orque votar por Pino es votar para terminar con el macrismo, es votar por una transformación de la Ciudad que termine con la desigualdad a ambos lados de la avenida Rivadavia, que ponga de pie a la escuela pública y a nuestros hospitales, que limpie el medioambiente de toda contaminación y a la administración de nuestros recursos de toda corrupción; que movilice a los barrios para que se hagan cargo de sus responsabilidades y de sus derechos mediante la puesta en marcha de la organización comunal.

El macrismo defraudó a sus votantes más esperanzados, aún a aquellos que –con honesta ingenuidad- creyeron que una concepción empresarial de la administración pública podría resolver los problemas de la Ciudad. El macrismo resultó ser insensible en lo social, inoperante en lo administrativo, ineficaz en la ejecución del presupuesto y, por lo menos algunos de sus hombres, fueron cómplices con la corrupción mediante acuerdos transversales con legisladores “K”, corrupción cuyo caso más reciente fue el escandaloso préstamo a Ausa, de cien millones de dólares, para obras que carecían de programación, de cronograma y de presupuesto.

Frente a ello impulsamos una política que nos emancipe del macrismo y no nos arroje en la celada kirchnerista. Ya sabemos qué es lo que entiende Cristina por progresismo: la ley de entidades financieras de la dictadura, el sistema impositivo regresivo del menemismo, los negocios del juego –en el cual se dan la mano para repartirse el botín Cristóbal López y el Tano Angelicci-, los negocios mineros y destructores de la Barrick Gold, el pago a libro cerrado al FMI, el no reconocimiento de la CTA, el enriquecimiento personal y de sus secretarios, la policía corrupta de Aníbal Fernández, las concesiones petroleras (entre ellas la emblemática Cerro Dragón) y la continuidad de las concesiones ferroviarias a los Pedraza y sus socios.

Esa es la esencia del modelo kirchnerista, cuyos principales rostros son Scioli en Buenos Aires, Menem y Beder Herrera en La Rioja, Jaime en Córdoba, los Saadi y sus parientes en Catamarca, Rossi en Santa Fé, Gioja y la Barrick Gold en San Juan y el Moyano delincuencial y prepotente en la CGT, entre muchas otras lindezas. Todos ellos invocando descaradamente las históricas banderas del Peronismo, como lo hizo Menem cuando desguazó y entregó el patrimonio nacional bendecido y ayudado por aquel gobernador de Santa Cruz que, sin pudor y sin vergüenza, lo proclamó “el mejor presidente argentino después de Juan Perón…”.

Ese es el degradado rostro del Pejotismo, que traiciona las históricas banderas del Movimiento Nacional que encarnaron Peón y Evita, y que hoy viene por la Ciudad detrás de las candidaturas que impuso el dedo de Cristina. Mientras esos candidatos guarden silencio frente a las deformaciones y deshonestidades señaladas, no podrán evitar que se los vea como agentes funcionales a esas prácticas.

Es por ello que la auténtica alternativa antimacrista, libre de la degradación pejotista, que viene a limpiar la Ciudad con una nueva política nacional y emancipadora la expresa la propuesta política de PROYECTO SUR y la encarna nuestro candidato Pino Solanas.

¡Con tiza y con carbón, con propuesta y corazón, ganaremos la elección!


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