por que los perros y gatos son enemigos

Un perro se encuentra jugando en un parque, en ese momento aparece un gato, el perro curioso se acerca a él moviendo la cola en señal de amistad para poder olfatearlo, el gato le devolverá el gesto con la cola pero… ¡Lo arañará! ¿Por qué? ¿Acaso los gatos son malvados?

los perros y los gatos tienen un tipo de naturaleza muy diferente. Los perros son animales muy sociables, viven en grupo, tienen una jerarquía social y gustan de trabajar en equipo. Los gatos en cambio tienen una vida solitaria e independiente.

La causa de este odio sin razón aparente, es que estas dos especies malinterpretan sus señas corporales. Cuando un perro mueve la cola de un lado a otro indica que se encuentra contento y emocionado, con intenciones amistosas. En cambio si un gato agita su cola de un lado a otro no quiere decir que esté feliz, sino todo lo contrario: significa que está molesto y enojado. Aquí es cuando el gato podría morder o arañar. Cuanto más la muevan, mayor será su enojo, por lo que el significado de esta señal es de “¡No te acerques!”.

Estos grandes malentendidos provocan que con el tiempo los perros aprendan a ver a los gatos como seres hostiles y despreciables, aumentando los conflictos que existen entre estas dos especies. Pero afortunadamente esto no siempre es así, hay muchos perros y gatos que han aprendido a convivir entre si en una misma casa.

En determinadas circunstancias la relación es excelente, y, en cualquier caso, se pueden prevenir y controlar los problemas de convivencia.

Los perros y los gatos son predadores por naturaleza, y su instinto les incita a perseguir a otras especies animales. Es frecuente que los gatos se lancen tras los ratones, pájaros, moscas, etc., y que los perros hagan lo mismo con los gatos. Su impronta genética les dice que es una potencial presa que deben perseguir y la primera prioridad de cualquier especie animal es la obtención de alimentos para su subsistencia. En los carnívoros, y especialmente en los felinos que son carnívoros obligados o exclusivos, esta supervivencia está basada en la caza de presas vivas.

En los gatos la pasión por la caza es más difícil de erradicar que en los perros pero se puede controlar por medio de juegos, entretenimientos y teniendo cuidado en no facilitar las situaciones que despiertan este instinto.

Para lograr una buena convivencia entre especies tenemos que ser conscientes de las diferencias y respetarlas: los perros pueden ser fáciles de educar, los gatos un poquito menos. Los felinos son más independientes del amo y suelen entretenerse sin causar mayores problemas. Son más higiénicos, no necesitan salir a la calle a hacer sus necesidades. No son glotones como los perros, prefieren picotear…

Estos dos predadores pueden mirarse con desconfianza, justamente por que son diferentes. La incomprensión recíproca puede ser el motor de sus relaciones, pero la domesticación ha cambiado esto y es una gran verdad que la convivencia puede hacer el cariño.

Si los acostumbramos desde cachorros a su mutua presencia, es decir, los socializamos correctamente y los educamos para convivir, la adaptación será mucho más fácil.

Cuando un perro ve a un gato desconocido inmediatamente lo acosa. El felino medita qué es lo que le conviene, si hacerle frente o darse a la fuga. El perro dilata sus pupilas, pone sus orejas tiesas, y permanece expectante ante las reacciones. Si se inicia la pelea el gato se endereza y emite un particular sonido. Esta actitud provoca el ataque de un perro que no sea tímido. Un gato sano es más rápido que cualquier perro.

Pero si comparten el mismo territorio y les facilitamos las cosas con contactos tempranos terminarán haciéndose amigos. Lo mismo ocurrirá si la mascota no es un gato, sino un conejo, un roedor o un pájaro, si nuestro perro es joven la adaptación también será mucho más fácil.

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