Libertador de Argentina, Chile y Perú


En 1778, dos años después de la independencia de Estados Unidos, en Yapeyú (Argentina), nació José Francisco de San Martín y Matorras. Su padre fue un funcionario español, Juan de San Martín y su madre, castellana como el padre, Gregoria Matorras.

José de San Martín pasó sus primeros años en América, luego viajó a España donde perfeccionó su formación humana y su profesión militar. San Martín sólo puede ser entendido a través de su fidelidad a la vocación castrense.

Con el ejército español, San Martín luchó en en la campaña de África, combatiendo en Melilla y Orán. En 1797 es ascendido a subteniente por sus acciones frente a los franceses en los Pirineos. En 1797 su regimiento, que había participado en las batallas navales contra la flota inglesa en el Mediterráneo, se rindió en agosto de 1798. También tomó parte en la guerra de la Independencia española, luchando en la batalla de Bailén.

El 12 de setiembre de 1812 San Martín se casó con María de los Remedios de Escalada, mujer joven y bella, que pertenecía a una de las distinguidas familias del país, con ella tuvo una hija, Mercedes, a quien brindí un afecto profundo y fue el eje central de toda su vida.

San Martín lucho por la emancipación de su patria. Organizó el ejército de los Andes, y obtuvo la victoria en Chacabuco y Maipú, cuya consecuencia fue la independencia de Chile, luego pasó al Perú.

En 1814, como jefe del ejército del Alto Perú, asumió directamente una postura frente a nuestro virreynato. Él se opuso a continuar la guerra por el camino de Charcas, como se intentó en los días de Castelli y de Belgrano, porque entendía que para hombres de tierras medias o bajas es muy difícil la lucha en la sierra y en la puna. Su actitud en ese momento no sólo representó un acierto profundo, sino que significó una revolución, un cambio radical de perspectiva en el rumbo de las comunicaciones entre Lima y Buenos Aires. Al itinerario tradicional del Alto Perú, él planteó la preparación de un ejército sólido que derrotara a los españoles en Chile y que permitiera llegar al Perú por el camino del mar. Tal vez a partir de estas decisiones podemos reconocer el mayor triunfo de San Martín en toda su vida pues se pone al descubierto el carácter estrictamente profesional de sus decisiones militares.

San Martín vino a nuestro país porque entendió que la independencia de la América española era un sólo fenómeno histórico. Él no se presentó únicamente por la razón militar que invitaba a destruir las fuerzas del Virrey de Lima; éste fue sólo un efecto de la realidad de nuestra independencia que se expresó de manera variada. La expedición libertadora, con el apoyo del capital O'Higgins y la audacia de Cochrane, fue reflejo de la unidad americana que se mostraba en esos años.

En esos momentos, la creación de un Estado eficaz que reemplazara la autoridad virreynal y evitara la anarquía y el despotismo fue un asunto central. Del mismo modo, era urgente afirmar un nuevo principio de autoridad en el cual creyeran los peruanos. Ganar la emancipación fue la gran esperanza, pero ganar la estabilidad en la vida social era condición imprescindible para no perder la independencia.

Libertador de Argentina, Chile y Perú

LA FUNDACIÓN DEL ESTADO

El 28 de julio de 1821 San Martín, desde un tablado levantado en la plaza mayor declaro la Independencia: " El Perú es desde este momento libre e independiente por la voluntad de los pueblos y de la justicia de su causa que Dios defiende." Levantó la bandera roja y blanca y fue aclamado por la multitud.

A la proclamación de la independencia le siguió la creación del protectorado, el 3 de agosto de 1821, el hito fundamental que señaló el nacimiento del Estado peruano. San Martín no convocó una asamblea por temor al desorden sino, sencillamente, apeló a su creación, y anunció que continuaban reasumidos en él tanto el mando político como el militar con carácter provisional, en tanto se ganase la guerra.

Por medio de un gobierno vigoroso pero transitorio, San Martín garantizó la independencia del poder judicial. Singular en su estructura, la nuestra no fue una república ni una monarquía: San Martín se convirtió, desde ese momento, en "protector" de la libertad del Perú.

Este gobierno del protector San Martín, a pesar del grave problema de la guerra, no olvidó la organización del Estado desde diversos planos. Entre sus preocupaciones estuvo presente la sociedad peruana en su conjunto. Aunque algunos historiadores afirman que esta actitud provocó descuido en las tareas de la guerra, otros plantean que lo que se quiso fue evitar la anarquía -la mayor dificultad para el desempeño de los esfuerzos militares- y lograr la estabiliad de una organización recién creada.

San Martín se empeñó en precisar las bases de la futura organización pero no promovió una reforma "prematura". El documento central para entender el gobierno de San Martín es el Estatuto Provisional dado por el protector de la libertad del Perú. En el interín se establece la Constitución permanente del Estado, el 8 de octubre de 1821.

Los ministerios iniciales fueron tres: Estado y relaciones exteriores, cuyo responsable fue Juan García del Río, natural de Cartagena de Indias; guerra y marina, encomendado a Bernardo Monteagudo, natural de San Miguel de Tucumán, y hacienda, en manos de Hipólito Unanue, nacido en Arica y único peruano de nuestro primer gobierno.

La legislación que apuntó a enaltecer el servicio al Perú y a estimular la virtud del patriotismo fue muy variada.

Así como la administración civil del Estado tuvo sus cimientos en los días de la independencia, el ejército y la marina iniciaron sus actividades como instituciones del país sobre las bases de la organización virreinal. La Legión peruana de la guardia fue el primer cuerpo del ejército peruano y fue creado el 18 de agosto de 1821. La captura del buque "Sacramento" en Paita el 17 de marzo de 1821, la instalación del ministerio de guerra y marina y las normas que aparecieron al respecto en el Estatuto Provisional señalaron el principio de la Marina de Guerra del Perú.

De igual modo se inció el recorrido de la vida internacional del país y el diálogo del Perú en primera persona con otros pueblos del planeta. Salieron de Lima nuestras primeras misiones diplomáticas, cuyos objetivos capitales fueron el reconocimiento de la independencia, pero también la gestión de algún empréstito, u otros asuntos comerciales.

Del tiempo de San Martín es la primera bandera nacional y el primer escudo del Perú. La Gaceta del Gobierno de Lima del 5 de setiembre de 1821 informó que el día 2, en el teatro, con las noticias de la posible bajada de las sierra de tropas de Canterac, San Martín pronunció unas palabras vibrantes y "el pueblo entonces mandó que la orquesta tocase la marcha nacional, subieron muchos al tablado, cantaron el himno patriótico". Luego del concurso pertinente, en la noche del 23 de setiembre, se cantó por primera vez en el teatro el himno nacional, en la voz de Rosa Merino, con música de Bernardo Alcedo y letra de José de la Torre Ugarte.

La independencia no se identificó con una forma determinada de gobierno. Fue así como San Martín, ante la experiencia suscitada en otros lugares de América, afirmó que los resultados de una revolución estéril y de una guerra ruinosa habían colmado las pasiones propias de los cambios políticos, y la opinión de los hombres, ya más serena, aspira únicamente a la emancipación de España, y la instauración de alguna forma de gobierno, cualquiera que sea.

Las conversaciones iniciales en Miraflores y en Magdalena, la oferta formal en Punchauca y el envío de la misión de García del Río y Paroissien a Europa para hallar a un príncipe que aceptara venir a coronarse como rey del Perú fueron los momentos en los cuales se habló expresamente de una monarquía como régimen político para el nuevo Estado.

En la esfera política, el cuestionamiento central de esa época puede resumirse en la siguiente pregunta: "cuál es la forma de gobierno más adaptable al Estado peruano, según su extensión, población, costumbres y grado que ocupa en la escala de la civilización?". Fueron interesantes razonamientos las intervenciones de Manuel Pérez de Tudela y de Mariano José de Arce en defensa de la república, y las de José Ignacio Moreno en favor de la monarquía, pero los verdaderos extremos del debate se encontraban en las cartas del "Solitario de Sayán", José Faustino Sánchez Carrión, y en el Manifiesto de Quito, de Bernardo Monteagudo, quien fue, en el Perú, un creyente en sistemas autoritarios que impiden la anarquía; él estuvo al lado de San Martín en sus planes monárquicos.

Cansado de rivalidades y disensiones, dimitió todos sus cargos, cediendo a Bolivar la gloria de consumar la Libertad del Perú, y se retiró a Francia. Falleció el 17 de agosto de 1850 en la localidad de Boulogne-sur-Mer a la edad de 72 años.


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Bueno espero que le haiga gustado el post
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