Quiero compartir con ustedes, esta historia de la que fui testigo, hace algunos años, y que recuerdo siempre, porque de alguna manera, marco mi vida, y me hizo tomarles cariño a los animales, especialmente a los perros.

Una historia que me conmovio cuando tenía 7 años.


Tenía yo, aproximadamente 7 años, y acostumbraba acompañar a mi papá, al mercado, a hacer algunas compras, siempre encontraba el pretexto perfecto para no dejarlo ir solo, y de una manera u otra, siempre me llevaba, esta costumbre, duro algunos años.


En una de estas ocasiones, al estar comprando carne, llamo mi atencion, una pareja de perritos, perros de la calle, sucios, flacos, pero que hacían guardia frente a la carnicería, esperando algun bocado para llenar su pobre estomago, entonces, la dueña del negocio, le platico a mi papá, que habían llegado juntos, y que ella, teniendo buen corazón, les ofreció un bocado, y ya tenían ahi algunos días, asi que en aquel momento, esperaban por su comida de ese día.

A partir de entonces, siempre se les veía, cerca del negocio de la carne, jugando, corriendo, o cubriendose de la lluvia y el calor, en una pequeña casita, que los mismos locatarios del mercado les improvisaron para que vivieran.
perritos

Asi estuvieron durante algunos años, la gente , se había acostumbrado a verlos, eran parte ya, del paisaje y de la gran familia que tenían en el mercado. Pasaron 3 o 4 años, cuando un día, al irnos acercando a la carnicería, empezamos a escuchar unos aullidos muy lastimeros, de verdad helaban la sangre, eran tristes, muy tristes, cuando por fin llegamos, vimos a uno de los perritos , tirado en la acera, muerto, y a su compañero, parado junto a él, aullando, viendo a su amigo tendido, como presintiendo, que ya jamas iba a responder, con juegos o con saltos, a las señales de cariño que el le prodigaba.


Luego supimos, que habían atropellado al pobre animalito y que un alma bondadosa, lo había subido a la acera, adonde su compañero de tantos años, le lloraba tan lastimosamente. Por la tarde, los locatarios del mercado, llevaron a enterrar a un parque cercano al perrito atropellado.


Su fiel compañero, fue tras de él, hasta que la última palada de tierra, cayó sobre su amigo, y dandose la vuelta, se fue , como había llegado, sin que nadie supiera de donde vino, ni hacia donde dirigió sus cansados pasos, jamas lo volvimos a ver.


Ahora, al paso de los años, recuerdo muy bien esta historia, porque hasta la fecha, me parece impactante, el ejemplo de amor tan grande, que pueden darnos los perros.

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