Esta nota fue publicada en el diario Extra (www.extra.com.ar) en febrero de 2006, y desde ese momento recorrió muchos caminos.
De hecho, sus primeros párrafos fueron leídos al comienzo de las 1as. Jornadas sobre Francisco Salamone en Azul, agosto de 2009.


Futurismo y burocracia: Los prodigios arquitectónicos de Francisco Salamone

Construyó cerca de setenta obras públicas en la Provincia entre 1936 y 1940. Son monumentales edificios de estética Art Déco, que incluyen cementerios, municipalidades, mataderos, plazas y puentes. Fueron olvidadas hasta hace pocos años y hoy se las revaloriza.


Tal vez el viajero que atraviesa los kilómetros de pampa bonaerense, abstraído por la incesante uniformidad de los campos y los pueblos, suponga que a lo largo de su jornada, por mucho que recorra, siempre verá el mismo paisaje, con la mínima alteración de las suaves serranías del sur. Sin embargo, se equivoca. Porque desparramados por el territorio de la Provincia, como juguetes olvidados en una playa, están los fantásticos monumentos que construyó Francisco Salamone, en sólo cuatro años y como parte de un prosaico plan de obras públicas. Son municipalidades, mataderos, cementerios, plazas y puentes construidos según las reglas del Art Déco, pero con el sello personalísimo de este ingeniero y arquitecto nacido en Sicilia, luego devenido argentino, y de esquivo perfil biográfico.
De hecho, se sabe bastante poco de la vida de Salamone. Se pueden resumir sus comienzos diciendo que vio la luz en 1897, su familia emigró a la Argentina en 1903, se recibió de Ingeniero Arquitecto en la Universidad de Córdoba en 1920, hizo algunos proyectos en esa provincia, se matriculó en la Sociedad Central de Arquitectos (SCA) en 1924, se casó en 1928 y regresó a Buenos Aires en 1935, dos años después de su conflictiva expulsión de la SCA.
En esos momentos empieza con la tarea que sería su consagración: las obras públicas en la provincia de Buenos Aires, gobernada por el polémico Manuel Fresco. Este caudillo conservador, que apoyaba sin disimulos al Eje fascista, tuvo en sus manos el territorio bonaerense desde 1936 a 1940. Y puso ímpetu en el asunto. De 400 leyes sancionadas en el período, la mitad venían del Ejecutivo, como afirma el arquitecto Juan Carlos Molteni quien, junto con su colega René Longoni, hace diez años que investiga a Salamone. Las obras públicas se apoyaron en las Leyes 4538, 4539 y 4540 para organizar y definir la programación de obras e inversiones para el período 1937-1940 por 120 millones de pesos moneda nacional. También la Ley 4017, de 1928, de la época de Valentín Vergara. Esta “Ley de Obras Públicas Municipales” autorizaba a los municipios a endeudarse, emitiendo Bonos que cotizaban en Bolsa, para la construcción de obras de interés comunal. Con esas leyes y esa plata, se pavimentaron miles de kilómetros, se construyeron cientos de puentes y escuelas, se modernizó Mar del Plata con la erección del Casino, el Hotel Provincial y la Rambla, y, también, se hicieron las obras de Salamone.
El ingeniero arrancó en Balcarce antes de la gobernación de Fresco, y de ahí en adelante no paró hasta erigir sus creaciones en 16 municipios que hoy en día, con las subdivisiones, son 19. Fueron, en orden cronológico, Balcarce, Rauch, Laprida, Coronel Pringles, Guaminí, Alberti, Tornquist, Leandro N. Alem, Adolfo Alsina, Carlos Pellegrini, Azul, Gonzáles Chaves, Lobería, Pilar, Tres Arroyos y Chascomús. Otros profesionales tuvieron injerencia en las obras, pero ninguno a tanta escala, y menos aún con la creatividad con que Salamone las encaró. Y aquí está el quid de la cuestión, el por qué del asombro que se siente frente a ellas. Ya lo dice Molteni: "Es imposible quedar indiferente frente a la contemplación de estas obras”.

Francisco Salamone
Municipalidad de Laprida.


¿Cuál es el estilo de Salamone? Primeramente, el Art Déco, el estilo favorito de las décadas del ‘20 y del ’30, que surgió como reacción a la sinuosidad y exceso de elaboración del Art Nouveau, y a la vez como una estética nueva para celebrar el auge de la maquinización. Su principal característica es la utilización de líneas definidas, figuras geométricas y diseños de inspiración egipcia. Está muy relacionado con la estética del primer cine sonoro, y en muchos lugares los locales de exposición de cine fueron construidos con este estilo. En la Argentina, su principal exponente fue el arquitecto Alejandro Virasoro, que proyectó, por ejemplo, el edificio de la Casa del Teatro, en la ciudad de Buenos Aires. Pero Salamone, a este Art Déco centrado en lo urbano, le opone otro rural, de inspiración monumental, con proporciones y formas grandiosas y futuristas que recuerdan a películas de la época como ‘Metrópolis’, de Fritz Lang, que le dan personalidad a los pueblos donde se erigen, y de las que los habitantes se sienten orgullosos.
Así tenemos, por ejemplo, sus cuatro portales de cementerios, en Balcarce, Laprida, Azul y Saldungaray, cada uno con características propias y definidas. O las municipalidades, que si bien siguen el dictamen fresquista y burocrático de ser “máquinas de tramitar”, fueron tratadas con una estética personal, en la que se destaca la torre, que en muchos casos supera la de iglesia del pueblo, y que suele tener un reloj en el centro: el nuevo centro de atención. Se destacan la de Guaminí, con líneas que recuerdan la famosa Torre Einstein, de Mendelsohn; la de Pringles, en el medio de la plaza; la de Carhué, en una esquina. La innovación no termina en las fachadas, ya que, por ejemplo, Salamone fue muy cuidadoso con la disposición espacial y la acústica de los recintos. También son extraordinarios los mataderos, de formas como cuchillas en el exterior y eficientes sistemas de aireación e iluminación en el interior. Y no terminó ahí: también proyectó plazas, con sus fuentes, luminarias y bancos, de la que sobresalen Laprida, con su fuente central llena de curvas que, como afirma Molteni, “se basan en las proporciones áureas y múltiplos de raíz de dos y raíz de tres”; Azul, con sus extrañas baldosas que marean al que las ve por primera vez; Pringles, dominada por el edificio municipal. Lástima que en 1943 derrumbaron la fuente central de la plaza de Balcarce, que habría superado en vanguardismo a las demás.

arquitectura Plaza de Azul.


En 1940 cayó Fresco, jaqueado por el gobierno radical de Roberto Ortiz, que intervino la Provincia. Salamone quedó “pegado” a esta administración y cayó en un ostracismo al que debió sumar, poco más tarde, un exilio de dos años en Montevideo. Al volver se dedicó a obras privadas y a la pavimentación. El edificio más característico de esta etapa es la torre de departamentos de avenida Alvear y Ayacucho, en la Capital Federal. Pero sus trazos poco recuerdan a los gigantes de hormigón armado que había levantado en el campo.

futurismo
Edificio en Alvear y Ayacucho (Buenos Aires).


Salamone falleció el 9 de agosto de 1959. Al día siguiente fue enterrado en la Recoleta. Ni una línea figura en los diarios de la época, ocupados en el óbito del arzobispo de Buenos Aires y vicario general de las FF.AA., Fermín Emilio Lafitte, que casualmente era amigo personal del arquitecto. Ni siquiera sus colegas recordaron a Salamone con nota alguna.
Las mismas obras cayeron en el olvido durante décadas. Algunas, como los mataderos, quedaron abandonadas (parece que en el de Balcarce hay una capilla), y la mayoría no recibió mantenimiento. Recién en los años '90, desde el sector político comenzaron a verse esfuerzos para conservar y refaccionar este importante patrimonio. Los municipios dictaron ordenanzas en ese sentido, y la ley provincial 12.854 ( http://www.gob.gba.gov.ar/legislacion/legislacion/l-12854.html ), sancionada en enero de 2002 y redactada por el senador Alfredo Irigoin, declaró Patrimonio Cultural bonaerense a todas las obras de Salamone. En este contexto, por ejemplo, se realizó en enero pasado la limpieza y reparación de la fachada del cementerio lapridense, con un costo de 131 mil pesos.
El porqué del olvido de Francisco Salamone y sus obras públicas sigue siendo poco claro. Su relación con el gobierno corrupto y fascista de Manuel Fresco no iba más allá de ser contratista, y no era amigo personal del jefe del Ejecutivo provincial, como sí era el caso de Alejandro Bustillo que construyó la casa del gobernador. La etiqueta de ‘arquitectura fascista’ que suele ponerse a los proyectos de Salamone tampoco es cierta, ya que no hizo más que interpretar de manera original corrientes estéticas en boga en el mundo entero. Puestos a suponer, es interesante imaginar qué hubiera salido de la hipotética colaboración del siciliano con el gobierno peronista, tan cercano en el tiempo y en la concepción monumental de la arquitectura. Lo cierto es lo que queda, lo que está a la vista en la pampa: sus obras, mudos testimonios de una época y de un genio solitario

txt/imgMarcelo Metayer


I. Un tour de cementerios

Son muchos los recorridos posibles por la Provincia para ver las obras de Salamone. Uno interesante consiste en tomar el tren Constitución - Bahía Blanca. A las doce y media de la noche llega a Azul. El viajero puede aventurarse a esa hora para ver contra las estrellas el Angel Guardián, al que los azuleños llaman Exterminador, imagen en la que no hay una sola línea curva y que vigila la entrada desde sus diez metros de altura incluyendo la base.

art deco
Azul.

A cien kilómetros está Laprida. El tren cae a las dos, pero el cementerio está alejado del pueblo y conviene esperar a la salida del sol. Ahí se puede ver la cruz de 17 metros donde yace un Cristo facetado, obra del escultor Santiago Chiérico.

francisco salamone
Laprida.

A Saldungaray se llega a las seis. Después de un reparador café con leche, cualquier lugareño puede indicar el camino hacia la extraña rueda con la cabeza de Jesús en el centro, y que al parecer debía ser transparente pero lo impidieron inconvenientes técnicos, que domina el portal del camposanto.

monumentalismo
Saldungaray.

Lamentablemente, el tren Constitución - Quequén, que pasaba por Balcarce, donde una cruz de brazos iguales domina una fachada baja que realza las sierras a sus espaldas, dejó de circular en 2003. Habrá que tomar micro nomás.


II. Salamone en Internet

(Nota: esta sección, que ya tiene tres años, ha quedado completamente desactualizada. En unos días corregiré este problema - 16 de junio de 2010)

No obstante la revalorización de la obra de Francisco Salamone en los últimos años, no hay mucho que se pueda hallar en la Web. Quizás lo más destacado sea http://ar.groups.yahoo.com/group/franciscosalamone/, el grupo Salamone de Yahoo!, que es a la vez un espacio de reflexión, donde participan destacados arquitectos y expertos en el arquitecto, y también es un lugar donde guardar imágenes y textos.
Otro sitio donde buscar imágenes, y acá va terrible chivo, es el grupo Francisco Salamone en Flickr:http://www.flickr.com/groups/salamone/, que creé hace un tiempo, y en el que la idea es cargar la mayor cantidad de imágenes de usuarios de ese sitio que tengan relación con Francisco Salamone.
No se puede dejar de citar un esfuerzo interesante, que además es el primer resultado de Google al poner el nombre y el apellido del arquitecto: http://www.oni.escuelas.edu.ar/olimpi99/artdeco/salamone.htm,una biografía de Salamone, que además incluye un http://www.oni.escuelas.edu.ar/olimpi99/artdeco/mapabsas.htmmapa con las principales locaciones de sus edificios, en el marco de unas olimpíadas escolares del año 1999.
Finalmente, los que anden estos días por Capital Federal pueden acercarse hasta el Centro Cultural Borges (en las Galerías Pacífico, conviene entrar por Viamonte y San Martín), donde a partir de este 11 de octubre habrá una http://www.ccborges.org.ar/exposiciones/exposalamone.htmexposición fotográfica muy interesante sobre Salamone.