Qué es ser porteño


EL SER PORTEÑO


significado


Criticados, envidiados y hasta odiados, pero jamás desapercibidos, los porteños algo tienen que tener para despertar tantos sentimientos encontrados. ¿Qué significa ser habitante de la Ciudad?

Ser porteño es estar maldito. Cualquiera que haya nacido bajo las nubes de smog, que haya aprendido a contar enumerando edificios, que se alarme cuando no suena aunque sea un bocinazo durante todo el día, sabrá de lo que aquí se habla.

Buenos Aires es el hábitat de cada porteño, y como tal, moldea el ritmo y la forma de ser. Define el lenguaje, los modos, los tiempos, la cadencia, la personalidad. Y en una Ciudad cosmopolita, creada a partir de inmigrantes y culturas diversas, casi antagónicas, el cóctel resultante sólo puede ser explosivo y muy particular.

"El origen de la denominación "porteño" para los habitantes de la ciudad de Buenos Aires se relaciona con el puerto, que estaba ubicado en ese territorio, por donde todas las mercancías del interior del país tenían que pasar para ser exportadas. La urbe, que en un principio no repartía las ganancias de la aduana, era por ello mismo rica en recursos y su población elitista y gustosa del estilo de vida de otros centros cosmopolitas como Nueva York y Francia" explica académicamente Julieta, una estudiante de Ciencias de la comunicación social de la UBA, con 24 años de porteña, residente del barrio de San Cristobal.

Lo porteño, lo del puerto, lo que viene de los barcos, es sin duda lo que conforma el temperamento tan diferente y particular de los habitantes de la Ciudad. Cada porteño está conformado por un gran mosaico de inmigrantes, barcos y distancias, que hace a su personalidad y que es diferente incluso del resto del país. Esto lleva muchas veces a que el porteño sea condenado por sus propios compatriotas.

Ser porteño no es fácil, esa es la verdad. El espíritu de la gente de Buenos Aires viene cargado del ánimo extranjero, de sentirse ajeno a esta tierra, de desarraigo y de una pesada nostalgia. Los años conformaron un espíritu porteño fuerte, resistente, combativo, y a la vez triste y melancólico. Eso lleva a la extraña contradicción de poder estar contentos dentro de la tristeza.

"Ser porteño es vivir en constantes contradicciones" afirma Melina, una joven periodista de Caballito. "Es una eterna relación de amor odio con la Ciudad, con su gente, con sus espacios. Es detestar el tránsito en hora pico o subirse a un medio de transporte público en pleno verano, pero extrañarlo cuando no se está en Buenos Aires, porque esas son algunas de las pequeñas delicias que hacen a la vida citadina".

El ying y el yang es un símbolo constante en la vida dentro de Buenos Aires. Melina agrega: "sin dudas uno de los grandes placeres de ser porteño es salir un domingo a la tarde y encontrar alguna actividad para hacer, sentarse en una mesa en la vereda a merendar o en una plaza a disfrutar de un buen libro al aire libre, sin que nadie te moleste, porque ser porteño es también un poco estar cada uno en su planeta". La autoalienación también es propia de las personas de Capital Federal, que muy rara vez pierden tiempo en charlas con desconocidos en plena vereda, como sucede en otras ciudades grandes como Rosario o Córdoba. El porteño siempre se cree único, por lo que le cuesta bajarse de su ego e interactuar con los demás. "Un porteño, por sobre todo, se identifica en la diversidad, porque a pesar de que digan que somos todos iguales, lo cierto es que cada porteño es un mundo. Y por qué no, sentirse un poco halagado cuando alguien de afuera te dice "no parecés porteña, con vos se puede hablar" coemnta Melina y concluye al decir: "nací en Buenos Aires y aquí pasé toda mi vida, no sé cómo sería no ser porteña, pero, estoy segura, que si me dieran a elegir, me quedo con esta identidad".

El porteño logra descubrirse a sí mismo cuando abandona su tan amada (y odiada) Ciudad. Es ahí cuando su nostalgia se potencia y comienza a enaltecerla, por el sólo hecho de extrañarla, llegando a un chauvinismo megalómano que resulta difícil de digerir para cualquiera. Mirella se define como "muy porteña, pero de esas a las que le gusta la vida de ciudad, el quilombo del centro, la variedad de actividades culturales, educativas y recreativas, el ritmo cotidiano más agitado, tener todo al alcance". Por razones de la vida, actualmente reside en el sur del país y el cambio se tolera, pero se siente. "Estoy viviendo en el sur hace unos meses y creía que no me iban a integrar tan fácil siendo porteña, pero afortunadamente tuve una aceptación muy buena, será que no tengo el perfil de porteña desagradable, engreída. Una de las mayores ventajas donde vivo ahora es, sin duda, la facilidad de trasladarse de un lado a otro, el tráfico no existe (a diferencia de la tortura que es en la Ciudad) y cualquier lugar te queda a pocos minutos de distancia. También las posibilidades de trabajo y desarrollo personal son mejores en el sur. La desventaja es la falta de lugares para hacer cursos, oferta gastronómica, bares, teatro, cine, esas cosas que en Buenos Aires abundan y que realmente se extrañan".

¿Qué es lo mejor que tiene Buenos Aires? Mirta Bondar, otra habitante citadina, no duda: "el espíritu barrial que todavía conservan algunas zonas de la Ciudad. Recuerdo que cuando era chica vivía en Flores y me la pasaba en la calle. Creo que si bien hoy en día esa situación ha cambiado, un poco por temores, otro poco porque los barrios se fueron "comercializando", en muchos -los menos céntricos- continúa esa tradición de que los chicos salgan a jugar a la vereda, de los más grandes sentados en la puerta de las casa a tomando mate y charlando con los vecinos". Sin embargo, la nostalgia siempre presente en el ADN de la Ciudad vuelve a atacar cuando Mirta dice "hay cosas que se fueron perdiendo y lo lamento. Los almacenes tradicionales son algo de lo que más extraño, aunque supongo que en la actualidad, al lado de un supermercado, el clásico comercio nos parece obsoleto".

La autocrítica también tiene lugar en el relato de Mirta: "lo que menos me gusta de los porteños es el poco cuidado por lo nuestro, el desprecio por los espacios comunes, la destrucción porque sí. Imagino que el día en que aprendamos a querer lo que nos pertenece vamos a vivir en una ciudad mejor".

Pero la autocrítica no sirve sino se atiende a la crítica externa. Andrea, una joven de Chilecito, provincia de La Rioja, comenta sus impresiones como provinciana en la gran ciudad. "Siempre consideré a los porteños como creídos, agrandados. La mayoría tiene en su cabeza que por ser de la Ciudad y tener Shopping, cine, edificios, el obelisco, y demás cosas, son mejores que los de las provincias". La honestidad brutal de la muchacha continúa, implacable. Ahora es el turno de juzgar a los ciudadanos de Buenos Aires cuando visitan otras regiones del país. "Siempre que los porteños tienen la oportunidad de ir a una provincia, empieza la comparación malsana: acá hay un solo boliche, una sola pizzería. En Buenos Aires hay como doscientas, aparte de delivery, cientos de boliches, bares, Mc Donalds, el Parque de la Costa".

¿Cómo la pasa, entonces, una persona del interior en la Ciudad, rodeada de porteños en su salsa? "Las ventajas que veo es que hay muchos más lugares para salir, más opciones, más ofertas laborales. Las diversas universidades, que te permiten poder elegir qué estudiar, con diversas ofertas" detalla Andrea, pero agrega de inmediato "por el otro lado, está la inseguridad, la locura de la gente, la falta de solidaridad, el lío en el tránsito, las distancias y la poca amabilidad de la gente".

Entonces, en definitiva, ¿qué es ser porteño? Nadie lo sabe a ciencia cierta, ni podrá saberlo nunca. Lo porteño se siente, se lleva adentro. Es un don innato o un cáncer congénito e irremediable, según cómo quiera mirarse. Sea como sea, es un estado y una forma de vida única. ¿Cómo dice? ¿le parece una afirmación exagerada y ególatra? Usted disculpe, está escrita por un porteño.


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