Los hermanos Ayar

Los hermanos Ayar

Uno de los principales mitos sobre el origen de los incas fue el de los hermanos Ayar, salidos de una cueva llamada Pacaritambo, “Posada de la Producción”, “Posada del Amanecer” o “Casa del Escondrijo”. Dicho lugar se encontraba en el cerro Tambotoco. Tenía tres ventanas. De una de estas ventanas, llamada Maras Toco procedía “sin generación de padres”, a manera de generación espontánea, el grupo de los maras Sutic. De otra ventana, Cápac Toco, salieron cuatro hermanos cuyos nombres eran Ayar Uchu, Ayar Cachi, Ayar Manco y Ayar Auca.

Ellos estaban acompañados por sus cuatro hermanas, Mama Ocllo, Mama Huaco, Mama Ipacura o Cura y Mama Raua. Cada cronista, según las referencias de sus informantes, cuenta con pequeñas variantes estos episodios.

Los legendarios Ayar, con sus hermanas, iniciaron un lento andar por punas y quebradas cordilleranas, con el propósito de encontrar un lugar apropiado para establecerse. Es interesante anotar que en la versión de Huamán Poma Mama Huaco es mencionada como madre de Manco Cápac y se alude a una relación incestuosa entre ellos.

“En el análisis psicoanalítico del mito no se encuentran las dos prohibiciones fundamentales, la del incesto o la del parricidio, y más bien se hace manifiesta la existencia de una red de relaciones fraternas en la que el incesto aparece, sin ser expresado literalmente, como natural. En este mito no existe la pareja conyugal, solo el binomio madre/hijo o hermano/hermana. Dentro de tal sistema de relaciones, la interdicción realizada por el padre en el interior del triángulo está ausente. El sistema de parentesco presente en el mito de los Ayar parece implicar, desde esta perspectiva, una relación dual entre el hijo y la madre” (Hernández y otros, 1987).

Según la narrativa de los cronistas, los hermanos no tardaron en deshacerse de Ayar Cachi, uno de los hermanos, por temor de sus poderes mágicos, pues con un solo tiro de su honda podía derribar cerros o hacer que surjan quebradas. Con engaños lo convencieron de que retorne a Pacaritambo, la caverna donde nacieron, para traer el napa, insignia de señores, y unos vasos de oro que habían olvidado, llamados topacusi. Lo siguieron subrepticiamente y una vez que Ayar Cachi penetró en la cueva la cerraron con bloques de piedra, donde quedó atrapado para siempre. Después de este episodio, los Ayar continuaron su ruta por las serranías.

Es importante subrayar que los hermanos, a pesar de no tener un asentamiento fijo, no dejaban de ser agricultores. Es así que una vez establecidos en un paraje se quedaban en él durante algunos años y, después de lograr sus cosechas, emprendían de nuevo la marcha.

Sarmiento de Gamboa cuenta que en su peregrinación los hermanos arribaron a un lugar llamado Guanacancha a cuatro leguas del Cusco.

Allí se quedaron un tiempo sembrando y cosechando pero, no contentos, reanudaron su marcha hasta Tamboquiro, donde pasaron unos años. Luego llegaron a Quirirmanta, al pie de un cerro. En ese lugar se celebró un consejo entre los hermanos, en el que decidieron que Ayar Uchu debía permanecer en dicho lugar transformado en una huaca principal llamada Huanacauri.

Adoptar la forma lítica era, en el ámbito andino, una manera de perpetuar la divinidad o sacralizar a un personaje, es así que la forma pétrea asumida por Uchu no le impedía comunicarse con sus hermanos.

El mismo cronista menciona que Mama Huaco era uno de los caudillos del grupo y que en el pueblo de Matagua, esta “fortísima y diestra” mujer tomó dos varas de oro y las lanzó hacia el norte, una cayó en Colcabamba, pero la dura tierra no permitió que se clavara. La segunda, la arrojó a un terreno llamado Guayanaypata donde penetró suavemente. Otros informantes contaron a Sarmiento de Gamboa que fue Manco Cápac, no Mama Huaco, quien arrojó el mágico bastón que debía indicar el asentamiento definitivo.

Los ayllus errantes trataron de llegar al lugar señalado, pero hallando resistencia entre los habitantes de la región se vieron obligados a retornar a Matagua. Mientras permanecían allí, Ayar Manco ordenó a Ayar Auca ir a poblar el paraje indicado por la vara. Cumpliendo la orden de su hermano, Auca voló hacia dicho lugar, pero al pisar el suelo se convirtió en piedra. Según las creencias andinas, las guanca o piedras eran mojones indicadores de la forma de posesión del espacio. Es así que Auca, bajo la forma lítica, fue el primero en ocupar el sitio escogido, tan largamente deseado. Así, convertido en piedra, pero conservando la capacidad de comunicarse con su hermano, le ordenó a Ayar Manco llamarse, de ahí más, Manco Cápac. Según Sarmiento de Gamboa, en la lengua hablada entonces, “Cusco” significaba ocupar un espacio de manera mágica. Para Garcilazo, “Cusco” era el “ombligo” del mundo en la lengua particular de los incas.

Cieza de León cuenta en términos semejantes la llegada de Manco y su gente al Cusco y añade que la comarca estaba densamente poblada, pero que sus habitantes les hicieron un lugar a los recién llegados.

Los mitos narrados hasta aquí, referentes a la manera como fue ocupado por los incas el antiguo Cusco, son relatos totalmente distintos de la versión dada por Garcilazo. La leyenda de los Ayar, con las transformaciones de los personajes en piedras o guancas sagradas, además de la larga peregrinación del grupo de Manco, son episodios muy andinos, presentes también en los mitos de las otras etnias. La trashumancia de los incas no fue la de bandas primitivas de pastores y cazadores, sino la de pueblos esencialmente agrícolas, preocupados sobremanera en hallar buenas tierras de cultivo.

En estas narrativas, una de las dos mujeres de Manco Capac desempeñó un rol esencial. Más arriba narramos cuando Mama Huaco, a pesar de ser mujer y teniendo fuerte liderazgo entre los hermanos, lanzó la vara que marcó el punto para la toma, posesión simbólica y posterior fundación del Cusco.

Según el decir de los cronistas, Mama Huaco cogió un haybinto, boleadora, arma de cuero trenzado con piedras en los extremos, y haciéndola girar en el aire hirió a uno de los guallas, antiguos habitantes de Acamama. Luego le abrió el pecho y sacándole los pulmones sopló fuertemente en ellos. La ferocidad de Mama Huaco aterró a los guallas que abandonaron el pueblo, cediendo su lugar a los incas.

En un estudio anterior hemos analizado la figura femenina de Mama Huaco y lo que podría significar y representar en el orden sociopolítico de los incas. Ella fue el prototipo de la mujer varonil y guerrera, en oposición a Mama Ocllo, segunda pareja de Manco Cápac. Cabello de Balboa cuenta que Mama Huaco hacía el oficio de valiente capitán y que conducía ejércitos. Esta característica masculina se explicaba en aymara con la palabra huaco, que en dicho idioma representa a la mujer varonil que no se amedrenta por el frío o el trabajo intensos, y que posee un espíritu libre.

Según Sarmiento de Gamboa, los cuatro dirigentes que comandaron los ayllus en la llegada al Cusco fueron Manco Cápac, Mama Huaco, Sinchi Roca y Manco Sapaca. Es importante recalcar que Mama Huaco es nombrada entre los cuatro jefes del grupo.

No interesa saber si los hechos fueron verídicos o míticos, lo importante es analizar la estructura social que la leyenda sugiere. Lo importante es rescatar la figura de la mujer tomando parte activa en la conquista del Cusco, luchando junto a los varones y capitaneando un ejército.

Este ejemplo, en las leyendas cusqueñas, no es único. En la guerra contra los chancas, la curaca Chañan Curi Coca era la jefa de los ayllus de Choco-Cachona. Para abundar en el aspecto mágico del mito, en la misma leyenda, comentada por los orejones, se cuenta de la ayuda proporcionada por las pururauca, piedras mágicas, que en el momento álgido de la lucha se transformaron en soldados y lograron el triunfo inca. Lo interesante en el mito es la existencia de las pururauca masculinos y femeninos. O sea, el ejército que iba a la guerra estaba compuesto de hombres y mujeres. Es decir, la guerra no era un oficio reservado sólo para los varones.

Estos mitos referentes al establecimiento de los incas son fundamentales porque revelan su cosmovisión y sus estructuras sociopolíticas. Manco Cápac y sus ayllus habitaron el Cusco Bajo y su morada fue el templo de Indicancha, mientras que los seguidores de Auca se afincaron e instalaron en el Cusco Alto o Hanan. La división por mitades tiene, en su contexto, un sentido de género y comprende una oposición y una complementariedad entre los bandos de Hanan y Hurin. Garcilazo de la Vega confirma ese criterio al decir que los hermanos mayores poblaron la parte alta, mientras que los seguidores de la “reina” eran hermanos segundos y poblaron Hurin Cusco o Cusco Bajo.

A través de los míticos relatos de Gracilazo concluiríamos que los varones de Hanan eran masculinos / masculinos, y los de Hurin masculinos / femeninos. En cuanto a las mujeres, las de abajo serían femeninas / femeninas, y las de arriba femeninas/masculinas. Los prototipos de dichas mujeres serían la femenina/femenina Mama Ocllo y la femenina/masculina Mama Huaco.



link: http://www.youtube.com/watch?v=7gcO2URSnck

Los hermanos Ayar

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2 comentarios - Los hermanos Ayar

@leugim32 +1
recuerdo cuando me lo conto mi profesora de historia
@MGARIN +1
Está bueno eso del protagonismo de la mujer en la cultura Inca! Te dejo tus +10 merecidos de hoy, amigo!lugar