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Así viví también "Las maquinitas"

Muchos de ustedes nos han compartido sus experiencias y recuerdos en las maquinitas, chispas, arcades o como sea el término local que utilicen. Al igual que ustedes disfruté de aquella época gloriosa, y en esta ocasión quisiera compartirles algunos aspectos y experiencias como “encargado del local de las máquinas” o mejor conocido como “vendefichas”.


Así viví también "Las maquinitas"



       
Era el año de la celebración de los 500 años del descubrimiento de América y estaba por firmarse el Tratado de Libre Comercio con los gringos y canadienses. La onda eran Los Caballeros del Zodiaco y faltaban unos años para la primera emisión de Dragón Ball. Contaba con tiempo de sobra por las mañanas. Por las tardes (dos días a la semana) tenía que presentarme a recursar dos materias al CCH Azcapotzalco (“el año de reafirmación de conocimientos”, dirán los que pasaron y pasan por lo mismo). Mi principal afición era pasármela en las máquinas, situación que no tenía muy contenta a mi mamá: “Hasta parece que te pagan por pasártela todo el día ahí. Si por lo menos te ganaras algo por todo el tiempo que pierdes”, me decía muy cariñosamente.


       “¿Hay alguna forma de hacer lo mismo y que me paguen?” Pues mi mamá le atinó porque el anterior encargado dejó libre la vacante y el siguiente en la lista (porque había una lista de postulantes)empezó a trabajar en otro lado cansado de esperar su oportunidad. Pedí chance para este “trabajo” y me aceptaron: la actividad soñada para esos tiempos y aficiones.



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       No recuerdo cuánto pagaban, pero sí alcanzaba para los pasajes, los cigarros, lasbanqueteras, una pequeña aportación para el hogar y, por supuesto, las fichas que compraba fuera de mi turno (sí, también iba fuera de mi turno y no, no me hacían descuento). Yo me sentía soñado y en una posición privilegiada con relación a los “usuarios habituales”, pues dicha posición me permitió conocerlos aspectos ocultos del negocio (la rentabilidad y manejo del mismo, pues recordemos que no dejaba de ser un negocio razonablemente rentable), historias y anécdotas de los camaradas que ahí nos reuníamos. Les comparto algunas:


-- El aspecto negativo de la chamba era la limpieza diaria: barrer, trapear y dejar relucientes los cristales de los monitores de las ocho máquinas del local antes de abrir (esto último llevaba más tiempo del que se puede suponer, pues nunca faltaban los desconsiderados que dejaban embadurnados sus deditos y palmas, y peor cuando estaban botaneando ricas pero grasientas frituras; hubo días en que ni con Windex se quitaban sustancias no determinadas en la tabla periódica y qué decir de los clásicos necios que sabían que no se podía fumar pero dejaban los tableros llenos de ceniza.


-- Los morros que llegaban antes de abrir porque se iban de pinta de la secundaria (había una en la colonia), que se le pasaban hasta la hora de la salida, que traían en sus abultadas mochilas ropa de calle para “no levantar sospechas” y que le sacaba del monedero a su mamá. Nunca los cacharon.


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-- El clientecito (10 u 11 años) que iba casi diario regresando de la escuela y queme confió que no quería estar en su casa con su papá porque lo maltrataba psicológicamente y hacía tiempo a que regresara su mamá de trabajar para poder comer y hacer la tarea. Su papá era un pato sin vergüenza y perezoso que le gustaba entrarle seguido al trago en mal plan.



-- El gandallita que, o no dejaba jugar a los más morros, o con el pretexto de “te la paso, chavo”, se quedaba con ellos. La verdad es que algunas veces impedí esos abusos (especialmente con el respaldo del dueño), pero varias veces se vio comprometida mi integridad; nunca pasó nada y mi valedor hasta la fecha se encargó más adelante de ponerle unos putazos en un tiro limpio, rompiendo así el récord de imbatibilidad (según aquél mamón) que tanto presumía. A partir de ahí se portó como sedita y hasta tolerable se volvió.


-- En las retas, especialmente Street Fighter Champion Edition, varias veces estuvieron a punto de pasar los putazos del juego a la realidad; sólo podía limitarme a mediar cual réferi de box y, si paraba la bronca, seguir con el desmadre, y si no, invitarlos a salir a arreglar sus diferencias.


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  - -- Las tribus urbanas: los fresas (fichas ilimitadas para ser los primeros en terminarlos juegos nuevos), los industriales (de los que se llevaban, nos llevábamos,más pesado: la clásica de ponerse atrás de las víctimas mientras jugaban y, en el anonimato al ser tantos, poner un madrazo con el dorso de la mano en la espalda o jalar las colas del cabello. Sí, se usaba largo y hasta yo lo tenía así. Confieso mi etapa como industrial, de tener mi cabello de esa manera,mezclilla rota o pintada de morado, playeras negras y hasta mi cadenita larga de cortauñas con un engranaje), los ñoños (gorditos, tetos, lelos a quienesno faltaba que fuera su mamá por ellos, ya sea de “buena manera”, a gritos,zapes y cinturonazos, indignadas y decepcionadas de esta manera de perder eltiempo y que sus bodoques recibieran la influencia de tanto vago mal hablado),las parejitas (romances que surgieron o se consolidaron en el local y que incluso llegaron al matrimonio. No, a mi no me tocó nada de eso).


    -- Los viajeros de otras colonias (a veces muy retiradas) en busca de oponentes al estilo de Ryu: solían ponernos unas madrizas con las habilidades ganadas en sus peregrinajes donde el nivel era más alto. Algunos compartían ese conocimiento de buen grado y otros, envidiosos, se limitaban a mostrar su relativa superioridad pero igual aprendíamos, motivándonos a subir el nivel, por lo quese llevaban una sorpresa cuando regresaban esperando volver a encontrar puro“barco”. Era la manera de aprender: las revistas eran limitadas de información y de la internet ni sus luces.


-      -- Más de 15 kilos de tortillas fueron rescatados, evitando la furia de las mamás: algunas eran las que regresaban por ellas (ante la perspectiva de que sus retoños se volvieran a quedar) y ya iban directo conmigo, manteniéndolas resguardadas. Alas que ya se daban por perdidas las usábamos para el taco placero, pero algunos kilos ya sólo podían rescatarse para chilaquiles.


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       Algunos de los juegos de moda eran el citado Street Fighter Champion Edition (la competencia y rivalidad se desató cabrón con esta versión y se hacían épicos piques. ¿Les he dicho que era prácticamente invencible con Ken azul? El pique que yo tenía era con un amigo, hasta la fecha, que era fan de Ryu. Les dejo esta declaración que hizo cuando no me pudo ganar en varias rondas seguidas y que a me sigue sonando a excusa: “El Ken es más rápido que Ryu, pero Ryu pega más fuerte que el Ken. Si el Ryu fuera igual de rápido que el Ken sería unapistola.” Genial…), World Heroes, World Heroes 2, Art of Fighting (fue la locura cuando se descubrió la secuenciapara sacar el “súper poder”, Fatal Fury 2, Samurai Shodown, Crude Busters, Mutant Fighter.



       Vi cómo se desempacaban las placas dejuegos nuevos y se colocaban en el mueble y… ¿quién creen que hacía las pruebaspara dejarlos funcionales y listos para usarse? Cambiaba los cassettes de laconsola SNK, nuevos y anteriores a petición del público. Reparaba y cambiababotones y palancas (sé que no es la gran cosa, pero en ese entonces sentía quereparaba satélites de la NASA).


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       Al año siguiente tuvimos que cambiarnos de casa. Por ello y por otras circunstancias, con el mismo sentimiento de Homero cuando dejó su trabajo en los bolos del tío de Barney, tuve que dejar el trabajo ideal. Lo que venía para mi requería otro tipo de responsabilidades; “madurar”, creo que le llaman. Lo que es un hecho, es que sin esta experiencia no me hubiera animado a continuar estudiando y eso me permitió conocer a la persona más importante en mi vida. Así que, en mi caso, además de lo divertido y los amigos ganados, hay algo muy bueno propiciado por las máquinas.



       Repetir ese sentido de pertenencia, deesta manera, es muy difícil. Hay, claro, otras incluso más efectivas. Pero yome quedo con esa modalidad y momentos que, como dijo Roy Batty, “se perderán enel tiempo como lágrimas en la lluvia.”


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3 comentarios - Así viví también "Las maquinitas"

rubendmk +1
Alto relato maquinola, yo vivi esa espoca. 10
HariSeldon75
Gracias por pasar. Saludos.
v46guille
Muy bueno. Me agarre a puñetes un par de veces jugando al Street Fighter. Gracias por hacerme viajar a mis recuerdos.
HariSeldon75
Ese Street Fighter despertó pasiones. Espero hayas ganado esos rounds.
darthrevan75
jaja, yo fui de esos que lo mandaban a las tortillas y de regreso me pasaba a las maquinitas a echarme mi cascarita
HariSeldon75
Las mamás ya sabían cuando uno pasaba de regreso pues estaban tibias. El truco era pasar primero a apartarlas, darte tu rato en las máquinas, regresar por ellas ya sin formarte e irte corriendo a casa.