Cómo controla Kirchner a los ministros de Cristina
Una voz en el teléfono. Néstor Kirchner llama hasta varias veces al día a los ministros para pedirles explicaciones sobre las acciones de gobierno. Foto: Gentileza de CG3.
Florencio, por qué hiciste una cosa así?
- Hice todo lo que me dijo Cristina, Néstor.
Florencio Randazzo, el ministro del Interior, está acostumbrado a recibir llamados de este estilo por parte de Néstor Kirchner. A pesar de que ahora manda su esposa, los ministros y secretarios de Gobierno siguen escuchando diariamente pedidos de explicaciones y hasta retos del ex presidente.
La semana pasada, Kirchner se enojó por la respuesta que Randazzo había dado a los organismos de derechos humanos mendocinos, que pedían la renuncia del ministro de Seguirdad de la Provincia, el comisario Carlos Rico Tejeiro, acusado de haber integrado grupos de tareas de la dictadura. El ministro les había dicho a los denunciantes que el tema debía ser definido por la Justicia. Para el ex presidente fue una respuesta demasiado tibia y llamó a Randazzo para recriminárselo.
Los ejemplos se repiten. El primer funcionario que escucha en el día a Kirchner es Juan Carlos Pezoa, el secretario de Hacienda. El santacruceño lo llama por las mañanas para reconocer los avances o retrocesos de la recaudación fiscal. Es una costumbre que tiene desde que era presidente. Un secretario de Estado, que trabajó en esta gestión y en la anterior, explicó que ningún miembro del gabinete está sorprendido por esta actitud: "Siempre supimos que iba a seguir teniendo influencias sobre nosotros".
Los telefonazos de Kirchner se suceden. Como hacía en los viejos tiempos, llama varias veces al día a Alberto Fernández, el jefe de Gabinete, que ahora no lo puede atender como cuando lo tenía en la oficina de al lado: sus secretarias se incomodan cuando deben explicarle que Fernández no está disponible porque está reunido en el despacho presidencial.
Kirchner evalúa con él la marcha de la gestión y cuando está en desacuerdo en algún punto, se lo dice. Un caso: hace un mes, Cristina y Fernández recibieron en la Casa de Gobierno a Fabiana Ríos, la gobernadora de Tierra del Fuego y dirigente de ARI. El jefe de Gabinete impulsó esa reunión donde acordó el envío de 50 millones de pesos desde la Nación a la provincia, que los necesitaba para pagar sueldos estatales. Kirchner entendió que esa iniciativa del jefe de Gabinete era errada. Le recriminó que estaban ayudando con demasiado énfasis a la fueguina Ríos: "Acordate que ella siempre nos acusaba de ser corruptos. ¡Y ahora nos pide ayuda! No deberíamos haberle dado una mano tan rápido, fue un error," se quejó. Antes de ser gobernadora, Ríos encabezó, como diputada del ARI, una investigación sobre el Banco de Tierra del Fuego, la entidad donde la familia K tenía depositados sus plazos fijos cuando Néstor era gobernador de Santa Cruz. "Kirchner no puede justificar su declaración jurada", solía decir Ríos.
Aníbal Fernández, el ministro de Justicia y Seguridad, quien igual que su compañero Alberto integró el Gabinete anterior, también escuchó críticas del ex presidente. En la primera quincena de enero, por ejemplo, le recriminó que la Prefectura Naval haya reprimido a los trabajadores del Casino Flotante durante una manifestación. "Eso va en contra de nuestra política. No podemos reprimir porque la cosa se nos puede ir de las manos".
Carlos Tomada, el ministro de Trabajo, otro funcionario "heredado" por Cristina, recibe por estos días llamados constantes de Kirchner. Está preocupado por las negociaciones con el gremio docente, que pide aumentos salariales para iniciar las clases en tiempo y forma: "Hacé lo que sea necesario para resolver el conflicto. No podemos darnos el lujo de que haya paro docente".
Con el único ministro con el que Kirchner no mantiene una comunicación fluida es con Martín Lousteau, el titular de Economía. Fuentes del Gobierno contaron que se siente más cómodo hablando con Guillermo Moreno, el secretario de Comercio Interior, o con Pezoa, de Hacienda. Para algunos funcionarios, ese gesto es una muestra de que esos subalternos de Lousteau tienen mayor poder y autonomía que él.
Con Julio De Vido, ministro de Planificación Federal, en cambio, Kirchner mantiene un diálogo diario. Trabajan juntos desde hace 20 años. Sin embargo, al inicio de la actual gestión el ex presidente debió interceder para mejorar la relación entre el ministro y Cristina. De Vido se había molestado con la Presidenta porque en su discurso de asunción, según él, no había dado a la obra pública la relevancia que merece. Néstor hizo de celestino político y en una reunión en la Quinta de Olivos "reconcilió" a la Presidenta con uno de sus principales ministros.
Según las fuentes consultadas, Cristina no interfiere en el estilo de "seguimiento permanente" de su esposo. Lo deja hacer. Hay áreas donde él no influye como en otras ya que son las especialidades de la Presidenta, como los derechos humanos y las relaciones exteriores. En esos temas, ella sí tiene la última palabra.
OLIVOS SE QUEDÓ SIN FÚTBOL Y SIN REMERAS DE RACING. Durante la gestión de Néstor Kirchne, casi todos los sábados buena parte del gabinete se reunía a jugar al fútbol en la Quinta de Olivos. Desde que asumió Cristina, esa costumbre cambió: ya no hay partidos.
El último partido se disputó el 7 de diciembre. El equipo del centrodelantero Kirchne, donde Albeto Fernández hace de arquero, le ganó a su rival integrado en su mayoría por los secretarios de los ministros. Solían jugar utilizando las remeras oficiales de Racing, el equipo del ex presidente. Otros jugadores eran el senador José Pampuro; el ex ministro del Interior, Aníbal Fernández; el hijo presidencial Máximo Kirchner; el ex ministro de Educación y senador por la Capital, Daniel Filmus; y el secretario de Agricultura, Javier de Urquiza, entre otros.
Ahora, los ministros suelen visitar Olivos, pero los días de semana, por la mañana, y sólo por cuestiones laborales.
Según fuentes de la Casa Rosada, Cristina tiene un trato más frío con sus ministros que el que tenía Kirchner. Pero, a la vez, es más receptiva a escuchar críticas y suele consultarlos más seguido que su esposo. Antes de tomar sus decisiones, la Presidenta consulta a los titulares de cada área varias veces y les pide informes sobre los temas que la preocupan. Un funcionario del Ejecutivo describió así el management CFK: "Kirchner era más de hacer reuniones cara a cara. En cambio, Cristina se siente más cómoda estudiando los temas con tiempo y consulta varias fuentes antes de tomar una decisión. Tiene un estilo que proviene más de su carrera legislativa que el de una mujer acostumbrada a la acción del día a día".
2 comentarios
Muchas veces la falta de criterio y sentido comun, nos hace caer en la complicidad de los vivos.
Agradezco, que por este medio, muchos saben, que al menos Saltodepagina, no la voto.