Las memorias de vegeta 3.

Las memorias de vegeta 3.
24 de Junio 791

Bulma tenia ya 7 meses de embarazo, hasta entonces habíamos tenido habitaciones separadas, pero decidió que durmiéramos en la misma habitación, acepte con tal de no provocar la ira de la vaca de pelo azul en la que se había convertido.

Fue en la primera noche que compartimos la misma cama para dormir que comprendí el porque de su decisión; Eran cerca de las 3:00am cuando los gemidos de Bulma me despertaron, estaba sudando y sus ojos estaban llorosos, se sujetaba su inflamado vientre y aun en la oscuridad de la noche pude notar su cara enrojecida.

- ¿Bulma?, ¿Qué te pasa?, ¿Qué tienes? – pregunte con una genuina preocupación que me sorprendió tanto como a ella.
- Ve- Vegeta, no se que pasa, el bebe… ¡aah! – era obvio que trataba de hacer el menor ruido posible mientras soportaba el dolor.
- Aguanta, iré por tus padres.

Me incorpore para encaminarme hacia la puerta, pero antes de poder dejar la cama su mano me sujeto – no, no me dejes sola – sus ojos llenos de lagrimas suplicaban por mi presencia, esto era tan nuevo para ella como para mi, era natural que estuviera asustada… entonces vino a mi mente como un rayo; otra de las razones por la que la gestación de los saiyajin no fuera natural era porque durante su desarrollo, el feto tendía a expulsar su energía ya que no podía controlarla, en la antigüedad las mujeres de miraza soportaron este dolor durante siglos, para una mujer saiyajin eso no era nada, pero Bulma era humana, mucho mas débil que una mujer del planeta Vejita, incluso mas débil que las esposa de Kakarotto.

Ella seguía soportando el dolor mientras apretaba mi mano, la ayude a levantarse y la lleve a un sillón reclinable que estaba en la habitación, pero el dolor solo diminuyo un poco, mientras me devanaba los sesos tratando de recordar acerca de las antiguas técnicas de parto de mi planeta, nunca pensé que las necesitaría así que no les di importancia. Recordé entonces algo que se axial para tranquilizar al feto, coloque mis manos con suavidad en vientre -¿Qué estas haciendo Vege-?- comencé al irradiar un poco de mi energía tratando de hacerla lo mas calida posible.

- Esto se llama konutko (ver apéndice) , es una técnica antigua de mi planeta que sirve para este tipo de dolores.
- Se siente calido, el dolor se esta desvaneciendo.
- ¿Ya haz pensado en algún nombre para el bebe?
- Había pensado en “Tong”
- Suena estupido, porque no le ponemos Vegeta, era el nombre de mi padre y del suyo.
- Pero que poco original, además seria muy confuso con ustedes dos en la casa… ¿lo sentiste? El bebe pateo.
- ¿Eso hizo?

Bulma tomo mi cabeza entre sus manos y la acerco hacia si misma – escucha- dijo mientras me veía obligado a quedar de rodillas frente a ella. Sentí el calor de su cuerpo y el ritmo de su respiración que hacia subir y bajar mi cabeza recargada en su abdomen, entonces un pequeño sonido llamo mi atención, me enfoque para escucharlo mejor “tum… tum… tum…” luego se vio acompañado por un “Tom… Tom…”, por un momento no entendí, pero luego me di cuenta de lo que era, sus corazones… el corazón de Bulma y el bebe latían juntos.

- Trunks…
- ¿Que?.
- ¿Qué te parece Trunks? – respondió ella tranquilamente.
- Trunks… suena fuerte, un nombre apto para un saiyajin.
- Ojala que nuestro hijo pueda vivir en un mundo pacifico.

No le respondí, sin lugar a dudas un mundo de paz garantizaba una vida tranquila pero también que el desarrollo de un guerrero se vería comprometido. Al poco rato el dolor de Bulma se calmo, volvimos a la cama y dormimos por primera vez como familia.

Bra quiere que la lleve al centro comercial, así que escribiré un poco mas cuando volvamos.
las memorias de vegeta
24 de Junio 791 8:27pm

Los meses seguían corriendo, pronto el año terminaría, ahora el 12 de mayo estaba a la vuelta de la esquina, mi tiempo se terminaba y comenzaba a afectar mi humor mas de lo normal; me volví mas distante con Bulma y su familia, no quería lidiar con la vida familiar, no tenia la paciencia para “jugar a la casita”

Mi entrenamiento había sido aparentemente en vano, todo este tiempo me había quedado atrás de Kakarotto y ya no me quedaba tiempo. Fue en octubre cuando Bulma nos despertó a todos con sus alaridos nocturnos.

- ¡Ya viene!... ¡Ya viene! – gritaba como posesa.
- Rápido, hay que subirla al auto- ordeno su padre que entro como un rayo a la habitación.
- ¡Hay! Que emoción… ¡voy a ser abuela! – diaria su madre siguiéndonos los pasos a saltitos y dando pequeños aplausos.

Yo por mi parte me veía presa de un extraño nerviosismo, lo que el Dr. Briefs había descrito como el milagro de la vida ahora me parecía una pesadilla de madrugada. No tardamos mas de 5 minutos en llegar al hospital, al parecer la familia de Bulma ya había planificado todo con antelación, al llegar al ala puerta un quipo medico ya nos esperaba con una silla de ruedas lista.

No tenía idea de que tan capaces eran los médicos terrícolas, sus arcaicos conocimientos de medicina dejaban mucho que desear; de pronto un tipejo con anteojos y cara de imbecil se aproximo, extendiéndome la mano.

- Su mujer esta en buenas manos, son el Dr. H… - antes de que pudiera terminar una frase lo tome por la camisa y le alce 30cm del suelo.
- ¡Escúchame bien sabandija!, ¡si algo sale mal juro que no te quedara un hueso sano en el cuerpo! – sus ojos estaban abiertos de par en par y seguramente estaba apunto de mojar los pantalones, pero entonces una mano firme se poso en mi hombro.
- Vamos Vegeta, bájalo para que pueda atender a Bulma, ya veras que todo estará bien – Era el Dr. Briefs, este hombre en verdad lograba sorprenderme a veces, ¿Cómo podía permanecer tan tranquilo?
- Ahora ve y haz tu trabajo – arroje al hombre al suelo, y este se levanto al instante, huyendo despavorido.

Me senté en la sala de espera, no paso mucho antes de que el padre de Bulma me trajera una taza de café, su madre mientras tanto había ida a la sala de maternidad para ver a los bebes recién nacidos. La espera se hizo larga, el reloj me daba la impresión de ir en reversa cada vez que no lo miraba, un maldito aparato se burlaba del príncipe de los saiyajin, mi padre se hubiera reído de la cara que de seguro ponía cada vez que alguien pasaba cerca de la puerta de la sala.
En medio de esta desesperante espera, me pregunte que paso por la mente de mi padre cuando yo nací, como ya he mencionado las relaciones familiares eran triviales para los saiyajin, así que imagino que el rey solo vio a su hijo como su heredero. Pero recuerdo que en los años anteriores a que fuera entregado a Freezer como muestra de lealtad, mi padre me llevaba consigo a todas sus misiones, a menudo compartíamos los alimentos, y cuando acampábamos entre los restos de las civilizaciones conquistadas, nos contaba a mi y a sus hombres sus anécdotas de batallas, el recuerdo mas claro que tengo de mi padre fue en una noche en la que a la luz de una fogata, contó la leyenda del súper saiyajin (ver apéndice), entonces mi imaginación infantil me mostró un universo a mis pies, un imperio saiyajin mucho mas grande que el de Freezer y su dinastía, conmigo, el legendario súper saiyajin gobernándolo todo.

Perdí el sentido del tiempo, divagando en mis recuerdos, cuando de pronto el Dr. Cara de imbecil entro en la sala.

- Ha sido un éxito, tanto madre como hijo están en perfectas condiciones.
- ¿Ya podemos ir a verlos? – pregunto la madre de Bulma con entusiasmo.
- En unos minutos mas, están bañado al bebe y en estos momentos deben estar llevando a su madre a su habitación.
- ¿Y dice que ambos están sanos? – pregunto el padre de Bulma, algo en su voz llamo mi atención, como si buscara cierta respuesta.
- Si… pero, bueno no se si deba comentar esto… el niño nació con cola – respondió el dr. Con voz temblorosa.
- Eso es perfectamente normal – conteste de inmediato.
- ¿De verdad?... entonces por eso la madre lo comento antes de iniciar el parto.
- ¿Bulma?... ¿Qué fue lo que dijo? – un extraño presentimiento me embargaba, algo frió parecía llenar mi estomago y querer subir por mi esófago.
- La madre me dijo que si el niño nacía con cola, no había de que alarmarse y que se le amputara y cauterizara de inmediato.
- ¡¿Qué haz dicho insecto?! – salte de inmediato sobre el hombre derribándolo al suelo sujetándole por la camisa - ¡¿en donde esta ella?!, ¡¿en que habitación?!.
- Du- d- doscientos trece… segundo piso.

Solté a esa patética bolsa de estiércol y corrí a las escaleras, en solo segundos ya estaba en el segundo piso… 200, 205, 211… 213. Abrí la puerta tan fuerte mente que destroce la perilla, camine hacia la cama, ahí estaba ella, se notaba que aun estaba agotada, pero al verme sonrió con ironía.

- Así que ya te enteraste- dijo con expresión triunfante.
- ¿Cómo te atreviste?
- Es mejor así Vegeta.
- ¿Mejor?, ¡mutilaste a mi hijo!... ¡le arrancaste su herencia saiyajin!.
- ¿Y que esperabas?, ¿Qué simplemente me quedara esperando a que un día se transformara en un mono gigante y nos matara a mi y a mis padres?
- No seas ridícula mujer, no hay razón para que eso pase, Trunks no podría hacer eso.
- Goku lo hizo – dijo cortantemente.
- ¿Qué tiene que ver Kakarotto en esto?
- Quizás no lo sepas… cuando Goku llego a la tierra fue encontrado por un anciano en las montañas, el lo adopto como su nieto. Una noche Goku miro la luna llena por primera vez y sin quererlo asesino a su abuelo – no te que sus ojos se tornaban vidriosos – Goku no suele hablar de ello, pero cuando estuvo en el hospital depues de la batalla que tuvo contigo, me dijo que por fin supo la verdad de cómo murió su abuelo Gohan… - su voz se volvió un hilo y continuo – lo hubieras visto, fue la segunda vez que lo he visto llorar en su vida, se sentía tan culpable por lo que sucedió, tan frustrado por haberlo ignorado todos esos años.

Sus lagrimas comenzaron a correr y se cubrió el rostro con las manos - ¡yo no quería que mi hijo pasara por lo mismo! – aun entre el llanto se forzaba a seguir hablando, sin poder entenderlo del todo, la furia que sentía comenzaba a apagarse – perdóname Vegeta – estaba apunto de responderle cuando una enfermera entro en la habitación. Miro extrañada la puerta dañada y luego rodeo la cama en la que Bulma se encontraba, cargaba en sus brazos un pequeño bulto, trague saliva suponiendo lo que debía ser.

- Aquí esta tu mami bebe, es precioso señora – dijo jovial mente la regordeta enfermera mientras le pasaba el bulto a Bulma, ella sonrió y luego me miro.
- Mira Vegeta… es tu hijo.


Me aproxime lentamente, y aun mas lento me incline para verlo. Envuelto en un cobija e color azul pastel estaba esa diminuta personita, con color poco rojizo en su cara hinchada, sus pequeñas manos apretadas en puños y unos pocos mechones lilas brotando de su cabeza.

- Me pregunto si ese cabello es herencia de mi padre – dijo ella con alegría.
- No, los saiyajin somos por lo general de cabello negro, pero mi padre era pelirrojo, así que tiene su cabello y el tuyo.
- Es cierto, ahora que lo mencionas a veces tu cabello toma un tono rojizo con la luz del sol.

Me alce un poco para verlos a ambos, juntos madre e hijo, era una imagen hermosa, tanto que me hizo preguntarme como había sido el rostro de mi propia madre. Pero de inmediato este precioso momento fue ensombrecido por mi memoria, los androides, el 12 de mayo ahora seria una fecha en la que mi familia se vería afectada, era hora de reiniciar mi entrenamiento, y para lograr mi objetivo debía apostar mi vida en ello.

- Bulma, voy a viajar al espacio a partir de hoy.
- ¿Que? Acaba de nacer tu hijo, ¿no puedes olvidarte de entrenar ni siquiera en este momento?
- No, mucho menos en este momento, es imperativo que logre superar a Kakarotto y haga trizas a esos androides – ella permaneció en silencio, así que me di media vuelta y me dirigí hacia fuera.
- ¿Vegeta? – su voz llamándome hizo que me detuviera en el umbral y la mira de reojo, estaba sonriendo con orgullo – Si te vas.. no te atrevas a volver hasta que te hayas convertido en un súper saiyajin.
- Je… ya lo se mujer – le devolví la sonrisa y salí del cuarto.

Ya es algo tarde y Bulma me esta llamando para dormir, continuare después.
vegeta memorias
25 de Junio 791

Esa misma noche al llegar a casa prepare mi partida, quería irme antes de que los padres de Bulma regresaran, muy posiblemente su madre se quedaría para hacerle compañía el tiempo que durara en el hospital, pero de todas maneras no iba a permitir que algo o alguien arruinara mi determinación. Cargue la nave espacial con algunos trajes de batalla que Bulma fue capaz de crear usando retro ingeniería, nunca deja de sorprenderme esa mujer; las provisiones por fortuna estaban ya en capsulas con que solo llevar un estuche seria suficiente, tenia planeado no volver si no hasta un poco antes del 12 de mayo, debía aprovechar el poco tiempo que me quedaba para descifrar la clave para transformarme en un súper saiyajin.

Todo estaba listo cerca de las 6:00am, el sol apenas comenzaba a asomarse por el horizonte y la brisa de la madrugada llenaba de frescura el aire, aborde la nave y mientras la secuencia de despegue terminaba contemple la casa de Bulma por la ventana, mi casa, mi hogar, el hogar de mi familia. La esférica nave se alzo con velocidad saliendo con rapidez de la atmósfera terrestre en cuestión de segundos, el cosmos infinito se abría ante mi con majestuosidad, algo que siempre disfrute es viajar por el espacio, desde pequeño acompañe a mi padre en muchos de sus viajes y cuando estaba bajo las ordenes de Freezer tomaba tantas misiones como me era posible, detestaba estar en cualquier base, todos esos imbeciles cuyos planetas o razas fueron destruidos por ese enano afeminado le seguían y le lamían las botas, cada vez que mis pensamientos se centraban en el mi sangre hervía, pero mientras surcaba en cosmos en mi diminuta nave el mirar las estrellas me hacia tranquilizarme, los viajes casi simple eran largos por lo que pasaba mucho tiempo en el modo de hibernación de la nave (ver apéndice) pero de vez en cuando me gustaba permanecer un tiempo despierto contemplando las galaxias y nebulosas, en el planeta vejita las estrellas fueron de gran importancia para mi gente en la época antigua, al igual que en la tierra se imaginaron figuras en ellas formando constelaciones, pero por desgracia solo se podían distinguir dichas figuras desde la superficie del planeta, cuando este fue destruido la visión de las estrellas también se perdió.

Desde el principio había decidido que viaje no saliera del sistema solar, pero pronto me di cuenta sin un planeta capaz de proveerme de agua mi viaje se acortaría obligándome a volver a la tierra para obtener el preciado liquido, por esta razón alejarme mas, mis conocimientos de navegación astral estaban un poco oxidados, pero no tuve problema para ubicar varios planetas adecuados para repostar, estos planetas eran fértiles y vírgenes, sus habitantes eran formas de vida animal y vegetal poco evolucionada, pero tenían lo necesario para sobrevivir, algunos de ellos poseían una gravedad superior a la de la tierra, pero después de haber entrenado a una gravedad aumentada 400 veces esto no suponía problema alguno para mi. Los primeros tres meses vague por 7 planetas, entrenando gran parte del tiempo, cavilando mis métodos mientras comía y aun en sueños no conseguía la paz, mi pesadilla con Kakarotto y ese mocoso del futuro empeoraba con cada nuevo fracaso, pasaron de simplemente desplegar su poder ante mi a atacarme con toda su fuerza, era como un niño indefenso, no podía atacar, no podía defenderme, no podía huir. Mas de una noche desperté gritando con una mezcla de pánico y rabia, día a día sentía algo que crecía dentro de mi ser, se retorcía en mi estomago y estrangulaba lentamente mi corazón.

A finales de marzo del 767 había destruido ya 5 planetas tratando de expulsar todo mi poder y forzar la transformación, pero esto solo me llevo a confirmar que el súper saiyajin no era simplemente una explosión de energía, algo mas complejo estaba involucrado. Varias veces trate de repasar la leyenda del guerrero definitivo saiyajin, pero jamás en las leyendas se narraba sobre su origen o se describían sus características, en tres ocasiones a lo largo de mi viaje me vi obligado a tomar reposo para sanar mi cuerpo lastimado, en estos momentos de quietud me asaltaba un sentimentalismo poco común en mi, me imaginaba a Bulma reprochándome por mi comportamiento autodestructivo, a su padre silbando una alegre tonada mientras trabajaba en su taller y su esposa paseando por lo jardines con su boba sonrisa perpetua, invariablemente la imagen de mi hijo aparecía en mi cabeza, pero negándome a que un patético paternalismo se apoderaba de mi llevaba mis pensamientos, lejos en la distancia y en el tiempo, a los años de mi adolescencia los cuales pase como subordinado de Freezer.

Cuando el planeta vejita estallo, fui inmediatamente llamado para volver al lado del tirano, Nappa desde luego estuvo conmigo en todo momento, el quien había sido un guerrero condecorado fue elegido por mi padre como mi protector, por supuesto que no estuvo de acuerdo, pero acepto sin queja alguna, la desobediencia de las ordenes reales era el mayor crimen para un saiyajin, condenado con el exilio.

Cuando estuvimos en presencia de Freezer este sonreía con cinismo mientras me da las malas noticias y sus condolencias, mire en sus ojos rojos directamente y supe que ocultaba algo; se me ordeno permanecer en el planeta por un año como periodo luctuoso y para estar al alcance en caso de encontrar sobrevivientes de mi raza, esto fue lo que se me dijo, pero en realidad Freezer quería evitar que me fortaleciera en batalla siendo tan joven. En los siguientes días pedí autorización para llevar acabo los rituales fúnebres propios de la casa real, yo no sentía ningún remordimiento o tristeza por la muerte de mi padre, pero la inquietud acerca de la extinción de mi planeta seguía presente.

Llevamos acabo Gorin (ver apéndice)como marca la tradición, para mi fue mas una muestra de respeto hacia mi padre que una ceremonia luctuosa, aunque para Nappa le fue difícil esconder sus lagrimas. Cuando cumplí 15 años Nappa me llevo a un bar de la base y pidió a cantinero una botella de licor de Jioren (ver apéndice).

- Príncipe, yo estaba guardando esta botella para cuando fuera adulto, se que nunca ha bebido licor pero posiblemente esta sea la ultima botella de licor saiyajin que queda en el universo, creo que es un buen momento para beber un poco – dijo con calma y nostalgia en su voz.
- De acuerdo Nappa, brindemos por los muertos.
- A su padre le hubiera gustado verlo crecer en todo un hombre.
- No digas idioteces, mi padre no era alguien que se dejara llevar por las emociones, era todo lo que un saiyajin debía ser – Tome el primer sorbo de licor, un sabor acidulado y una sensación de ardor llenaron mi lengua, me costo trabajo no hacer una mueca.
- Tiene razón, pero le aseguro, antes que todo el pueblo saiyajin usted era lo mas importante para el, es por eso que había estado buscando la manera de derrocar a Freezer.
- ¿Qué haz dicho? – sus palabras me tomaron por sorpresa - ¿mi padre?, ¿derrotar a Freezer?.
- Así es, fue algunas semanas antes la destrucción de planeta vejita, su padre recibió ordenes de entregarlo a usted como muestra de buena fe y lealtad hacia Freezer, créame que fue doloroso para el.

Ciertamente mi padre me entrego como se lo habían pedido y fui enviado a un planeta lejano junto con un cargamento de esclavos a un remoto planeta, supuestamente mi misión seria exterminar a los habitantes para usar a los esclavos en sus minas, cuando termine el trabajo fui comunicado de la destrucción de mi planeta. De acuerdo con el informe, el planeta vejita había sido destruido por una lluvia de meteoritos haciéndolo estallar en mil pedazos, no hubo sobrevivientes. La botella casi se había terminado y Nappa empezaba a perder el control del habla, yo por mi parte estaba relativamente sobrio, pero seguramente me costaría trabajo caminar derecho, estaba sirviendo lo ultimo del licor cuando alguien entro repentinamente en el bar.

- ¡Nappa!... ¡Vegeta!... vengan pronto.
- ¿Qué demonios sucede?- pregunte al BIT que entro a toda prisa y se acerco a nosotros.
- Un saiyajin… un saiyajin acaba de aterrizar.
- ¡¿Qué haz dicho?! – recupere la conciencia totalmente al escuchar eso - ¿es eso cierto?
- Si, recién acaba de llegar.
- ¡Nappa! Levántate y mueve el trasero.

Salí a toda velocidad del bar y volé en dirección a los andenes donde las naves aterrizaban, Nappa me seguía dando tumbos por el aire pero sin perderme de vista. Un saiyajin, no tenia idea quien podría ser pero era uno de mi raza, debía saber quien era y donde había estado, quizás sabría de otros sobrevivientes, si era así las posibilidades de aniquilar a Freezer aumentarian. Cuando llegue ahí estaba, tenia un modelo muy anticuado de armadura, caballo largo sucio y enmarañado que le llegaba hasta los muslos, su cuerpo era musculoso pero su cara tenia los huesos muy marcados. En cuanto aterrice en la plataforma pareció reconocerme, corrió hacia mi y se arrodillo con una rodilla en el suelo.

- Su alteza, me alegro de que este a salvo.
- Cual es tu nombre soldado.
- Soy Raditz señor, hijo de Barduck.
- Barduck ¿huh? – active mi rastreador para tomar la lectura de su poder de pelea – Veo que eres un soldado de clase alta, ¿Dónde haz estado todos estos años?
- En misión de conquista señor muy lejos de aquí.
- ¿Estas enterado de la situación actual?
- Si mí lord, escuche todo a través de mi rastreador, pero tarde varios años en recorrer el espacio hasta aquí.
- Ya veo, durante tu viaje, ¿encontraste a otros saiyajin?
- No, no he tenido contacto con ninguno mas de nosotros usted es el primer saiyajin que veo desde la destrucción de nuestro hogar.

Sentí gran desilusión al escucharlo, Raditz era fuerte pero comparado con Nappa y conmigo no seria de gran ayuda, pero igual nunca sobran los sirviente, por lo que decidí acogerlo, cuando Nappa llego, le ordene que le consiguiera un cuarto en los mismos aposentos que el y yo, quería mantenerlo cerca hasta que pudiera confiar plenamente en el . Luego de algunos años en los que hacíamos misiones los tres juntos, decidí que había que separarnos para buscar a otros saiyajin, Nappa se vio reacio a alejarse de mi excusándose con que su deber era servir al príncipe de los saiyajin, por su parte Raditz decidió ir a la tierra donde se suponía que su hermano Kakarotto estaría.

Un ruido estridente me saco de mis pensamientos, provenía del tablero de control, me incorpore de asiento y mire los indicadores, todo parecía indicar que me aproximaba a una estrella en fase Terminal, tenia que cambiar el curso o la gravedad me atraparía, los controles no estaban respondiendo a causa del magnetismo de los planetas que ya habían sido devorados por la gigantesca bola de fuego, perdí el control de la nave y me estrelle en un pequeño planeta. Según los instrumentos la atmósfera era apenas respirable, trate de reencender los motores pero no ocurrió nada.

No conseguiría nada quedándome sentado, así que salí de la nave para buscar la falla; al salir mis pulmones se llenaron del aire enrarecido, me percate de que el planeta no permanecería estable por mucho tiempo. Sobrevolé la nave y me di cuenta que esta atorada en una grieta, al bajar pude ver que un trozo de piedra había perforado un costado de la nave, dañando parte del cableado; repararla no seria mucho problema una vez que la sacara de ahí, pero de repente algo golpeo con fuerza la superficie a un kilómetro de donde me encontraba, mire hacia arriba y mi temor se vio confirmado, una lluvia de asteroides, miles de ellos, tan grande como un auto algunos y otros inmensos como edificios, si uno golpeaba la nave estaría perdido.

Comencé a disparar energía a diestra y siniestra protegiendo mi vehiculo, pero cada asteroide que destruía se convertía en pedazos ligeramente mas pequeños, comenzaba a quedarme sin fuerzas, entonces lo vi, un trozo de roca tan grande como una ciudad venia directo hacia mi…

Me duelen los ojos, creo que descansare un poco antes de seguir.
Espero que les haya gustado

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