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Humor ácido contra Hitler y el nazismo

Humor ácido contra Hitler y el nazismo

Humor ácido contra Hitler y el nazismo

Rudolph Herzog, hijo del cineasta Werner Herzog, ha recolectado chistes y bromas que le hacían a Adolfo Hitler. Ha publicado en Alemania el libro Heil Hitler. El cerdo la diñó y sostiene que los chistes “eran la válvula que medía el hartazgo”.

•• PARA REIRSE DEL PODER • Rudolph Herzog, hijo del cineasta Werner Herzog, ha recolectado chistes y bromas que le hacían a Adolfo Hitler • Ha publicado en Alemania el libro Heil Hitler. El cerdo la diñó y sostiene que los chistes “eran la válvula que medía el hartazgo”.

Chaplin como El dictador se mofó del Führer.


El coche de Hitler atropella a un cochino en el campo y este envía al chofer a disculparse con el granjero, pero lo ve regresar beodo y con unos jamones. «Oiga, pero ¿qué le ha dicho?» «Pues solo: Heil Hitler, el cerdo la diñó» (el cerdo lo mató). Este chiste da título a un documental y libro que hurgan en el penúltimo nicho del nazismo: el humor. Sube el Führer a la torre de la radio de Berlín para abarcar la futura capital del mundo y comenta: «¿Qué podría animar a esta ciudad?» Y Göring: «Pruebe a saltar». Esta broma le costó el paredón a Marianne Elise K., trabajadora en una fábrica de municiones, en 1944. Como al párroco Josef Müller, ejecutado por el chiste de que un moribundo le habría pedido conocer aquellos por los que moría y, al ponerle al lado a Hitler y a Göbbels, diría: «Ahora muero como Jesús, entre dos criminales».

Tomarse el nazismo a broma es algo que luego los alemanes han evitado durante décadas. Herzog ha recolectado en el libro y documental Heil Hitler. El cerdo la diñó las bromas con que lúcidos e irrespetuosos combatían la negrura del totalitarismo, aportando un filón para entender cómo el tejido social se protege y busca «aliviar la presión».


Hitler y Stalin en caricatura sueca.

«Con distancia, uno ve los aspectos ridículos sin que haya por qué olvidar la perversión», se cura en salud Herzog. Pero bromear no es una forma de política: «Los chistes no pueden considerarse una forma de resistencia», aclara a los medios este guionista de 33 años, «pero sí la válvula que mide el hartazgo».

El partido había aprobado leyes en 1933 y 1934 multando y prohibiendo toda crítica; el genuino cabaret político fue sustituido por cine de humor blanco. «Una broma refleja aquello que enerva a la gente». Y la preocupación de la mayoría no era la agresión y el drama de otros pueblos, pero sí la bravuconería, nepotismo y estraperlo de los jerifaltes cubiertos de medallas. A diferencia del humor judío, crecientemente siniestro, muchos chistes no comportan política: «No le cabían más medallas en el pecho y Göring se ha puesto una flecha que dice: continúan por detrás». Compárese con este hebreo: dos judíos van a ser ajusticiados cuando una orden revoca el fusilamiento: serán colgados. Uno le dice al otro: «Te lo dije, se están quedando sin munición». Los judíos hacían chistes en el gueto para reafirmarse. «Si me río, estoy vivo», dice Herzog.

Reírse de la derrota

La ciudadanía resultó tan militarizada que la broma era que, para diferenciarse, el Ejército iría ahora de civil. Un pez gordo pregunta sobre lealtad política al director de una fábrica: «¿Tiene todavía obreros socialdemócratas?» «Sí, claro, un 80 por ciento». «¿Y del partido Católico de Centro?». «Un 20 por ciento». «¿No tiene ningún nacionalsocialista?». «Ah, sí... ahora todos somos nazis». Tras la derrota de Stalingrado y a medida que se perdía la guerra, el sarcasmo creció en paralelo a las penas impuestas: el «derrotismo» pasó a ser reo de muerte. Incluso con los aliados asediando: «¿Qué vas a hacer cuando acabe la guerra». «Me tomaré unas vacaciones para recorrer la Gran Alemania». «Ya, ¿y luego, por la tarde?». Herzog destaca la ingenuidad: al bajito ministro de Propaganda le llamaban «la mentira tiene piernas cortas», pero ha preferido dejar fuera el humor obsceno; aunque reconoce el agujero dejado por el agudo humor judío, de cuya pérdida el alemán sigue resintiéndose. (Tomado de ABC Digital)

Datos

El autor. Rudolph Herzog, hijo del cineasta Werner Herzog, no solo ha publicado el libro Heil Hitler, el cerdo la diñó, sino también un documental sobre los chistes contra el nazismo.

Fuera de ley. El partido nacionalista alemán había aprobado leyes en 1933 y 1934 multando y prohibiendo toda crítica (y chistes). Quienes la infringían incluso eran fusilados.


Otra mirada para la historia

Sobre el ciudadano alemán, Herzog dice que «estas bromas aportan una mirada interna que normalmente escapa a la historia convencional». Este es un chiste de Dachau, campo para desafectos al régimen, lo que revela que conocían su existencia. Dos se encuentran: «Qué bien ver que te han soltado. ¿Qué tal ahí dentro?».

«Estupendo, desayuno en la cama, comidas con postre y mientras jugábamos a cartas nos servían la merienda. Siempre película después de cenar». «Pues qué sorpresa. Hablé con Meyer, que también ha salido y tendrías que oír lo que contaba». «Ya, por eso lo han vuelto a encerrar».

Fuente: http://www.larepublica.pe/archive/all/fama/20060915/1/node/68271/todos/1547

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