Las fortalezas y las debilidades del gobierno K

De la charla debate realizada por el PR(m -l) el pasado miércoles 27 de abril en la Facultad de Medicina de la UBA, presentamos estos extractos de la intervención del compañero Gabriel Farinha acerca de la caracterización del gobierno nacional.


Muchas de las conductas a adoptar en la situación política tienen que ver con qué caracterización tenemos de este gobierno. Si este se trata de un gobierno popular o de un gobierno que promueve proyectos de clase o de fracciones de clase que están enfrentadas con los trabajadores y del pueblo.
Nosotros creemos que este gobierno no difiere en su naturaleza de los que se han sucedido, sin solución de continuidad, desde la retirada del terrorismo de Estado. Son gobiernos que, al decir de nuestro congreso, expresan una de las forma de dominación que tiene las clases dominantes que es el control monopólico de la economía; la dominación de la gran burguesía de nuestro país y los sectores imperialistas aliados se pone en práctica a través del control monopólico de la economía. El monopolio es la forma en la que ejecutan prácticamente su dominación. En ese sentido el gobierno no difiere en nada de los que le han precedido. Ni siquiera de los que pregonara o se dicen antagónicos que es el propio menemismo.
El terrorismo de Estado supuso eliminar los obstáculos que había en este país, básicamente la oposición obrera, popular, revolucionaria, para avanzar en un proceso rápido de concentración de la economía y de apropiación de los negocios y los recursos que aún estaban en manos del Estado. Y ese proceso que se aceleró tras la dictadura, no se ha detenido ni un punto ni una coma desde aquel momento. Por eso no acordamos con la definición de aquellos que opinan que el kirchnerista es un gobierno diferente, de naturaleza nacional y popular, le pongan o no comillas.
Tendríamos que ver qué aspectos de la dominación monopólica se han modificado desde el 2003 hasta acá. Es difícil encontrarlos. Pongamos algunos ejemplos. Durante el conflicto agrario, donde el kirchnerismo pretendió presentar que se enfrentaba una gran burguesía agraria contra un gobierno nacional y popular. A tres años, el esquema agro - dependiente, de concentración de la comercialización del principal producto que aporta divisas al país, sigue estando en manos de los "seis, siete, ocho" monopolios que la han manejado históricamente.
Veamos la famosa ley de medios, donde parece que el único monopolio que hay en este país es Clarín. Por supuesto que nos alegramos que desaparezcan las leyes de la dictadura, seguro, pero la aparición de esta ley no ha hecho nada. No aparecieron "miles de voces alternativas e independientes", porque para eso se necesita plata. Los únicos que han proliferado son los medios audiovisuales donde se propagan o propagandizan las políticas oficiales. Hagan el recorrido. Siempre he comentado que nunca, ni la represión ni la dictadura, nos impidieron publicar nuestras ideas, aún en la clandestinidad. Si el impulso de abrir los espacios democráticos por la fuerzas políticas populares y revolucionarias existe, esos espacios se abren y no necesitamos ninguna ley para eso, como no necesitamos ninguna ley que diga que hay que luchar.
En estos días se presenta un conflicto entre el gobierno y Techint. Repasemos algún antecedente para entender esto. Cuando fogonearon la entrada de Ezquenazi como socio minoritario de Repsol, eso representó una ratificación de la política privatista de los recursos petroleros y mineros del país, la ratificación de la política menemista de estatización de los recursos naturales. Acá vuelve a reproducirse una ratificación de la unidad de este gobierno con los grupos monopólicos.
El representante que supuestamente no acepta Techint, el militante de La Cámpora Kicillof, en un programa de televisión que yo en chiste nombraba expresó que él iba al directorio de la empresa a cuidar los fondos de los jubilados. Y después dijo más, dijo que no puede ser que las ganancias que Techint obtiene en Argentina las utilice para proyectarse internacionalmente, que tiene que garantizar productos básicos como es el acero para la industria nacional, y mencionó específicamente a precios baratos. Y entre otras cosas nombró la chapa plana que tanto usa la industria automotriz.
Yo les voy a compartir un comentario que no es de un marxista - leninista trasnochado, sino de un hombre con influencia en el poder. Es el editorialista de Página/12, Horacio Verbitsky, y esto es textual suyo: “[El gobierno] abre así un debate que no se podrá resolver en el directorio de Siderar, donde en el mejor de los casos la ANSES tendrá tres directores sobre once, sin capacidad de incidir en las decisiones. Pero la frase de Kicillof invita a analizar las fortalezas y debilidades del gobierno, que tiene objetivos políticos y económicos claros pero no ha articulado una alianza de sectores sociales y termina dependiendo de una asociación con el capital transnacional, como el automotriz, en un contexto de alarmante extranjerización, en el que cien empresas acumulan el 74% de todas las exportaciones”. Lo que no dice Verbitsky es que Kicillof actuó como lobbista de las empresas multinacionales automotrices frente a Techint. Ese fue el papel que fue a cumplir al directorio de Siderar. Fue a pedir chapa barata para la industria automotriz en manos de las multinacionales extranjeras. Esa es la defensa de los intereses de los jubilados que van a hacer ellos a las empresas como Siderar.
Hablemos del Banco Macro, en donde recibieron al representante estatal con una salva de aplausos. El presidente y dueño del Banco Macro es Brito, presidente de la Asociación de Bancos de Buenos Aires. Y uno de los aliados de este gobierno. Es la banca minorista que más ha crecido en los últimos años. En el 2010 es el banco que mayores ganancias ha tenido, más de 2.300 millones de pesos, triplicando o cuadriplicando la ganancia del Grupo Galicia por ejemplo, que es otro de los que han ganado buena plata. Anoche yo estaba viendo el noticiero de canal 7 y una de las propagandas, larga, que mostraba el canal, era una del Banco Macro que duró varios minutos. Es decir, esta asociación de este gobierno con el gran capital se la puede encontrar si se la busca. Y no hay que buscar demasiado. Por eso no compartimos que este gobierno sea de naturaleza nacional y popular. Por eso no compartimos ni que se le pongan comillas o no se le pongan comillas. Esto es lo primero que queríamos dejar claro para que no haya lugar a dudas.
Ustedes vieron que se ha convertido en una costumbre de época hablar mucho en abstracto y no llamar a las cosas por su nombre. No se habla de lucha de clases, no se habla de la naturaleza de clase de los proyectos políticos, a lo sumo se habla de burguesía, que lo único que nos indica es que se trata de gente que hace guita explotando obreros. Pero más que eso no se avanza. Por eso queríamos en este sentido ser concretos.
Respecto de los planes de reelección, nosotros en nuestras últimas editoriales mencionábamos cuáles eran las razones para que un gobierno débil quiera seguir siendo gobierno. Creo que no nos equivocamos al advertir no sólo su debilidad. Este es un gobierno que, como decía el artículo de Verbitsky, tiene fortalezas y debilidades. Este gobierno es el producto de la crisis de diciembre de 2001. Un reaccionario de pura cepa como Mariano Grondona, planteó en alguna oportunidad que en el 2001se habían roto todos los contratos sociales. Es decir, lo que se había quebrado en ese entonces, con el Porteñazo del 19 y 20 de diciembre, era esa definición del régimen político burgués de que el pueblo no delibera ni gobierna sino a través de sus representantes. Hace dos días nada más, un editorialista del diario La Nación, a las puteadas con el escenario electoral, la crisis política, los candidatos a presidente que se caen, los proyectos que no se levantan... Avizorando preocupado por la estabilidad del régimen político burgués, escribió que “hace una década el sistema de partidos de este régimen se cayó”. De vuelta, no lo dice un marxista trasnochado sino un editorialista de las clases dominantes.
Este gobierno es, de alguna manera, hijo de la crisis del 2001. Y es impensable que un gobierno después de esa fecha pudiera seguir gobernando como hasta entonces. Este gobierno es fruto de una circunstancia histórica, donde las posibilidades de ajustar cuentas con el movimiento popular y el movimiento obrero por vías de la represión están bloqueadas. Después de los sucesos del Puente Pueyrredón, con el asesinato de Kosteki y Santillán, no había posibilidad en Argentina de imponer un proyecto de las clases dominantes sobre la base del ajuste. Ese proyecto había que envolverlo en un packaging, en un envoltorio que supusiera la satisfacción de demandas primarias, elementales, de ese movimiento de masas que estaba accionando en el medio. Borges usaba esta expresión: “uno no elige las puertas que abre, las puertas lo eligen a uno”. Así es lo que ha pasado con este gobierno. Las circunstancias han determinado la aparición del kirchnerismo, que debe revestirse con el envoltorio de un gobierno nacional y popular que se contrapone a los gobiernos de experiencias previas.
Volviendo al tema de la fortalezas y las debilidades -porque algunas de las fortalezas de este gobierno tienen que ver con las debilidades-, cuando este gobierno asumió su principal fortaleza económica fue que haber sido precedido por una maxi devaluación que pulverizó los salarios. Los salarios después del 2001 se redujeron a un tercio. Nunca una transferencia de los bolsillos de los trabajadores a los bolsillos de los patrones fue tan voraz. Hay dos mecanismos económicos para meterle la mano en la billetera a los trabajadores. Uno es la devaluación, el otro la inflación. A este gobierno lo recibió una situación económica con una maxi devaluación que había producido un brutal saqueo al salario. Encontró una coyuntura internacional, el famoso viento de cola, con un período de ascenso de los precios internacionales en los principales productos que comercia la Argentina. Eso ordenó las arcas de este gobierno. También había otra medida que no era fruto de su política: heredó una moratoria de la deuda externa que permitió sustraer de a 2.000, 3.000, 4.000 millones de dólares de pago de la deuda para apagar los incendios sociales. Sobre esa situación económica que permitió recomponer las ganancias de los principales grupos económicos, este gobierno tuvo una táctica de brindar algunas concesiones políticas y democráticas al movimiento de masas.
El gobierno se vanagloria de la política de derechos humanos, de haber posibilitado el juicio de los genocidas del terrorismo de Estado a través de la derogación de las leyes de impunidad. Yo les voy a plantear cuál es mi opinión, y voy a ser un poco jodido. Las Fuerzas Armadas después del terrorismo de Estado, después de Malvinas, después de la paliza que recibieron en Semana Santa en Villa Martelli con las movilizaciones a las puertas de los cuarteles, y encima el cagadón que después les pegó Menem, eran un factor de poder inútil e inservible en la política argentina. Desde hace mucho ya que está bloqueada la posibilidad de un golpe de Estado. Era muy fácil en ese momento, a caballito de la resistencia contra la impunidad y la pelea por el castigo a los genocidas que habían sostenido partidos políticos, organizaciones gremiales y organismos de derechos humanos durante más de 20 años, engancharse en esa lucha y agarrar a unas Fuerzas Armadas en retroceso, inservibles, y descolgarle los cuadros. Ayer decía el juez Zaffaroni que ahora los golpes de Estado los da la policía. Yo quiero ver ahí, porque hace años que no se le puede poner el cascabel al gato a la autonomía económica y a veces política de la policía bonaerense, ni tampoco a la federal. Esos son dos aparatos del Estado que están vivitos y coleando. Ahí quiero que aplique la política de descolgar cuadros.
Recién veíamos el tema de la ley de medios, otro de sus caballitos de batalla. También esta supuesta batalla contra las corporaciones y los grupos monopólicos que en realidad es una muestra de su política de asociación con el gran capital. Hechos como estos revistieron al gobierno de un envoltorio que hizo digerible buena parte de su política y ha generado -y lo han hecho con eficacia- buena parte de la confusión que habita en el movimiento de masas. Y en algunos períodos lograron algunos resultados importantes, con el pasaje a su bando de muchos compañeros como el caso de Hebe de Bonafini, que son éxitos de la política oficial que no debemos subestimar. Ha logrado recomponer cierta influencia sobre algunos movimientos sociales con los cuales antes compartíamos la calle. Otro hecho que es importante, han cooptado desde el punto de vista político a la mayoría de la intelectualidad progresista. La mayoría esos intelectuales se han puesto al servicio de este proyecto de asociación con la gran burguesía. Ha mochado, ha mellado ese espíritu crítico, independiente, para ponerlo al servicio de la celebración de una política reaccionaria y antipopular. Que es un tema serio de cara al futuro.
Otro de los factores políticos que tienen que ver con las fortalezas y debilidades de este gobierno, está relacionado con la oposición política burguesa, patronal, como ustedes quieran definirla, que con su torpeza le facilita mucho el panorama al oficialismo. Cualquier caudillero se postula para la presidencia de la república, las alianzas duran lo que un suspiro, tienen un discurso impresentable; todo ello se transfiere automáticamente como fortaleza para el gobierno.
Después yo no voy, porque no es mi tema, a considerar los efectos en la subjetividad de la gente que causó la muerte de Kirchner, como un factor de fortaleza. La verdad que no tengo ni la más remota idea sobre si es así o no es así. Sí es posible constatar un hecho práctico, concreto: que antes de que eso ocurriera, las perspectivas electorales del gobierno de los Kirchner no eran muy buenas y hoy, pocos dudan del triunfo de Cristina si es candidata, inclusive, dicen algunos, aún en el caso de que hubiera una segunda vuelta. Yo me resisto a ver esto como fortaleza, pero es evidente que está instalado.
Sobre lo que sí creo que son debilidades de este gobierno, repito la cita de Verbitsky: “un gobierno que tiene objetivos políticos y económicos claros pero que no ha articulado una alianza de sectores sociales”. La principal fuerza del campo sindical de este gobierno está expresada en una alianza, yo diría caribeña, a veces llueve y a veces sale el sol, con Hugo Moyano y la CGT. Una CGT y un dirigente sindical que, más allá de la opinión que tengamos nosotros sobre él, no es fuerza propia o tropa propia de este gobierno. Hace poquito tiempo atrás bastó una amenaza de paro del "compañero" Moyano para que el gobierno quedara paralizado durante tres días. Incluso se quedaron sin respuesta frente a la convocatoria al acto que están convocando el 29 en la 9 de julio, que más que un acto de apoyo es demostración de fuerzas frente al gobierno, para recordarle que quieren candidatos a intendentes, que quieren candidatos a diputados, que basta de jueces que nos pisen los talones, o si no va a estallar la movilización del aparato sindical.
El intento por conseguir una aliado un poco más cercano, que fue el desembarco del kirchnerismo en la CTA, en realidad terminó con la fractura de esa central y demostrando que consiguieron muy poquito.
Recientemente hubo un tironeo dentro de la UIA a raíz de la renovación de su conducción. Ahí el gobierno intentó también meter la cuchara, promoviendo que a la cabeza quedara un dirigente empresario que está haciendo muy buenos negocios con su "pyme", Aluar. El resultado fue conseguir al mando de la UIA a un dirigente de Techint y otro del Ingenio Ledesma, dos de los principales opositores al gobierno.
Vamos al aparato electoral, a las alianzas que ha venido haciendo este gobierno para garantizar el triunfo en estas elecciones. Cuando uno mira los personajes alrededor de los cuales giran estas alianzas, se encuentra con: primero en la provincia de Buenos Aires, Scioli, más cerca de Duhalde y del menemismo que del kirchnerismo, más allá de que eso no encubra sus revires. En Córdoba el apoyo del FPV estaba puesto en un acuerdo con De La Sota, uno de los mejores interlocutores de las multinacionales automotrices, y en su provincia están radicadas las principales. Las alianzas que hemos conocido como Saadi en Catamarca, el acuerdo que trascendió con Menem en La Rioja. Si estos son los personajes alrededor de los cuales este gobierno se junta para ganar las elecciones, difícilmente esto pueda uno considerarlo una fortaleza.
En todos estos datos vemos el huevo de la serpiente de una crisis política que a la corta o a la larga va a estallar, más allá de que las disputas con Moyano y con la UIA se puedan poner en sordina hasta después de las elecciones.




Discurso de Manuel Malvicino a 45 años de la fundacion de Vanguardia Comunista




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