El Fascismo y el Nazismo como movimientos de Izquierda:
http://www.taringa.net/posts/info/963810/El-Fascismo-y-el-Nazismo-como-movimientos-de-Izquierda.html

Hay dos constantes ideológicas en el fascismo y en el comunismo que el otro día dejé en el tintero y que me gustaría anotar aquí. Se trata de dos componentes ideológicos que identifican y ligan a ambas corrientes totalitarias con especial fuerza, mucho más, como veremos, el segundo que el primero.

1. El culto al líder.

María Esther Vázquez, biógrafa de Jorge Luis Borges, refería con sorna algunas de las ridículas proclamas con que la propaganda oficial llenó la Argentina durantes los años de plomo del peronismo: “Perón cumple, Evita dignifica”. ¿Cúmple qué cosa, dignifica a quien?, se preguntaba escandalizada la escritora porteña. Para un dictador, eso es lo de menos: no es necesario sonar inteligente porque de lo que se trata es de colmar la vida pública con la imagen del líder, hacerla consustancial a la mera existencia de los ciudadanos transformados en súbditos. Esa táctica de propaganda masiva, de aplastamiento de las conciencias individuales, de suplantación de la identidad propia por la identidad colectiva encarnada en la personalidad y la imagen del líder y los símbolos del partido es uno de los puntos de confluencia más conspícuos del fascismo y socialismo.

Fruto de esa visión providencialista de la figura del líder, los totalitarismos de uno y otro signo han recuperado una figura singularmente relacionada con el Antiguo Régimen como fuente de legitimidad política: la sucesión hereditaria. La legitimidad, hurtada al parlamento (que se identifica con la decadente democracia liberal y burguesa tanto por el nacional-socialismo como por el internacional-socialismo) no puede dimanar de órganos humanos y ha de ser confiada a la perpetuación de una estirpe, a la mera biología. Los fascismos originarios, el de Mussolini y el de Hitler, no gozaron de tiempo para perpetuarse en la forma de dinastías y, entre los fascismos más o menos convencionales, hoy prácticamente erradicados de la faz de la tierra, no cabe hallar otro ejemplo que el de los Duvalier en Haití; en las tiranías de izquierda, sin embargo, esta evolución institucional propia de las monarquías absolutas se ha convertido en una costumbre muy extendida. Citamos aquí el excelente artículo de Alan Reynolds en El Cato: 3

dijo:

Los dictadores fascistas usualmente colocan imágenes gigantescas y estatuas de si mismos en cada esquina importante de las calles. También lo hacen así los dictadores comunistas. Y también lo hacen así los teócratas que aspiran a ser dictadores fascistas, tales como Hassan Nasrallah de Hizbolá (el “Partido de Dios”) y Osama bin Laden.

Una vez que se toman el poder, los dictadores fascistas terminan tratando de establecer dinastías políticas, tales como la de “Papa Doc” Duvalier de Haití quien dejó su poder a Baby Doc. Los dictadores comunistas, en cambio, resultan tratando de establecer dinastías políticas, tales como la de Kim Il Sung quien ha dejado su poder a Kim Jong Il. Fidel Castro de la misma manera pretende que Cuba y sus sirvientes permanezcan siendo la propiedad privada de la familia Castro.

Una monarquía totalitaria hereditaria no es una idea nueva radical—era muy familiar para Louis XVI y para Maria Antonieta. Pero aún así al Comandante Castro y al Coronel Qaddafi de Libia se les ha permitido describir su dictadura militar como una dictadura “revolucionaria” en lugar de una reaccionaria. Fidel describe a su hermano Raúl como “más radical” porque él asesinó a más personas que él. De acuerdo a aquél estándar, Pol Pot, Stalin y Mao Tse-Tung deben haber sido unos tipos verdaderamente progresivos. Ni hablar de Hitler o de Attila el Uno.



2. El antisemitismo.
Más arriba hemos citado a Hanna Arendt. Esta sobresaliente politóloga y filósofa, una de las más profundas analistas del fenómeno político y social del Totalitarismo, vio en el antisemitismo la verdadera raíz común de las dos ramas de la izquierda que aquí hemos dado en llamar nacional e internacional-socialismo. El nazismo original pasó a la historia, sobre todo, por su despiadada persecución de la raza hebrea y por el asesinato en masa a que sometió a la misma; sin embargo, aunque maquillado por la propaganda, el antisemitismo de la izquierda, desde el comunismo soviético hasta los modernos movimientos de la izquierda antisistema, no es menos virulento ni menos visceral que el de los nazis. Para entender la razón tendremos que recurrir a la Historia del torturado pueblo de Israel. Tendremos que hacerlo muy esquemáticamente, porque el asunto, enfocado como debe, daría para varios volúmenes.

Durante la Edad Media, el pueblo judío, socialmente muy avanzado en aquella época debido a la antigüedad enorme de su cultura, había visto cómo se le vedaba el acceso a la propiedad de la tierra y a buena parte de los oficios manuales, controlados por corporaciones relacionadas con la Iglesia cristiana. Esas prohibiciones obligan a los judíos a obtener sus frutos, ya que no de la tierra que no pueden poseer, del dinero y por eso, y también por causa de su gran dispersión territorial (otra necesidad hecha virtud, ya que de todas partes se les expulsaba), fundaron las primeras bancas y casas de cambio, creando de este modo la economía financiera moderna. La creciente monetarización de las economías hizo crecer la fortuna de los judíos y, acompasadamente, la antipatía que los gentiles sentían por ellos. Renán lo describe con precisión: “el medievo reprocha al judío la profesión a la que lo ha previamente condenado”

Bien puede decirse que el pueblo judío, como factor dinamizador del mercado y de la internacionalización, es una de las causas históricas del capitalismo y de la sociedad burguesa. No es nada extraño, pues, que Karl Marx volcase todas sus antipatías contra ese factor originario de la sociedad que intentó demoler filosófica e ideológicamente. En “La Cuestión Judía” Marx sistematizó su odio a todo lo judío (que, en término que ha hecho fortuna, cabe calificar de auto-odio, por cuanto Marx era de origen semita) basándose en ideas que ya podían rastrarse en Fichte y en Hegel. En la época de la Revolución de Octubre, el propio Lenin apostilló a Marx: «Quien quiera que directa o indirectamente proponga el lema de una cultura nacional judía es un enemigo del proletariado». Quedaba, pues, sembrado el germen del antisemitismo como uno de los referentes intelectuales más profundos y basales de la ideología de izquierda, por cuanto el pueblo judío era la encarnación del enemigo por excelencia: la sociedad burguesa.

Hitler y su Partido Nacional Socialista de los Trabajadores Alemanes no tuvieron más que recoger la mies brotada de aquel germen. El propio Hitler dejó escrito que su propósito no era superar el marxismo, sino ponerlo en práctica. El odio al pueblo judío era una de las más evidentes formas de hacerlo, revistiéndo de lucha de razas (torciendo, por cierto, la historia y la etnografía, por cuanto el pueblo judío no es menos ario que el germánico, ya que ambos proceden del solar originario del pueblo ario, las faldas del Paropamiso) lo que no era más que la lucha de clases enunciada por Marx. Hitler destruyó al pueblo judío mientras se aliaba con el pueblo italiano, siendo tan escasamente ario el segundo como el primero según la peculiar visión nazi de la pureza racial. Pero la banca y la gran industria alemanas no pertenecían a los italianos y sí a los judíos. El viejo prejuicio antisemita medieval afloraba de nuevo.

A día de hoy, el antisemitismo es una de las nada disimuladas banderas de la izquierda internacional. Los intelectuales de la izquierda caviar miman al Islam (que no es otra cosa que el moderno nazismo) mientras nos alertan del siempre inminente peligro de la conjura hebrea y la dominación sionista. Al mismo tiempo, líderes europeos de izquierda que pasan por ser moderados y socialdemócratas se envuelven en la palestina , le encienden sahumerios a la memoria del terrorista Arafat y claman, desde la ONU, por la concesión de más ayudas y más impunidad para los cachorros de Hamas y de la Jihad. Hitler, desde su sitial en los infiernos, les mirará con aprobación, puede que incluso con regocijo.

Fuente:
http://www.freelancecorner.net/2007/04/02/pequena-addenda-al-articulo-del-otro-dia-sobre-socialismo-y-fascismo-ultimas-reflexiones-sobre-etologo/