Terrorismo de Estado en Argentina


Terrorismo de Estado en Argentina

El terrorismo de Estado en Latinoamérica tiene un fiel exponente en lo ocurrido en Argentina en la década del 60 y fundamentalmente en la década del 70. Como resumen de lo sucedido en nuestro país, creo esencial el siguiente texto del filósofo José Pablo Feinmann : “El trágico camino al golpe de Videla: Pese a las influencias guevaristas, la izquierda peronista surge otorgándose una política de masas. John William Cooke, en Cuba, le había dicho a Guevara que, para hacer la revolución en la Argentina, no era necesario el foco insurrecional. Estaban las masas peronistas. Guevara no le creyó. O, al menos, no fue seducido por esa interpretación.

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Su idea acerca del peronismo no era la de Cooke. Jamás hubiera llegado a creer que Perón podía transformarse en un revolucionario. Tal vez tampoco Cooke lo creyera. No “exactamente” así. Cooke creía lo que luego creyeron los cuadros más lúcidos de la izquierda peronista: había que trabajar “con” las masas peronistas, había que crearle hechos revolucionarios a Perón y llevar al país a una situación insurreccional a la cual Perón –más allá de sus preferencias idológicas- no tuviera más remedio que dar su acuerdo.
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Como vemos, la praxis inicial de la izquierda peronista es una praxis de masas. Se identifica con Perón y el peronismo porque quiere hacer la revolución con las masas. La identificación con el peronismo implicaba un claro rechazo a la teoría del foco insurreccional.

Entre tanto, los Montoneros –que aún estaban lejos de hegemonizar a la izquierda peronista- realizaban sus operativos armados. La hegemonía de Montoneros comienza cuando la Juventud Peronista pasa a identificarse como tendencia revolucionaria del movimiento peronista. “La tendencia.” En esta etapa, los Montoneros se dan una política de masas y sus cuadros de superficie hacen la campaña electoral de 1973, que culmina con el triunfo del 11 de marzo. Luego vienen sus enfrentamientos con Perón y, como fruto maduro de esos enfrentamientos, surge un acto decisivo en la historia de la organización y en la historia de su aislamiento del “pueblo peronista” que tanto invocaba: el asesinato de Rucci. Se trata de uno de los errores más desdichados de la historia política argentina. Perón acababa de ganar en elecciones democráticas por un margen superior al 60 %.
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El país, empeñosamente, buscaba un camino de pacificación. Pero la teoría del “apriete” pudo más. Había que tirar un cadáver sobre la mesa de negociaciones. Y los Montoneros apostaron duro: titaron el de Rucci. Ese mismo día la derecha peronista mató a Enrique Grynberg, un militante de la Juventud Peronista. Empezaba la masacre. A partir de aquí, la gente se asusta. Se comienza a perder el trabajo territorial, de base. El “pueblo peronista se va a su casa”. Siempre que hubo violencia el pueblo peronista se fue a su casa. Se lo había enseñado Perón: “de casa al trabajo y del trabajo a casa”, les indicó en los momentos más fragosos de 1955. Los Montoneros los espantaron. Se acabó esa consiga “a la lata, al latero, las casas peronistas son fortines montoneros”.

Era una típica consigna de trabajo de superficie, barrial, villero. La izquierda peronista conocía mal al manso “pueblo peronista”, hijo dilecto del Estado de Bienestar. Pero los Montoneros lo conocían peor. Matar a Rucci fue el paradigma de ese desconocimiento. Estaba mucho más cerca del verdadero “pueblo peronista” Rucci negociando con Gelbard y Perón la Ley de Contratos de Trabajo que los iracundos Montoneros asesinándolo. A “nadie” le cayó bien el acribillamiento de Rucci. Los militantes de superficie se sintieron desconcertados. ¿De dónde provenían esas decisiones tan radicales? De la conducción. ¿En manos de qué conducción se estaba? ¿Cómo resolvía la conducción lo que había que hacer? En principio: “no consultando, en absoluto, con los cuadros de superficie”. Para la conducción, los cuadros de superficie eran los “perejiles”. Ya hablaremos de ellos. Eran los mejores de esta historia tramada entre la derecha fascista que Perón sostenía (era, directamente, su entorno) y la conducción Montoneros ya en manos absolutas, totales, de Firmenich y Galimberti.
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Luego de la muerte de Perón pasan a la clandestinidad. Se acabó la política de superficie. Al acabarse, quedaron, precisamente, “en la superficie” todos los que habían creído en una política territorial. Este error roza lo imperdonable. Entregaron a los “perejiles” a las balas de la derecha lopezreguista. Además, desde la clandestinidad, retomaron activamente las operaciones armadas. Y comenzaron a apostar al golpe de Estado. Aquí entra la teoría de la hecatombe. “Cuanto peor, mejor”. Juzgaban que el gobierno peronista era un colchón que impedía al “pueblo” visualizar a las verdaderas fuerzas enfrentadas: Ejército y Guerrilla. No bien el “pueblo” viera esta antinomia optaría por la guerrilla y se uniría a la revolución montonera. Todo esto precipitó el golpe del 24 de marzo, tal como lo deseaban. Resulta muy difícil –cuando se piensa en “este” período y en las trágicas consecuencias que provocó- no repudiarlos visceralmente.

Durante este período –es decir, a partir del pasaje a la clandestinidad- deja de existir lo que había sido (entre 1969 y 1973) la izquierda peronista. Quedan los Montoneros. Con su iluminismo, su vanguardismo, sus desvaríos militaristas, su desdén por la vida y por las masas. La izquierda peronista marcha al exilio, cambia de casa, vive aterrorizada o es secuestrada y asesinada en los campos de concentración de la dictadura. “Porque los militares videlistas fueron terriblemente vengativos”. A nadie le perdonarían haber pertenecido a la izquierda peronista: ni a un maestro rural, ni a un militante villero, ni a un integrante de una comisión interna fabril, ni a un sacerdote del Tercer Mundo ni a un adolescente de la Unión de Estudiantes Secundarios. Llegaron decididos a matarlos a todos. Entre tanto, la conducción de Montoneros se instalaba en el exterior, en México, en París, y planificaba patéticas, delirantes, macabras contraofensivas.
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Desesperantemente, el gobierno peronista adelanta para noviembre de 1976 unas elecciones presidenciales que debían ocurrir en 1977. La dirigencia política se moviliza cuanto puede. Se consolidan acuerdos, candidaturas. Oscar Alende habla por la cadena nacional y advierte que “nunca ningún golpe militar trajo nada bueno”. Pero Ricardo Balbín (que había, además, denunciado la “guerrilla en las fábricas”) dice la frase más desdichada de su vida política: “Me piden soluciones, no las tengo”. Los militares, agradecidos: la dirigencia política no tiene soluciones, ¿qué mejor justificación para el golpe de Estado? Los Montoneros, por su parte, siguen entregados a una violencia implacable. Favorecen, claro, a los militares. Cuanta más violencia, más necesaria se vuelve la intervención “correctiva” del Ejército. Los empresarios, la oligarquía, los sectores medios, todos reclaman el golpe. Todos quieren orden.

El golpe se produce el 24 de marzo de 1976. La fecha más triste y macabra de la historia argentina”.
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El peronismo como un poder social y político contrahegemónico:

Lo que había sucedido a partir del ´73, es que hay un nuevo intento de ampliación del poder, incorporando nuevamente al peronismo, pero éste no puede incorporar a su izquierda. Lo que vamos viendo es que las luchas sociales y políticas en Argentina, responden a períodos de cobertura política ampliada o de cobertura política restringida. De cobertura política ampliada tenemos a Rosas, pero básicamente, en el siglo XX, a Irigoyen y Perón que incluyen a los sectores populares. Los períodos de cobertura política restringida son los que comienzan en el ´55, período en el cual el problema es cómo incorporar el peronismo al juego de las reglas institucionales. Del ´55 al ´73 el problema de las clases conservadoras es cómo gobernar el país sin el peronismo.

No pueden. Esto se les hace más claro a través del “Cordobazo” y el surgimiento de las guerrillas. Se negocia la vuelta de Perón para lograr otra vez una etapa de apertura política ampliada. Perón vuelve y no puede, porque la izquierda lo enfrenta muy fuertemente y además porque se muere. Aparece entonces López Rega, con respaldo militar y los asesinos de la Triple A. Como tampoco esto alcanza, aparece Videla como un remedo mucho más sangriento que Uriburu. Pero Videla es a Perón lo que Uriburu es a Irigoyen. A partir de Videla y Martinez de Hoz se sientan las bases de un proyecto económico conservador aunque todavía no logra consolidarse. Y la base son los 30.000 desaparecidos. Para que finalmente pueda instalarse, con Menem, un proyecto económico de tan alto poder de exclusión, es porque antes Videla asesinó a 30.000 tipos en la Argentina. Videla vendría a ser la condición de posibilidad militar del proyecto Menem-Cavallo. Despejado el campo a través de la sangre y la violencia, en 1990 se consolida la Argentina del poder liberal.

La “izquierda peronista” en los ´70:

La “izquierda peronista en los ´70 respira el aire de la época, el aire del Mayo francés, del Cordobazo. Para la “izquierda marxista” era necesario ser peronista en los ´70. Eran claramente marxistas. De formación hegeliano-marxista, para la cuál el sujeto de la revolución, lógicamente era el proletariado. Y el proletariado en Argentina, ¿qué era?, era el peronismo. Entonces había que hacerse peronista. La propuesta era sumarse a ese movimiento de masas llevando una ideología y tratando de hacer girar al peronismo hacia el socialismo. Algunos pensadores de izquierda también pensaron esto como posible y se lo dijeron al Che Guevara: “ en la Argentina no es necesario el foco, tenemos las masas peronistas”. La izquierda en ese momento veía que si en el ´45, el peronismo había sido populista, en los ´70, con el aire y las determinaciones de la época el peronismo podría ser socialista.
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La construcción de un polo contrahegemónico:

La izquierda peronista, fue el proyecto más agresivo que existió contra el poder, y no es que se quiera establecer relaciones mecánicas entre agresión y represión, pero preguntémonos por qué la represión fue tan salvaje. No fue sólo porque Videla era un carnicero, sino porque la agresión fue muy fuerte porque la izquierda peronista se montó en ancas de las masas peronistas, o intentó hacerlo, y llevó adelante una lucha de superficie ideológicamente armada. Pero las masas peronistas no eran socialistas, entonces, esa fue la tragedia de la izquierda peronista. Tenían más razón los que decían “Perón- Evita, la patria peronista”, conocían mejor al pueblo peronista, que es hijo dilecto del Estado de bienestar, que la izquierda que quiso transformarlo en un pueblo aguerrido y revolucionario. Fracasó totalmente. No lo era.

Los Montoneros dentro del esquema de poder de la izquierda peronista:

Montoneros eran, primero 40 tipos que estaban en al lucha armada, mientras toda la juventud, peronista eran cuadros de superficie, que se movilizaban políticamente, pública y masivamente. Pero las cosas se fueron dando de tal manera que, esos 40 tipos se adueñaron de la conducción de la JP. Cuando a diez días de haber ganado Perón las elecciones, con el 63% de los votos, se asesina a Rucci, muchos intelectuales de izquierda dicen basta y mucha gente se abre. Pero además las opciones eran trágicas. Horacio González dice: “Es necesario que esa historia sea mirada con piedad, porque sino la miran con piedad, no la van a entender”. O los intelectuales de izquierda estaban con Firmenich, o después del asesinato de Rucci, estaban con Perón. ¿Y quién estaba con Perón?. Estaban López Rega, Isabel, Raúl Lastiri, los sindicalistas dialoguistas, el comando de Organización, la Triple A. Un marco pavoroso.

Carlos Menem y el proyecto de poder neoconservador:

Se podría trazar este símil: Cuando Roca se consolida, matan a gauchos y a indios, y se instaura el Estado Liberal-conservador del ´80. El Estado Liberal-conservador de los ´90, con Menem-Cavallo, se consolida luego de la matanza que hace Videla. Es el mismo esquema. Primero una gran matanza, después la consolidación de un Estado furibundamente restrictivo, oligárquico, clasista, conservador, pero que tiene como condición de posibilidad una gran matanza anterior y una absoluta dispersión de toda fuerza popular. Despejado el campo a través de la sangre y la violencia, en el ´80 se consolida la Argentina del poder liberal. Despejado el campo a través de la violencia y la sangre derramada por Videla, en 1990 Menem consolida, otra vez, la Argentina liberal.
Terrorismo de Estado en Argentina

Profesor de Historia: Pablo Salvador Fontana.

Bibliografía utilizada: Feinmann, José Pablo, “La sangre derramada” Editorial Planeta, Buenos Aires, 2006.

fuente:
http://www.portalplanetasedna.com.ar/terrorismo_estado.htm