Un Poco de Historia del Pueblo Ranquel


En 1795, el cacique Carripilun junto a Llanguelen y otros veinte jefes firmó importantes tratados de paz con Simón de Gorordo, en la frontera de Córdoba.

Años después el mismo cacique reconocido como líder principal en las naciones de las pampas, puso a disposición del Virrey Sobremonte 3000 lanceros para la defensa de la ciudad de Buenos Aires frente a los ingleses, aunque el virrey prefirió la huida.

La hegemonía de Carrpilun dió por resultado que para la fecha de su muerte en 1820, el termino rankulche ya era sinónimo de mamulche.

Una muestra de la importancia que tuvo la nación ranquel en el conjunto de la Argentina es la vista que Feliciono Chiclana, en nombre del Supremo Gobierno de las Provincias Unidas, efectuó a Carripilun en 1819 para solicitarle que no dejara pasar a los contrarrevolucionarios españoles por su territorio.

Mas adelante, los ranqueles resistieron con éxito la expedición planeada por Juan Manuel de Rosas, pudiendo detener a la vez a Ruiz Huidobro en San Luis,, a Aldao en el paso de la Balsa, y a Rosas en el Rio Negro. El poder bélico y económico ranquelino alcanza sus picos mas altos durante los liderazgo de Yanquetruz, Paine, Paguithruz, Guor, ramon y Baigorria.

Numerosos jefes entre quienes liberaron la alianza indígena pan-patagónica pertenecían a la nación ranquel. Tan grande fue su influencia que inclusive en Chile existe hoy una parcialidad rankul, y entre las expresiones religiosas mapuche que hoy se practica en la región cordillerana tiene gran importancia algunas de origen rankul, como el choique purrun o baile del ñandú, y la creencia en Soychu como dios creador.

La campaña del desierto conducida sucesivamente por Mitre, Alsina, Avellaneda y Roca es una historia de pactos y traiciones consecutivas, que empezaron a perpetrarse contra los nombres de Cabral, Nahuel, Epumer y Baigorrita. De esta manera, los ranqueles fueron los primeros en sufrir el destierro y las reparticiones entre las familias pudientes y las haciendas de Buenos Aires y el norte del país.

Los descendientes exiliados y esclavizados de aquellos ranqueles forman hoy parte del pueblo de Tucumán, Mendoza, La Rioja, San Juan, Salta, Jujuy, Córdoba, Buenos Aires y Santiago Del Estero.

En este contexto de ausencia de respeto por la dignidad humana, el teniente Racedo mandó a desenterrar de Leuvucó los restos de Mariano Rosas, y se los regaló a Estanislao Zeballos, quien coleccionaba estas clases de relíquias, una práctica que se condena con el término Huaqueo. Se encontraban en museo de Ciencias Naturales de La Plata y ante el reclamo de pueblo indígena de La Pampa el Estado argentino se los a devuelto.


Yanquetruz


En 1812 los ranqueles estaban gobernados por Máscara Verde que recibe en 1818 en sus toldos, al cacique Yanquetruz que venía de Chile con fama de gran guerrero. La organización guerrera que tenían los ranqueles se ve reforzada y perfeccionada con la llegada de este personaje que pronto se haría célebre en las pampas. Todos los indios de 16 a 50 años formaban el grupo de pelea. Los grupos podían variar entre 10 y 30 a las órdenes de un capitanejo que dependía del cacique principal. A la muerte de Máscara Verde fue elegido para sucederle en el mando de la tribu, el recién llegado. Su primer gran asalto aliado al emigrado chileno Carreras, fue el de la población de Salto. Predominó allí la ferocidad y el botín fue cuantioso.

Durante la expedición de Rosas al desierto el grupo o columna comandado por el Aldao y la de Huidobro, tenían a su cargo el exterminio de los ranqueles, pero, Yanquetruz conocía el desierto y Huidobro, que fue el primero en sentir en carne propia la furia de los ranqueles. El choque se produjo en un paraje denominado Las Acollaradas. Recibe este nombre por tratarse de dos lagunas que se comunican entre sí.

Fue una batalla sangrienta con pérdidas graves para uno y otro bando y en la que no hubo definición. Claro que en pocos días la situación se definió a favor de Yanquetruz. Rápidamente supo sacar ventajas del conocimiento que tenía del territorio desorientando a las tropas, no dejándolas llegar a los lugares donde podían encontrar aguas, realizando una especie de guerra de guerrillas, dispersándole el abastecimiento. De esta forma Yanqueturz quedó como vencedor y Huidobro tuvo que retirarse del desierto totalmente derrotado.

Luego y en forma muy veloz, el cacique ranquel atacó al grupo que desde Mendoza y a las órdenes de Aldao, tenían también orden de destruir su ulmanato. Siempre usando el desierto como aliado tuvo al grupo aproximadamente seis meses vagando por el desierto y cuando ya los considero derrotados cayó sobre ellos en el Chadileuvú en un lugar denominado Vado de la Balsa, pasando a cuchillo a oficiales y soldados.

El testimonio de uno de los soldados que hubo de enfrentarse a Yanquetruz es el siguiente:” Es difícil que en toda América haya hombres más prontos y de más inteligencia y perspicaz vista para esta correrías de rapiña que estos indios y al mismo tiempo de más serenidad, intrepidez y cordura para presentarse ante el enemigo con sus armas tan indefensas, cargarlo, confundirlo con su algazara y estrépito, pensarlo con la mayor prontitud”.

En 1834 volvía Yanquetruz a invadir San Luis. Fue su último malón. Poco tiempo después muere sucediéndole en el ulmanato Painé Guor. Yanquetruz se convierte en leyenda, y en el cacique más importante de Las Pampas luego de Calfucurá. Prueba de ello es que el señor de Salinas tuvo que contar siempre con el de Leuvucó y no se animó jamás a enfrentarlo como si lo hizo con muchos otros caciques.




CALFULCURÁ

Principales Caciques Ranqueles


Calfucurá como lo escribe Zeballos de Callvu = azul y curá =piedra. En 1835 llegan noticias de que se acerca una caravana de más de 200 indios de los que practicaban el comercio. Los mismos piden permiso para entrar en territorio poblado por los vorogas.”Evacuada esta ceremonia, de conveniencia política y comercial, cada uno toma noticia del lugar donde vive la persona a quien viene dirigido, ya por parentesco, ya por recomendaciones que trae y entonces queda disuelta la caravana”.

Rondeau había establecido una fecha para el parlamento con los indios comerciantes y por tanto estaba rodeado de sus caciques y capitanejos. Cuando se divisó la nube de polvo que anunciaba a los visitante ya era tarde para voroganos. “ Los recién venidos descendieron el médano a la furia de los caballos, blandiendo sus formidables lazas y atronando los aires con feroces alaridos. Los humildes caminantes se transformaron en sangrientos enemigos”. Era el 8 de septiembre de 1834 cuando Calfucurá se convertía en cacique general del inmenso imperio de las pampas.

Posteriormente a tan audaz golpe de mano trata de captarse la buena voluntad de los otros grupos del desierto. Entre ellos los más importantes eran los ranqueles.

También hubo de enviar representantes a Rosas para justificar el ataque a los vorogas y comunicar de su nombramiento como jefe de las pampas. Rosas aceptó la embajada y ajustó la paz asignándole: “una anualidad de 1500 yeguas, 500 vacas, bebidas, ropas, yerba, azúcar y tabaco para él y su tribu. Así, en pocos años, Calfucurá robusteció la población de su naciente imperio. De su carácter se dice que : es muy popular, trata a todos con amabilidad, dándoles a unos el titulo de hermano, pariente o cuñado, a otros el de tío , primo o suegro. Pero la sola idea que tienen los indios de que adivina, es suficiente para que se apodere de todos o un respeto profundo o un terror espantoso... Su carácter altivo, supersticioso y zalamero lo hace mas temible aún...”. Tal era el fundador de la Dinastía de los Piedra.

En tanto fue el jefe indiscutido del Desierto, Calfucurá mantuvo una doble política: por un lado era el aliado del gobierno de Buenos Aires, pero, cuando ese gobierno se debilitaba los malones arreciaban sobre las fronteras. Mientras mantuvo su alianza con Rosas, la guerra la llevó a las fronteras de las provincias que no estaban de acuerdo con la política del caudillo porteño. Cuando cayó Rosas, fue Buenos Aires la recibió a las hordas. Realizó también un tratado de paz con Urquiza y como prenda de esa paz, Calfucurá le envió a su hijo Namuncurá, que fue bautizado bajo el nombre de Manuel, siendo padrino el propio Urquiza.

En 1855, las hordas de Calfucurá asaltaron Azul en uno de los malones más tremendos que conoce la frontera. El Coronel Bartolomé Mitre fue el encargado de realizar la persecución y el castigo. Cayó sobre los indios en Tapalquén derrotándoles pero, se entretuvo en el saque del aduar y esto, permitió a los indígenas recompensarse y volver a cargar siendo muy pocos los soldados que se salvaron de lo que constituyó una verdadera masacre. No obstante, los que pudieron huir lo hicieron ordenadamente, de noche, marchando todos a pie para que los indios no sospechasen la fuga y montaron recién a unas cinco leguas llegando a Azul.

En 1856, desde Tapalquén, el Coronel Emilio Mitre parte en una campaña para enfrentarse al jefe de los pampas. Sucede el encuentro al pie de la Sierra de San Jacinto, cerca del río Tapalquén. Una vez más el conocimiento perfecto del terreno dio la victoria a Calfucurá que llevó al ejército nacional a penetrar en una zona de pajonales que ocultaban un tembladeral. Quedan en el campo 18 jefes y oficiales, 250 soldados muertos y 280 heridos además de las perdidas en caballos, armas y municiones.

Posteriormente los indios invaden Rojas y Pergamino en otro malón feroz. Arreaban 60000 cabezas de ganado cuando, cerca de Melincué, fueron alcanzados por las tropas nuevamente a las órdenes del Coronel Emilio Mitre. Por primera vez fueron derrotados los lanceros de Calfucurá desde que este se había instalado en Salinas.

Poco tiempo después el general Rivas iba a enfrentarlos en San Carlos con una extraña mezcla de gente en su ejército pues al lado de 665 soldados actuaban 1000 indios de la tribu de Catriel y Coliqueo.

El propio Calfucurá comanda esta vez a sus hombres e incluso parece decidido a terminar con los huincas ya que cuenta con las tropas de Catriel se pasarán a su bando pero, no ocurrió lo que el gran jefe pensaba y hubo de retirarse a sus tolderías con bastante botín no obstante que Rivas le había quitado 70000 vacas, 15000 caballos y todas las ovejas, quedando 300 indios muertos y 200 heridos.

El 3 de junio de 1873, el temible cacique de las pampas moriría en Salinas dejando pendiente el problema de la sucesión.

Concurrieron al gran parlamento para elegir quien sería el señor de las pampas, 224 caciques. Primero se elegirá un triunvirato, compuesto por los caciques Manuel Namuncurá-Bernardo y Alvarito Reumaycurá.

De los 3, el único realmente digno de suceder a Calfucurá era su hijo: Namuncurá. Además era muy respetado por sus pares por lo que , primero en forma de representante del triunvirato y al poco tiempo en forma permanente y única fue quien sucedió en el mandato a Calfucurá.





NAMUNCURA

La Pampa

En 1857 Calfulcurá envió a su hijoManuel Namuncurá a Paraná para que sigiera sus estudios en el Colegio de Uruguay. Urquiza fue su padrino. A pesar de la campaña de Alsina continuaron los malones de Namuncurá, Reumay, Pincén, Manuel grande, Tripailao y Ramón Cabral (o Ramón Platero). Pero ya los indios se hallaban en inferioridad de condiciones. el nuevo armamento les causaba grandes bajas, las pérdidas de las aguadas de invierno para su ganado les hacia pasar hambre, la falta de ganado para comerciar con Chile les privaba de ropa y provisiones.

Namuncura se refugió en los tierras de su tío Peuquecura, por el río Pichileufu en Neuquen . Los restos de ranquelinos se asentaron con el Pincunche Zuniga en el río Agrio .El Pehuenche Purran pernacía alrta por Loncopue Shayhueque, el Manzanero, quedo pacífico en la confluencia del Caleufu y Calloncura.




Painé Guor
yanquetruz


Había nacido en Huada, laguna situada cerca de Leuvucó. Gobernó desde 1835 a 1847. Según Zeballos, Painé era un excelente representante del tipo físico araucano. Además fue el fundador de la Dinastía de los Zorros en la pampas. Era más alto que el común de los indígenas, “ ... robusto, imponente, cara ancha, grande y aplastada”, de fuerte vozarrón. Su mirada era penetrante evidenciando al conocedor de hombres o sea al dirigente nato.

El primer acto de su gobierno fue reunir, a fines de 1838, en Leuvucó, un parlamento indígena. Tenía por finalidad el confirmar en su autoridad a Painé y decidir sobre el cacique Yanguelén que había desertado de los toldos ranqueles por diferencias con Yanquetruz y se había colocado al amparo del gobierno de Buenos Aires. Luego que el parlamento confirmó los planes de Painé, se organizó la expedición que luego de algunas escaramuzas, cayó sobre los toldos de Yanguelén, y éste fue tomado prisionero. Fue juzgado “... por la asamblea de sus iguales, en honor de su jerarquía y para salvar responsabilidades ulteriores ante los parientes y amigos del reo, que suelen ser muchos, públicos y solapados en la corte misma”. El veredicto de esta asamblea fue que se lo ajusticiara por traidor.

En Leuvucó, Painé Guor( zorro celeste) ocupaba con su toldo y cinco más que albergaban a sus mujeres y personal de servicio, la orilla de la laguna que era más profunda y el agua más clara. Respetaba profundamente a Baigorrita, un Unitario refugiado en su tribu y que se había convertido en cacique por méritos propios ya que había enseñado a los ranqueles a cultivar la tierra y los había perfeccionado en el arte militar. Por simpatizar con los unitarios, o por el hecho de retener Rosas a su hijo mayor, Painé odiaba a Don Juan Manuel por lo que en sus toldos se albergaban muchos que huían del señor de Palermo.

Las noticias que se dan sobre Painé expresan que no era cruel y sanguinario. Sus órdenes no se discutían ni en la guerra ni en la paz. Mandaba aproximadamente 1000 lanzas de pelea y con él el ulmanato de Leuvucó llegó a su máximo poderío.

En varias oportunidades Rosas le propuso cambiar a Baigorrita por su hijo (Mariano Rosas) pero Painé, fiel a la promesa hecha al unitario nunca lo entregó aunque, según las noticias dadas por algunos cautivos, no se llevaban muy de acuerdo ambos hombres.

Painé tampoco tenia confianza en Calfucurá, dado que el cacique de Salinas pretendió en varias oportunidades enseñorearse del ulmanato ranquel cosa que no había podido realizar en vida de Yanquetruz. Para reforzar el statu quo existente, Painé logró casar al hijo de uno de sus caciques con una sobrina de Calfucurá. No obstante esta alianza reforzó militarmente la frontera entre ambos cacicazgos.

Al morir Painé de un ataque al corazón, le sucedió en el mando su hijo Calvaiú. Este ordenó la ceremonia fúnebre que es única, al menos de acuerdo con las noticias que se tienen, en el mundo ranquel. Se sabe que los ranqueles realizaban sacrificios de animales a la muerte de un personaje importante, se tienen noticias de la inmolación de los médicos que atendían a los enfermos o de la esposa favorita, pero no de una hecatombe como la realizada durante las exequias de Painé.

Rex Gonzáles comenta que se trató de hacer algo así como una casería de brujas entre los toldos ranqueles pues ellas se habían ensañado con el cacique de mas nombradía.

Además en esta ceremonia no solo se mato a supuestas brujas sino a la esposa mas joven y favorita del cacique. En total, y según las noticias que da Avendaño se cree que se mataron treinta y dos mujeres. Estas mujeres fueron sacrificadas de a ocho por ves en las cuatro paradas o estaciones que se hicieron desde el toldo del cacique hasta el lugar de su entierro a unas seis cuadras del mismo. El último grupo fue sacrificado al borde de la fosa abierta para recibir el cuerpo de Painé.

Se sabe que entre las creencias ranqueles el número 4 tenia una significación especial y cualquiera de sus múltiplos era sagrado. En su cosmología 4 eran los cielos y 4 las tierras por lo que el número era considerado mágico y ritual.

También fueron importantes las ofrendas que se ofrecieron al cacique recién fallecido. Espuelas de plata al igual que los estribos de su caballo favorito. Su montura, sus mejores ropas, caballos de pelea y gran número de ovejas. El cadáver de su esposa fue colocado en la misma fosa y al lado izquierdo del cacique.





Mariano Rosas

painé


Nota sobre Mariano Rosa por Patricia Nora Gómez

“Las exequias que los Ranqueles han hecho al cacique Mariano Rosas, muerto hace unos días han sido verdaderamente regias. El cuerpo de Mariano ha estado expuesto a la puerta de su toldo por espacio de veinticuatro horas y lo rodeaban más de doscientas mujeres que lloraban como las antiguas plañideras. Todos los objetos de que se servía en vida, estaban a su cabecera, es decir el apero, lazo, boleadoras, etc. A las veinticuatro horas después de haber dejado de existir fue llevado a su última morada, acompañándolo todos los indios de Ramón, de Caiomuta, de Epumer y Baigorria . Las mujeres lloronas, seguían las angarillas, en que iba conducido por cuatro mocetones. Llegado que hubo el cortejo al sitio donde debía ser sepultado el cadáver, varios cautivos e indios procedieron a abrir un gran hoyo. Mientras unos hacían esta operación, otros degollaban tres de sus mejores caballos del finado y una yegua gorda. Después de haber concluido de abrir el hoyo, se hicieron las ceremonias de estilo. En la fosa se sepultaron los caballos, la yegua, varias prendas del finado, etc., para que pueda emprender el largo viaje con felicidad. Encima de todo se puso el cuerpo de Mariano, y los primeros que echaron tierra sobre su cadáver, fueron los capitanejos. En ese mismo lugar han pasado dos días, las mujeres llorando, y los hombres desechando penas, es decir emborrachándose. He aquí como cumplen sus últimos deberes los hijos de la Pampa.”

Así anunciaba el periódico La América del Sur el 26 de agosto de 1877, la muerte del cacique ranquel Mariano Rosas. ¿Quién fue este personaje, a quien se brindaban honras fúnebres de tal importancia? Estas ceremonias sólo se realizaban a la muerte de aquellos hombres que habían ocupado un lugar sobresaliente en la sociedad indígena.

Mariano Rosas, cuyo nombre ranquel era Paguithruz, había muerto pocos días antes, 18 de agosto, en Leubucó. Era el cacique principal y autoridad indiscutida del gran cacicazgo ranquel que controlaba las tierras de la pampa central, la zona del monte, Manuel Mapú en la lengua araucana. Leubucó, en el corazón del territorio, era el centro político del cacicazgo y la sede del gobierno de Mariano. El gran cacique tenía entonces unos 52 años y gobernaba el cacicazgo desde 1858, cuando había sucedido a su hermano mayor, Calvaiu, muerto de forma trágica al explotar accidentalmente un cajón de pertrechos militares. Ambos eran hijos de otro gran cacique ranquel, Painé, fundador de la dinastía conocida por el nombre del linaje al que pertenecían, los Güor.

Disponemos de un magnífico retrato del cacique escrito por Lucio V. Mansilla quien unos años antes, en 1870, había visitado a Mariano Rosas en su toldería de Leubucó, empresa que inmortalizó en su libro Una excursión a los indios ranqueles. Nos dice allí

“El cacique general de las tribus ranquelinas tendrá cuarenta y cinco años. [...] Es delgado, pero tiene unos miembros de acero. Nadie bolea, ni piala, ni sujeta un potro del cabestro como él. Una negra cabellera larga y lacia, nevada ya, cae sobre sus hombros y hermosea su frente despejada, surcada de arrugas horizontales. Unos grandes ojos rasgados, hundidos, garzos y chispeantes, que miran con fijeza por entre largas y pobladas pestañas, cuya expresión habitual es la melancolía, pero que se animan gradualmente, revelando entonces orgullo, energía y fiereza; una nariz pequeña, deprimida en la punta, de abiertas ventanas, de líneas regulares y acentuadas; una boca de labios delgados que casi nunca muestran los dientes, marca de astucia, una barba aguda manifestación de valor, y unas cejas vellosas, arqueadas, entre las cuales hay siempre unas rayas perpendiculares, caracterizan su fisonomía, bronceada por naturaleza...”

Paguithruz, bautizado años después como Mariano Rosas, había nacido hacia 1825. Era el segundo hijo de Painé, quién gobernó el cacicazgo ranquel entre 1838 y 1844. Su madre, cuyo nombre no conocemos, fue seguramente la primer esposa de Painé. Poco sabemos de su infancia, aunque no debió ser muy distinta de la de otros niños. En la sociedad indígena, los varones comenzaban, desde los primeros años de vida, a prepararse para las que serían las actividades principales en sus años adultos: la guerra y las labores pecuarias. Así, debían aprender a cuidar el ganado, a montar, enlazar, manejar armas – en especial las boleadoras - a cazar, a cuerear, trozar y salar la carne de los animales. También debían colaborar en las tareas cotidianas de la toldería, ayudando en la preparación de los alimentos, buscando agua y leña, manteniendo el fuego, participando en las tareas de limpieza, retirando sobre cueros la basura acumulada. Cuando eran un poco más grandes, participaban en actividades más complejas, a veces muy lejos de sus tolderías: cuidaban las caballadas de reserva durante los malones o las grandes cacerías, ayudaban a arrear los ganados, actuaban como emisarios o chasques, acompañaban a las partidas que salían a comerciar, a participar en juntas y parlamentos, a asistir en las grandes ceremonias colectivas. Todas y cada una de estas actividades constituían un aprendizaje para la vida adulta.

En 1834, cuando tenía apenas unos nueve años, Paguithruz fue tomado prisionero por una partida militar- otras fuentes lo atribuyen a indios del cacique Llanquelén quién en 1831 se había separado de los ranqueles. El niño se encontraba junto con otros en la laguna de Langheló cuidando la caballada en espera del regreso del malón que llevaban adelante Painé junto a Pichuín sobre el pueblo de Rojas en la provincia de Buenos Aires. Mansilla, refiere este hecho que fue importante en la vida del pequeño:

“Mariano Rosas y sus compañeros de infortunio fueron conducidos a los Santos Lugares. Allí permanecieron engrillados y presos, tratados con dureza, cerca de un año, según sus recuerdos [...] un día los llevaron a presencia del dictador don Juan Manuel de Rosas. Interrogándolos minuciosamente, supo éste que Mariano [...] era hijo de un cacique principal de mucha nombradía. Le hizo bautizar, sirviéndole de padrino, le puso Mariano en la pila, le dio su apellido y le mandó con los otros de peón a su estancia del Pino.”

Así Paguithruz tomó el nombre con que lo inmortalizó la historia, que él mismo adoptó, y con el cual firmaba su correspondencia, Mariano Rosas.

En 1840, luego de seis años de cautiverio, Mariano se fugó de la estancia de Los Pinos aprovechando la relativa libertad de movimiento que gozaba entre los peones de su patrón y padrino. El recuerdo de los momentos vividos en la estancia quedó grabado a fuego en la memoria del futuro cacique. La vida en la estancia era dura, la disciplina estricta y el trabajo pesado. Sin embargo, allí completó el joven ranquel su educación, especialmente en las actividades pecuarias, habilidad altamente valorada en el mundo indígena. Por eso no extraña que conservara un agradecido recuerdo de su padrino, a quién, según reconoce ante Mansilla, debía todo “cuanto es y sabe”.Sin embargo, fue esa la última vez que pisó tierra dominada por los blancos: Mariano se juró a sí mismo no abandonar nunca más sus dominios para evitar un nuevo cautiverio.

Y Mariano cumplió esa promesa. Fue por ese motivo que años después, ya cacique, cuando Mansilla decidió acelerar la firma del tratado de paz con los ranqueles, debió viajar él a las tolderías, pues el cacique rechazó las invitaciones que se le formularon. Esto indica también la importancia que la figura del cacique había ya adquirido. Mariano Rosas no sólo era reconocido como jefe indiscutido entre su propia gente sino también entre los cristianos, o huincas: que el comandante de la frontera se internara sólo con una pequeña escolta hasta el corazón del territorio ranquel para discutir, de igual a igual, los términos de un tratado de paz, muestra que el poder del cacique estaba legitimado no sólo al interior de su propia sociedad sino también ante sus adversarios.

Mariano, como se señaló, asumió la máxima conducción del cacicazgo en 1858, iniciándose así el capítulo mas conocido de su vida, gracias tanto a los relatos de quienes fueron sus interlocutores, como Mansilla o el capitán Martín Rivadavia, delegado de Mansilla ante los jefes ranqueles, como a la correspondencia que el cacique mantuvo con los sacerdotes franciscanos instalados en Río Cuarto y con los comandantes de fronteras.

Siguiendo la tradición, Mariano fue reconocido por los guerreros ranqueles, los conas, apto para desempeñarse como cacique general, siendo proclamado sin objeción. Pesaban en esa elección tanto sus orígenes - pertenecía al linaje más prestigioso entre los ranqueles que ya había dado dos caciques - como sus virtudes y habilidades: su vigor y valentía, su habilidad para las tareas pecuarias, su diplomacia, su capacidad oratoria, su conocimiento del mundo blanco. Todas estas virtudes y habilidades lo colocaban en inmejorables condiciones para el mando, permitiéndole mantener el equilibrio con los dos grandes caciques ranqueles que le seguían en jerarquía: Baigorrita, que tenía sus tolderías en Poitahué, y Ramón, apodado el Platero por su habilidad en esta actividad, asentado en Quenque.

Mariano tenía claro el papel que debía cumplir ante sus indios. Aunque por haber estado entre ellos por varios años conocía muy bien la lengua castellana y las costumbres y hábitos de los cristianos, en su territorio y delante de sus indios utilizaba siempre su lengua y jamás imitó la vida de aquellos. El mismo cacique comentaba, según relata Mansilla, que los blancos habían querido hacerle una casa de ladrillos, negándose él para que sus indios no creyeran que se había vuelto cómodo, flojo e imitador de los cristianos.

Desde su asunción como cacique, debió hacer frente a las complejas relaciones de los ranqueles con los gobiernos criollos, las que conocieron durante esos años turbulencias, idas y vueltas, negociaciones y rupturas. Los gobiernos, tanto nacional como provincial, enviaban frecuentes emisarios al territorio ranquel, algunas veces para negociar, otras para reprimir, y en muchas ocasiones para solicitar la intervención de los indios en las disputas internas en que bandos y partidos se enfrentaban por controlar el poder en el naciente estado argentino. Y se requería singular habilidad y astucia para negociar con todos sin caer en trampas de las que hubiera sido difícil salir. Recordemos que en esas negociaciones se jugaba la supervivencia de su propio mundo.

Mariano y sus indios tenían profunda desconfianza sobre las “buenas intenciones” de los blancos. Y no les faltaban motivos. Por esa razón, cuando en el verano de 1874 se desató entre los indios una epidemia de viruela – al fin y al cabo una enfermedad de los mismos blancos - que debilitó sus fuerzas, Mariano rechazó la oferta del gobierno nacional para que abandonara sus tierras y se instalara en otras ofrecidas por el mismo gobierno. Sabía que si acataba la oferta de las autoridades, ponía en juego su libertad y la de sus indios y arriesgaba la pérdida definitiva de sus tierras.

Negociar, pero no ceder en los aspectos esenciales parece haber sido la regla que dirigió sus negociaciones con los blancos. Quería la paz, pero no estaba dispuesto a pagar cualquier precio por ella. Esta claridad de metas parece haberlo acompañado hasta el momento de su muerte, cuya causa ignoramos. La noticia de la misma llegó hasta Buenos Aires, siendo publicada por el diario La América del Sur del 26 de agosto. Allí podemos leer:

“Muerte de un cacique. Acaba de morir el poderoso cacique de la tribu de los Ranqueles, de muerte natural, Mariano Rosas. Era una autoridad del desierto. Por su influjo, su valor y, sobre todo, por su prudencia, ha sido posible mantener la paz con él[...]”.

Sepultado con los honores de un gran cacique, su descanso fue interrumpido pocos años después, cuando las fuerzas de la Tercera División Expedicionaria al Desierto invadió el territorio ranquel. La tumba de Mariano fue profanada y por orden del propio jefe de la expedición, el coronel Eduardo Racedo, el cráneo del cacique fue retirado y enviado a Estanislao Zeballos quien, poco después lo donó al Museo de Ciencias Naturales de La Plata, en cuyas vitrinas permaneció durante 123 años. Dónde estaba la civilización y dónde la barbarie.





MANUEL BAIGORRIA
calfucura


Jóven oficial puntano, soldado del general Paz en Córdoba que escapando de Facundo Quiroga ganó las tolderías ranqueles y recibió el amparo y la amistad de Yanquetruz.Veinte años pasaría con ellos,amigo de Coliqueo , compadre de Pichún y padrino de su hijo baigorrita.

Año 1832, Baigorria era hombre del gobernador de San Luis ,don Luis Videla ,cuando éste fue derrotado por Facundo Quiroga, muchos van a para a las cárceles para esperar ser fusilados.

El día de la sentencia, Baigorria se encuentra en la capilla con Quiroga , cuando eran llevados al paredón . Simplemente se saludaron y así él se salvó de ser fusilado.

Tres meses después le conceden su libertad. Pero nada le quedaba por hacer en San Luis,ya que , sus amigos estaban muertos, presos o exiliados.Sin esperanzas ,decide ir con los indios.Baigorria tenía veinte años cuando abandonó sus pagos e instalarse tierra adentro con su amigo Neira.

Caen primero a lo del cacique Raimán , que los aloja sabedor de que ,habían sidos hombres del gobernador Videla. Dias después los lleva para prestarlos a Yaquetruz.El cacique los recibe amigablemente, les presta a sus familias, sus hijos y capitanejos.Llega a ofrecerles quinientas lanzas para ir a vengarse.Baigorria les agradece pero se reusa. Eso sí, tiempo después Yaquetruz les pide que acompañe a su hijo Pichún en la vanguardía de una invasión.

En la época con la marcha de Ruiz Huidobro contra ellos (1833) Baigorria pelea en el combate de "Las Acollaradas" donde mueren dos hijos de Yaquetruz:Rulcó y Paillá. Después Yaquetruz se rehace y logra vencer al fraile Aldao de Limay Mahuida.

Luego Baigorria queda paralítico. Yaquetruz debe partir de campaña, pero antes amenaza a las mujeres para que no descuiden ni un momento de él y que hagan algo para acompañarlo. Las mujeres a diario lo arropaban y le hacen vahos sobre la hornalla hasta que él finalmente se cura.

Después cae enfermo Yaquetruz y es el turno de Baigorria de velar por él.Así se provocó una estrechísima amistad.Son tiempos difíciles.La campaña de Rosas los ha dejado diezmados y en las más absoluta miseria.Parte de la familia de Yaquetruz había caído prisionera, sólo un hija consigue fugarse de Bahía Blanca. El gran cacique se siente sin fuerzas y quiere buscar para el lado de la cordillera.

TOLDERÍA HUINCA:Manuel Baigorria construyó su rancho en la laguna de Crenel, un poco al sur de el actual Caleufú y más exactamente en la estancia "El Recado". Allí se conformaría una verdadera toldería huinca, la mayoría eran refugiados unitarios. Su número llegaba a unos trescientos y mantenían sus costumbres a la par de la de los Ranqueles.En Trenel se hacían bailes y se conmemoraban las fechas patrias. Eso sí, los refugiados tenían que sumarse a los malones.

Baigorria llegó a tener cuatro esposas, ya que los refugiados en esas tolderías compartían las costumbres de los Ranqueles .Aunque también debía sumarse a los malones.



fuente: trabajo propio.