Siegfried & Roy (cronica de un accidente)

Siegfried & Roy



La visita al hotel MGM-Mirage en el corazón de Las Vegas es algo difícil de olvidar, con sus tres torres de cincuenta pisos cada una, sus cinco mil habitaciones, trescientos ascensores, veinte restaurantes, cinco galerías de tiendas y boutiques, ocho campos de golf, doce piscinas, parques y jardines. Las emociones empiezan a partir del volcán. Mientras duerme, este coloso permanece disimulado bajo una apacible cascada, hasta que, después de caer la noche, despliega cada quince minutos su terrorífico esplendor. Las aguas se agitan, parecen hervir, y un creciente estruendo indica el despertar del corazón durmiente del gigante de fuego. La erupción toma fuerza mientras que las llamaradas naranja y rojo iluminan el cielo elevándose cien pies por encima del agua. Cuando el fuego empieza a cubrir la superficie de la laguna, las personas que logran los primeros lugares, justo al borde del agua, pueden sentir cómo sube la temperatura. Después de un desborde final de pirotecnia, regresa a su estado de reposo, hasta la próxima sesión.

El visitante avanza luego por un puente elevado hasta donde suben los vapores de una selva tropical que es parte del paisaje del volcán. Palmeras de sesenta pies y árboles cubiertos de líquenes, que parecen centenarios, elevan su denso follaje entre cascadas y lagunas en cuyas riberas pantanosas dormitan fieros caimanes. Sobre las rocas cubiertas de suave musgo crecen raras orquídeas y bromelias, envueltas en la tenue luz solar irisada por el agua de las cascadas. Los sonidos propios de la jungla se hacen patentes a cada momento. Se trata del jardín secreto, hasta hace muy poco habitado por felinos, principalmente los raros y fascinantes tigres blancos.

Los célebres ilusionistas alemanes Sigfrid & Roy crearon esta maravilla de selva que parece salida del sombrero en uno de sus actos de magia. Sigfrid Fischbacher y su compañero Roy Horn, el uno nacido en la Pomerania y el otro en Baviera, actuaban cada noche desde hacía años en el MGM-Mirage, en un espectáculo de fama mundial con la actuación de sus tigres blancos del jardín secreto.

El teatro del MGM-Mirage se llenaba siempre al tope de su capacidad de 2,000 butacas. Si algún turista no se había prevenido de hacer reserva de localidades con meses de anticipación, debía pagar por un boleto de reventa al menos 300 dólares, si es que con suerte encontraba alguno. Hoy todo es historia antigua porque el show fue clausurado definitivamente. Uno de los dos magos, Sigfrid, reunió a los 267 empleados de la compañía en la misma sala de espectáculos y los alentó a buscar nuevos trabajos. Se despidieron con lágrimas. Los felinos del jardín secreto se hallan ahora dispersos en diferentes zoológicos de los Estados Unidos; el único que permanece en su sitio es el legendario Leo, el león de la MGM, ya viejo de mucha edad, cuyos rugidos han dado la bienvenida a sucesivas generaciones de espectadores en las salas de cine alrededor del planeta.

Todo ocurrió un viernes. Aquella noche, como todas las otras, Roy Horn apareció en el escenario llevando por la correa a Montesore, un tigre blanco de siete años de edad y 600 libras de peso. La indumentaria del mago era igualmente blanca, salvo por el chaleco de seda de color naranja. Era el número estelar. Había un momento de la actuación en que Roy cubría al tigre con un manto escarlata de bordes dorados, y al levantar el manto el tigre se había esfumado. El mago fingía luego sacudir el manto, para materializar de nuevo al tigre, y al no conseguirlo, tras repetidos intentos, empezaba a llamarlo por su nombre como si se sintiera preocupado de que, al haberle fallado el truco, el tigre hubiera desaparecido para siempre en el aire.

Entonces se oían rugidos que llegaban desde la platea, y los reflectores caían sobre el tigre, subido a un estrado que se alzaba a mitad de las filas centrales de asientos. La fiera bajaba del estrado con elástico salto, avanzaba por el pasillo central sin hacer caso del barullo asustado de los espectadores, y regresaba al escenario, ahora entre aplausos y exclamaciones de admiración. Cómo lograba Roy transportar a un tigre de 600 libras de peso de una parte a otra del teatro, volviéndolo invisible, es algo que no tiene todavía explicación. Quizás ya no la tendrá nunca.

Montesore es hijo de Vish-nu, el afamado tigre heterocigótico, un padrote dorado capaz de producir camadas de cachorros completamente blancos, o rayados blancos y dorados, y de Sitarra, la gran dama de los tigres blancos, de modo que Montesore pertenece a una elevada estirpe. Sitarra había fallecido en el hospital del jardín secreto una semana atrás de ese viernes a que nos referimos, debido a esclerosis múltiple. Bernie Yuman, el vocero del espectáculo, al hacer el anuncio de su muerte, dijo que para los dos magos se trataba de una pérdida más sentimental que material, y que lloraban a Sitarra como a un miembro de la familia.

La tigresa fue considerada por largo tiempo estéril, y hasta que fue apareada con Vishnu dio a luz a su primera camada de cachorros, entre ellos Montesore. A la segunda camada pertenecen Rojo, Blanco y Azul, también hijos de Vishnu, que nacieron el 4 de julio de 1989, Día de la Independencia de Estados Unidos.

“La relación entre Sitarra y Roy había que verla para creerla”, agregó aquella vez Yuman. “Las tigresas nunca toleran a los tigres machos a su lado cuando dan a luz; pero Sitarra no sólo permitió a Roy asistirla durante el parto, sino que, una vez nacido el cachorro, lo tomó del cogote entre sus fauces y lo puso en el regazo de Roy, limpiándolos amorosamente ambos con la lengua”.

De manera que los vínculos entre Montesore y Roy eran como los de un hijo con su padre; seguía al mago a todas partes por las dependencias administrativas del jardín secreto, esperaba a la puerta cuando se trataba de reuniones de negocios, lo acompañaba mientras comía y recibía los alimentos de su mano. El cachorro nunca llegó a estar cerca de su verdadero padre, pues el tigre heterocigótico, cada vez cumplido su cometido de cubrir a las hembras, era devuelto al jardín secreto.

Ese viernes, tras la entrada al escenario, Roy presentó a Montesore ante la concurrencia, dijo unos cuantos chistes, y le ordenó que se echara. El tigre rehusó hacerlo. Se lo volvió a ordenar, y tampoco esta vez se movió. Roy miró al público con cara de impotencia, como pidiendo auxilio ante tanta terquedad. Entonces le dio un toque en la nariz con el micrófono, mientras le decía, bromeando, que si se había quedado sordo. Quienes habían visto otras veces el espectáculo relatan que en esa parte, tras haberse echado obedientemente, el tigre se levantaba en dos patas a otra orden del mago, y bailaba una rumba flamenca, como un oso amaestrado.

Tras recibir el segundo toque del micrófono en la nariz, en lugar de echarse, el tigre se alzó sobre las patas traseras, como si se dispusiera al número de baile, y empujó al mago con el hocico, haciéndolo caer. El público rió, divertido por el juego, y siguió riendo cuando el tigre se abalanzó sobre el mago y lo inmovilizó bajo sus patas.

Amy Sherman es una maestra retirada que había llegado desde Lincoln junto con su madre que cumplía años ese día, para celebrar la ocasión. Ambas se hallaban sentadas en la primera fila a menos de diez yardas del escenario. La versión de Amy es la siguiente: “Parecía un juego al que ambos se hallaban acostumbrados. Luego vimos cómo, tras haberle lanzado uno o varios zarpazos, ya el mago en el suelo, el tigre lo agarraba por el cuello y lo arrastraba por todo el escenario. Después de varias vueltas, mientras los reflectores los seguían, tigre y mago desaparecieron detrás del telón de fondo, por donde habían entrado. Lo último que se vio del mago fueron sus botas blancas. Los aplausos se escucharon de nuevo. Todos volvimos la cabeza hacia el estrado donde reaparecía el tigre después de esfumarse bajo el manto escarlata, pues aquella parte del espectáculo era la más afamada. Pensábamos que esta vez, como una variante, tras desaparecer tras el telón, los reflectores los iluminarían de pronto sobre el estrado”.

“El mago parecía un muñeco de trapo mientras el tigre lo arrastraba llevándolo agarrado del cuello con los colmillos”, dice por su parte la madre de Amy; “el abundante rastro de sangre que iba quedando sobre el piso del escenario maravilló a todo el mundo por su perfección, uno se negaba a creer que pudiera tratarse de una sustancia química roja, una pintura especial para trucos”.

Kira Basser, de Filadelfia, donde trabaja para la tienda Sacks, dice: “Yo me sentía electrizada, viendo aquella lucha entre el mago y el tigre, sorprendida del realismo de la escena. Pero en Las Vegas una debe acostumbrarse a los prodigios. Las muchachas que asistían al mago no dejaban de sonreír, pero con esa sonrisa asustada de las azafatas cuando el avión empieza a sacudirse demasiado en el aire”.

Joseph Garland, mecánico automotriz de Palm Springs, dice: “Una vez que el tigre concluyó su paseo, y arrastró al mago detrás del telón, desde nuestros asientos podíamos escuchar la conmoción de adentro, y se podían oír los gritos de auxilio del mago. Todos nos mirábamos incrédulos. ¿El show continuaba tras bambalinas”?
Amy Sherman no sabe cuánto tiempo pasó antes de que Sigfried, el otro mago del dúo, apareciera en el escenario para decir: “Lo siento, la función ha terminado, y el espectáculo ha terminado para siempre”. Pero cuando volvió a meterse tras la cortina, nadie abandonó sus asientos. Se oyeron nuevos aplausos, que fueron seguidos por otros, hasta que la sala estalló en una ovación cerrada. Todo nos parecía tan maravilloso, era tan auténtico. Lo que esperábamos ahora era que el mago apareciera montado en el tigre volando por los aires, algo como eso”.

Según Yuman, el vocero del espectáculo, el mago había perdido a esas horas gran cantidad de sangre. Hubo que dispararle a la fiera más de un dardo sedante para librarlo de sus garras. “Cuando los paramédicos del Clark County Fire llegaron, Roy se hallaba en capacidad de hablar, pero presentaba serias dificultades respiratorias. La zarpa de Montesore había errado por poco en desgarrar la arteria carótida. En esas condiciones fue llevado al servicio de cirugía de emergencia del University Medical Center”.

Luego de ser operado en horas de la madrugada del sábado, fue puesto en la lista de pacientes en estado crítico. Mientras tanto, el tigre, bajo los efectos del somnífero, había sido conducido de regreso al jardín secreto, donde quedó en cuarentena.

“Montesore pudo haber desarrollado un secreto rencor en contra del mago por haberlo separado de su madre Sitara apenas cinco días después de su nacimiento, pero se cuidó de demostrarlo hasta que estuvo en edad adulta, ya en plena capacidad de fuerza y vigor para no errar en su intento de hacerle daño, es decir, matarlo”, escribió en Las Vegas Sun el doctor Richard Feinberg, especialista en psiquiatría animal. “También está de por medio la falta de identidad filial, ante la ausencia de su padre biológico; es lo que ocurre con muchos menores adoptados que al llegar a la edad adulta no son capaces de superar ese complejo de identidad, y reaccionan con violencia”.

Aún se discute la ejecución de Montesore, al que ya han empezado a llamar “el tigre asesino de Las Vegas”. Pero esto es algo que debe ser decidido por la Policía del condado conforme dictamen de las autoridades sanitarias, una vez examinado su grado de agresividad. De ser desechada la ejecución, como reclaman las asociaciones de defensa animal, al menos recibirá la prohibición de participar en espectáculos públicos, y deberá permanecer de por vida en el confinamiento de una jaula.

Fuente: http://impreso.elnuevodiario.com.ni/2006/08/12/suplemento/nuevoamanecer/3130
link: http://www.videos-star.com/watch.php?video=19evlVPRjRE

4 comentarios - Siegfried & Roy (cronica de un accidente)

@Udyat
jodan con animales...
@BTK06 +1
Siegfried & Roy (cronica de un accidente)



Se murió o no?



Fuente?
@saso
Marge, un caballo estuvo a punto de morder a tu hijo Bart!
@pauken
saso Mandale un mensaje! | 21.12.2007 18:56:23 dijo:

Marge, un caballo estuvo a punto de morder a tu hijo Bart!



jajajaja epico!