27 de febrero, a un año del terremoto en Chile

¡Aquí empezó todo!

Cobquecura: epicentro del terremoto que asoló nuestra región.

Cobquecura fue el epicentro del terremoto. Este pequeño pueblo de pescadores artesanales, agricultores y hábiles artesanos de la piedra laja, hasta el 26 de febrero del año pasado sólo era relativamente conocido gracias a los lobos marinos, que rugen, nadan y se mueven torpemente sobre un peñón situado dos cuadras mar adentro.

Pero a partir de las 3.34 horas del 27 de febrero, Cobquecura se hizo mundialmente conocido por ser el epicentro del quinto terremoto más potente que se haya registrado.

"Cobquecura es tranquilito. La gente es amistosa y de hecho, la noche antes nos habíamos juntado para celebrar el aniversario de una junta de vecinos. Hicimos un asado, nos reímos, la pasamos bien", contó Alexis Garcés (41), nacido y criado en la comuna fronteriza con la Región del Maule.

chile

3.34: la hora fatal

"Ya nos habíamos acostado en mi casa. Estábamos durmiendo, cuando de repente empezó a sentirse un rugido extraño. Aquí es habitual que en las noches hayan ruidos raros, por el fuerte oleaje y los lobos, pero éste, era como si se acercara una locomotora", agregó.

"El ruido que venía de lo más profundo de la tierra, de un momento a otro se hizo mucho más fuerte y nuestra casa empezó a moverse de un lado a otro. Era terrible. No podíamos estar en pie y a duras penas, yo y mi familia salimos de la casa. Afuera estaba todo oscuro, la gente gritaba, era terrible".

Enfoque y orden

Los habitantes de Cobquecura están acostumbrados a vivir con el mar y saben que si el piso se les mueve así de fuerte, deben irse a los cerros que rodean al pueblo. Así fue nomás, e iluminados con los focos de los autos empezó el caminar.

"Yo estuve con mi familia primeramente, pero como también soy dirigente vecinal, tenía una responsabilidad con mis vecinos, porque muchos venían a hacerme consultas, pero la verdad es que yo estaba tan asustado como ellos", recordó.

A pesar de que Cobquecura fue el epicentro del desastre, en esta localidad no se registraron víctimas fatales y posterior al terremoto, sólo hubo marejadas frente al pueblo, que está situado a casi un kilómetro y medio de la costa.

"Como en todas partes, aquí el gran problema después del terremoto fue la incomunicación. Nadie sabía qué ocurría en otras partes. Muchos fueron a tratar de llamar a Quirihue, pero nada. También había problemas por la falta de agua potable, pero con el tiempo, las cosas de a poquito empezaron a normalizarse", finalizó Alexis, mientras junto a sus compañeros de trabajo de la municipalidad instalaban un escenario sobre el cual cantó el artista nacional Fernando Ubiergo.

Los 8 mitos que nos dejó el terremoto

Primeras horas tras el terremoto estuvieron marcadas por historias que se daban inmediatamente como ciertas. Poca comunicación y la falta de filtro en los medios, alimentó la ficción.

Terremoto

Luego de que el piso se nos moviera tanto, hasta dejarnos en el suelo, algunas personas comenzaron a contar historias, dignas de una película de Steven Spielberg.

¿Cómo se crearon estos relatos de ficción? Principalmente fue de dos maneras. La primera, la deformación de los sucesos. Un vecino le comentaba algo a otro. Cuando se volvía a transmitir de boca en boca, la información se iba tergiversando. Tal fue el nivel de distorsión, que el testimonio terminaba en cosas tan inverosímiles como ver gigantes o pensar que estábamos en el medio de una guerra civil. La otra fuente de generación de mitos fue que, dadas las circunstancias y la necesidad de saber del resto, los medios no lograron filtrar del todo las novedades que hacían públicas los mismos ciudadanos. Éstas eran basadas en rumores o imaginadas por el propio miedo de vivir la incertidumbre. Estas noticias, validadas por la prensa, se transformaban inmediatamente en verdades.

Al cumplir un año del 27-F, recogimos algunas de las invenciones que circularon en esas fechas. Conversamos con los protagonistas, que estuvieron en los lugares donde se desarrollaron estas historias. Ellos dieron su versión de lo que ocurrió realmente y lo compararon con lo dicho por la mitología popular.

1.- Terremoto fue 9,9 grados Richter

Año

Mito:
Según la información entregada por los organismos oficiales, el terremoto del 27 de febrero tuvo una magnitud de 8,8 grados Richter. Pero dada la enormidad de los daños, comenzó a circular la versión de que el movimiento telúrico había sido 9,9 en la escala Richter (o sea, más que el del '60) y que el gobierno había ocultado la información real, para no generar un caos generalizado, además de no mostrar al exterior la devastación existente.

Realidad:
Sergio Barrientos, director científico del Centro Sismológico de la Universidad de Chile, afirmó que el rumor del terremoto 9,9 Richter es falso. "El sismo fue registrado por varias agencias internacionales, francesas y estadounidenses, que midieron 8,8 grados. Eso no se puede modificar", dijo. Además, el cataclismo más grande fue el de Valdivia (de 9,5), que dejó una extensión de ruptura de mil 500 kms, mientras que el del 27-F fue de 450.

2.- Autos explotaron en el Llacolén

de

Mito: Luego del terremoto, colapsaron los puentes que cruzan el río Bío Bío. En el acceso de Concepción hacía el Llacolén cedió la losa de la estructura. Con la oscuridad y la tensión, algunos vehículos no se dieron cuenta y cayeron directo al foso. Luego de impactar el suelo, varios motorizados explotaron brutalmente, provocando heridas de consideración en los conductores.

Realidad:
El teniente de la Sección Investigadora de Accidentes de Tránsito (Siat), Robinson Benelli, expresó que no es efectivo que los vehículos que cayeron del puente Llacolén hubiesen explotado. "Cuando un motorizado se da vuelta, existe la posibilidad de que pueda encenderse, debido al roce con el combustible, pero no hubo detonaciones. Los ruidos fueron de depósitos a presión", dijo.

3.- Muerto dentro de un ataúd

un

Mito:
En una funeraria colapsada por el sismo, ubicada en pleno centro de Talcahuano, entre los escombros se podía ver un ataúd que en su interior tenía un cadáver. Los choreros evitaban pasar por la cuadra, pues había mal olor. Incluso si uno miraba hacia el ruinoso establecimiento se podía ver la cara del finado.

Realidad:
Dada la preocupación de los vecinos de la comuna puerto, un equipo periodístico de La Estrella fue a verificar la situación. Cuando llegaron al lugar, arrasado por el tsunami, se pudieron percatar que efectivamente había una figura humana dentro del cofre. Sin embargo, se trataba de un muñeco de exhibición.

4.- Gigantes en Playa de Dichato

a

Mito:
Uno de los rumores más curiosos se pudo recopilar en Dichato. Luego del terremoto, en la orilla de la playa comenzaron a verse personas gigantes transitando por el balneario, de lo más tranquilos. La historia comenta que los seres no eran agresivos y desaparecieron luego de la primera recogida de la marea.

Realidad:
Para saber más acerca de la historia, recorrimos Dichato, buscando opiniones acerca de la presencia de gigantes, previa al terremoto. Algunos escucharon del cuento, pero nadie vio nada. "Es imposible que haya ocurrido eso, pues no existen esas personas. Nadie vio nada. Son habladurías", dijo Sonia Vega, vecina.

5.- Murieron por recoger los billetes

del

Mito:
Dice la historia que la segunda ola que azotó el balneario de Dichato, sacó de cuajo el único cajero automático que existía. El dispensador de dinero quedó flotando y con él, cientos de billetes a su alrededor. Cuando se recogió el mar, muchos de los que buscaban refugio en los cerros, al ver la plata, bajaron rápidamente a llenarse los bolsillos. En la cosecha no se dieron cuenta de que la marea volvía a atacar la playa tomecina y pese a las advertencias, siguieron recogiendo las lucas, siendo arrastrados por la corriente y no saliendo más.

Realidad:
Bárbara Dere, dependiente de la farmacia Redfarma de la localidad, comentó que este hecho nunca ocurrió y que el único cajero automático que existe en Dichato, no se movió ni un pelo, a pesar de la fuerza con la que actuó el maremoto sobre el balneario. "El cajero quedó intacto en su lugar, pues tiene una base de concreto. Aunque algunos intentaron robarlo. Aparecieron martillos y trataron de abrirlo, pero no salió flotando con las olas. La máquina fue abierta 30 días después y tenía todo el dinero", sostuvo. 6.- Derrumbe mató a 17 personas

febrero

Mito:
Luego del remezón 8,8 grados Richter que azotó gran parte del país, desgarradoras escenas se vivieron en el edificio Puerto de Palos, de la comuna de Hualpén. El megasismo remeció tanto la estructura que hizo que los diez pisos se desplomaran por dentro, dejando un saldo de 17 personas muertas, aplastadas por el concreto.

Decenas de vecinos del inmueble quedaron atrapados, sin recibir ayuda durante un día.

Dada la magnitud de la tragedia y el caos que existía en la zona, debido a la gran cantidad de saqueos, las policías deciden cercar el lugar para restringir el acceso de la mole, que por fuera se veía intacta, pero por dentro era el escenario de una tragedia de proporciones.

Realidad:
Los vecinos de la torre C del edificio Puerto de Palos, vivieron minutos de terror durante el terremoto. El movimiento hizo que la estructura colapsara, sin embargo no se registraron víctimas fatales. "Esa noche escapé del departamento y vi cómo todos salieron arrancando. Caían escombros del edificio, se veía gente sangrando por el material que los golpeaba, pero de ahí a decir que fallecieron es totalmente falso. Acá no ocurrió nada de eso", manifestó Mauricio Villar, residente del condominio.
"Muchas personas se tuvieron que buscar arriendos por aquí cerca. Estamos esperando que comience la demolición de esta mole de concreto", apuntó el angustiado vecino.

7.- Incendio calcinó a saqueadores

27

Mito:
La ola de saqueos que afectó a la zona, durante las horas posteriores al terremoto, provocó el desorden generalizado. La situación fue tan crítica, que grupos de delincuentes, luego de terminar sus faenas de pillaje, procedían a quemar los locales comerciales. La tarde del 1 de marzo, se generó un mega incendio en la tienda La Polar, ubicada en el centro penquista. Las llamas consumieron la estructura en cuestión de horas. Luego que bomberos y las fuerzas de orden público cercaron el lugar, comenzó a correr el rumor que 19 personas que estaban sacando especies desde el tercer piso del local perecieron calcinados. Dicho hecho fue lanzado al aire por un medio de comunicación, generando la alerta. Incluso, algunas personas llegaron desesperadas hasta la esquina de Freire, para saber si sus familiares estaban dentro de los fallecidos.

Realidad
El siniestro que remeció a la opinión pública, luego del terremoto, hizo que muchos chilenos se preguntarán si efectivamente falleció gente quemada en la multitienda.

El 4 de marzo, el fiscal jefe de Concepción, Julio Contardo, pidió la apertura del recinto, que permanecía cerrado por miedo a que ocurrieran más derrumbes. El objetivo de la medida era periciar el establecimiento para revisar la posible existencia de cadáveres. Con perros ingresó personal de Labocar de Carabineros y especialistas de Bomberos. Ian Argo, Tercer Comandante de los voluntarios penquistas, indicó que luego de revisar minuciosamente cada centímetro del centro comercial, no encontraron restos humanos. "No murieron personas calcinadas en La Polar", dijo. Agregó sí que un sujeto salió con quemaduras graves, falleciendo horas después en el Hospital Regional.

8.- Batallas campales en el puente

27 de febrero, a un año del terremoto en Chile

Mito:
Pasadas las dos de la madrugada, se escucharon gritos y bocinazos en la población Pedro del Río Zañartu. Los vecinos habían dado la alarma de que una turba de más de 500 personas, provenientes de Boca Sur, cruzaban el puente ferroviario. En menos de media hora, los residentes salieron de sus casas con objetos contundentes y prendieron cientos de fogatas para defenderse. Las intensas peleas duraron hasta la mañana, dejando un número indeterminado de heridos.

Realidad:
Cristián Samaniego, residente de Pedro del Río Zañartu, participó de las rondas de vigilancia para defender los barrios. "No sé de dónde salió el rumor, pero era impresionante el ambiente de tensión que se vivía. Parecía 11 de septiembre, pues en cada esquina había una barricada. Esperamos hasta la madrugada y no pasó nada. Pasadas las semanas y sin la adrenalina, pensábamos en lo ridículo que era. Imposible que tanta gente pudiera venir de tan lejos a robarnos", sentenció.

Un viaje de cuatro minutos que después de un año no termina

Mientras cruzaba el Bío Bío junto a unas amigas, su auto cayó en una de las fracturas que provocó el terremoto en el puente Llacolén.

chile

Cayó cinco metros, pero sintió que su viaje a lo desconocido duró dos horas. María Eugenia Carrasco estaba carreteando en San Pedro cuando se le ocurrió continuar la noche de fiesta en Kamikaze, en Chiguayante; eso sí, no contaba con que el quinto mayor terremoto de la historia estaba a minutos de cruzarse en su camino.

"Llegamos al puente, avanzamos un poco y comenzó el movimiento. El auto se descontroló, pero sabía que no era un problema mecánico, me detuve, prendí las luces de estacionamiento y comenzaron a explotar los cables, salían chispas. Pensé que era una guerra, había destellos en el cielo y creí que alguien nos estaba atacando", describió María Eugenia, mientras sus ojos reflejan la angustia de retroceder casi un año en su memoria.

Cuando el movimiento le dio una tregua, continuó su viaje sin saber que lo peor estaría unos metros más adelante. "En cuanto sentí que podíamos seguir, encendí el auto y avanzamos. Pasé casi todos los vehículos que a esa hora iban sobre el puente, iba como a 60 kilómetros por hora y las luces sólo alcanzaban para ver unos metros más adelante", recordó.

Una caída eterna

El paso sobre el Bío Bío jamás terminó. María Eugenia viajaba con dos amigas y de un momento a otro estaba cayendo. "Me di cuenta inmediatamente que el puente se había cortado, sentí miedo, no sé nadar y pensé que moriría ahogada", narró. Pero su suerte estaba muy lejos de aquellos fatales pensamientos.

Uno de los accesos al viaducto más nuevo que une San Pedro de la Paz y Concepción se había desplomado, mientras tres vehículos -que venían de sur a norte- cayeron, igual número -en sentido contrario- chocaron de frente con la losa y se incendiaron.

Al impactar con el fondo de cemento, el auto se fue hacia atrás. María Eugenia estaba consciente, al igual que su copiloto; la tercera ocupante del vehículo no corrió la misma suerte, aunque a los pocos minutos despertó. "Cuando me di cuenta que estaba viva supe que teníamos que salir de inmediato, le pedí a mi amiga que rompiera los vidrios, pero recordé que éstos tenían una lámina de blindado. Miré hacia atrás y me percaté que los traseros estaban rotos, salimos por ahí".

"Fue extraño porque nos cruzamos, sentía un fuerte dolor en el pecho y de igual modo pude sacar a mi amiga que estaba desplomada en el asiento trasero, tenía la cara ensangrentada, un ojo casi no se le veía", contó María Eugenia.

Para no creerlo

"Tratamos de caminar hacia Concepción para llegar a un hospital y poder asegurarnos que las lesiones que teníamos no eran de gravedad. Pasamos por el Alto Río y jamás pensamos que había gente en el interior (...) Hasta hoy siento culpa de pensar que podíamos haber ayudado en algo", recordó con tristeza la joven.

En el centro médico les realizaron exámenes, pero no fueron acertados en el diagnóstico. "Nos mandaron a nuestras casas sin decirnos que teníamos fracturas, me quebré dos vértebras y mi copiloto igual número de costillas", se lamentó.

A las nueve de la mañana regresó al lugar del accidente para sacar los papeles del auto y las llaves. Su sorpresa fue tremenda. "Me habían robado las cuatro llantas y todo lo que había al interior del auto, hasta los cedés piratas se llevaron".

Ha transcurrido un año, y María Eugenia no ha vuelto a pasar manejando por el puente Llacolén. "Mientras pueda evitarlo, lo haré", sentenció, con la seguridad de no querer volver a reencontrarse con los recuerdos más duros de su vida.

Los ocho sueños que murieron en la caída del alto río

Aunque muchos lograron sobrevivir al derrumbe del edificio, olvidar ese momento de terror de su memoria es algo que no pueden hacer.

Terremoto

Agustín del Campo soporta el dolor de una herida que nunca cerrará. Tras el colapso del edificio Alto Río, él y sus dos hijas pasaron más de 14 horas enterrados bajo toneladas de escombros. Lamentablemente, la menor de las muchachas -Ilse, de 12 años- perdió la vida entre las ruinas del inmueble.
"Ellas vinieron a pasar el fin de semana conmigo porque ya se acercaban las clases (...) Recuerdo que llegaron el mismo 26 en la noche. Las fui a buscar al bus, fuimos a comer a un lugar cerca del edificio y después yo estaba cansado, así que me acosté a dormir (...) Me desperté cuando ya había comenzado todo. Lo único que recuerdo es que nosotros tratábamos de ponernos de pie y era imposible. El edificio empezó a rebotar. Tú rebotabas en el piso y te caías, te volvías a caer y de repente empezó a explotar todo. Los vidrios, la puerta del baño. Lo único que sentíamos era que nos hundíamos, que todo se estaba cayendo y después nos encontramos cubiertos de escombros", recordó el hombre.

Al igual que Agustín, las vidas de los familiares y amigos de otras siete personas que fallecieron en el derrumbe, quedaron marcadas a fuego. Aunque saben que nada ni nadie les devolverá a sus seres queridos, al menos piden justicia. "Mi hija no tenía por qué venir aquí a morir, si ella vino a pasarlo bien con el papá y con su hermana. Nos ha costado mucho superarlo, tanto a mí como a mi otra niña. Estuvimos hospitalizados casi un mes en Santiago y después un período de rehabilitación, de mi hija mucho más largo que el mío. El daño emocional de todo esto es muy grande. Es imposible olvidar lo que ocurrió", sentenció.

Los sobrevivientes

El edificio Alto Río tenía 113 departamentos, de los cuales un 70% aproximado ya estaba vendido. Aunque la mayor parte de los residentes sobrevivieron al derrumbe (79 estaban ahí cuando cayó), muchos no pueden borrar ese momento de terror de su memoria.

"Nosotros nos despertamos inmediatamente después que comenzó el movimiento y luego nos pusimos de pie esperando que pasara, pero no terminaba nunca (...) En un momento mi esposo me dice que el edificio se va a caer, porque comienza a sentir que se hundía. En ese instante sentí un miedo inmenso, pánico. Pensé que iba a morir ahí mismo con mi hijo y mi esposo. El miedo te inmoviliza. En el fondo es como esperar en qué momento te va a tocar el final", relató Elizabeth Melio, una de las sobrevivientes.

El límite de la paciencia

Lo peor es que cuando ya se cumplió un año desde el sismo, los ex residentes y propietarios siguen soportando el sufrimiento y la rabia. En forma constante, grupos de ladrones han saqueado las ruinas de la construcción, mientras ellos debieron esperar meses para poder retirar lo poco y nada que se salvó del sismo, las lluvias y los delincuentes.

"Nosotros planteamos muchas veces la posibilidad de que se nos permitiera ingresar para rescatar algunos recuerdos. Sin embargo, algunas autoridades -no sé quiénes son- plantearon que no era seguro y que no se podía entrar", afirmó Roberto Moncada, vocero de la comunidad organizada.
Tras un año de espera, en marzo, la Fiscalía debería formalizar cargos contra ocho de los encargados del proyecto.

Tres olas de muerte

Dichatinos recuerdan cómo el mar destruyó el balneario levantado a puro esfuerzo.

Año

Cuando los dichatinos hablan del terremoto, la primera imagen que se les viene a la cabeza, es el mar metiéndose con fuerza en su pueblo y devorando todo a su paso. Para ellos, la pesadilla se compone de cuatro partes: el terremoto, propiamente tal, y las tres olas que terminaron por machacar a un balneario levantado a puro esfuerzo.

La Estrella se instaló una tarde a conversar con los pescadores artesanales de la localidad y todos coinciden en señalar que muchas vidas se pudieron haber salvado si hubiese existido una mejor preparación ante este tipo de catástrofes.

No es fácil dialogar con los dichatinos. Ellos están profundamente sentidos con las autoridades, viven mal y no tienen una visión muy alentadora del futuro. Por todo eso, hoy están en la parada de no aguantar a los faranduleros.


"La primera llegó con ruido terrible"

de

Yamilet Méndez Arriagada es nacida y criada en Dichato. Recuerda que la noche del terremoto había luna llena y la bahía estaba especialmente iluminada.

"Era una noche bonita. Yo estaba en mi casa (vive con su pareja y su hija de 12 años), cuando empezó el remezón. Apenas nos pudimos parar me acordé que mi papá siempre me dijo que cuando hubiera un terremoto había que subir al cerro. Así fue no más y mientras íbamos subiendo, vimos cómo la mar se recogía. Se recogió tanto que era posible irse caminando desde Dichato hasta Coliumo, eran kilómetros", dijo.

"De repente -agregó- se empezó a sentir un ruido, era la ola. La primera llegó con ruido terrible, pero casi no había gente en el pueblo, porque hubo tiempo para arrancar. Todo lo vimos del cerro".

"Segunda mató a los que volvieron"

un

Georgina Sánchez sufrió en carne propia la tragedia del terremoto de 1960. En esa oportunidad, dos hermanitos de ella murieron bajo los escombros de su casa, así que cuando el piso empezó a moverse, volvieron los horribles recuerdos.

Con respecto a la segunda ola recuerda: "Después que la primera ola cubrió todo el pueblo, la bahía se llenó de una neblina".

Según testimonio de Georgina y otros dichatinos, apenas la primera ola se recogió, mucha gente retornó a sus casas para rescatar dinero y otras cosas de valor. También salieron muchos tipos corriendo para meterse a las casas a robar. En esas circunstancias llegó la segunda ola, que ya venía con restos de la primera. "La segunda ola mató a los que volvieron, fue horrible".

"La tercera fue la más destructora"

a

Víctor Alarcón trabaja hace cuatro años como cargador en la Caleta de Pescadores Artesanales de Dichato y recuerda que si bien la segunda ola fue la que se llevó más vidas, la tercera fue la más destructora.

"El mar ya había arrastrado un montón de casas, embarcaciones y unos contenedores de la universidad y todo eso. Con la tercera ola volvió a todo chancho para golpear al pueblo, destruyendo todo a su paso. Yo estaba en mi casa cuando pasó lo del terremoto y al tiro, como ya sabíamos, con unos familiares nos fuimos de una para el cerro y desde ahí se podía ver a varias personas arrastradas por el mar".

"Pero la tercera ola fue, lejos, la más destructora de todas. Nosotros aquí lo perdimos todo y a puro trabajo no más salimos adelante".

Choreros jamás podrán olvidar la noche más larga de sus vidas

A ellos nadie les contó nada. Vivieron la furia del oceáno en carne propia.

del

Con toda la parafernalia mediática que se armó en el centro de Conce, durante los días posteriores al 27-F, gran parte del país no reparó en el megadesastre que se vivió en Talcahuano. "La verdadera zona 0", como la bautizaron sus propios habitantes, no sólo fue destruida por el remezón de 8,8 grados. Minutos más tarde, el puerto fue arrasado por la furia del mar.

A sus 83 años, Hilda Cruz vive con su hija en un departamento de avenida Blanco, justo en el área que sufrió el golpe directo del tsunami. Al contrario de muchos vecinos, ella no logró escapar del lodo fétido que invadió la ciudad.

"Fue terrible. Se rompió todo y quedamos en una oscuridad tremenda porque de inmediato se cortó la luz (...) Pasó un buen rato cuando sentimos un ruido espantoso, yo no sé cómo será la selva, mi niño, pero era como el rugido de un león. Y una hediondez ¡madre querida! Como si alguien hubiese abierto todos los baños del mundo a un tiempo. Ahí intentamos arrancar, pero cuando llegamos al primer piso, el mar entraba y salía por puertas y ventanas", recordó la señora, para quien este terremoto fue peor que el del año 60.

El testimonio de Hilda resume la experiencia de miles de choreros, para quienes las escenas de barcos y contenedores flotando por las calles, les recuerdan los peores días de sus vidas. En Talcahuano, el maremoto mató a 21 personas y dañó gravemente la infraestructura portuaria, pesquera y turística de la comuna.

"Yo en este momento estoy desesperado. Porque mi vida era este puerto y ahora no tenemos pega ni nada. No todos recibimos la ayuda que dicen", reclamó Miguel Caamaño, un buzo mariscador.

Les arrebataron el pan de la mesa

Lo que no se derrumbó, simplemente se llenó de barro. Aunque las actuales cifras de desempleo (8 puntos en el último trimestre) pintan un panorama prometedor en el puerto, miles de choreros perdieron la pega y nunca la recuperaron. El tsunami literalmente barrió con la industria naviera, portuaria y pesquera. El comercio -incluyendo iconos como el mercado o la bentoteca- quedó en ruinas.

"La última crisis la tuvimos para el derrame de San Vicente, porque la gente no quería comprar pescado ni mariscos. Pero lo de ahora es peor, más largo. La mayoría de los que trabajan en el puerto o en la pesca tienen cuatro, seis hijos y muchos no saben hacer otra cosa", sentenció José Toledo, uno de los 5 mil pescadores que temen por la pega.

"Es cierto que durante el último tiempo se han rebajado los niveles de cesantía en la ciudad. Pero aún tenemos carencias tanto en Asmar, como en el sector pesquero, el sector portuario y el comercio, donde aún hay gente que no ha retomado sus empleos", afirmó el alcalde Gastón Saavedra.

Se calcula que para levantar la ciudad se deberían invertir más de 1.500 millones de dólares, en un proceso no menor a los diez años.

Vivir allegado: de la casa nueva al living de los papás

Abandonar sus departamentos no fue una tarea fácil. y no muchos pudieron rescatar sus enseres.

febrero

Llevaba cinco años arrendando cuando Alejandro Soto (30), decidió que ya era el momento de dar el paso y tener su casa propia. Había ahorrado lo suficiente y, además, estaba en planes de vivir junto a su polola y formar un hogar.

Tras varios meses de espera, a fines de diciembre de 2009 vio su anhelo realizado: un flamante departamento, en un edificio recién construido, en pleno centro de Concepción. Junto con el nuevo año comenzaba para él una nueva vida, una junto a su pareja, y en un lugar propio.

"A fines de enero, poco después de mudarnos, nos fuimos de vacaciones y volvimos a fines de febrero. Creo que no alcanzamos a disfrutar una semana completa en el departamento", rememoró. Porque ese 27 de febrero, poco después de su regreso, sus planes se desmoronaron junto a parte de la estructura del edificio. Comenzó así una nueva vida, sí, pero una que no esperaba: de allegado, en casa de sus suegros.

"Ella (su polola) se había ido a vivir conmigo, pero tuvo que volver súbitamente. Y ahora no iba sola, sino conmigo, una mochila extra a la que su familia tuvo que hacerle lugar, y más encima, yo también perdí mi trabajo, así que en el fondo llegó con un huevón cesante a la casa de sus papás", relató.

Comodidad incómoda

"Éramos siete en total, los primeros días todos durmiendo en el living, con sacos, frazadas, la suegra al lado, la hermana... había situaciones incómodas, ir al baño por ejemplo, ya que no había agua", confidenció.

Por eso, y pese a que su familia postiza lo acogió con agrado, como a un hijo más, desde el primer momento vivieron pensando que algún día tenían que irse. Sólo que se toparon con otro problema: "No había dónde, y lo que había estaba súper caro, vivir en altura era un terror, vivir en casa era muy caro, si encontrábamos algo al alcance, no nos gustaba".

Mientras buscaban, fueron finalmente cuatro meses viviendo de allegados, en una situación que describió como "una comodidad incómoda".

Como pasaba el tiempo, finalmente, tuvieron que convencerse con arrendar, aunque fuera en un piso 15, "pero al menos servirá para que nos vayamos acostumbrando a volver al nuestro (en el 18º), el que me lo deberían entregar en abril, ojalá, porque recién partieron las reparaciones y todavía no hay una fecha clara".

Se transformaron en guerreros para defender sus poblaciones

Vecinos se organizaron para cuidar sus hogares de los saqueos.

27

Como protagonistas de una película del fin del mundo, los penquistas lucharon en la oscuridad para mantener el orden por cuenta propia. Bajo el acecho de un enemigo invisible, verdaderas milicias populares se organizaron en los barrios. Tras el cataclismo, los palos se transformaron en la última moda en defensa personal. Los más osados se paseaban a vista y paciencia de sus vecinos, empuñando armas blancas o de fuego.

Con la espada japonesa que le prestó un amigo, Adrián Rodríguez salía a la calle como un samurai, para cuidar su casa de supuestas turbas que, se decía, arrasaban con todo a su paso.

Junto a otros de sus vecinos del condominio Plaza de Andalucía de Talcahuano se armó hasta los dientes, preparándose para enfrentar a quien viniese. "Nos pusimos las bandas blancas en los brazos y nos quedábamos despiertos toda la noche. Igual aprovechábamos para tirar la talla. Era entretenido salir con armas así, como que le daba otro toque", indicó.

Las fogatas

La madrugada del lunes, a 48 horas del devastador terremoto, Adrián, así como miles de habitantes de los diversos sectores, ya estaban organizados en guardias. Los pasajes fueron cercados por los propios vecinos. En su interior, las fogatas dieron abrigo a aquellos que estaban de turno para vigilar la llegada de los delincuentes, que podían aprovecharse del pánico para cometer sus delitos.

Los Lirios fue uno de los barrios donde más en serio se tomaron la defensa de sus hogares. Como recuerda Patricia Barra, presidenta de la junta de vecinos del sector, "los jóvenes principalmente, se organizaron con todo y se apostaron a la entrada de la población. Ahí hacían turnos y se quedaban toda la noche con armas de ex oficiales de Carabineros y del Ejército que viven por acá". La dirigenta agregó que aquellas tertulias en torno al fuego sirvieron para que todos se unieran un poquito más. "Antes, cada uno vivía en su metro cuadrado, pero en las guardias se empezaron a conocer", afirmó.

La relación entre las personas mejoró notablemente gracias a las guardias. En contraste a los delincuentes que se pusieron de acuerdo para hacer el mal, los vecinos se unieron no sólo por una causa común -que era proteger sus casas- sino que también crearon lazos que hasta hoy perduran. Es más, muchos conmemoraron juntos el aniversario de la tragedia.

Toque de queda

Uno de los principales alivios para los habitantes de la zona, fue la medida de decretar toque de queda en la provincia de Concepción. Este comenzó la segunda noche tras el desastre y se extendió por 25 días.

El miedo y la incertidumbre de los penquistas disminuyeron cuando los efectivos del Ejército y la Armada comenzaron a recorrer las poblaciones a medida que caía la noche. En algunos lugares, hasta los recibieron con carteles y aplausos.

Aunque algunos siguieron montando guardia, con la llegada de los militares, los guerreros vecinales pudieron descansar y, tras casi un mes, el sueño y la vida nocturna de los vecinos comenzaron a normalizarse.

27 de febrero, a un año del terremoto en Chile

El origen de las guardias

"Una turba de flaites se acerca al barrio arrasando con todo a su paso" era el rumor que circuló con mayor fuerza, por la mayoría de los barrios de las diversas comunas de la provincia.

Para el sociólogo de la Universidad de Concepción, Carlos San Martín, la defensa de las poblaciones por parte de los propios vecinos nace en un contexto de emergencia, al cual se sumó un pánico colectivo ante la delincuencia. "Primero surgió como una historia de boca en boca y luego esa historia se implantó en la población que, instintivamente, se agrupó en torno al temor", explicó.

Las guardias nocturnas en las poblaciones fueron una forma previsible de organización en torno a la inseguridad ya que, según añadió el especialista, la idea de las turbas tuvo un fuerte peso desde el momento en que se vio a mucha gente desesperada participando de los saqueos a negocios y supermercados.

Lo ocurrido en aquellas oscuras noches tras el terremoto en Concepción, dejó de manifiesto el fuerte instinto de supervivencia de los penquistas, que reaccionaron uniéndose en medio de la catástrofe.

Saqueos: Ricos y pobres tiraron las manos sin asco tras el 27-F

Desesperación y aprovechamiento, detonantes del denominado "terremoto social".

chile

Movidos por el caos y el temor al desabastecimiento, miles de personas salieron a las calles apenas comenzó a aclarar, en dirección a negocios, farmacias y principalmente supermercados.

La intención primigenia de la mayoría era comprar artículos de primera necesidad, como alimentos, pan, leche o agua, pero bastó que sólo una persona diera el puntapié inicial para que se desatara la anarquía más demencial de la que se tenga memoria.

"Yo fui a uno de los supermercados y salí con cuatro bolsas. Saqué cosas como para sobrevivir el tiempo en que nos llegaba alguna ayuda. Recuerdo que había gente que salía con carros llenos, camionetas, unos carros con palet, otros con alimentos", relató a La Estrella, un joven del sector Villa Futuro de Chiguayante, quien sólo pidió resguardo de su identidad.

Pero además de la gente que se llevó alimentos, hubo quienes se aprovecharon del pánico y comenzaron a sustraer televisores plasma, lavadoras, colchones y una interminable variedad de licores. En algunos lugares, el saqueo fue protagonizado por grupos de hampones organizados, quienes sistemáticamente robaron en tiendas y hasta se llevaron numerosos cajeros automáticos, que después aparecieron abandonados o enterrados en casas.
"Yo no saqué ni una lata de cerveza, pero a las carpas donde estaba hospedándome llegó un arsenal de alcohol, y con eso nos manteníamos en las guardias durante las noches", sostuvo el muchacho.

Más de 300 condenas

Según cifras entregadas por la Fiscalía Regional, tras los saqueos se instruyeron cerca de 500 causas. En cerca de 300 casos, la investigación terminó con la formalización del sospechoso, principalmente por los delitos de receptación y robo en lugar no habitado.

Según confirmó el Ministerio Público, el estado de excepción que se vivía en la zona, hizo aumentar la gravedad de los delitos en un grado. Por ello, la mayor parte de los imputados terminó en prisión preventiva. Eso sí, tras los juicios, la mayoría recuperó la libertad, pues las condenas oscilaron entre los 61 a los 541 días de pena remitida (no se cumple en la cárcel).

Casos emblemáticos

La primera persona condenada fue una mujer de 38 años, detenida el 15 de marzo. Al interior de la vivienda de esta señora, la policía encontró diversas especies sustraídas desde supermercados y negocios.

Otro que la pasó mal fue un ingeniero de 42 años, quien tras ser delatado por las cámaras de seguridad de un supermercado de San Pedro, quedó en prisión preventiva por determinación de la Corte de Apelaciones. Sólo recuperó su libertad tras pactar con la justicia.


Terremoto

POSTIADO POR:

Año

FUENTE:

de