Cazadores de meteoritos

Cazadores de meteoritos

Por José Rafael Gómez
joserafael.gomez@hotmail.com

Cazadores de meteoritos

La fría tarde del domingo 4 de enero de 2004, un extraño suceso tuvo lugar en los cielos de una amplia zona del norte de España. Eran las 16 horas y 46 minutos cuando cientos de testigos que a esa hora asistían a espectáculos deportivos o incluso a alguna cabalgata de reyes, pudieron observar atónitos como un brillante objeto surcaba el cielo emitiendo una poderosa luz incandescente y dejando a su paso una estela brumosa. Algunos de los observadores pensaron que se trataba de un avión en llamas; para otros el objeto podría ser un OVNI, cosa que, por definición, era sin duda en aquellos primeros momentos. Sin embargo, gracias a las fotografías e incluso a alguna filmación que se obtuvieron, pudo conocerse la naturaleza del fenómeno: se trataba de un bólido, un meteoro, una roca procedente del espacio exterior que por su tamaño, llega a alcanzar una gran luminosidad al rozar los gases atmosféricos.



Material extraterrestre

Aunque no seamos muy conscientes de ello, lo cierto es que en nuestro planeta caen continuamente objetos de procedencia extraterrestre. La inmensa mayoría son partículas del tamaño de granos de arena que se volatilizan al rozar las capas altas de la atmósfera. El rastro luminoso que producen es lo que se conoce como “meteoro” o “estrella fugaz”. Sin embargo con más frecuencia de la que podríamos suponer, algunos de estos objetos son rocas de un tamaño suficiente para soportar el desgaste que el rozamiento atmosférico les causa, llegando entonces hasta la superficie terrestre y convirtiéndose en lo que conocemos por meteoritos. Para hacernos una idea, existen estudios estadísticos que nos dicen que en un territorio de la extensión de España, pueden caer anualmente más de 34 meteoritos con un peso superior a los 100 gramos, de 5 a 7 llegarán a ser de un peso superior a 1 Kg. y de un tamaño parecido al de un puño, y sólo una vez cada uno o dos años llegará un meteorito con un peso superior a los 10 Kg. que muy posiblemente se fragmentará en trozos menores durante su trayectoria atmosférica antes de conseguir impactar. Se ha calculado que caen a nuestro planeta en torno a las 200.000 toneladas de material extraterrestre cada año, la mayor parte en forma de polvo e incluso agua. En cualquier caso, salta a la vista que debe haber una enorme cantidad de meteoritos desperdigados por nuestros campos y montañas esperando a que alguien, a poco que conozca sus características, los recupere para la ciencia o, por desgracia, se los lleve para el coleccionismo privado.



Un poco de historia

Durante mucho tiempo los científicos no admitieron la existencia de los meteoritos. En el siglo XIX la Academia de Ciencias francesa declaró que los meteoritos no existían, catalogándolos de “fantasía”. El naturista francés Georges Cuvier, fundador de la rama de la ciencia conocida como “anatomía comparada”, se cubrió de gloria sumándose a la declaración, afirmando con rotundidad que: “las piedras no pueden caer del cielo, por que en el cielo no hay piedras”. Ya en el siglo XX fueron identificados y clasificados por tipos según su composición y se determinó que mayoritariamente estaban originados en el cinturón de asteroides, al colisionar éstos entre sí. En otros casos menos numerosos, son restos de cometas o cometas mismos, que han sido los responsables de grandes impactos que han producido extinciones masivas en la historia de nuestro planeta. Al mismo tiempo, la hipótesis de la Panspermia Cósmica nos dice que quizás la vida fuera traída a la Tierra a bordo de alguno de estos cometas, en los primeros tiempos del sistema solar. Incluso algunos de los meteoritos hallados han sido identificados, debido a su composición, como procedentes del planeta Marte o de nuestro satélite la Luna, desde donde fueron lanzados por el impacto de grandes asteroides.



Cazadores de meteoritos


Aun desconociendo su procedencia, en el pasado los hombres utilizaron meteoritos con diversos fines. Los cazadores Inuits utilizaron lascas de hierro obtenidas de un meteorito (conocido como “meteorito de York”) para fabricar cuchillos y puntas de lanza y posiblemente la piedra sagrada del Islam guardada en la Kaaba se trate también de otro meteorito. Pero no es hasta el siglo XX cuando se comienza a buscar meteoritos a gran escala pudiéndose considerar al estadounidense Harvey H. Nininger como el precursor de los cazadores de meteoritos. Entre los años 20 y 50 del siglo XX buscó meteoritos con gran éxito en la región de las grandes praderas del centro de los Estados Unidos que en aquella época comenzaban a cultivarse. Nininger instruyó a los agricultores locales sobre el aspecto que podrían presentar estas rocas espaciales y qué debían hacer si se topaban con alguna. El resultado fue que se encontraron más de 200 meteoritos que, en su mayoría, fueron a parar a la colección privada de Nininger. Sin embargo, este primer cazador de meteoritos puso su colección privada al servicio de la ciencia y la divulgación creando el American Meteorite Museum y relanzando el interés de la ciencia por los meteoritos en los años 1930s. A finales de los 1960s Ivan Wilson, otro apasionado cazador de meteoritos norteamericano, descubrió decenas de ejemplares en los llanos cercanos al condado de Roosevelt, Nuevo México.

Desde los primeros tiempos de su exploración, la Antártida ha sido uno de los lugares más fructíferos para buscar meteoritos. Debido a sus condiciones climatológicas extremas, han sido expediciones científicas las únicas que han llevado a cabo campañas de búsqueda. En ese sentido cabe destacar los casi 700 meteoritos que recuperó una expedición japonesa cerca de las montañas de Yamato en 1974. Después de esto muchos otros países -Estados Unidos, Europa y últimamente China- han organizado sus propias exploraciones antárticas de búsqueda.

Pero han sido en los desiertos y pedregales del norte de África y de Omán, donde los cazadores de meteoritos particulares han tenido más éxito.
Cuando en 1986 unos ingenieros alemanes que realizaban prospecciones petrolíferas descubrieron 65 meteoritos en una planicie del desierto, 100 Km. al sureste de Dirj (Daraj) en Libia, se puso de manifiesto que el Sahara es un excelente lugar donde encontrarlos.

Así, cuando en 1997 fueron descubiertos varios meteoritos procedentes de Marte y la Luna en el desierto libio, varias expediciones privadas recorrieron partes del desierto de Libia y Argelia descubriendo una cantidad indeterminada de meteoritos que, por desgracia, fueron a parar a colecciones privadas. Cuando los naturales de los países norteafricanos se dieron cuenta del interés que mostraban los occidentales por esas “piedras raras”, se produjo un auge de su comercio, especialmente en Marruecos. Lamentablemente, la mayor parte de estos hallazgos terminan en manos de coleccionistas privados, sin información del lugar donde fueron encontrados. Recientemente dos cazadores de meteoritos de reconocido prestigio: Carine Bidaut y Bruno Fectay han recuperado una roca marciana que fue encontrada en un lugar del Atlas marroquí que mantienen en secreto.

En España tenemos la suerte de tener excelentes cazadores de meteoritos que ponen sus hallazgos y conocimientos a disposición de la ciencia y la divulgación. Es el caso de José Vicente Casado, hoy por hoy, quizás el más importante cazameteoritos español.



Poco apoyo institucional


A nivel oficial no existe ningún programa de búsqueda y recuperación de rocas extraterrestres en nuestro país y nuestros científicos se organizan empleando sus propios recursos, como es el caso de la Red de Investigación sobre Bólidos y Meteoritos (en inglés “Spanish Photographic Meteor Network” o abreviadamente SPMN) operativa desde 1997. Esta red cuenta con la colaboración, prácticamente a nivel particular, de algunos reputados científicos del CSIC (Centro Superior de Investigaciones Científicas) y de investigadores de algunas universidades. Tratan de establecer una red de cámaras “All-Sky” que vigile el firmamento observable desde cualquier lugar de España y permita la localización de la posible zona de impacto de cualquier bólido capaz de convertirse en meteorito. Sin embargo, este proyecto no recibe por el momento ningún tipo de subvención institucional.

Finalmente, del avistamiento del bólido del 2004 de Villalbeto de la Peña con el que comenzamos este artículo se encontraron varios meteoritos que fueron puestos a disposición de los científicos. Su recuperación no hubiera sido posible sin la colaboración de las asociaciones astronómicas municipales de León y Palencia entre otras y se evitó que cayeran en manos de cazameteoritos extranjeros que ya pululaban por la zona.

La afición de buscar meteoritos puede reportar enormes satisfacciones, desde la investigación casi detectivesca para determinar la zona de caída de un bólido, hasta la contemplación del sobrecogedor espectáculo que nos ofrece el cielo nocturno, todo ello relacionado con actividades que pueden resultar muy lúdicas: senderismo, ciclo turismo, astronomía... Merece la pena intentarlo.

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CUADRO ADJUNTO 1

Desde tiempo inmemorial existen noticias de piedras que caen del cielo provocando daños. Por ejemplo, se afirma que mientras la población de la ciudad belga de Mons se estaba recuperando todavía de una guerra, en 1186, “... Dios les volvió a castigar el 30 de junio con un granizo de piedras cuyo tamaño superaba el de un huevo y pesaban más de una libra cada una. Como una tempestad furiosa, impulsada por el viento, destruyó toda la cosecha, reventó edificios como si hubiesen sido alcanzados por rayos, aplastó a animales, arrancó árboles de cuajo y mató a bastante gente.” Hoy en día, los científicos suelen considerar este relato como dudoso.

Más recientemente, existe un informe sobre un perro egipcio que murió en 1911 como consecuencia de un impacto directo. Y el 30 de noviembre de 1954 otro meteorito impactó sobre la azotea de una casa en Sylacauga, Alabama. Se trataba de una piedra de 4 Kg. que atravesó el techo de la azotea, destruyó un aparato de radio y golpeó a Ana Hodges contusionándola gravemente.

Existen otros informes de meteoritos cuyo camino se ha cruzado con el de la civilización, como el meteorito Claxton (Georgia), por ejemplo, que mide 10 centímetros de largo y sólo produjo un rasguño en un buzón antes de quedar enterrado en el suelo a una profundidad de 28 centímetros. O el meteorito que rompió el cristal parabrisas de un automóvil, causando destrozos en el volante y quedando incrustado en el salpicadero, sucedido no hace muchos años a un conductor madrileño.



CUADRO ADJUNTO 2

En internet pueden encontrarse páginas donde se anuncian para la venta diversos ejemplares de meteoritos. También en Europa y en Estados Unidos se organizan exposiciones a las que los coleccionistas acuden a comprar ejemplares, alguno de los cuales llegan a alcanzar un elevado precio.



CUADRO ADJUNTO 3

Guía práctica del Cazador de Meteoritos
El primer punto que debe aceptar quien quiera convertirse en cazador de meteoritos es que su afición ha de estar al servicio de la ciencia y la divulgación. Cualquier roca extraterrestre encontrada debe ser considerada patrimonio de la humanidad y el buen aficionado pondrá siempre sus hallazgos a disposición de los científicos. Siempre se sentirá más orgulloso y satisfecho por haber contribuido al avance del conocimiento humano que por poseer una colección privada de estos elementos.

A continuación daremos algunos consejos útiles para quienes quieran convertirse en buenos cazadores de meteoritos. Sería conveniente inscribirse en alguna asociación astronómica. Existen muchas constituidas a nivel municipal que reciben apoyo de los ayuntamientos. Y si en su localidad de residencia no la hay, ¿por qué no la crea usted mismo? los ayuntamientos suelen mostrarse muy favorables a impulsar este tipo de actividades. En las asociaciones astronómicas podremos conocer a personas con las mismas inquietudes que nos ayudarán y de las que podremos aprender mucho.

Pues bien, existen dos formas de encontrar meteoritos: Hallazgos y Caídas.
El primer caso sería salir al campo con la optimista intención de encontrar una piedra que reúna las características propias de este tipo de materiales. Para ello, vamos a proponer un sencillo test que nos ayudará a seleccionar los candidatos a posible meteorito.

Primero debemos plantearnos tres sencillas cuestiones:

1. ¿Es la piedra o roca candidata diferente de las demás piedras de la zona?
2. ¿Pesa mucho para el tamaño que tiene?
3. ¿Presenta la superficie de color negro o marrón? (no intente limpiar o eliminar la corteza de un roca cuando sospeche que podría tratarse de un meteorito)



Si las respuestas han sido afirmativas, entonces nos plantearemos otras tres:

1. ¿Es la piedra o roca candidata sólida, sin poros ni burbujas huecas?
2. ¿Si presenta alguna rozadura y se ve el interior, es este de aspecto metálico o plateado?
3. ¿Es magnética? ¿Atrae un imán o desvía la aguja de una brújula?



Si ha respondido afirmativamente a todas las preguntas, entonces es posible que se trate de un meteorito metálico y merecería la pena hacerlo examinar. Para ello debería llevarlo a la universidad o al museo geológico más cercano. Si le dicen que no se trata de un meteorito no se desanime, hay muchos tipos de rocas, especialmente las volcánicas, que se parecen bastante a los meteoritos y en muchos casos sólo las podría distinguir un experto tras un cuidadoso análisis.

Podrá parecer una ardua tarea la de salir al campo con la única intención de buscar meteoritos, pero puede combinarse esta afición con otras, como el senderismo o el turismo rural, por ejemplo. Así mismo puede preguntarse a los habitantes de la zona si conocen de alguien que haya encontrado alguna piedra “extraña” no común con las del lugar pues, en ocasiones, ha sido un agricultor quien, al labrar sus campos, ha hallado lo que luego fue identificado como un hermoso e interesante meteorito.

La segunda manera de encontrar estas rocas extraterrestres es la observación directa de la trayectoria de un bólido. En ocasiones puede ser tan espectacular que existirán numerosos testigos y los medios de comunicación informarán del evento. Entonces el cazador de meteoritos debe comenzar una meticulosa labor de investigación, recopilando cuantos datos de testigos le sea posible, contrastándolos entre sí. Puede recabar informes del avistamiento de asociaciones astronómicas de provincias aledañas, todo para tratar de determinar la trayectoria que siguió el meteorito y el área de su posible caída.



CUADRO ADJUNTO 4

¿Puede oírse la caída de un meteorito? Hasta hace relativamente poco se pensaba que los informes de los testigos que relataban que percibían un zumbido al mismo tiempo que observaban el paso del bólido en el cielo, eran originados más por la sugestión que por el fenómeno en sí. Sin embargo se ha descubierto que los grandes meteoros pueden generar ondas de radio en la banda de 5 a 8 kiloherzios. Las ondas se propagan a la velocidad de la luz, y a veces llegan al suelo con suficiente intensidad como para hacer vibrar las hojas de los árboles, objetos metálicos, o incluso las gafas o el pelo de los testigos que se hallen lo suficientemente cerca. También se pueden oír explosiones debido a que el bólido trae una enorme velocidad, superior a la del sonido. Curiosamente, la mayoría de los meteoritos cuando llegan a impactar suelen tener ya una velocidad similar a la de caída libre, debido a la frenada que el roce de la atmósfera produce en su velocidad espacial.



CUADRO ADJUNTO 5

Una gran parte de los meteoritos se generan por las colisiones y roces que se producen entre los asteroides del “cinturón de asteroides”, una zona del sistema solar entre Marte y Júpiter en la cual orbitan cerca de 2 millones de asteroides con un diámetro mayor que 1 Km.

Muchos de estos enormes pedruscos han sido descubiertos por astrónomos que les han dado nombres de lo más variopinto, como es el caso del 34854 Paquifrutos.- Asteroide nº. 34854 de la serie (2001 TP17), descubierto el 13 de octubre de 2001 por Rafael Ferrando desde el Observatorio Astronómico Pla D'Arguines (Segorbe-Castellon) que fue nombrado en honor de Paqui Frutos Frutos (1969), esposa del descubridor, en el reconocimiento del apoyo, paciencia y comprensión, en el trabajo de observación astronómica; o el Tutatis (Toutatis) asteroide 1989 AC, número 4179, descubierto en Caussols, el 4 de enero de 1989 por Christian Pollas y que le dio ese nombre en honor al dios galo de la muerte y gran guerreador, continuamente citado por los personajes del famoso comic “Asterix y Obelix”



CUADRO ADJUNTO 6

Existe la posibilidad de que en el futuro algún asteroide de gran tamaño pueda caer a la Tierra como ha ocurrido otras veces en el pasado. Por ello se desarrollan programas de observación y vigilancia, especialmente de aquellos ejemplares cuyas órbitas interseccionan con la de nuestro planeta. A estos asteroides se les da el nombre de NEOs (asteroides cercanos a la Tierra).

Para protegernos de este tipo de amenazas las agencias espaciales diseñan misiones que puedan ser capaces de desviar asteroides con órbita de colisión con la Tierra, como es el caso del proyecto “Don Quijote” de la Agencia Espacial Europea, basado en una idea de científicos españoles.

FUENTE DEL TEXTO: http://www.joserafaelgomez.com/Articulo%20Cazadores%20de%20Meteoritos.html
FUENTE DE IMAGENES: http://es.wikipedia.org/wiki/Meteorito
http://www.ctv.es/USERS/seip/seip15.htm

2 comentarios - Cazadores de meteoritos

@Wihelm
imagenes y onda le vendrian bien, interesante tema