actualmente an surgido mitos encontra de los gatos y afirmaciones qie durante el embrazo hay que eliminarse de ellos. pero realmente son ciertos? es necesario desaserse de nuestra mascota, nuestro leal compañero por proteger al bebe?
vamos a desmentir los 4 grandes mitos sobre los gatos de nuestra epoca:
1. Los gatos son cochinos

Los gatos – y en general todo animal doméstico – es tan cochino como lo es su dueño. Claro: si al bicho le damos carne sin cocer o las sobras de la semana pasada, le limpiamos la caja de arena sólo cuando el hedor se hace insoportable y lo dejamos vagar entre los tarros de basura, ciertamente estará sucio.

Si usted se preocupa de darle una buena alimentación, desparasitarlo, tener sus vacunas al día y mantenerlo en condiciones higiénicas apropiadas, créame, hasta un cerdo puede ser limpio.

2. Los gatos transmiten enfermedades peligrosas para el feto


Esta es una realidad exagerada a niveles ridículos. Surge a raíz de la toxoplasmosis, una enfermedad infecciosa causada por el parásito toxoplasma gondii, que puede provocar defectos congénitos como ceguera o daño cerebral, siendo portada no sólo por gatos, sino por muchos otros animales.

Ahora, contrario a la idea de que la sola presencia del gato baste para que una embarazada la contraiga automáticamente (lo que sería todo un hallazgo científico) la toxoplasmosis se transmite:

Sólo manipulando las heces del animal (o como diría Juan Carlos Bodoque, la caca).
Sólo si esas heces tienen más de 24 horas de deposición.
Sólo si esas heces pertenecen a un gato que elimine toxoplasmas activos (un 2% de la población felina).
Entonces la recomendación es sencilla: si está embarazada y tiene un gato, evite ser usted quien se haga cargo de limpiar su caja de arena. Si su gato defeca en el patio, use guantes para manipular la tierra del jardín. Pero sobre todo, no se chupe los dedos después de hacerlo: el toxoplasma sólo se adquiere cuando es ingerido.

¡Ah! Y a propósito, la principal via de contagio de la toxoplasmosis no son los gatos, fíjese… sino el consumo de carne cruda o mal cocida.

3. Los pelos de gato son peligrosos durante el embarazo

Todos hemos escuchado la historia de la pobre Tia Ema, que tras convivir con un gato tuvieron que extirparle una bola de pelos con la que se podría haber tejido un chaleco (seguro gracias a opiniones tan doctas como esta).

La verdad es que mientras usted no se aficione a lamer a su gato, el único problema que encierran los pelos se asocia al asma y las reacciones alérgicas.

Ambas condiciones están relacionadas y, aunque en conjunto afectan entre un 11% a 15% de la población, sus efectos no suelen ir más allá de algunas molestias. Sólo cuando se trata de casos graves, la persona debería tomar medidas especiales o abstenerse de tener gatos (y no sólo durante el embarazo).

4. Los gatos son peligrosos para los bebés

Cualquier mascota que entra en el hogar es un miembro más de la familia. Como tal quiere, extraña y también puede sentirse desplazada si se le ignora tras la llegada de un bebé. Es lo mismo que sucede con los hermanos, por lo cual rige la misma recomendación: no hacerlas a un lado. No olvidar seguirles dando amor.

Quienes aún tengan dudas pueden ver aquí una recopilación de artículos sobre la convivencia entre niños y mascotas, o acá un puñado de testimonios de personas que – con el mismo temor – descubrieron lo que sucede al meclar gatos y bebés: absolutamente nada.

Claro, nada malo, porque beneficios hay muchos. En la mayoría de las páginas que visité sólo se habla de las ventajas que tiene para los niños crecer junto a animales, desde una mayor resistencia a enfermedades (incluyendo asma y alergia) hasta la internalización de aquel valor supremo que es el respeto a la vida.

Por eso, concluyo rescatando estas sabias palabras de la veterinaria mexicana, Mónica Vallejo:

“Teniendo en cuenta las anteriores precauciones y prevenciones de enfermedades, no nos dejemos tampoco llevar por médicos ignorantes, apegados aún a la arcaica medicina hipocrática y aristotélica y que nos digan o insistan en que no debemos conservar a nuestras mascotas porque son un peligro potencial para nuestro bebé por nacer.

Si ya tenemos hijos, ¿qué explicación absurda les daremos cuando lo apartemos de su mejor amigo animal? ¿Seremos capaces de abandonar o regalar a su mascota?

En el caso de que sea el primer bebé, ¿qué le diremos cuando crezca y vea fotografías de aquella mascota “peligrosa”? ¿Le mentiremos torpemente o seremos capaces de decirle la verdad, bajo el riesgo de que crezca con una idea igualmente equivocada o de que nos diga que cómo fuimos capaces de deshacernos de nuestro animal favorito por causa de un médico mal informado?”


“En general si ya está embarazada, le digo que no hay problema. Eso porque existen tres enfermedades principales que un gato puede transmitir: la conocida como el arañazo del gato, cuya incidencia es tremendamente baja; y luego la listeriosis y la toxoplasmosis, cuyo riesgo también es bajo y se minimiza con algunas recomendaciones. Por eso, si la mujer ya está embarazada le digo que no hay problema en que conserve su gatito.

Ahora, si la mujer ha tenido problemas para concebir o bien para mantener el embarazo, entonces le pido que se haga un examen de listeriosis y toxoplasmosis. Si ese examen da positivo, entonces le sugiero que regale a su gato. Pero insisto, es sólo en casos en que no ha habido embarazo”.