La leyenda del manco de Teodelina

EL MANCO DE TEODELINA

La pelota a paleta es un deporte que en numerosas ocasiones le dio satisfacciones a nuestro país.

Muchos grandes campeones que brillaron en canchas argentinas y extranjeras, pero hay un jugador que no salio mucho del pais y aun asi es una leyenda que trasciende el ambiente de la pelota a paleta y ese es Oscar Messina "EL MANCO DE TEODELINA"

Apelando a viejos y arrumbados recortes, de los menos visitados en cualquier archivo, se podrá encontrar lo que aún guardan algunos de nuestros padres y abuelos en su memoria. Los tiempos de los Utge en Olavarría, o más acá el de los Ross en Chacabuco, y de tantos otros representando otros lugares de la Argentina. En Teodelina, por ejemplo, linda ciudad en el límite de Buenos Aires con Santa Fe, más allá de Arribeños –donde hace más de un año una nube tóxica sembrara pánico– y más acá de Villa Cañás –donde hace ya algunos años naciera Rosa Suárez, más conocida como Mirtha “Chiquita” Legrand–, junto al mostrador aún se puede encontrar a un gaucho con pinta de renegado que recién se abrirá para la charla cuando advierta que el interlocutor es de confiar.
El hombre tiene un nombre y un apellido arrumbados en el registro civil, Oscar Messina. Pero para descubrirlo hay que hurgar bajo el seudónimo de Manco. El Manco de Teodelina. Una especie de símbolo de lo que fueron los pelotaris por estas tierras, cuando la Argentina era un país en serio y en las canchas se sucedían partidos memorables y anécdotas imperecederas.
Haga de cuenta el lector que está compartiendo el vino con el Manco, quien viene de un festejo algo alargado. El 4 de abril ha cumplido 72 años, y él ahí anda, chamuscado a la vuelta de la historia, olvidado y desvencijado como cada una de esas cuatro inseparables paletas con las que hiciera estragos en canchas abiertas, y se las rebuscara también para animarse con ventaja en cerradas. Desde hace muchos años, el cantinero Pocholo se ha encargado de autopromocionarse contando que una vez el Manco había dado un golpe con triple pared espectacular, al tiempo que gritaba a su rival: “¡Andá a buscarla a lo de Pocholo!”. Y a veces se recrea el orgullo zonal cuando aparece en el periódico arribeñense El Quitapenas o en La Nueva Voz Regional, de Teodelina.
Hasta los 12 años fue boyero en la chacra del convecino Juan Aberasturi. Un día, juntando la caballada para darles de comer a los animales, cayó mal del zaino y se quebró el brazo izquierdo. Por entonces no había yeso, y la única solución fue una madera de cajón de manzanas a la que ataron con unos piolines. Se podrá imaginar cómo le quedó de doblado el hueso. Así nació el mote de Manco (él se presentaba como “pelotario”), con el que copó todas las paradas posibles y protagonizó encuentros memorables, como aquel en Chascomús, donde supo aquerenciarse durante un buen tiempo. Fue contra el flamante campeón mundial Sether, en la cancha de Alumni. El Manco perdió ahí nomás y le pidió la revancha dándole un tanto de ventaja. Pero el “Ruso” no quiso. Ocurrió que éste había tenido tiempo de conocer todos los vericuetos de la cancha, ayudado por el baqueano Fito Ibarra. Aquella vez, el Manco jugó todo el partido de revés de zurda.
El, bajo su boina vasca y esa sonrisa pícara que solía mostrar en sus tiempos de esplendor, confiesa que su único trabajo “en serio” fue aquél de boyerito. Pero que después de esa experiencia preadolescente no le gustó mucho la cosa. “Después ya no trabajé más en mi vida. Me imagino que debe ser feo trabajar, porque hasta pagan para que uno lo haga.” Allá por el ‘51 se fue a vivir con unos gitanos por pueblitos de Santa Fe. Ellos “se ponían” para apostar y él jugaba. Todo iba bien que hasta quisieron llevárselo a Brasil y a Paraguay, pero él prefirió seguir paleteando por estos pagos. Y fue tan enemigo de la “yuta” como amante del oro. Estuvo preso durante nueve meses (“por agarrarme con unos milicos”) y ni siquiera allí aprendió a leer y a escribir, a pesar de que “en la cárcel había maestra y todo”. Como solía contarle a don Viruleg, el ya fallecido intendente del pueblo que le dio el apodo, “si de chico nadie me enseñó a gustar de los libros, qué iba a aprender de grande”. Acaso no supiera nunca que en la Capital Federal, antes de 1920, a este deporte lo había practicado uno de los más grandes escritores que diera este suelo, Roberto Arlt, quien jugó en el frontón de La Granja, ubicado en Rivadavia 9840.
En cada uno de los 22 ojales de su saco de lujo se hizo poner botones de oro. Lo recordó en 1978 el periodista Carlos Ferreira al entrevistarlo para El Gráfico. Aquella vez se contaron momentos épicos en la historia de este hombre singular. “Una vez jugamos un partido Ibarra y yo contra Delguy y Domingo Olite, en Lomas de Zamora. Duró como cuatro horas y nos ganaron 105 a 103. Fuimos tanto a tanto. Ibamos 104 a 103 cuando al “Flaco” Delguy le tiré un tambor impresionante. Más chato que cinco ‘e queso. Te lo juro, hermano –contó el Manco–. Entre la pelota y el piso no cabía la paleta de plano. Sólo Delguy podía agarrar eso... ¡Y de revés de derecha! Le metió la pala, la levantó y colocó la pelota muerta a medio centímetro del suncho. Qué bárbaro, sólo Delguy podía!”
En Chascomús debió iniciar un duro partido contra la muerte, el que aún continúa y con resultado favorable. Le extirparon un buen pedazo de un estómago demasiado agredido, pero eso no le impidió remontar la actividad cuando aún no le habían sacado los puntos...
Durante aquella misma charla con El Gráfico, un amigo contó: “Como el Manco Messina no hubo nadie. Esto lo vi yo. Le jugó él solo a César Bernal, el famoso Perro uruguayo, y a un tal Gallo. Fue un desafío. El Manco no arrugaba nunca y aceptó. Apostaban 60 mil uruguayos y a Messina le faltaba plata. Fue y la pidió. Pero resulta que eran pesos argentinos, mucho más dinero. Empezaron a jugar a las tres de la mañana y terminaron a las seis y media. Largaron cuando empataban 69 a 69. El Perro Bernal lo levantó en andas a Messina y lo paseó por toda la cancha”.
“El hombre del brazo de oro. Burlón, irónico, campechano, recitador empedernido, verseador, manager de sí mismo. Tonada de paisano que siempre encuentra un verso a mano para ubicarse o ubicar a quien lo escucha”, lo definió el desaparecido colega Piri García, quien tuviera como última guarida la oficina de prensa del Luna Park. Y para terminar las discusiones más pesadas, siempre hubo una Smith & Wesson calibre 32 a mano que le costó 50.000 pesos de los años ‘50, y difícilmente haya estado siempre adormecida en el cinto, escondida bajo el poncho de vicuña por el que pagó 60.000. Pero a veces debía usar la ironía en reemplazo del arma. Como ocurrió en Villa María, donde tuvo la feliz idea de hablar mal de los cordobeses. “Que son esto, que lo otro. De pronto se levantó de la silla un tipo doble ancho con cara de Aldo Rico y le preguntó: ‘¿Qué tiene contra nosotros, eh?’. Y el Manco respondió con una salida rápida: ‘¿Ah, sí? ¡Lo felicito, compadre; estaba ansioso por conocer un cordobés guapo!’.”
Cierta vez se tomó 60 Gancias al hilo. Al menos es lo que dice la historia pueblera, aunque ya se sabe que este tipo de leyendas suele ir engordando mientras el tiempo se añeja. Aún le leen apenas tres veces las poesías gauchescas y se las aprende. Tuvo dos hijos, cuatro paletas siempre listas y una rastra con 150 monedas de oro, de lo que tanto habló junto al mostrador de lo de Pocholo, donde tantas veces el payador de turno solía decir: “...y allá en Teodelina/cuna de grandes campeones/nació el campeón de campeones/’pelotario’ Oscar Messina”. Así lo describía Piri García: “Cabello ‘tordillo’, barba de dos días, campera de lujo con cuello de piel. Anillos que piden más dedos... cadena de oro en la muñeca derecha. Pantalón bombilla. Taquito militar. Parece el último embajador de una época que sólo rememora algún telón de fondo. Burlón, irónico, campechano, recitador empedernido, verseador, manager. Tonada de paisano que siempre encuentra un verso a mano para ubicarse o ubicar a quien lo escucha”.
El y tantos otros andaban de club en club, de pueblo en pueblo, de aventura en aventura. Transitaban un país que tenía alas para cobijarlos, para alentarles el vuelo, para ayudarlos a darle impulso a cada golpe de paleta. Ese país del “No me acuerdo”, en el que como dice la canción de la Walsh, “doy dos pasitos y me pierdo”. Ese que espera la refundación, una de cuyas maneras es rescatar el testimonio vital de caciques olvidados, que aguardan la muerte junto al mostrador con la remota esperanza de que alguien se les acerque para preguntarles cómo era antes, para poder entender mejor el mañana

Yo al pedo no jugaba. Podía jugar de gusto porque había que hacerle un homenaje a una persona, porque hacía falta una plata para una señora vieja, un hombre enfermo o mil casos. Entonces yo no cobraba, pero el partido ya estaba jugao por plata antes de entrar.»
FUENTE PAGINA 12 23/9/02


-¿Hay diferencias notables entre los jugadores de antes y los de ahora?
-Pa’ mí sí. Pa’ mí, en general, a nivel mente, había mejores jugadores antes que ahora; a lo mejor alguno lo supera mano a mano, como ser Supan, los Ross, que dicen que pegan con efecto -yo quisiera haberlos visto hace 30 años atrás a ver si le hubieran pegado con efecto-, pero de ahí no pasa, dos o tres jugadores, no más. Te digo, en Villa Cañás había treinta jugadores buenos; ¿cómo los de ahora?, no sé, pero eran jugadores. La gente jugaba, jugaba en pata, descalzos, no se podía jugar en alpargatas porque si no con qué salía a la noche o a la tarde. Y, ...ha cambiado todo.
-¿De la actualidad, qué jugadores le gustan?
-A mí, de todos los jugadores, los que más me gustan son: Supan y Romano -es de Azul ese chico-. Pa’ mí son los que más juegan.
-Cuando era joven, ¿tenía algún ídolo?
-No. Yo no tenía ídolo. De los viejos que yo conocí, de la época de nosotros, había un gran jugador que era Nestor Delgui, pero este jugaba en cerrada (cancha), no en abierta como nosotros. Yo jugué en cualquier cancha, pa’ mí era lo mismo; ellos, en cambio, eran grandes jugadores en cerrada, no conocían la abierta.
-¿Le hubiera gustado ser otra cosa?
-¡No!; estoy contento. Estoy contento porque estoy lleno de amigos, toda la gente me quiere, pa’ colmo soy medio chistoso, me gusta decir versos.
-¿Quiere decir que sí naciera de nuevo no cambiaría nada?
-No cambio nada, todo lo contrario; ¡no! Ojalá naciera de nuevo para poder jugar, no lo que jugué antes sino la mitad. Yo no juego nada ahora.
-¿Todos los partidos tenían el mismo interés para Ud., o a algunos los consideraba más importantes que a otros?
-No, no; la mayoría, porque yo era un hombre, si se quiere, buscao en los pueblos. Había un partido y me llevaban a mí pa’ hacer taquilla, muchas entradas. En cambio ahora no, Ud. trae cuatro buenos jugadores y tiene que pagarles 10 o 12 millones ($1.000 o $1.200), si no le paga no hay partido. Entonces no, había que buscar la plata y ponérsela uno; si ganaba, ganaba; si perdía, salía seco. Tenías que tener la tuya. Yo era un jugador de plata.



El dinero



El periodista le pregunta -Por nada no jugaba...
-Yo al pedo no jugaba. Podía jugar de gusto porque había que hacerle un homenaje a una persona, porque hacía falta una plata para una señora vieja, un hombre enfermo o mil casos. Entonces yo no cobraba, pero el partido ya estaba jugao por plata antes de entrar. En vez de jugar 1 millón de pesos como se juega ahora, jugaba 100 pesos; en aquel tiempo era mucha plata.
-¿Ha ganado mucho dinero?
-¡Fortunas! Ahora no tengo nada. La tiré. ¡Y si nunca trabajé!
-¿Es un bohemio, Manco?
-Sí, toda la vida. Nunca trabajé, me recorrí toda la Argentina durante 50 años, desde que salí que tenía 14 años hasta ahora que tengo 65.
-¿Ahora de qué vive?
-Me jubilaron hace un mes y medio.
»Teodelina me está dando bola, si se quiere, ahora que soy viejo. Antes la gente decía que era un vago. Eso me lo pregunté yo. Yo fui vago.»
-Me comentaron que de vez en cuando lo invitan a algún programa de radio capitalino.
-Tengo mucha amistad con Antonio Carrizo. Ahora hace mucho que no lo veo, como 3 años; tengo que ir.
Vos sabés que, la última vez que fui, estuve hablando una hora y media de mí. Por radio es difícil. Por ejemplo, estoy hablando con vos, si me equivoco en algunas palabras no pasa nada, pero allá tenés que... todo exacto.
Esa vez que fui estaba en radio Rivadavia.
-Cuando jugaba un partido en otra localidad y ganaba plata, ¿Ud. se quedaba un tiempo en ese lugar?
-¡No! Yo terminaba ese partido y amanecía cantando y chupando; al otro día tenía que ir a jugar a Vedia, a Colón, a Venado Tuerto...
-¿Era resistido por la gente de Teodelina, era mal visto este deporte? (Se entremete el fotógrafo)
-Teodelina me está dando bola, si se quiere, ahora que soy viejo. Antes la gente decía que era un vago. Eso me lo pregunté yo. Yo fui vago. Vos hablabas de mí, del Manco, pa’ ellos yo era un..., ahora se dan cuenta. Yo me río, tal es así que hace 50 años que falto de este pueblo y nunca cambié de domicilio, y no lo voy a cambiar hasta que me muera. Hace 37 que vivo en Chascomús y voto en Teodelina y soy radical.



El Maravilloso Juego de Vivir
Vivió con los húngaros; ellos lo apadrinaron durante dos años. Es un enorme bebedor, por sobre todo, de cerveza.



Siempre tuvo locura por los anillos de oro, estimulan su fantasía.
Sus allegados comentan que cada partido suyo era una particular anécdota.
No sabe leer ni escribir aunque leyó y escribió en la historia nacional e internacional de la Pelota a Paleta, de tal manera que se lo considera un ídolo de este deporte típicamente argentino.



Ganó mucho dinero, pero ahora vive con lo justo. Tiene registradas en su haber gloriosas experiencias, un motón de amigos diseminados por todo el país, y la personalidad de un hombre que pudo haber defraudado a quien esperaba de él una conducta formal y una actitud de vida conservadora, pero jamás a sí mismo, porque jugó a la paleta, se movilizó dentro y fuera de la cancha, y expresó sus pensamientos con plena autenticidad.



El Sr. Oscar Mesina -el ‘Manco de Teodelina’- hizo de su vida un juego, y del juego -la pelota a paleta- algo serio; aunque no tanto, como para impedirle disfrutar del maravilloso juego de vivir.
Anécdotas del ‘Manco de Teodelina’ (Contadas por Juan Carlos -Salamín- Medici)



-En el año ’62 le gana en una cancha cerrada de Uruguay, donde la pared de la zurda es más larga -tiene un cuadro más- que en las canchas argentinas, al Sr. Bernal, a quien le decían ‘El Perro’. A este no había hombre que le ganara; el Manco fue y le ganó un partido a 75 tantos. Creo que jugaron más de dos horas. El mismo Bernal lo paseó, terminado el partido, por toda la cancha sobre los hombros, porque era una cosa de locos haberle ganado al campeón uruguayo, a ‘El Perro Bernal’



El Manco no asistía a los campeonatos porque no le gustaba jugar por trofeos, le gustaba jugar por plata. Cuando se enfrentaba con los campeones del mundo o argentinos les ganaba; pero no le interesaban los trofeos. ¿Sabés cuáles eran los trofeos del Manco? Los anillos. Cada plata que ganaba compraba anillos de oro, de plata, con piedras preciosas, de lo que fuera. Los anillos son una fantasía de él. Es un enloquecido del oro.



Un día, fuimos a Rosario, pasamos por una joyería y ve en la vidriera un mate muy grande de plata -de tamaño muy especial- con una bombilla de plata cuya punta, creo, era de oro. Entró a la joyería -yo me quería morir, «éste que va a hacer ahí»-, y preguntó: ¿¡Cuánto vale ese mate!? Le dijeron un platal, qué sé yo la plata que era. Si gano esta noche -concluyó- vengo mañana y lo compro. Fuimos al club Gimnasia y Esgrima, ganamos los dos partidos y al otro día fue y lo compró.



En el año ’68 o ’69 Santos Belluso y el Burro Gervasoni (entrerriano) habían ido a España y habían salido campeones del mundo en cancha abierta. Nosotros le jugamos en el club Central Córdoba de Rosario, en una cancha muy parecida; nunca se había visto tanta gente en una cancha de paleta, ni en el club Gimnasia cuando se jugaban los campeonatos argentinos.



Y bueno, le ganamos nosotros; ¿les ganamos nosotros...? ¡Les ganó él! ¿Cómo hizo? Lo pasaba a Belluso, no le dejaba tocar una pelota ; el delantero era Belluso, y al otro lo mató a palos. Para lograr esto tiene que pegarle siempre con igual fuerza para ponerla 60 o más veces a la misma altura. Palo, palo y palo, te imaginás, un partido que duró dos horas no lo pudo aguantar. A los 18 tantos se tiró al suelo. El Manco me había dicho antes de empezar el partido: a los 20 tantos tiene que estar en el suelo, al Burro lo voy a matar a palos. Y así fue.



Para ese partido él me hizo un redondel en la cancha con una tiza y me dijo: vos te parás ahí nomás y atajá las que van ahí. En un tiro me dijo: tirá al tambor. Yo le contesto: «si la tiro a mala vos me matás», «¡te mató igual!» me respondió instantáneamente. Cosas así tenía él. Era y es un tipo muy rápido mentalmente. Otra:-Yo tenía que ir a jugar a Pinto contra un tal Cepillo y un muchacho que jugaba muy bien, era bancario. Cantinfla me llama por teléfono para que vaya a jugar. Se armó el partido para el domingo. El sábado a la tarde me llama el Manco y me dice: vos mañana tenés que venir a Venado. Pero yo quedé con Cantinfla... ¡Qué Cantinfla ni macana!, vos vení acá porque yo te digo que tenés que venir y nada más. Cantinfla que espere, que haga partido para otro día. Yo te digo que no y no, vení para acá que acá está la papa.



Llego el domingo a la terminal de Venado y lo encuentro dormido sobre una mesa redonda cubierta más de la mitad de botellas. ...Me digo: anoche había jugado... ¿Y este qué habrá hecho? ¿A qué me llama a mí? ¡Me quiero morir! Son las 9 de la mañana; el conserje dormido en una banqueta, apoyado en el mostrador, y este dormido... ¿Qué pasa acá? Más de treinta botellas en la mesa -tenía la costumbre de decirle al mozo: deje las botellas ahí, corra las vacías a un costado y deje la que trae; y no pedía vaso porque tomaba del pico.



Siempre tenía amigos para compartir estos momentos.
Lo toqué y se despertó. ¡Ah! ¿¡Viniste, menos mal eh!? ¡Qué Cantinfla! ¿Qué no les voy a jugar a estos paisanos?; ¡ya les gané ayer y hoy gano la final! Esos partidos eran contratados para hacer exhibiciones y se jugaban torneos. Juego a las once y pico -continuaba-, tengo tiempo de bañarme; y esta tarde vamos a hacer algo, va a picar alguno. Lo llevé al baño, se metió en el agua caliente y salió al ratito, se hizo masajear con alcohol alcanforado los brazos y las piernas. Entró a las once y media, doce menos veinte, a jugar y a la una y diez ya los había despachado. Si vos hubieras visto lo que jugó...



Cuando fuimos a comer -en el segundo piso de la cancha de paleta se servía el asado para todos los pelotaris- me dijo: Yo voy a desafiar con otro y no me van a jugar, después les desafío con vos y van agarrar viaje. Con vos, les gano más fácil que con el otro, pero callate la boca; amagá que vas a comer pero no comas mucho, comé apenas un cachito y tomá un poco de jugo. Yo voy a hacer lo mismo. Ahora es el momento de ganar mucha plata.



El delantero le pegaba bajito y eso facilitaba la cosa. Mirá qué lindo -me dijo-, en una cancha grande que le pegue bajito; mirá qué linda ‘pa mí, mirá qué linda papa. La pelota pegaba a dos metros de altura del frontón, por más fuerte que vaya es una pelota que vuelve bajo, en esas canchas altísimas tenés que levantarla. Ahí se jugó la plata que tenía y la que no tenía.
Fuente: Revista “Pan” Nº1 – Invierno de 1996

Recitado homenaje al manco escuchar en http://www.solopaleta.com/notas/nota.asp?idnota=738

Fuentes de Información - La leyenda del manco de Teodelina

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10 comentarios - La leyenda del manco de Teodelina

@cantorodado Hace más de 7 años
que groso el manco !!!!!
@Juani_28_92 Hace más de 4 años
Genio!! te dejo 10
@kingera_24 Hace más de 3 años
Los tiempos de los Utge en Olavarría

Nunca los escuche nombrar le voy a preguntar a mi viejo, una vuelta me conto de uno que le decian el manco que vino a jugar tamb capaz que es el. +10
@dinogh14 Hace más de 3 años
"Me imagino que debe ser feo trabajar, porque hasta pagan para que uno lo haga.” de lo mejor que he escuchado. muy bueno che + 10
@Kapo1975 Hace más de 2 años
Acabo de leerselo a mi viejo. Mi viejo era de Maggiolo, un pueblo cercano a Venado Tuerto, y ya habia escuchado hablar de el cuando era pibe. El lo vio jugar en Defensores de Hurlingham contra los hermanos Olite. Les jugo el solo y solo utilizando la mano derecha... y les gano. Me dice que era de no creer como jugaba...
Lo recomiendo.
@Kapo1975 Hace más de 2 años
Y tambien te dejo unos puntos! Que tanto joder mierda! +9
@Uli1997 Hace más de 2 años
jaja recien lo encuentro,te dejo 10 porque me encanta el deporte Pelota a paleta,Yo tengo un trofeo de SuB-campeon de la pampa que esta hecho a mano y es el Manco,un groso el loco!!
@EL_kdte Hace más de 2 meses
muy bueno, no conocia la historia buscando paletas para compra por internet llegue aca