Emilio Rocholl
Profesor de música, director de coros e investigador. Egresado de la Escuela Superior de Música del Chaco, como Profesor de Música, especialidad piano. Master en Educación por el Arte egresado de la Facultad de Artes de la Unam. Cursó y aprobó los créditos académicos del Doctorado en Artes.Posadas (Misiones), República Argentina.

La Misiones que se viene.
"Si no hubiesen expulsado a los jesuitas, nuestra historia hubiese sido otra”
Es un gran gestor cultural y un apasionado de la música jesuítica. De su incansable tarea docente nacieron muchos de los semilleros donde hoy maduran las nuevas generaciones de artistas. Sostiene que un pueblo crece si crece su cultura
Posadas (Por maría Marta Fierro).
Nadie ignora que Emilio Rocholl es un gran director de coro y un incansable gestor cultural. Pero quizás muy pocos sepan que además es contador, tiene una maestría en Arte y está finalizando la tesis de su doctorado. Entre otras cosas, dirige el teatro de prosa del Centro del Conocimiento y la licenciatura de articulación en Música de la Facultad de Artes de Oberá.
Emilio cumplió el sueño que muchos acariciaron sin lograrlo: vive de la música. Y en la familia que formó con Cristina Cubilla -también profesora de Música y clavecinista, actualmente perfeccionándose en Santo Domingo- el arte fue el pan de cada día. Indudablemente las tres hijas siguen los caminos de la música, el arte plástico y el diseño.
Siempre participaste en la creación de semilleros. ¿Es una preocupación personal?
Soy de Misiones. Cuando era niño y adolescente quise hacer música. Y no encontraba el lugar. Tuve la suerte de estudiar afuera -en Chaco, Santa Fe, Buenos Aires- y me vuelven a traer a Misiones.
La profesora Mary Ríos estaba como directora General de Cultura y me trajo para organizar los coros de niños y jóvenes. Después de dos años el arquitecto Alberto Tito Morales me llamó para formar el coro de la Universidad. Fue un coro al que desde el principio se le dio una determinada filosofía de trabajo. Partíamos del principio de la universalidad. O sea tratar de mostrar todo lo que se puede hacer con un coro en el área de música. Posteriormente María Nilda Sodá como secretaria de extensión fue muy importante.
Y desde el principio en forma paralela, iba trabajando una especie de taller de dirección con alumnos que tenían condiciones o interés. A partir del año 90 se comenzó a formar lo que es el actual Conjunto de Cámara de la Universidad ahí tuvo mucho que ver la decisión política de Ricardo Biazzi. Al poco tiempo surgen talleres de cuerda. Se empezó a formar la Orquesta Sinfónica Juvenil de la Universidad, en este caso en Misiones, una provincia joven, de las pocas provincias argentinas que no tenían orquesta. ¿Eso por qué?
Podemos buscar muchas causas. Acá teníamos todo, empezando desde los inmigrantes. Mis abuelos todos fueron músicos. Pero, en el caso de mi familia, hubo una generación que no se dedicó a hacer música. Como que esa práctica que tenían los inmigrantes se dejó de lado.
En los grupos de hoy se ve a muchos de los que pasaron por esos grupos
Ahí surgió el Programa de Música. Tuve siempre la idea de abrir el juego. Todo grupo que se iba armando lo tenía yo un tiempo y después iba poniendo en manos de otro que se vaya formando. Cuanto más abrimos el juego, dentro de una misma línea de trabajo y filosofía, tenemos los resultados. Con Fernando Jaume se empezó a atender otro reclamo: el Interior. Comenzamos a armar los coros de las regionales: Oberá y Eldorado.
Ahí también se creó el ensamble coral, un coro juvenil, un coro de adultos y un coro de niños. Todo esto no hubiera sido posible sin el apoyo de otras personas e instituciones fuera de la universidad: la Dirección de Cultura, la Escuela de Música. Era como que se empezaba a articular y complementar estos proyectos.
Esto se complementó con cursos de capacitación con gente que se traía de Buenos Aires, Fundación Antorchas, Cultura de la Provincia, la propia universidad. Hemos becado alumnos para estudiar oboe y fagot afuera. En este momento hay una muy buena cantidad de coros funcionando en la provincia.



link: http://www.youtube.com/watch?v=oH89_fbbcQs
¿Cuántos?
Tenía contabilizados unos 20, pero ahora son muchos más.
Y en este momento, hay un proyecto que viene un poco a sumar todo y a abrir más este abanico que es el centro del conocimiento. Es un proyecto hacia futuro: idear un espacio en el que podemos tener el espectáculo, la producción y la formación de los elencos o del artista que va a participar acá o en otros lugares.
Se trata de abrir a todos los géneros pero hay una selección de calidad, de nivel medio hacia arriba. Cuesta lo mismo traer un espectáculo malo que uno bueno. Tratemos de traer el bueno porque con eso aprendemos todos.
Y son excelentes. Durante mucho tiempo cantábamos loas a la gestión cultural del Chaco. Y ahora la propuesta es mejor acá
Esta programación que presentamos ahora no la tienen otros teatros de provincia. Se hace danza, música en todas sus variantes, teatro, música popular de buen nivel, música folclórica, rock, teatro independiente, toda la producción no sólo Posadas.
Pero a su vez no creo que sea suficiente con lo que tenemos local. El crecimiento está en articular lo de afuera con lo local. Pero ser muy cuidadosos en lo que traemos de afuera.
El otro aspecto importante es la formación de los recursos humanos.



Sos un apasionado de la cultura. Pero para los escépticos, toda esta inversión ¿cómo se traduce en el desarrollo de una provincia?
Una es lo que hace a la formación profesional del artista que lleva a tener otra mirada al arte. No verlo a través de la televisión, lo tenemos nosotros acá.
Otra cuestión es la formación de público. Eso vemos mucho en el Centro del Conocimiento. Un lugar alejado donde todo el mundo dijo que no iba a venir nadie. Estamos formando un público importante. Acá vienen todas las familias de los barrios que rodean el centro del conocimiento. Estamos dignificando.
¿Cómo responde el público que en su vida escuchó un violín?
Hay sorpresas. Siempre sabíamos que la música de cámara era para un público muy exclusivo. Hace poco trajimos un dúo internacional. Llenísimo de gente que no es consumidora habitual de música académica. En los conciertos de música antigua, al principio eran 100 ó 150 personas. En este momento se llena la sala. Pero también ha llevado a que se diversifique. Porque ese público que antes iba a escuchar en el centro sólo música académica o de cámara, en este momento se viene a escuchar un buen recital de tango, de música folclórica, de danza o viene a ver teatro.
El valor agregado que estamos inyectando a la población es muy importante. Es cierto que hay problemas con la salud, con la seguridad, con la educación, pero un pueblo crece a través de la cultura. Cuando le estamos mostrando cosas que le hacen pensar y le hace ver la otra mirada a la cosa. También uno se vuelve muy crítico y comienza a plantearse y replantearse su propia existencia. Esto es lo más importante que podemos estar ofreciendo todos los que estamos en el arte. Yo podría haber tenido la idea pero sin el apoyo y la decisión política no hubiera sido posible.
Los guaraníes tenían un talento excepcional para el arte y los jesuitas lo supieron aprovechar. Tenemos la inmigración europea, pueblos muy musicales y artísticos. El pueblo misionero debería ser muy musical
Cuando uno viaja mucho, compara. La identidad misionera es un producto mestizo de todo esto. Y cada uno ha hecho su aporte. Artísticamente es una provincia con muchas condiciones. Lo que pasa es que acá todo está virgen.
Todo está por hacerse
Te doy un caso. Un taller de canto: 170 participantes. Es una barbaridad. Los nuestros van afuera y triunfan, seleccionan trabajos nuestros. Lo que pasa es que muchas veces no se ha tomado esa decisión de encaminar recursos que no tienen que ver muchas veces con lo económico sino con las posibilidades de hacer. Revalorar ese tipo de producción local.
Defiendo mucho lo misionero pero no me cierro. Tenemos que aprender a tomar las cosas de afuera que necesitamos y sobre eso ir creciendo. Ver las experiencias de otros. Si hay otro que sabe más, traerlo y que nos enseñe. O vamos y estudiamos.
Acá todavía hay mucho por hacer. Soy un gran consumidor de arte. Trato de ver todo lo que hay acá pero salgo y trato de ver todo lo que puedo afuera. Es la manera de ver, de -entre comillas- copiar las cosas. Es un ir tomando y ver qué podemos hacer acá.
Sos un estudioso de la música del período jesuítico
Si no hubiese ocurrido la expulsión de los jesuitas, nuestra historia hubiese sido otra. Gente muy bien formada, con una visión, que vino y no como decían algunos con el látigo, porque eran dos por misión contra mil, dos mil y tres mil habitantes. Supieron manejarse. Aprovechar esta inteligencia y muchas cosas que el propio guaraní ya hacía y fueron sistematizando. Tenían sus propias fiestas, ellos trajeron las fiestas cristianas, las fueron mezclando y tenemos cosas muy interesantes de esta fusión.
La música jesuítica, la música colonial americana, que muchos dicen que es música que no tiene valor, sólo la europea. Están muy equivocados. No sé si esta música tiene más valor que la otra. Con determinados moldes o enseñanzas se produjo un hecho muy importante. Pero el gestor fue el propio nativo, con la guía de un jesuita. Acá el músico fue el guaraní. Fue el constructor de los instrumentos, el que copió las partituras, el que después también escribió música.
Y a esto tenemos que agregarle otra cosa. Hay que aprender a revalorizar ese patrimonio intangible. Cuando pensamos en las reducciones pensamos primero en el templo de San Ignacio. Después Santa Ana, Loreto. Pensamos los continentes, los edificios, pero nunca pensamos lo que pasó ahí adentro. Y es muy importante rescatar toda la parte arquitectónica pero quizás más importante es rescatar qué pasó ahí adentro.
Santa Ana en este momento tiene una escuela de música misional donde se replica lo que se hacía en las misiones. Están aprendiendo violín, cello a cantar. Los maestros son de acá pero los alumnos son todos de Santa Ana.
¿Descansas en algún momento?
Sí, hay que vivir. Con esto de lo jesuítico estoy terminando mi tesis doctoral. Espero terminar el año que viene y ahí me dejo de estudiar sistemáticamente y me dedicaré a investigar.
Pero hay cosas que se van dando. Por ejemplo, para hacer los programas jesuíticos con el coro y el conjunto de cámara tenía que estudiar. Cuando hice la maestría fui a los archivos de Bolivia, de Asunción, trabajando sobre el material de época.
Lo mismo hice ahora para la tesis de doctorado. Se abre el panorama de las cosas que se pueden hacer. Hice una investigación sobre Corpus Christi y la consecuencia fue el espectáculo que hacíamos en San Ignacio y Santa Ana. En este momento tengo todo armado sobre la fiesta de Pentecostés.



¿Todo esto empezó estudiando Ciencias Económicas?
Mi desafío era estudiar una carrera universitaria y música. Como todos mis compañeros se fueron a estudiar a Chaco empecé a investigar qué había. Había un buen instituto de música. Averigüé los horarios de Arquitectura y eran un zafarrancho. Entonces, fui a Ciencias Económicas donde los horarios eran muy acotados y me permitían estudiar música. Así pude hacer las dos carreras.
¿Ejerciste alguna vez de contador?
Me puse un plazo. Dije si hasta los 30 soluciono el vivir de la música me olvido de Ciencias Económicas. Pero nunca dejé de lado la parte de administración, porque trabajé siempre en lo que es gestión cultural y en la parte artística. Y en gestión tenés que ser un organizado en cuanto a la administración, a los presupuestos. En eso soy muy estructurado.
¿Cuál es la Misiones que se viene?
Primero todo lo que va a generar este Centro del Conocimiento cuando esté listo. Somos el corazón del Mercosur. Estamos rodeados por Brasil y Paraguay. Somos parte de lo que fue esa gran región guaraní. Si sabemos manejarlo y somos inteligentes en cómo aprovecharlo podemos llegar a muchas cosas. También no cerrarnos. Muchas veces cada uno quiere conservar su quintita. Hay que sumar. Hay que abrir el juego, hay espacio para todos. Acá está para hacer todo. Hay cosas así como provincia, todavía. Quitarnos la soberbia. Tener humildad para ver las cosas.
Sobre todo, lo que hay que mejorar
Tener un sentido crítico a la propia producción y a lo que uno genera. Eso es muy difícil.
Espero que todo este proyecto empiece a generar otro movimiento en el interior. Un habitante que está en contacto con las manifestaciones culturales se plantea otro estilo de vida, tiene otra mirada en las cosas, encara su compromiso con el trabajo cotidiano de otra manera. No está esperando siempre que le ayuden en todo y venga el paquetito para mantenerse. Después de la segunda guerra, ¿cómo creció Japón? Todo su presupuesto a cultura y educación.
El perfil
Emilio Rocholl
Profesor de música, director de coros e investigador. Egresado de la Escuela Superior de Música del Chaco, como Profesor de Música, especialidad piano. Master en Educación por el Arte egresado de la Facultad de Artes de la Unam. Cursó y aprobó los créditos académicos del Doctorado en Artes.Posadas (Misiones), República Argentina.
http://www.territoriodigital.com/nota2.aspx?c=8957207926053108




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