Historia clínica del General San Martín
Fue el médico Federico Christmann el primero en sospechar que uno de los padecimientos del General San Martín fue una úlcera gastroduodenal. Pero, en verdad, fueron Aníbal Ruiz Moreno, reumatólogo y distinguido profesor de Historia de la Medicina, con sus colaboradores, quienes efectuaron la mejor aproximación a la salud del Libertador, a través de una labor excepcional, seria y científica. A cada afirmación aportaron el documento y la fuente bibliográfica respectiva.
En el diagnóstico ulceroso coincidieron los médicos Ceballos, Riccheri, Bacón, Pervesal y Dreyer. También Canter y Cánepa hablaron de úlcera, aunque sus trabajos son más literarios que médicos.
Galatorre, en cambio, afirmó que el diagnóstico debió ser tuberculosis y que la muerte de San Martín se habría producido por corazón pulmonar crónico, secuela de una fibrosis pulmonar de etiología fímica. Empero, sus conclusiones no son compartidas por los otros estudiosos del tema. Por su parte Ruiz Moreno y colaboradores sostienen que fue una tuberculosis hemoptoica evolutiva, de la que el general no pudo reponerse durante 40 días, en una lenta travesía entre Tucumán y Córdoba y con los recursos terapeúticos de 1814. A ese primer episodio debe sumarse el hecho de cruzar Los Andes, batallar, pasar por un sinfín de penurias físicas y psíquicas y sobrevivir 36 años.
Verdú, por su parte, sostuvo que San Martín era cardíaco y que padeció la enfermedad de Ayersa y que a su vez padecía de reumatismo. Para él, las internaciones por disnea del general no habrían sido por asma, sino por insuficiencia cardíaca derecha, que llevó a la enfermedad respiratoria crónica y condujo al escleroenfisema pulmonar y escleroectasia bronquial que producen la coloración oscura del tegumento, que era el color de su piel. Sin embargo esta opinión fue descartada por otros autores, argumentándose que la melanodermia de Ayerza es tardía en la edad adulta, en tanto que el Libertador fue morocho toda su vida. En España, desde niño, se le llamó El Indiano, precisamente por su piel morena. Color que, a su vez, motiva a historiadores actuales para reanalizar sus orígenes familiares.
Dreyer sostiene, dado que los episodios de las enfermedades de San Martín fueron tan numerosos, que la descripción minuciosa quitaría unidad de análisis y exposición. Muchos autores, expresa Dreyer, formularon diagnósticos por intuición. Lo que corresponde, afirma, es aplicar el método clínico, que tiene por base a la semiotecnia. La tarea, entonces, es revisar la documentación existente y seguir los cánones de la semiología. En tal sentido califica como excelentes los trabajos de Christmann y Ruiz Moreno.
Cignoli y Molinari se ocuparon también de la salud del prócer, pero a través del estudio de las campañas y de la personalidad de los médicos que participaron en ellas.
A Egidio Mazzei le cabe el mérito de haber estimulado a su profesor –adjunto de la cátedra de Clínica Médica de la Universidad de Buenos Aires- Mario S. Dreyer, para que se ocupara de las enfermedades del general con estricto criterio clínico – semiológico, ante la nebulosa de sufrimientos experimentados en una época en que recién se incorporaba el método clínico científico, pero con la limitación de que se carecía de recursos auxiliares de diagnóstico de laboratorio químico biológico y de imágenes.
Los trabajos de Dreyer apoyan a los de Chistmann y Ruiz Moreno y son los de mayor base científica. Sustentados, como ya hemos dicho, en la semiología y en la clínica, y apoyados en la documentación existente y en función de los elementos que aportan los avances cognoscitivos y tecnológicos actuales.
Resumen de la Historia
Clínica de vida de San Martín
1. Antecedentes.
* No se registran antecedentes patológicos. No existen constancias que hagan referencia a enfermedades de la infancia.
* En 1789, año de la Revolucion Francesa, a los 11 años de edad, ingresó como cadete del Regimiento de Murcia, Málaga, España. Se supone que la admisión certifica gozar de buena salud.
* A los 13 años presenció la batalla de Melilla, África. Su bautismo de fuego se produjo en la batalla de Orán, África, contra los moros, donde soportó hambre e insomnio.
* Estuvo embarcado, durante 13 meses, en la guerra entre españoles e ingleses, sufriendo penurias y privaciones, con alimentación deficiente y condiciones higiénicas malas.
2 Heridas.
* Herido en mano y torax en Cubas, España, en ocasión de ser asaltado por cuatro bandoleros que le robaron los caudales que transportaba: 3.500 reales pertecientes a su Regimiento. Tenía 24 años (1801).
* Herido en el brazo izquierdo en la batalla de Albuera, España, en 1811.
n En 1829, en Falmouth, Inglaterra, vuelca su carruaje y se hiere con un vidrio en el brazo izquierdo.
*
3 Contusiones.
* Aplastamiento de una pierna, al caer y morir su caballo (450 kg) en el combate de San Lorenzo, en 1813.
* Contusión o luxación de un hombro, presumiblemente el izquierdo, también en ese combate de San Lorenzo.
4 Procesos infecciosos
* En Pisco, Perú, durante siete días, por reacción de sus hemorragias gastroduodenales o por paludismo (terciana) o por causa desconocida (1831).
* Chavalongo (fiebre tifoidea) o gastroenteritis muy severa, de regreso en Chile, debiendo guardar cama durante dos meses, en la Finca El Conventillo, de O´Higgins, atendido por la madre y la hermana de éste, Rosita (1822).
* Cólera el tor o gastroenteritis muy severa, en Europa (1832).
5 Afecciones respiratorias
* Accesos de asma exalergénico. Según la clasificación de Rackerman de 1947. En España, en 1808; en Tucumán, en 1814; al regresar de la batalla de Chacabuco, dos días, en Uspallata, en 1817, y en alguna otra oportunidad. A principios del siglo 19 no se tenía idea de lo que era el asma. Los estudios científicos comenzaron un siglo después. Richet descubrió la anafilaxia en 1897, prosiguiendo con los aportes de Von Pirquet en 1905 y en las dos décadas siguientes con Metchnikoff y Ehrlich, hasta los trabajos de Jiménez Díaz que diferenció los procesos de asma (alérgica) y asmoide (no alérgica).
6 Reumatismo (?) y/o gota (?).
* En la batalla de Chacabuco, el 12 de febrero de 1817, a los 39 años, por un ataque reumático nervioso tuvo dificultades para mantenerse a caballo. Los factores condicionantes fueron el frío, la fatiga, el cruce de Los Andes y las preocupaciones. Después de los ataques, a veces muy intensos, recuperaba la movilidad. No le dejaron deformidad alguna. Observaba reposo y buscaba alivio en estaciones termales, incluso en su exilio voluntario en Europa. Siete veces cruzó San Martín la cordillera. Una de ellas, el 14 de enero de 1820, a los 42 años, fue trasladado en camilla desde Cuyo hasta Cauquenes, en Chile, para tomar baños termales, acompañado por un batallón de 60 Granaderos. Hecho en que quizá se inspiró una famosa cueca. Alvarado y otros hablan de reumatismo. El único que menciona gota es su gran amigo, el general Guido. Según Ruiz Moreno, esta opinión es la acertada.
7 Patología digestiva.
* Úlcera gastroduodenal, con gastralgias y hematemesis, desde Tucumán (1814) hasta su muerte (1850), durante 36 años. Por diagnóstico retrospectivo semiológico. “Los disgustos fueron las causas de sus crisis”, señaló Otero. Cruveilhier descubrió la entidad nosológica 15 años después del primer ataque hemorrágico. Los médicos de entonces no podían establecer el diagnóstico de lo desconocido. Quienes atendieron a San Martín en sus campañas americanas fueron Baltasar Tejerina, Mariano Vico, Cosme Argerich, Guillermo Colesberry, Juan Isidro Zapata y Juan Gilles.
* Gastritis.
* Estreñimiento.
* Hemorroides gangrenadas y fistulizadas (1819). Relatado por carta al general Guido.
8 Manifestaciones nerviosas.
* Insomnio.
* Excitaciones nerviosas y convulsiones (por el estrés de su tren de vida y por las hemorragias de su úlcera).
* Temblor en la mano derecha (1818). Manuel Belgrano le escribió: “No deje usted de galvanizarse”. Desapareció con el tiempo.
9 Cataratas.
* Operado en París por Jules Sichal (1849). Sin anestesia y sin asepsia, conforme a la época. Con resultado pobre, según Dreyer. Con beneficios apreciables, según Méndez Trongé. Operadas con éxito, operación afortunada, señaló Galván Moreno. Sichel le prohibió la lectura, que le efectuaba luego su hija y su yerno, según Mitre.
10 Riesgos.
* En Arjonilla, España, el Cazador Juan de Dios, humilde soldado del Regimiento de Húsares de Olivenza, murió al interponerse entre un atacante francés y el capitán San Martín.
* En el combate de San Lorenzo, Bautista Baigorria, granadero puntano, traspasó con su lanza al soldado realista que se disponía atacar con su bayoneta al teniente coronel San Martín. Mientras el sargento correntino Juan Bautista Cabral, recibió dos heridas mortales, al desembarazar a su jefe del caballo muerto que le aprisionaba.
11 Causa probable de muerte.
* Murió posiblemente por un shock hemorrágico de úlcera gastroduodenal. El frío glacial que sintió se debió a hipotensión por hipovolemia, con lucidez y plena conciencia de su situación gravísima. Instantes después, cuando la pérdida de sangre fue muy crítica, perdió el conocimiento y tuvo la convulsión, expresión de anemia y anoxia cerebral. Expiró el 17 de agosto de 1850, a las 15 horas. Tenía 72 años. Había nacido el 25 de febrero de 1777. Dícese que su reloj se detuvo a la misma hora de su muerte. Para su último médico, el Dr. Jardón, había preparado rapé pero... Al día siguiente, sus amigos, el encargado de negocios de Chile de apellido Rosales y Gerard, el propietario de la casa de Boulogne Sur Mer que alquilaba en un sector San Martín, notificaban ante la alcaldía del lugar su fallecimiento. Conforme la época, sin dejar constancia de causa de muerte, sin certificado médico y sin autopsia.
ultimo retrato del general
Terapéutica
Lo único que se sabe sobre el particular es que utilizó opio para el asma, opio para la gota, opio para la úlcera. Los efectos perniciosos hoy están demostrados, pero en ese entonces no existían otros recursos. Zapata le indujo al consumo de la droga. Guido y otros convivientes le aconsejaban su abandono. La jeringa no se conocía. Por vía oral los efectos deletéreos se reducen considerablemente. No sufrió adicción ni el deterioro de la dependencia. Recurrió también a las sanguijuelas y a los baños termales. Afortunadamente no le aplicaron los otros recursos de la época: los purgantes y las sangrías.
Los médicos que estudiaron la patología de San Martín, quizá por ser alópatas, soslayaron un recurso terapéutico al que acudió el prócer. En una vitrina del Museo Histórico General José de San Martín, en Mendoza, se exhibe un botiquín homeopático de bolsillo, abierto, con sesenta tubitos que contenían glóbulos de la 6ta potencia centesimal, varios –casi vacíos- de belladona, brionia, bromiun, conium, ipeca, nux vómica, pulsatilla y spongia. Ángel Correas, prócer de la Independencia, se lo obsequió. Lo utilizó para él y sus soldados para el cruce de Los Andes. Y también acudió a estos recursos en Europa.
el joven San Martin
Colofón
Mitre, en el segundo tomo de “Historia de San Martín y de Emancipación Sudamericana” habla de dos tipos de héroes militares. Por un lado, los sanos y robustos para sobrellevar las fatigas y dar a los soldados el ejemplo de la fortaleza en el peligro. Por otro, los que se sobreponen sobre su físico por la energía de su espíritu. A esta raza heroica, concluye, pertenecía San Martín.
Admiración y respeto.

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