¿Son los animales más infieles a su pareja que nosotros?

Animales

Fidelidad es, según la Real Academia, sinónimo de lealtad. Lo contrario, infidelidad, es de acuerdo con la misma fuente una deslealtad: “Cumplimiento de lo que exigen las leyes de la fidelidad y las del honor y hombría de bien [¿Existirá mujería de bien?].

Animales sociales, nuestra especie ha vivido siempre de cabeza por culpa de este pacto afectivo basado en la promesa de ser fieles a nuestra pareja “hasta que la muerte nos separe”. Una promesa harto difícil de cumplir por mucho que la religión haya impuesto la indisolubilidad del matrimonio como santo dogma.

Cuando era inquieto niño pajarero, el cura de Ubierna (Burgos) me señalaba lo sabia que era la naturaleza, con esas cigüeñas emparejadas de por vida. Hoy sabemos lo erróneo de esta vieja leyenda rural, pues la fidelidad de las zancudas es más al nido que al cónyuge; más al piso hipotecado que a quien te ayude a pagarlo.

Otra leyenda señala a los machos como habituales promiscuos frente a las de natural fieles hembras. Y otra vez la realidad desmiente nuestros mitos. Nos lo acaban de demostrar Bellota y Pipo, una pareja extremeña de elanio azul (Elanus caeruleus). Esta pequeña rapaz, especie de cernícalo blanquiazulado de impresionantes ojos rojos, es una portentosa devoradora de ratones. El año pasado la Junta de Extremadura marcó a ambos con emisores para vigilar sus movimientos vía satélite. Sorprendentemente, en apenas un año Bellota sacó adelante 14 pollos en cuatro nidadas consecutivas sin apenas descanso. Pero no todas fueron con el mismo padre. A la tercera puesta la hembra abandonó el nido y dejó al pobre Pipo el trabajo de alimentar en solitario a sus tres jovenzuelos mientras ella se largó a un nido cercano, donde se emparejó con otro macho y crió cuatro pollos más. ¿Qué habría dicho de esto el cura de Ubierna?




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