Silicona bajo el calzoncillo

El implante de testículos es una opción para quienes los han perdido por un tumor, un golpe certero o problemas de nacimiento. Los hay de varios tamaños según las características del paciente


Medicina: implantes de testiculos para quienes los perdieron


Unas por mediáticas, otros por llamativos, los implantes de mama y de pene no suenan ya extraños. Ahora bien, el gesto cambia cuando el susceptible de ser suplantado es un testículo (o los dos, según el caso). Porque, aunque su versión más soez es una constante en el vocabulario español, no está tan extendido en materia protésica. Y todo pese a que, según los expertos, es una alternativa efectiva cuando la Naturaleza no los da o factores externos los quitan.

Según explica Juan Carlos Ruiz de la Roja, director del Instituto Urológico Madrileño, «la gente no lo sabe, y es una opción para quienes han sufrido cáncer de testículo y se lo han tenido que extirpar». Este tipo de tumor no es de los más frecuentes, ya que afecta a entre el uno y el dos por ciento de la población, pero «se da en personas jóvenes, entre los 18 y los 40 años, cuando da más pudor y vergüenza y puede afectar a las relaciones sexuales», aclara Ruiz de la Roja.

Cómo son
Se trata de prótesis cohesivas o rellenas de solución salina. «Se coloca mediante una cirugía sencilla», matiza el urólogo. Y sí, se parece en consistencia y tamaño al testículo natural del varón.

Por su parte, Anthony Avallone, urólogo del Instituto Urológico Glickman en la Clínica Cleveland (Estados Unidos) dice que «empleamos las prótesis rellenas de solución salina, porque las que contienen gel fueron retiradas hace años en Estados Unidos por teóricos problemas de escape de gel y posibles reacciones adversas. Ambos expertos señalan que las prótesis se toleran bien «y no tiene por qué haber reacciones adversas, como problemas en el tejido conector o el desarrollo de un tumor por tener una prótesis. No obstante, pueden darse infecciones que obliguen a retirarla. En ocasiones algún paciente no queda satisfecho y pide por voluntad propia que se le retire el implante», dice Avallone.

Tras anestesiar al candidato de cintura hacia abajo, se fija el testículo artificial en la zona del escroto, a través de la vía inguinal. «El testículo tiene una “lengüeta” y se le da un punto de fijación a la bolsa escrotal. Se crea una reacción fibrosa alrededor de la glándula y ésta no se va a mover ni a desprender», especifica Ruiz de la Roja. «En unas doce horas puede irse a casa».

Perderlos en la plaza

Los tumores no son los únicos que afectan a los genitales masculinos. Toreros famosos han dejado en la plaza algo más que el valor. También quienes practican el fútbol saben el riesgo que corren. Porque los traumatismos son otro motivo de implante. Y a él se añade el nacer sin uno de ellos o sufrir criptorquidia, es decir, que los testículos no descienden hasta la bolsa escrotal, sino que se quedan en el mismo lugar en el que se forman. Este trastorno afecta al tres por ciento de los niños al nacer (en prematuros hasta un 30 por ciento) y se estima que la incidencia en adultos puede rondar el uno por ciento. «A veces bajan, pero ya no tienen la forma normal». En estos casos la prótesis se cambiará por un tamaño mayor (hay cinco diferentes, según el experto) a medida que el muchacho crezca. Por ejemplo, «si se le coloca una prótesis con ocho años, se reemplaza a los 15, y cuando ha concluido el desarrollo».

Suma y sigue. Hay casos en los que ambas glándulas se atrofian y es necesario «cambiarlas». «El afectado «se somete a un tratamiento hormonal de por vida, ya que el 95 por ciento de la testosterona la producen los testículos y habría que restituirla». Y aunque la sanidad pública cubre este tipo de intervenciones, «cada ejemplar puede costar en torno a los 3.000 euros», concluye el experto.

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