De letras, poesías y poéticas


No todas las letras de canciones son poesía, pero cuando ambos géneros coinciden se nota y cómo. De Cátulo castillo y Pascual Contursi a los modernos Spinetta-García.Nebbia, la poesía supo hacerse presente en nuestra canción


Por Fito Páez
Para LA NACION-- Buenos Aires, 2007


Anjelica Huston contaba que antes de morirse, su padre, es decir John Huston, ese viejo cabrón, cultísimo, gran director de cine, un día y sorpresivamente le dijo: "Lee libros". Una frase curiosa para alguien que, a punto de morir, habla con su hija. Hay algo en esa frase hermosa, un mandato: no pierdas el cuentito. De alguna forma eso fue lo que John Huston hizo con su vida. La idea del relato nos remite a algo ancestral, y por eso nos apasiona saber qué hicieron el personaje A o el personaje B, o cómo interactúan entre ellos. Y de la mano del relato llegan el deseo, las ganas de conocer, de acercarnos a eso que nos está queriendo revelar el autor.

Las letras de canciones casi siempre funcionan pura y exclusivamente como letras de canciones. A veces adquieren la forma inequívoca de la poesía y de vez en cuando se erigen también en extraordinarios relatos. Pero a pesar de estos puntos de contacto, hay que decir que muchas veces letra y poesía no son lo mismo. La poesía tiene una música interna propia. El lector avezado va a descubrir al poeta en un texto. Hay una música en la poesía (y no siempre hay poesía en la música). Tomemos por caso esta letra, que es también poesía y relato:

"Lastima, bandoneón, mi corazón/ tu ronca maldición maleva;/ tu lágrima de ron me lleva/ hacia el hondo bajo fondo/ donde el barro se subleva.../ Ya sé; no me digás, tenés razón;/ la vida es una herida absurda/ y es todo, todo tan fugaz/ que es una curda, nada más,/ mi confesión..."

Son, claro, fragmentos de La última curda , de Aníbal Troilo y Cátulo Castillo, un extraordinario ejemplo de letra de canción con un enorme sentido poético. Es inútil intentar explicarlo, pero cuando sucede se nota, se escucha, hay una música allí. La última curda es, creo, una cumbre de la poética en español dentro de la canción. Después podemos saltar a Luis Alberto Spinetta, cuando dice: "Jugo de lúcuma/ chorreando en mí,/ patas de muebles de bronce/ caminan ya/ halos de luces de aquella noche/ ¡oh!, en la que bebí de tu cuerpo de lúcuma". Es Jugo de lúcuma , aquella inspiradísima pieza moderna, donde Spinetta, Pomo y Machi, miembros fundadores de uno de los grupos que todavía hoy se pueden seguir nombrando como vanguardia, Invisible, adelantan la aguja, siempre bajo el espíritu spinettiano , insólito y revolucionario. Hay un swing ahí, una música, un erotismo en la palabra. Es otro caso concreto de canción con doble personalidad: una letra que es poesía.

Se puede pensar en Bob Dylan como un gran ejemplo de poeta: se parece más a Walt Whitman que a un colega de la ruta del rock. Es un hombre que está todo el tiempo conectado con las historias esenciales de las personas, con historias bíblicas se diría, pero las lleva a su barrio y eso es lo maravilloso del asunto. Y además de ser un gran poeta es grande como compositor y como cantante.

Dylan deja en claro que hay poetas que además son músicos y junto con la maravilla de sus letras obliga a pensar la música, esa labor que también es muy compleja, que hace difícil establecer jerarquías. ¿Dónde poner a Charly García, por ejemplo? ¿Es un poeta? Toda su obra es una poética. No bombardeen Buenos Aires responde al modelo de letra de canción, pero grabada en aquel momento (1982) y contenida por aquel disco ( Yendo de la cama al living ) pasa a formar parte de una poética, habla de un tipo que estaba viendo algo que no veía nadie. Como decía Chico Buarque, los poetas, como los ciegos, ven en la oscuridad.

En el rock argentino, a las obras de Charly y Spinetta hay que sumar la de Nebbia. Son tres edificios majestuosos. Y tienen todo lo que hay que tener: contacto con la tradición, manejo de la interpretación y los instrumentos, son locos, pueden hacer todo lo contrario a lo que ya hicieron, son gente valiente y siempre han tenido una curiosidad vital. Estos tres pilares son fundamentales para pensar la música popular argentina, porque me da la impresión que son el último contacto real que se tiene con la tradición iniciada por Mi noche triste , de Pascual Contursi, a principios del siglo XX.

En la Argentina a veces se cometen (cometemos) errores básicos, entre ellos el parricidio permanente. Se tiene la ilusión de estar fundando nuevas tradiciones como si otros hechos vitales no se hubiesen vivido y no hubiesen formado ya parte de este lugar. En los 90 vivimos una crisis que entre otras muchas cosas se cargó la música popular. Se cargó la gran tradición de la música popular argentina. Y no solo se puede pensar en el menemismo como factor disolvente, porque recuerdo también a cierta izquierda anacrónica, allá por la década del 80, que acusaba a Spinetta de no hacer letras comprometidas, de no escribir sobre la realidad. Ante esos ataque pensaba (y sigo pensando): bueno, eso es la realidad, Spinetta también es la realidad; es una obra poética en funcionamiento en un lugar monstruoso como este.

Las palabras de John Huston a su hija se pueden enlazar perfectamente con algo que dijo Astor Piazzolla en los 70: "Muchachos, estudien". En determinado momento de mi vida pensé: "No podés decir una cosa así". Pero después me di cuenta de la carga vital de esa especie de orden: no se trataba de un pedido policial; había que proteger el lenguaje, las maneras de transmitir las historias, en un gesto que lejos de acarrear restricciones nos podía hacer más libres. Y que hoy nos podría ayudar a quitarle a la música cierta incómoda legibilidad ligada al sentido común, para de esa forma no perder la capacidad inventiva y de disparate que nació con nuestra tradición cancionística.


Fuente