caza de brujasBrujeriabrujas





CARACTERÍSTICAS DE LA BRUJERÍA EN LA EDAD MEDIA

A finales de la Edad Media empezó a configurarse una nueva imagen de la bruja, que tiene su principal origen en la asociación de la brujería con el culto al Diablo (demoniolatría) y, por lo tanto, con la idolatría (adoración de dioses falsos) y la herejía (desviación de la ortodoxia).

Sin embargo, el primer proceso por brujería en que están documentadas acusaciones de asociación con el Diablo tuvo lugar en Kilkenny, Irlanda, en 1324-1325, solo hacia 1420-1430 puede considerarse consolidado el nuevo concepto de brujería. Existen variantes regionales, pero pueden ser descritas una serie de características básicas, reiteradas tanto en las actas de los juicios como en la abundante literatura culta sobre el tema que se escribió en Europa durante los siglos XV, XVI y XVII.

Las principales características de la bruja, según los teóricos del tema, eran las siguientes:





el vuelo en palos, animales, demonios o con ayuda de ungüentos,

caza de brujas

encuentros nocturnos con el Diablo y otras brujas en el sabbat o aquelarre,

maleficios

pactos con el Diablo,

edad media brujeria

sexo con demonios (en forma de íncubos y súcubos)

caza de brujas

la magia negra.

Brujeria

Esta idea de la brujería, predominante en la Edad Moderna y base de las cazas de brujas, era alarmante en la época, ya que se extendió la idea de que las brujas conspiraban para extender el poder del Diablo. La caracterización negativa de las brujas comparte algunas características con el antisemitismo (expresiones como «Synagoga Satanae», Sinagoga de Satanás, o «sabbat», para designar las reuniones nocturnas de las brujas), y tiene un fuerte carácter misógino. Aunque no todos los sospechosos de brujería eran mujeres (hubo un significativo porcentaje de hombres procesados y ejecutados por delitos de brujería), se consideraba a la mujer más inclinada al pecado, más receptiva a la influencia del Demonio, y, por tanto, más proclive a convertirse en bruja.

La definición de la brujería como adoración al Diablo se difundió por toda Europa mediante una serie de tratados de demonología y manuales para inquisidores que se publicaron desde finales del siglo XV hasta avanzado el siglo XVII.

El primero en alcanzar gran repercusión, gracias a la reciente invención de la imprenta, fue el Malleus Maleficarum ("Martillo de las brujas", en latín), un tratado filosófico-escolástico desapasionado y racional publicado en 1486 por dos inquisidores dominicos, Heinrich Kramer (Henricus Institoris, en latín) y Jacob Sprenger. El libro no solo afirmaba la realidad de la existencia de las brujas, conforme a la imagen antes mencionada, sino que afirmaba que no creer en brujas era un delito equivalente a la herejía: «Hairesis maxima est opera maleficarum non credere» (La mayor herejía es no creer en la obra de las brujas).

Tanto el Malleus como otros muchos libros que se publicaron en la época, constituyeron el fundamento de la caza de brujas que se dio en toda Europa durante la Edad Moderna, especialmente en los siglos XVI y XVII, y que causó la muerte, según los cálculos más fidedignos, de unas 60.000 personas.

brujas


Pacto con el Diablo


Se atribuía a los acusados de brujería un pacto con el Diablo. Se creía que al concluir el pacto, el Diablo marcaba el cuerpo de la bruja, y que una inspección detenida del mismo podía permitir su identificación como hechicera. Mediante el pacto, la bruja se comprometían a rendir culto al Diablo a cambio de la adquisición de algunos poderes sobrenaturales.

Entre estos poderes estaba, lógicamente, la capacidad de causar maleficios de diferentes tipos, que podían afectar tanto a las personas como a elementos de la naturaleza; en numerosas ocasiones, junto a estos supuestos poderes se consideraba también a las brujas capaces de volar (en palos, animales, demonios o con ayuda de ungüentos), e incluso el de transformarse en animales (preferentemente lobos).

caza de brujas


El aquelarre.


Se creía que las brujas celebraban reuniones nocturnas en las que adoraban al Demonio. Estas reuniones reciben diversos nombres en la época, aunque predominan dos: sabbat y aquelarre. La primera de estas denominaciones es casi con seguridad una referencia antisemita, cuya razón de ser es la analogía entre los ritos y crímenes atribuidos a las brujas y los que según tradición popular cometían los judíos. La palabra aquelarre, en cambio, procede del euskera aker (macho cabrío) y larre (campo), en referencia al lugar en que se practicaban dichas reuniones.

Según se creía, en los aquelarres se realizaban ritos que suponían una inversión sacrílega de los cristianos. Entre ellos estaban, por ejemplo, la recitación del Credo al revés, la consagración de una hostia negra, que podía estar hecha de diferentes sustancias, o la bendición con hisopo negro. Además, casi todos los documentos de la época hacen referencia a opíparos banquetes (con frecuencia también a la antropofagia) y a una gran promiscuidad sexual. Una acusación muy común era la del infanticidio, o los sacrificios humanos en general.

La principal finalidad de los aquelarres era, sin embargo, siempre según lo considerado cierto en la época, la adoración colectiva del Diablo, quien se personaba en las reuniones en forma humana o animal (macho cabrío, gato negro, etc). El ritual que simbolizaba esta adoración consistía generalmente en besar el ano del Diablo (osculum infame). En estas reuniones, el Diablo imponía también supuestamente su marca a las brujas, y les proporcionaba drogas mágicas para realizar sus hechizos.

Se creía que los aquelarres se celebraban en lugares apartados, generalmente en zonas boscosas. Algunos de los más célebres escenarios de aquelarres fueron las cuevas de Zugarramurdi (Navarra) y Las Güixas (cerca de Villanúa de Jaca, en la provincia de Huesca) en España, el monte Brocken (mencionado en el Fausto de Goethe), en Alemania, Carnac en Francia; el nogal de Benevento y el paso de Tonale, en Italia. Se creía también que algunos aquelarres se celebraban en lugares muy lejanos de la residencia de las supuestas brujas, que debían por tanto hacer uso de sus poderes sobrenaturales para desplazarse volando: por ejemplo, se acusó a algunas brujas del País Vasco francés de asistir a aquelarres en Terranova.

Algunas fechas se consideraban también especialmente propicias para la celebración de aquelarres, aunque varían según las regiones. Una de ellas era la noche del 30 de abril al 1 de mayo, conocida como noche de Walpurgis.


maleficios



El vuelo.

Se atribuía a las brujas la capacidad de desplazarse volando a los aquelarres. Esta creencia se remonta, al menos, a la Antigüedad clásica, aunque a menudo fue vista con escepticismo (por ejemplo, en el Canon episcopi se afirma la absoluta falsedad de esta idea). Los procedimientos empleados para volar varían según los diferentes testimonios: en el Canon episcopi, por ejemplo, se hace referencia a la creencia de que las brujas se desplazaban en animales voladores. Sin embargo, el medio de locomoción más frecuente, y que como tal ha perdurado en la imagen actual de la bruja, es la escoba.

El simbolismo de la escoba se ha interpretado de diversas formas. Para algunos autores se trata de un símbolo fálico, lo que se relacionaría con la supuesta promiscuidad sexual de las brujas. Otras teorías mencionan que la escoba pudo haber sido utilizada para administrarse determinadas drogas. En cualquier caso, llama la atención el tratarse de un objeto en la época casi relacionado casi exclusivamente con la mujer.

Con respecto a los vuelos de las brujas, las opiniones de los teólogos de la época estuvieron muy divididas. Para algunos, tenían lugar físicamente, en tanto que otros consideraban que se trataba de ensueños inducidos por el Diablo. Modernamente se han relacionado con el consumo de ciertas drogas conocidas en la Europa rural, tales como el beleño, la belladona y el estramonio.

Referente a la forma de vuelo que se les atribuía en el resto del mundo, en el caso de Chile destaca la creencia de que el brujo chilote cuenta con un "macuñ" (del mapudungun makuñ: "manto"o "chaleco" hecho con la piel del pecho de un cadaver humano. Igualmente en este país y en Argentina se les atribuía la capacidad del vuelo transformados en aves de "mal agüero" (mala suerte), ejemplo de ello es la leyenda de la Voladora.


edad media brujeria


La metamorfosis.


Todas las culturas tienen entre las atribuciones de las capacidades de magos, brujas o hechiceros las de transformarse en animales. Aunque la cultura popular del norte de Europa atribuye a las brujas la transformación preferente en un gato negro.

Referente a la metamorfosis que se les atribuía en el resto del mundo, en el caso de sudamérica, en la tradición de Chile y algunas zonas de Argentina, La transformación de las brujas es principalmente en aves, aunque también se menciona la transformación en otros animales; destacando un tipo de bruja o brujo (al igual que los Calcu en la tradición Mapuche), que se le atribuye la capacidad de transformarse en un mítico pájaro conocido como Chonchón.

caza de brujas


Prácticas mágicas.


Se atribuía a las brujas la realización de hechizos mediante la magia negra, esto es, con fines maléficos. Mediante estos hechizos, lograban supuestamente hacer morir o enfermar a otras personas o al ganado, o desencadenaban fenómenos meteorológicos que arruinaban las cosechas.

Brujeria


PRINCIPALES CONJUROS DE LAS BRUAJS DE LA EDAD MEDIA.

En la evolución que se ha planteado de la brujería, vemos que no siempre tenemos la idea correcta acerca de la apariencia de esas brujas que rondaban la España del medioevo. No siempre la bruja vivía aislada, sino que se movía en la sociedad, determinándose con un rol social. Generalmente tampoco era esa anciana fea que imaginamos sino que la mayoría de las veces eran muchachas jóvenes que vivían en las ciudades.

La palabra bruja deriva de las lenguas romances, formada por el término bruxa, derivado de bruixa, tal vez comparta la misma raíz que la palabra druida. Esta bruja se dedicaba a realizar conjuros o hechizos, ya sea para provecho propio o ajeno. Son innumerables los temas tratados en estos hechizos pero se sintetizará con tres principales:

brujas

1. Los conjuros de salud y bienestar:

Desde la antigüedad era conocida la habilidad de las mujeres para sanar en forma “mágica”. Esta creencia en España derivó de los bárbaros y tuvo repercusión durante la edad media. Lamentablemente los médicos no estaban al alcance de todos, sus costos eran elevados.

El aporte de la mujer fue muy importante para la medicina. Las brujas, desde el punto de vista de curanderas, tenían un gran conocimiento en cuanto a hierbas y remedios se trataba. Las consultaba desde los más necesitados como los de las grandes esferas.

Se suponía que si ellas eran capaces de hacer el mal también podían eliminarlo. Las brujas tenían sus pócimas y fórmulas medicinales para ello, los cuales iban

acompañados de algunos conjuros:

“Allá vayas, mal, de la parte del mar

Donde no canta gallo ni gallina,

Que no pares en esta casa ni en este hogar”

Esta fórmula era muy utilizada para el mal de ojo, algo habitual en el mundo medieval. Como curiosidad diremos que para que fuera efectivo se debía poner en un plato, de cinco en cinco granos de cebada, ruda y cilantro seco, aceite de enebro y cera derretida de una vela. Con esto hacían un sahumerio que se echaba en un plato con agua sobre la cabeza del doliente.

caza de brujas

2.- Los conjuros de amor:

La bruja tiene la tarea de unir a dos amantes. Generalmente esto ocurría en contra de la voluntad de uno de ellos. El conjuro de las brujas nunca falla, lo que puede fallar es el que lo solicita o la que lo realiza.

Una bruja española, Juana la esquiladora, todavía en 1716, le decía a su marido enojada antes de hablarle:

“Con dos te miro

Con tres te mato,

La sangre te bebo,

El corazón te parto;

Que vengas tan sujeto a mí

Como la suela de mi zapato”

Desde siempre han ocurrido desventuras amorosas, amores no correspondidos o prohibidos. Las brujas al realizar estos conjuros invocaba a Selene, a Venus y a Hécate. También encontramos elementos totalmente cristianos en ellos. Hay también mezcla de características paganas como la numerología por ejemplo. El rito que acompañaba a este conjuro lo dio a conocer una procesada: había que medir la puerta de la calle, una vez con las manos y otra con un cordel, echar sal de moler en las junturas de las puertas y poner en una esquina de la misma una escoba nueva. Había que hacerlo nueve veces por nueve noches consecutivas mirando la misma estrella, que debía ser de su propio gusto.

maleficios

3.- Los conjuros de dolores y enfermedades:

De los temores más comunes con respecto a las brujas radican en su poder de causar daños inclusive a grandes distancias. Se les temía por el daño que podían causar a recién nacidos, a animales, sobre los alimentos y sobre las enfermedades que podían provocar.

Había muchas maneras de darse cuenta si la enfermedad que se padecía era de origen maléfico. La más conocida era ver si la lengua del enfermo se tornaba blanquecina, lo cual era seña segura de haber sido hechizado. Otro método infalible era mirarse en un espejo en donde se debían reflejar aquellos que causaron el daño.

El maleficio se realizaba en la comida o en la bebida. O bien se dirigía una mirada a la víctima o se maldecía algún objeto que le perteneciera, otras brujas, las más poderosas podían causarle el daño solo con tocarlo o con tocar su ropa. No todos estos maleficios eran causados con malicia o con la intención de lastimar.

Uno de los temores más grandes era que alguna bruja dirigiese su atención a los niños. Se las acusaba de aquellas enfermedades que terminan en muerte segura. Como sea, la gente del medioevo recurría a ellas de todos modos. Las brujas subsistieron porque la sociedad las alimentaba.

edad media brujeria

REACCION DE LA SOCIEDADAD MEDIEVAL ANTE LA BRUJERÍA. LA CAZA DE BRUJAS.

Reacción individual de los afectados: lapidan a la que consideran responsable de la muerte de un familiar, etc. Esto podía ocurrir sobre todo en aldeas, etc, donde la autoridad central no es fuerte.


Donde hay fuerte autoridad, es ella quien se encarga de juzgar a la bruja o brujo, y condenar bien a pagar indemnización, bien ejecutándola. La ley prohibía con firmeza que la gente se tomase la justicia por su mano y eliminase a personas sospechosas de brujería, pero no obstante a veces la muchedumbre iracunda ignoraba estas leyes.


La gente solía encontrar la explicación a algún desastre inexplicable o imprevisible en un maleficium. Por ello en épocas de crisis se acusaba y quemaba a muchas personas acusadas de brujería.


Los campesinos sentían un recelo tal hacia los maleficia que acusaban a cualquier persona sospechosa, generalmente mujeres, cuando ocurría alguna desgracia. En estos casos, incluso a veces la ira recaía sobre una monja sospechosa de utilizar un muñeco de cera para hacer maleficium.

caza de brujas


LA CAZA DE BRUJAS:

Entre los siglos XV y XVIII se dio una persecución particularmente intensa de la brujería, conocida como caza de brujas. Esta persecución afectó a la práctica totalidad del territorio europeo, si bien fue particularmente intensa en Centroeuropa, en los estados semiindependientes bajo la autoridad nominal del Sacro Imperio Romano Germánico, y en la Confederación Helvética. Los estudiosos actuales del tema dan una cifra aproximada de 110.000 procesos y 60.000 ejecuciones, a pesar de que cálculos anteriores arrojaban cifras mucho más elevadas.

La caza de brujas tiene su origen en la Inquisición, tribunal creado por el Papado para perseguir la herejía, pero que a partir del siglo XIV comenzó a prestar atención al fenómeno de la brujería. La principal acusación contra las brujas era la de demonolatría, o adoración del Diablo, concretada ya en una obra clásica sobre el tema, el Malleus maleficarum ("Martillo de brujas", manual para uso de inquisidores publicado en 1486 por los monjes dominicos Heinrich Kramer y Johann Sprenger, según los cuales negar la existencia de las brujas equivalía a hacerse sospechoso de herejía. Entre los siglos XVI y XVIII aparecieron numerosas obras de eclesiásticos y juristas acerca de este tema.

Contra lo que suele creerse, sin embargo, la mayor parte de los procesos por brujería los llevaron a cabo tribunales civiles, y la Inquisición solo tuvo un papel preponderante en los primeros años de la caza de brujas. Los procesos tuvieron lugar por igual en países católicos y protestantes. En los territorios de religión ortodoxa, en cambio, las cazas fueron de intensidad mucho menor.

Durante estos procesos, se aplicó con frecuencia la tortura para obtener confesiones, por lo cual los investigadores actuales suelen manifestar cierto esceptimisto acerca de lo manifestado en los juicios por brujería.




fuente:http://html.rincondelvago.com/brujeria-edad-media.html


Brujeria