Hola, soy Judas14 y hoy les voy a dar la historia de un hombre que reclamó durante 41 años el crimen de su hijo, y ahora cayeron los asesinos.

Desde 1969, William McCabe nunca dejó de llamar a la Policía preguntando si había novedades.
Reclamó 41 años el crimen de su hijo y cayeron los asesino
Pese a tener respuestas después de tantos años sin tener ninguna –con su dolor cicatrizando pero no curado, su obstinación y su persistencia impulsándolo hacia adelante– William McCabe sigue escribiendo el libro sobre su hijo. Recorre sus páginas, hace una corrección en un lugar, garabatea en otro, con su manos, a los 83 años, ya no tan diestras. “No mire la parte de atrás”, dice. “Hay material que tengo para darle a la Policía”.

Escribió las primeras palabras hace 41 años , a pocos días del hallazgo, en un baldío inundado por la lluvia, del cuerpo de su hijo de 15 años, Johnny, estrangulado, con una venda cubriéndole los ojos y la boca y una cuerda blanca gruesa alrededor del cuello, con las muñecas y los tobillos atados . Fue en Lowell, cerca de Boston, Massachusetts. “Se necesita un tipo especial de loco para asesinar a un chico, causando un efecto capaz de enloquecer a una familia”, escribió McCabe.

En el libro recuerda los pasitos de bebé de Johnny, sus primeras palabras (solía dar pequeños gritos cuando oía las campanas de la iglesia, confundiéndolas con el camión del heladero), cómo estrechaba la mano de su madre y de su padre y decía “Dios te ama” antes de irse a dormir.

Registra los paseos de pesca en el hielo, los partidos de béisbol, la pasión de Johnny por los animales. Y en las siguientes cuatro décadas documentó meticulosamente cada pista que pudo hallar, por mínima que fuera . Transmitió todo lo que descubría a la Policía, llamándolos temprano a la mañana o a altas horas de la noche para preguntar: “¿Hay algo nuevo en el caso McCabe?” . “Tal vez a medida que el asesino envejece y ve crecer a sus hijos o a los hijos de sus amigos, cuando va a acariciarlos, piense en nuestro hijo, en nuestra tristeza”, escribió McCabe.

De pronto, el mes pasado tres hombres fueron arrestados en conexión con el asesinato de John Joseph McCabe, ocurrido el 26 de septiembre de 1969.

Los hombres eran también adolescentes en aquel momento, pero ahora lucen con los rostros desgastados por el paso de cuatro décadas, por años de trabajo, casamientos y divorcios. Cansados también de la presión de ocultar un secreto terrible durante tanto tiempo . Los tres, constataron los McCabe, habían asistido al velatorio de Johnny y habían firmado el libro para los deudos .

Walter Shelley, que en la actualidad tiene 60 años, trabajaba en una fábrica de cajas en el momento de su arresto y vivía con su esposa en la misma casa verde de dos pisos donde creció, en Tewksbury, a unos pocos kilómetros de la casa de los McCabe. Michael Ferreira, de 57 años, era conductor de un camión de la fábrica de Coca-Cola en Lowell, estaba con licencia médica y a menudo se lo veía caminando con su esposa y sus perros hasta una laguna cercana.

Allan Brown, de 59 años, reservista retirado de la Fuerza Aérea, al parecer fue “el eslabón débil” de la cadena. Le dijo a la Policía que Ferreira había amenazado con matarlo si le revelaba a alguien qué había pasado aquella noche .

La Policía de Lowell tenía sospechas en cuanto a Shelley y Ferreira pero no tenía pruebas suficientes contra ellos. En 2009, Ferreira mencionó un nuevo nombre, el de Brown, diciendo que había estado aquella noche con él.

El detective Gerry Wayne, que había estado obsesionado con el homicidio durante casi una década, se propuso seguir la pista pero se enfermó y murió de cáncer en 2009. Una nueva detective, Linda Coughlin, fue asignada al caso en enero pasado. En febrero, junto con otros investigadores, comenzó una serie de entrevistas con Brown.

“Creo que se dio cuenta de que sabíamos que mentía” , dijo la detective Coughlin.

Finalmente, según el informe policial, les dijo que él y otros adolescentes esa noche habían estado dando vueltas en el Chevrolet marrón de Shelley, bebiendo y planeando qué le harían a Johnny McCabe . Lo encontraron haciendo dedo y lo subieron al auto. “Lo intimidamos”, y después lo sacaron y lo inmovilizaron en el piso. Lo ataron y lo dejaron en el suelo, luchando por soltarse. A las pocas horas, cuando volvieron –dijo Brown a la Policía–, Johnny estaba muerto . ¿El motivo del ataque? Johnny había tratado de seducir a la novia de Shelley y quisieron “darle una lección”.

Para los McCabe, era imposible que algo tan simple hubiera podido costarle la vida a su hijo. “Después de cambiarle los pañales y de acompañarlo en la varicela y el sarampión, lo que una espera es que ese bebé llegue a ser un hombre”, dijo Evelyn McCabe, la madre.

Durante algunos años después del crimen, la Policía tuvo esperanzas de resolverlo. Entrevistó a docenas de adolescentes y adultos. Se multiplicaron los rumores: Johnny fue asesinado por una pandilla de motociclistas, por un asesino serial. Se habló de drogas. Pero las pistas se fueron agotando.

En la casa de los McCabe, en Tewksbury ,el cuarto de Johnny siguió como él lo había dejado . Durante meses, su madre reservó un lugar para él en la mesa todas las noches .

En las semanas posteriores al asesinato, el matrimonio y sus dos hijas durmieron en la misma cama.

“Estábamos todos petrificados” , señaló McCabe. El matrimonio mantenía a las dos hijas cerca, las interrogaba cada vez que conseguían abandonar la casa: “¿Adónde van?” “¿Con quién?” “¿Cuándo vuelven?”.

El señor McCabe nunca pudo estabilizarse del todo. Cambió de trabajo dos o tres veces, subía y bajaba las escaleras de noche, escribiendo notas que ponía en la Biblia familiar. A veces, con su mujer, se culpaban uno al otro: la señora McCabe no había querido que Johnny fuera a bailar esa noche; su marido, que acababa de volver de un viaje de negocios, no le había hecho caso.

El señor McCabe llamaba tantas veces al Departamento de Policía que todos le reconocían la voz . “Algunos de ellos deben haber pensado que estaba loco”, dice. Sin embargo, fue su determinación –admitió el fiscal de distrito, Gerard Leone Jr.– lo que animó la investigación y la mantuvo viva .

El capitán Jonathan Webb, jefe de la unidad de investigaciones criminales, dijo: “Creo que si McCabe no nos hubiera recordado tanto el caso, éste sería nada más que un par de cajas en un cuarto trasero” .

Una semana antes de Pascuas, la detective Coughlin llamó a los McCabe y les dijo que había novedades. “Fue un momento de orgullo poder decirle a este hombre que se movió tanto durante tanto tiempo: ‘Por fin tenemos algunas respuestas’ ”, dijo.

Ahora, los secretos que quedan saldrán a relucir en el tribunal. Shelley, Brown y Ferreira fueron acusados de asesinato. Ferreira ante un tribunal juvenil, porque tenía 16 años en el momento del crimen. Ferreira también fue acusado de perjurio; mintió a un gran jurado que analizaba el caso, dijo la Policía. Los tres se declararon inocentes. Está prevista una audiencia previa al juicio para el 26 de mayo.

Cuando los McCabe se enteraron de que los tres hombres habían sido arrestados por el asesinato, fue como si todo volviera a ocurrir. Pero en las últimas semanas experimentaron un alivio.

La gente los llama y les manda flores . Y reciben la visita de los amigos de Johnny, que van a darles un abrazo. Y a recordar.