoció a Nelly Ana Mirta Armand Ugon Indart a quien, un día, invitó a escuchar música.

A los seis meses, el 14 de septiembre de 1956, se casaron.

El retorno definitivo a Buenos Aires

En setiembre de 1955, luego del golpe de estado de la “Revolución Libertadora”, se produjo la recomposición de las universidades argentinas.

De Robertis retornó a la Argentina para completar el proyecto de 1941. En 1957, ganó el concurso de Profesor de Histología y Embriología y Director del Instituto de la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires.

Cuando De Robertis llegó al instituto, encontró, solamente, las paredes. Pero, también, estaban quienes aguardaban al que los pudiera guiar en el camino de la investigación: Amanda Pellegrino de Iraldi, Hersch Gerschenfeld, Arnaldo Lazanski, Flora Wald, y Roberto Manzini, quien tenía entidad propia: "Y eso hizo que el instituto rápidamente pudiera tomar vuelo".

A ese fin, obtuvo, en el país y el exterior, los equipos y los fondos necesarios y, en agosto de 1957, inauguró la instalación del microscopio electrónico adquirido por la Universidad de Buenos Aires.

De Robertis, recuerdan los colaboradores técnicos: "Conocía su instrumento y sabía explicarlo a sus alumnos". De ese modo, superó las dificultades de instalación y mantenimiento y los formó en una escuela que sería sudamericana.

Posteriormente, en el que ahora se llamaba Instituto de Biología Celular, De Robertis desarrolló las técnicas para el aislamiento de las vesículas sinápticas que "un día memorable", "aparecieron de golpe", recuerda una de las colaboradoras, "agarrotados en la cámara fría".

Desde 1967 a 1971, mediante el choque osmótico y la centrifugación diferencial (por gradientes), De Robertis logró el fraccionamiento celular que haría conocer la neuroquímica de los receptores sinápticos: "Se rompía la membrana de la terminación nerviosa puesta en un medio hipotónico y liberaba las vesículas. Y entonces pudimos aislar las vesículas. Y de esa manera, con métodos bioquímicos, farmacológicos y con una cantidad de colaboradores, pudimos demostrar que esas vesículas contenían los neurotransmisores y que, por lo tanto, eran los elementos fundamentales de la neurotransmisión".

El descubrimiento de la ultraestructura y papel fisiológico de las vesículas sinápticas, y el aislamiento de los terminales sinápticos, fue la demostración inequívoca de que la individualidad de la célula nerviosa se mantenía hasta en las más fínas expansiones submicroscópicas pues, como señaló una discípula: "Su trabajo puede considerarse un desarrollo a nivel subcelular de la doctrina de la neurona de Ramón y Cajal, a la cual dió la confirmación final de la independencia morfológica de las neuronas y el marco estructural para el estudio de la polarización dinámica de las neuronas".

En febrero de 1958, De Robertis fue llamado a integrar el primer directorio del refundado Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET): "No sé realmente cómo es que fuí seleccionado. Me imagino que el doctor Houssay habrá tenido que ver con eso".

De Robertis recordaba esa ocasión: "El general Aramburu nos recibió en una entrevista cordial. Realmente impresionaba como un hombre de bien e interesado en las actividades científicas del país. Era al final de su gobierno, prácticamente, cuando se creó el CONICET. De manera que ya terminaba el mandato de la Revolución Libertadora, mandato que muchos creemos que, en realidad, duró poco".

En 1960, el Comité Ejecutivo de ese primer directorio del CONICET, encomendó a De Robertis, en colaboración con el geólogo Félix González Bonorino, la organización de la Carrera del Investigador: "Creo que la Carrera del Investigador ha sido motivo para que la ciencia progresara, realmente, en la Argentina y que no fuera la labor de individuos completamente aislados".

En esos años de la Revolución Cubana, el otorgamiento de subsidios al Instituto de Biología Celular por instituciones de los Estados Unidos y, especialmente, de la Oficina de Investigaciones Científicas de la Fuerza Aérea, provocó tumultuosos rechazos estudiantiles en enfrentamientos que De Robertis soslayó: "Creo que los alumnos propios son los que están alrededor de uno".

Cuando, en julio de 1966, la Facultad de Ciencias, Físicas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires fue violentamente agraviada por la intrusión policial, De Robertis no se plegó al repudio contra el poder político que había consentido ese hecho.

Esa actitud no fue admitida por alguno de los discípulos quienes llegaron a rechazar al maestro.

En esta coyuntura, como el mismo Houssay, De Robertis creyó que el servicio a la patria mediante la ciencia era lo mejor que podía ofrecer: "Yo creo que las ideologías han sido terribles en nuestro país. Son las que han causado la mayor parte de los desastres y habría, alguna vez, que terminar con eso".

Ese mismo año de 1966, De Robertis introdujo un punto de vista inmunoquímico en la neurobiología que le condujo a la producción de anticuerpos contra los sinaptosomas y las vesículas sinápticas.
Mediante la inyección de vesículas sinápticas en ratas generó anticuerpos con los que logró bloquear el efecto de las sustancias químicas que transmitían el impulso nervioso a través de los terminales nerviosos. De esa manera, De Robertis provocó una acción farmacológica mediante un anticuerpo.


En 1970, la Academia Real de Ciencias de Suecia otorgó el Premio Nobel de Química a Leloir por el descubrimiento de los nucleótidos azúcares y su función en la biosíntesis de los hidratos de carbono. Por su parte, el Real Instituto Carolino de Medicina y Cirugía otorgó el Premio Nobel de Medicina y Fisiología a Julius Axelrod, Ulf von Euler y Bernard Katz por el descubrimiento de las sustancias almacenadas en los órganos de contacto de las células nerviosas y los mecanismos de liberación y desactivación.

Los discípulos de De Robertis sintieron que ese premio pertenecía, también, a su maestro.

En septiembre de 1973, en medio de las tribulaciones que padecía la Argentina, De Robertis escuchó las palabras de quien había combatido, veinticinco años atrás, como un llamado a la reconciliación: "Si ustedes no lo hacen bien, ya vendrán otros que lo harán mal. Pero todos pagaremos de una manera u otra, las tristes consecuencias por haberse desentendido egoístas del deber y del derecho que nos fije esta hora".

De Robertis enfrentó su responsabilidad ciudadana y apoyó públicamente el esfuerzo: "Para integrar los equipos necesarios para contribuir con todos los recursos de la ciencia y la técnica a la determinación de las políticas que hacen a la Reconstrucción y Liberación Nacional, inspirado por el Teniente General Juan Domingo Perón".

Pero ni su generosidad ni su capacidad, ni la de quienes lo acompañaron en esa circunstancia, alcanzó a superar la dureza de la hora.

Y aun sufrió, en los años de cruenta dictadura, la desaparición de uno de sus jóvenes colaboradores y la angustia de la inutilidad de los esfuerzos para conocer su destino.

De Robertis no interrumpió, sin embargo, la tarea científica y docente en el instituto e identificó distintos receptores post y presinápticos, esto es, zonas de fijación de los transmisores químicos en los terminales nerviosos.

La obra docente de De Robertis culminó, en 1980, con la publicación de Citología General y Molecular. A esta nueva edición, traducida a nueve lenguas, del libro cuya publicación había iniciado treinta y cinco años atrás, asoció al hijo Eduardo como coautor. [Nota de “cuervoedo”: las reediciones de este libro se utilizan aun hoy en la Facultad de Ciencias Médicas de la U.B.A.]

En 1983, De Robertis inició la identificación y caracterización. de los receptores cerebrales específicos de las moléculas que desencadenan el proceso bioquímico de la trasmisión de los mensajes nerviosos que controlan la ansiedad y el estrés.

En 1985, De Robertis asoció su nombre al de quien había reconocido su excelencia científica desde los comienzos cuando, la Organización de Estados Americanos (OEA), le confirió el Premio Bernardo A. Houssay con el que anualmente distingue a los investigadores del continente.

Un domingo, cuando estaba descansando en su quinta de las afueras de Buenos Aires, De Robertis debió ser trasladado, urgentemente, para una intervención quirúrgica.

Superado ese trance, postrado por la enfermedad de la que no esperaba convalecencia, reclamaba a los colaboradores sus borradores de los trabajos científicos para corregirlos.

Eduardo De Robertis murió de cáncer a las 8 de la mañana del 31 de mayo de 1988.

FUENTE:http://www.houssay.org.ar/hh/bio/robertis.htm
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