Libro de Patricio Rogelio Santos Fontanet

Pato
Por esas cosas que siempre pasan, un día que habíamos acordado reunirnos nos
desencontramos. Alguien se olvidó. Alguien estaba ocupado en otra cosa. Alguien
quedó esperando. Hubo un cruce de llamados telefónicos en el que se decidió
improvisar un encuentro. Era 29 de diciembre. Juancho llegó a mi casa acompañado de
«Pato». Patricio Rogelio Santos Fontanet es extremadamente blanco y sin embargo no
es pálido. Tiene el pelo oscuro y una barba que pretende esconder los rasgos suaves que
le dan un aspecto joven, demasiado joven. Lo único que desmiente su timidez es la
mirada frontal y aguda que sostiene con firmeza sobre los ojos de quien es destinatario
de sus palabras. Por cierto, a pesar de haberse ruborizado en varias ocasiones, cada vez
que me habló, lo hizo mirándome a los ojos. Y apenas minutos después del primer
intercambio verbal descubrí que la agudeza de su mirada reflejaba la agudeza de su
pensamiento. Mientras Juancho y yo definíamos algunas cosas pendientes, Pato se
dedicó a recorrer las habitaciones abriendo con absoluta discreción cada una de las
ventanas. Después se sentó cerca de nosotros y prestó atención a lo que hablábamos
hasta que una frase relacionada con el dolor disparó su primer monólogo:
––Se espera que yo no me ría. Yo estuve ahí. Salí y volví a entrar tantas veces como
pude. Cuando llegué al hospital parecía un deshollinador. Estaba todo negro, tiznado,
sin remera, irreconocible. Yo estuve ahí. Perdí a la negra y a Lili y todavía las extraño.
Hay días en que me levanto y lloro. De la mañana a la noche. No es que llore a los
gritos, no, se me caen las lágrimas. Entonces me encierro y lloro todo lo que me sale.
Pero también me río cuando me acuerdo de las cosas buenas o me enojo cuando veo las
injusticias. Son dos risas diferentes pero ¿quién puede entender cuándo es una y cuándo
es otra? Cuándo es esa cosa linda que recordás y cuándo es ironía, sarcasmo… Cuándo
tiene que ver con la alegría y cuándo con darme cuenta de que estoy embargado hasta
las pelotas, a meses del juicio. Yo quisiera ir a las marchas. Además de perder a mi
novia, perdí a cuarenta amigos, los chicos perdieron a sus familiares y no podemos ir
ahí, nos separaron de la gente.
Pato mira el árbol de Navidad. Le cuento que acabo de armarlo después de muchos años
porque hay nuevos integrantes de la familia que cambiaron mi perspectiva sobre las
fiestas.
––Nosotros hace tres años que no armamos el arbolito. Y todo es así: no se puede
festejar, no hay mucho para celebrar. Nos faltan los abrazos de tanta gente querida. Y
cuando quiero reírme, porque tengo que reírme porque la vida sigue, siempre hay una
cámara o una persona que me mira y que parece decirme que no tengo derecho, que me
juzga y me censura.
Le pregunto si a raíz de haber entrado tantas veces a rescatar gente le quedaron secuelas
del incendio.
––Nunca me hice los estudios, así que no tengo secuelas.
––¿Y para cantar?
––Tampoco. En realidad, lo que no puedo es aumentar de peso. Antes, con cuatro o
cinco kilos más, cantaba sin problemas. A lo sumo tenía que nebulizarme antes de
empezar y al terminar el concierto. Ahora me tengo que cuidar de no engordar porque
ahí siento la falta de aire. Soy alérgico desde chico. Alérgico a los inhalantes. Me sorprende la información. Padecer ese tipo de alergia implica tener complicaciones
respiratorias frecuentes y de diversa gravedad. Significa no tolerar el humo y mucho
menos el humo espeso que generan los plásticos en combustión. Cualquier persona con
las características de Pato habría salido de Cromañón para no volver a entrar por el solo
hecho de conocer sus limitaciones. Sin embargo, él entró una y otra vez a rescatar gente
desestimando los efectos que la exposición a los gases tóxicos pudiese tener sobre su
sistema respiratorio. Pato no reparó en los riesgos. Pato no se ahogó simplemente
porque no toleraba ver morir así a su gente. Y como él no lo decía, Juancho acotó:
––Estábamos en el escenario cuando nos dimos cuenta que el techo se estaba
incendiando. Hasta unos segundos atrás, el fuego nos había quedado tapado por una
columna pero cuando empezó a extenderse pudimos verlo. Yo salí por la puerta de atrás,
la que estaba cerca de los camarines. Mientras bajaba del escenario vi cómo Pato, en
vez de venir conmigo, saltaba hacia el lugar del incendio, se metía entre la gente, más
allá de las vallas, y empezaba a rescatar a los que estaban en mayor peligro.
Nos quedamos en silencio. Es difícil recordar. Hablar de los recuerdos implica revivir
escenas de horror, gritos. Implica reencontrarse con la impotencia y la desesperación.
Sin embargo, algo parece haberse desencadenado en Pato y sigue:
––Entré hasta que me echaron. No sé cuántas veces, hasta que alguien me dijo que
estaba todo vacío. Primero ayudé a salir a la gente que estaba cerca de las vallas de la
salida. Hay una foto en la que se ve una valla sobre una escalera. Yo la tiré ahí para
abrirle paso a la gente. En la escalera que iba al VIP… ¿Qué VIP si la primera vez que
fui a Cromañón ahí había un baño que después fue tapado? Yo buscaba a la Negra. Ella
estaba arriba. En el camino saqué a la gente que estaba tirando abajo la pared que daba
al hotel, ésos salieron por el hotel. No llegué a los baños pero sé que los que estaban ahí
no lo pasaban tan mal porque el humo era menos caliente. En un momento entré al
camarín y vi mi mochila… Le dije a los canas que estaban ahí que ésa era mi mochila,
que yo era el que había estado cantando hasta hacía unos minutos. Después la policía
secuestró todo lo que encontró. Y a nosotros fue a los únicos que no nos devolvieron
nada… Bueno, nada no. Yo quería que me devolvieran una carta de la Negra y un
medallón que me había regalado un chico que había estado preso y después en
tratamiento por adicciones. Eso no me lo dieron. Sí me dieron los documentos y una
remera de El Tri, una banda mexicana que me había traído un amigo. No sé… todo
hubiera sido muy diferente si la puerta hubiese estado abierta. Pienso que a Chabán no
le iba bien. A veces nos decía: «Estoy ganando plata con ustedes». Uno puede decir
cualquier cosa ahora pero comparado con los demás bolicheros, Chabán era un señor.
Para esa época ningún lugar tenía salida de emergencia y nadie controlaba cuánta gente
entraba. En El Teatro (hoy The Roxy) tocaron Divididos, Las Pelotas, Catupecu… todos
metieron cerca de dos mil personas y el lugar estaba habilitado primero para quinientas
y después para novecientas. En El Hangar, la puerta de emergencia daba a las vías del
tren. Cemento… Si a mí me preguntaban cuál era el mejor lugar para tocar, te hubiera
dicho que era Cemento: el mejor escenario de la Argentina. Después de Cromañón, el
único lugar donde no tuve miedo fue en El Teatro, en Flores, que antes era el cine
Fénix. Ahí fue donde volvimos a tocar. Dos canciones, de sorpresa en el concierto de
Jóvenes Pordioseros. Pero en otros lugares empiezo a transpirar, me pongo nervioso, me
fijo por dónde salir si pasa algo, los primeros quince o veinte minutos me lo paso
mirando el techo… no estoy en lo que está pasando. Estoy pendiente de lo que hay
alrededor, busco un lugar por donde salir si pasa algo, generalmente me pongo al lado de la puerta. Hasta en el Orfeo que es como el Luna Park de Córdoba me sentí así. Y
encima me acuerdo de que en todos lados estaban la policía y los bomberos. Si cuando
fue el incendio mientras tocaban Jóvenes Pordioseros, entraron. Siempre estaban ahí
porque era su obligación y cuando yo entraba y salía sacando gente, ellos, desde afuera,
me decían que no me podían prestar una máscara porque les podían hacer un sumario.
En un momento, el escenógrafo de La Renga me alumbró con su celular para seguir
buscando gente. Al otro día de Cromañón cerraron todo y a los tres días volvieron a
abrir igual que antes. No hubo ningún cambio. El 31 de diciembre de 2004 en el
suplemento «Sí!» de Clarín salió la nota sobre lo mejor de ese año. Era una encuesta en
la que votaba el público. Cromañón estaba entre los diez mejores lugares para escuchar
bandas, en el noveno puesto. Cemento en el sexto. La imagen del año era de un recital
de Los Piojos pero no era de los músicos sino de un pibe con una bengala. Callejeros
fue la banda revelación. Antes del incendio, todos convivíamos con las cosas que
estaban mal como si fuesen normales. Yo siempre tuve dificultades respiratorias. Me
ahogaba. ¿Y entonces qué hacía? Terminaba de cantar y me nebulizaba. Si estábamos
viendo a una banda y prendían una bengala, nos corríamos. Las bengalas tenían que ver
con el rock, con las fiestas del rock y las bandas. Los Redondos, Los Piojos… Las
Pelotas tuvieron que volver para atrás la salida de un CD que en la tapa tenía la foto de
una bengala encendida. Treinta mil copias a la basura y vuelta a hacer un arte donde no
hubiera bengala. Lo más triste de todo es la careteada del público: los que alguna vez
estuvieron, prendieron una bengala o vieron cómo otro la prendía, y de repente se
hacen los boludos. El tema no es haber prendido la bengala, el tema es cómo estaba el
lugar. Tiene que haber una toma de conciencia de la gente, de las bandas de rock, de
todos para exigir que los lugares estén en condiciones.
Pato toma un respiro. Le pregunto cómo empezaron.
––La primera fecha de Callejeros fue el 22 de diciembre de 1996, en San Telmo, en el
Centro Cultural Piedras, un lunes. Después tocamos de vuelta ahí el jueves y el viernes,
nos pidieron que estuviésemos otra vez porque había una fiesta. Era la Semana del Arte.
Hicimos rock and roll: Creedence, los Rollings, algo de los Beatles.
Me sorprende la precisión con que recuerda fechas, lugares, detalles. Se lo digo. Sonríe.
––Uno se acuerda de todo. No hay día en que no se acuerde. Y el día que no te querés
acordar, te aturdís y terminás en un boliche que se puede incendiar. Igual, nos cuesta
hablar de eso. De lo judicial hablamos muy por arriba y en estas fechas las cosas se
ponen peor: no sabés qué hacer. Ocupás el tiempo pero no ocupás el espacio. Todavía
tengo pesadillas. Todavía escucho los gritos, despierto y dormido. Estuve un montón de
días escupiendo brea. Pero, ya te dije, no me hice los estudios. ¡Qué garrón para todos!
¡Y qué cagada que algunos lo suframos tanto mientras otros se llenan los bolsillos!
Le pregunto acerca de lo que significaba la música y lo que significa ahora.
––La música nos salvó la vida. Tocar es lo que sabemos hacer, lo que queremos hacer.
Pero antes de Cromañón no era el único madero en el medio del mar. Ahora es lo único.
Tres o cuatro meses después volvimos a tocar. Señales se grabó casi sin ensayos porque
no podíamos. A mí me cambió la voz, la manera de cantar. Entristecí. Envejecí. Ahora
no estoy para charlas de boliche. Lo que cualquier persona vive entre los veinticinco y
los treinta y cinco años yo lo viví en tres meses. Aprendí que, te guste o no te guste, cuando las cosas pasan, pasan. Lo único que no termino de aprender son las reglas de
los medios de comunicación. Resulta que Chabán ponía la plata, el lugar, la seguridad,
la organización y el día que algo sale mal pasamos a ser socios. Hay cosas que nadie
dice. Por ejemplo, todos los bolicheros tenían situaciones peligrosas en los locales, pero
se callan. Yo nunca vi que en un boliche de Chabán se vendiera droga. Capaz que el
chabón era un poco rata: no lavaba el boliche porque total se iba a ensuciar otra vez.
Pero la responsabilidad de lo que pasó no es de él, lo que pasó no pasó por
falta de limpieza. Pasó porque la policía y los bomberos fallaron. Cromañón no se NOS
prendió fuego a nosotros. Se LE prendió fuego a la policía y echarle la culpa a Chabán
era lo más fácil. Nosotros, como casi todos los músicos, no nos respetábamos como
trabajadores, no veíamos nuestro trabajo como riesgoso. No teníamos ni idea de lo que
era una ART. No sabíamos prever y aceptábamos casi cualquier condición para poder
tocar y entonces no veíamos lo que pasaba. En una entrevista, Cordera, el de la Bersuit,
hablaba medio como censurándonos por lo que había pasado. Entonces el periodista le
dijo que podría haberle pasado a cualquiera y él le contestó: «Pero les pasó a ellos». Nos
pasó a nosotros. No pasó en un lugar en Congreso en el que el piso es de madera y lo
único que te prohíben es fumar; ni en otro que está en San Telmo en el que no sólo no
hay salida de emergencia, casi ni hay entrada. La puerta es como la de una casa y da a
una escalera que te lleva al sótano. Se entra y se sale por el mismo lugar. ¿Ves lo que
pasa? Todo está mal. Te agarra la paranoia, revisás, ves que está todo mal y entonces
dejás de revisar. Es un círculo perverso.
Pato no deja de mirarme a los ojos mientras habla. Y sus palabras son tan frontales y
agudas como su mirada. Su relato va y vuelve en el tiempo. Da cuenta de esa noche con
la misma franqueza con la que expone sus opiniones acerca de cada uno de los
involucrados en esta historia que parece no tener fin:
––Chabán tiene cierta ideología hippie, medio bartolera, pero no es un hijo de puta.
Raúl (Villarreal), en cambio, es amigo de todos los mánagers que les roban a las bandas.
Lo que no acepto es que Chabán se haya callado. Una vez, Juancho agradeció
públicamente a todos los que nos hicieron la vida imposible. Es difícil entender que
alguien no tome en cuenta que tu familia estaba ahí. Pasa el tiempo, se murió la mitad
de tu familia y no podés llorar. Es injusto que Maxi no pueda marchar. Y tengo que
pensar que a los cinco o diez que salen todo el tiempo por la tele no les importan los
muertos. A más de uno habría que decirle: «Tu hijo es tan boludo como el que tocaba.
El que tocaba estaba ahí y tu hijo estaba al lado». Lo terrible es que, todavía hoy,
después de Cromañón, la gente no entiende que esto puede pasar, que pasó y que puede
volver a pasar. En el momento del incendio, los que estaban ahí no gritaron hasta que se
apagó la luz. Yo me tiré del escenario para el lado del público porque creí que podía
apagar el fuego. Hice lo que tenía que hacer. Y ahora todos tendrían que hacer lo que
hay que hacer.Ahora, ese día, alguien no había hecho lo que tenía que hacer: la puerta
estaba cerrada, hubo muchos errores en el mismo sector.
Nos quedamos en silencio. Como tomando un respiro frente a la intensidad de las
palabras de Pato. Él es intenso y, al mismo tiempo, sereno. No se exalta cuando explica
las contradicciones, las incoherencias que ha vivido junto a sus compañeros de banda
desde aquella noche. No pierde la calma ni siquiera cuando cuenta sus pesadillas. Le
pregunto por lo que viene. ––Desde Cromañón no tenemos metas. Vivimos muy al día. Igual, esto va a pasar y nos
juntaremos a ensayar porque es lo que sabemos hacer. Yo, por ejemplo, si no escribo
me muero. Mientras la Negra estaba internada escribí todo el tiempo. No escribía
canciones, escribía lo que me estaba pasando. Le escribía a ella.
––¿Seguís escribiendo? ––pregunto.
––No, ahora no. No puedo. Sólo canciones. Pero no pude volver a escribir aunque me
hacía bien.
––¿Y el juicio? Porque el juicio también es lo que viene––le digo.
––El juicio… El juicio no es penal porque no se nos va a juzgar: no hay delito por el
cual me tengan que juzgar. Yo estaba cantando y se me va a juzgar por haber estado ahí.
Todos como ciudadanos nos merecemos una discusión civil sobre lo que pasó. Me da
bronca porque si hubiese muerto sólo un familiar nuestro y nadie más, nosotros no
estaríamos acusados y me parece vergonzoso que un número cambie las cosas. ¿No es
tan importante una vida como ciento noventa y cuatro? Y yo tengo que ir al juicio a
sentarme y explicar que se me cayó el mundo encima mientras estaba tocando. Por eso
tiene sentido hacer este libro. Es como un manual para avivar giles escrito por perejiles
como nosotros para que los mediocres del gobierno y la televisión dejen de decir
pavadas. Yo al principio no entendía qué quería decir «culposo», me atormentaba
viendo la tele y siguiendo lo que decían de nosotros sin saber nada de nada, no me podía
despegar de lo que habían generado los medios de comunicación. Fijate: Chabán es el
enemigo, Callejeros es la pantalla. Chabán sale el mismo día que Ibarra asume como
legislador y en esa misma semana a mí me sacan la foto con mi cuñada en el Botánico,
tras las rejas, como si ya estuviese preso. Por suerte, gracias a este manual, corrí el
interés sobre la tele.
Hace una pausa. Es contundente, justo, claro. Es apenas un respiro antes de seguir
hablando:
––Lo primero que veo cuando me despierto es la guitarra que siempre está ahí, al lado
de mi cama. Y si bien disfruto de escribir canciones, de ensayar, en este contexto te
tenés que obligar a todo, incluso a lo que vas a disfrutar. Cuando aparece, la muerte
arrasa con todo. Yo vi cosas que no quiero volver a ver y no le deseo a nadie lo que
vivimos. Al principio recorrés mentalmente todo, lo revivís, te obsesionás pensando qué
estuvo mal, qué tendrías que haber hecho, dónde estuvo el error. Un tiempo después,
aprendiste tanto que ya no le buscás más vueltas. Libro de Patricio Rogelio Santos Fontanet

13 comentarios - Libro de Patricio Rogelio Santos Fontanet

keikoem +3
NO! la frase del final me mato!! "Al principio recorrés mentalmente todo, lo revivís, te obsesionás pensando qué
estuvo mal, qué tendrías que haber hecho, dónde estuvo el error. Un tiempo después,
aprendiste tanto que ya no le buscás más vueltas."
Q BESTIA! VAMOS CJS y Vamos Pato!
mmaarcjs
PERO NO CREO EN EL CIRCO DE LA INFORMACION ...
me llena el alma escucharte cantarr ... siempre vas a ser lo mejor
fuerza pato
Bisca_cjs
FUERZA PATO, FUERZA CALLEJEROS. HOY MAS QUE NUNCA UNIDOS, NO HAY QUE DARLE IMPORTANCIA A LOS GILES QUE SOBRAN Y QUE SON TARADOS QUE NO ENTIENDEN Y TE LA QUIEREN CONTAR.
CALLEJEROS INOCENTES, AYER, HOY Y SIEMPRE !!!!!!!!!!!!!!!!!

ME NIEGO ESTA NOCHE A OLVIDAR
30/12/04 ~ 30/12/11
fedeeCjs
Tremendo loco, gracias por compartirlo ! Fuerza Pato
luch41
Pato sos un idolo!!! FUERZA Y VAMOS CALLEJEROS... TE AMO!!!
Capochin
Vamo callejeros locooooooo! por esas 194 almas loco!! No olvidar, siempre resistir! CJS
Roofst
como hago para bajarlo entero? no tengo idea de como se maneja esto
Gu_R
que grande que es pato y cuanta verdad transmiten sus palabras !!!!
Vamos CJS hoy ayer y siempre !!!!
leticcia3
Excelente. Se te eriza la piel. Sos un fenómeno Patito, toda tu gente está con callejeros, COMO SIEMPRE, pero más que nunca! te queremos ver salir de esta, y los queremos ver afuera. Queremos que estén ahí, en cada marcha, como ustedes también lo quieren. Una realidad todo lo que dice. Sin palabras
Guiillee15
Aguante Pato! Cómo te banco ídolo, libertad a Callejeros, libertad a Santos como a el le gusta que le digan, TODA la gente que salió del boliche está con la banda, siempre tan sincero y directo, me encanta su forma de expresar. Callejeros, inoxidable pasión<3 No más bola a la gilada y a los tarados, y NO olvidar 30-12-04.