Poema de los animales

Bueno empezaremos con un poema a los perros

Poema Buen amigo, fiel perro de Francis Jammes

Buen amigo, fiel perro, has muerto de la odiada
muerte, de la temida, de la que te escondiste
bajo la mesa tanto… Tu amorosa mirada
se ha clavado en la mía en la hora breve y triste.
Oh vulgar compañero del hombre, ser divino
que el hambre de tu dueño gustoso compartías,
que acompañar supiste el pesado camino
del ángel Rafael y del joven Tobías.
Poema de los animales


Poema a un gato que no volvió

Ya no te veré más
durmiendo a gracia suelta:
no volviste jamás
de tu amorosa vuelta.
Con una gata blanca,
mira qué mala suerte:
la gata era la blanca
de la Señora Muerte
mascotas


Nosotros los animales

Nosotros, los animales,
les queremos recordar:
si nos toman por mascotas,
que nos quieran de verdad.
Si triste y enfermo me ves,
deseo que atención me des.
Sin mirar día ni horario
llama al veterinario.
poema


Canción de la yegua ciega de Angel Padilla

(Dedicado a las yeguas que unos criminales dejaron ciegas disparándoles con una escopeta de aire comprimido en el lagar de los Dolores, Galicia. Algunas de ellas estaban en avanzado estado de gestación.)

Yo tenía la verde hierba bajo mis patas.
Yo tenía el cielo azul sobre mi crin.
Yo tenía rodeándome montañas.
Ahora ya no tengo nada.

nosotros

Oda al Toro de España

Llamo al Toro de España.
Alza, toro de España: levántate, despierta.
Despiértate del todo, toro de negra espuma,
que respiras la luz y resumas la sombra,
y concentras los mares bajo tu piel cerrada.
Despiértate.
Despiértate del todo, que te veo dormido,
un pedazo del pecho y otro de la cabeza:
que aun no te has despertado como despierta un
toro cuando se le acomete con traiciones lobunas

los

Canción de los Lobos

Ruge y retumba la tormenta
Por la enlutada bóveda del cielo,
Y sobre el dorso de impetuosas ráfagas
Cabalgan las deidades del invierno.
Ni el frígido erial donde vagamos
Sin acierto buscando alguna senda,
Ni un arbusto descubre la mirada
Que el suspirado abrigo nos ofrezca.
Allí en la cueva el hambre que nos mata,
Y fuera de ella el frío que nos hiela;
Entre ambos, como rudos cazadores;
Sin piedad nos acosan por doquiera.
Y píntaseles otro en la batida:
Del cargado fusil la saña fiera
Deja sobre la nieve señaladas
Con nuestra roja sangre nuestras huellas…
Tenemos frío, sí; tenemos hambre
Y el mortífero plomo nos asedia
Pero ¿qué importa?… En cambio somos libres.
¿Oh, santa libertad! ¡Bendita seas!
Que


El Tigre

Soy el tigre.
Te acecho entre las hojas
anchas como lingotes
de mineral mojado.
El río blanco crece
bajo la niebla. Llegas.
Desnuda te sumerges.
Espero.
Entonces en un salto
de fuego, sangre, dientes,
de un zarpazo derribo
tu pecho, tus caderas.

para

Por cada uno de los hermosos sentimientos que expresan estos poemas digan no al "maltrato animal"

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